jueves, 21 de abril de 2016

Buenos días, 21 de abril de 2016. San Anselmo

Señor, concédeme lo que me pides y
pídeme lo que quieras"
San Agustín


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SANTORAL

Anselmo,
arzobispo de Cantorbery, doctor de la Iglesia (1034-1109)
Anastasio sinaíta, obispo; Román Adame Rosales, sacerdote y mártir; Simeón, Abdécalas, Ananías, Apolo, Alejandra (Sandra), Arador, Fortunato, Félix, Silvio, Vidal, Apolo, Isacio, Crotato, Timoteo, Pusicio, mártires; Conrado Parzha (sacristán), confesor.


REFLEXIÓN:

Hoy sembraré una sonrisa…
Para que haya más alegría.
Hoy sembraré una palabra consoladora…
Para cosechar serenidad.
Hoy sembraré un gesto de caridad…
Para que haya más amor.
Hoy sembraré una oración…
Para que el hombre esté más cerca de Dios.
Hoy sembraré palabras y gestos de verdad…
Para que no crezca la mentira.
Hoy sembraré serenidad de acciones…
Para colaborar con la paz.
Hoy sembraré un gesto pacífico…
Para que haya menos nervios.Diálogo con Jesús
Hoy sembraré en mi mente una buena lectura…
Para el gozo de mi espíritu.
Hoy sembraré justicia en mis gestos y palabras…
Para que reine la verdad.
Hoy sembraré un gesto de delicadeza…
Para que haya más bondad.
Fuente: “Llegó por email”. Editorial Santa María


ORACIÓN:

Diálogo introductorio con Jesús
Mi Dios, hoy quiero que me invada la alegría en el corazón, te pido que extiendas tu mano poderosa para apartar el mal de mi camino. Quiero también suplicarte bendiciones para mi familia. Creo en tu poder misericordioso que me hace ser libre de todo lo que me ata a mis malas inclinaciones que no me permiten crecer y desarrollarme como Tú lo deseas. En Ti creo, sé que no hay imposibles para los que tienen fe, para los que confían de corazón en tu generosidad. Debo hacer de mi vida una oración, porque en ella, Tú me confortas. ¡Hoy elijo vivir y luchar por ser feliz al lado de mi Madre María; hoy, junto a Ti, quiero darme la oportunidad de amar y ser amado. En tu nombre lo lograré. Amén


San Juan 6,35-40: 

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna

Reflexión del Papa Francisco:

La obediencia a la voluntad de Dios es la senda de Jesús, que comienza con esto: "Vengo para hacer la voluntad de Dios". Y es también el camino de la santidad, del cristiano, porque fue precisamente el camino de nuestra justificación: que Dios, el proyecto de Dios, se realice, que la salvación de Dios se realice. Al contrario de lo que sucedió en el Paraíso terrestre con la no-obediencia de Adán: la desobediencia, que trajo el mal a toda la humanidad.

En efecto, también los pecados son actos de no obedecer a Dios, de no hacer la voluntad de Dios. En cambio, el Señor nos enseña que este es el camino, no existe otro. Un camino que comienza con Jesús, en el cielo, en la voluntad de obedecer al Padre, y en la tierra comienza con la Virgen, en el momento en que ella dice al ángel: «Que se cumpla en mí lo que tú dices (cf. Lc 1, 38), es decir, que se cumpla la voluntad de Dios. Y con ese «sí» a Dios, el Señor comenzó su itinerario entre nosotros.

Sin embargo, ni siquiera para Jesús fue fácil. «El diablo, en el desierto, en las tentaciones, le hizo ver otros caminos», pero no se trataba de la voluntad del Padre y Él lo rechazó. Lo mismo sucedió cuando a Jesús no lo comprendieron y lo abandonaron; muchos discípulos se marcharon porque no entendían cómo es la voluntad del Padre, mientras que Jesús sigue cumpliendo esta voluntad. Una fidelidad que vuelve también en las palabras: «Padre, que se cumpla tu voluntad», pronunciadas antes del juicio, la noche que rezaba en el huerto pidió a Dios que aleje este cáliz, esta cruz. Jesús sufre, sufre mucho. Pero dice: que se cumpla tu voluntad.

[...] Ante todo pedir la gracia, rezar y pedir la gracia de querer hacer la voluntad de Dios. Esto es una gracia. Sucesivamente hay que preguntarse también: «¿Pido que el Señor me done el querer hacer su voluntad? ¿O busco componendas, porque tengo miedo de la voluntad de Dios?». Además, hay que rezar para conocer la voluntad de Dios para mí y para mi vida, acerca de la decisión que debo tomar ahora, sobre la forma de gestionar las situaciones.

Que el Señor nos dé la gracia a todos para que un día pueda decir de nosotros lo que dijo de ese grupo, de esa multitud que lo seguía, los que estaban sentados a su alrededor: “He aquí a mi madre y a mis hermanos. Porque quien cumple la voluntad de Dios, ese es para mí hermano, hermana y madre”. Hacer la voluntad de Dios nos hace formar parte de la familia de Jesús, nos hace madre, padre, hermana, hermano. (Homilía en Santa Marta, 27 de enero de 2015)

Diálogo con Jesús

Mi Jesús, Dios de mi vida, quiero encomendarte todas mis acciones, ideas y todo lo que llevo en mi corazón.

Deseo cumplir siempre todos mis compromisos con una actitud humilde y responsable.
Acudo a ti en este momento para que me capacites la mente, cuerpo y espíritu, y así saber enfrentar, en serenidad y humildad, toda circunstancia adversa se me presente. Te pido humildemente perdón por mis faltas, y al mismo tiempo te doy gracias por sé que me perdonas.

Debo entender que cuánto más me acerco a Ti, mientras más cerca esté de tu luz, más saldrán en evidencia mis miserias y mis fealdades. Como lo dice San Juan de la Cruz: "Cuanto más subo a la montaña, a lo alto más veo y reconozco los valles más profundos". Mi Señor, quiero ser humilde y verdadero, sobre todo en la oración, pues en ella me siento que hablo contigo como con un amigo que consuela, por eso no quisiera imponerte nada en ella ni ordenarte que cumplas mis peticiones. Quiero siempre poner por delante el «que se haga tu voluntad y no la mía". Sé Tú el dueño de mi vida, hazme humilde en la oración, en mis acciones e ideas, en mi obrar y sobre todo en mis palabras para con los demás. Amén

Propósito para hoy:

Haré un esfuerzo especial en mis conversaciones para no sólo evitar hablar mal de los demás, sino incluso resaltar sus cualidades

Reflexiones juntos esta frase:

"Las guerras destrozan muchas vidas. Pienso especialmente en los niños a los que les han robado su infancia". (Papa Francisco)


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Seis consejos para enseñar a los hijos sobre la importante tarea de ser agradecidos

El SIAME (Sistema informativo de la Archidiócesis de México) ha publicado un artículo en el que presenta seis consejos para enseñarles a los hijos a ser agradecidos.

El mundo de hoy necesita reaprender el valor de la gratuidad. Estamos sumergidos en esta sociedad que solo busca acciones que lleven al éxito”.


1.- Demostrar con nuestro agradecimiento en la oración que Dios nos quiere, que nos ama con un amor infinito, más allá de nuestros méritos: Por eso nos regala un sol que sale todos los días, una luna que ilumina nuestras noches, unas estrellas que adornan el cielo, un paisaje que cambia con las estaciones del año, un río, un arroyo, una playa, un mar; así como el frío, el calor, la lluvia, el viento o la nieve.

Nos regala todo para que nos sorprendamos y encontremos variedad en la naturaleza y en las personas.

2.- Enseñarles a agradecer agradeciendo: Evitar en el trato diario esa mala costumbre de dar todo por hecho. Que vean que damos las gracias cuando nos ceden el paso, o cuando nos sirven los alimentos, o cuando nos atienden en un hospital, o cuando el maestro nos enseña.

3.- Darles ejemplo en el trato diario: En nuestra “casita sagrada”, de todo lo que unos hacemos por los otros, cumpliendo con nuestras obligaciones, expresándonos un agradecimiento aunque no haya visitas. Se aprende a agradecer agradeciendo.

4.- Estar lo más cerca posible del esposo, la esposa y los hijos, especialmente cuando atravesamos momentos de sufrimiento: Ahí es cuando hay que derramar ternura y aplicar la famosa “cariñoterapia” que recomienda el Papa Francisco, aprovechando el momento para recordarnos entre familia que Jesús nos quiere, que siempre está a nuestro lado pase lo que pase, y que hay que agradecer hasta los malos momentos, porque nos pueden llevar a reconocer a Dios y su misericordia en nuestra vida familiar. Así de grande es su amor de gratuidad. Como decía San Pablo: “Todo es para bien de los que aman a Dios” (Rom 8, 28).

5.- Reconocer en familia que los dones o talentos que hemos recibido de Dios han sido gratuitos: la unión, la alegría, la inteligencia, el sentido del humor, la dulzura, la empatía, la conversación agradable, la amabilidad, el ser deportista, el tener buen sazón, el carisma personal, entre otros muchos dones.

No podemos exigir a los demás algo a cambio de eso. ¿Cuánto cuesta dar un abrazo o regalar una sonrisa? ¿Cuál es el precio de escuchar durante media hora? ¿Qué nos quita el ir a visitar a un anciano o a un enfermo? ¿Cuál es el precio que hemos puesto a los minutos que nos ha dado Dios gratis?

6.- No sentirnos privilegiados porque tenemos “algo” que los demás no tienen: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te glorías?” (I Cor 3,7). Y de todo lo que hemos recibido gratis lo más grande es el amor de Dios, que Cristo mereció por nosotros.

Ahora Cristo nos pide que lo demos a los demás igualmente gratis, y lo podemos hacer en familia de un modo concreto: id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.

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