martes, 19 de abril de 2016

Buenos días, 19 de abril de 2016. San León

Cuando eres agradecido te rodeas de cosas hermosas, 
das más, recibes más y  la vida te da más



 
VIDEO
 
 
+ Ofrece una Misa por la paz en Ucrania 
+ Haz un donativo para la Iglesia en Ucrania
 


 
SANTORAL
 
León IX,
papa (1002-1054)
 
Jorge, Usmaro, Elgeo, obispos; Vicente, Hermógenes, Cayo, Expedito, Aristónico, Rufo, Gálata, Sócrates, Dionisio, Pafnucio, Vernerio, Geroldo, conde de Sajonia, y sus hijos Ulrico y Cunón, mártires; Crescencio o Crescente, confesor; Emma, viuda; Timón, diácono y mártir; Trifón, patriarca; Buscardo, abad; Oliva, virgen.
 



REFLEXIÓN:

Perdonar no es olvidar, es recordar en paz

Y es que el rencor mata, corroe, esclaviza, asfixia. No hay nada mejor en el mundo que perdonar.

Lo repito, nada hay mejor que perdonar. Y si no, hagan la prueba. Hagan la prueba.

¡Haz la prueba! Decídete y perdona al que te ofendió o te causó algún daño. Si crees que el otro piensa que fuiste tú quien tuvo la culpa, pues igual, simple y llanamente pídele perdón, y asunto arreglado. Total, lo importante es lograr la paz, la convivencia, el poder saludar y sonreír y hablar con quien hasta hace poco le girabas la cara, o le gruñías, o le deseabas el mal, o lo ignorabas, y arriba de eso afirmabas que no, que tú no habías dejado de quererlo, pero que no querías tener nada que ver con esa persona.

El problema es ese. Que lo que dice el Señor es muy distinto. "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Difícilmente tu propia persona te sea indiferente.

A los que tengan algún tipo de rencilla, les ruego encarecidamente dediquen unos minutos y presten atención a lo que les voy a contar.

Jesús relata la historia de aquel rey que perdona una gran deuda a uno de sus servidores, y al salir del palacio, éste se encuentra a un compañero que le debía unos céntimos y lo encarcela hasta que le pague. Al enterarse el rey, le recriminó su injusticia enviándolo a la cárcel. Concluye Jesús diciendo que "lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.
 virgen.
Entonces, te pregunto: De todas esas barbaridades que has cometido en tu vida, ¿recuerdas tan sólo una que Dios no te haya perdonado? ¿No? Y entonces, ¿quién eres tú para negarle tu perdón a alguien que mucho o poco te haya molestado, ofendido, irritado, perjudicado o llámese como sea lo que te haya hecho esa otra persona, y mucho peor si es un hermano?

No, mi querido amigo, no vale la pena vivir así. No hay tranquilidad. A mi me pasaba igual. Recuerdo una situación por la que viví, y a sabiendas de que a esa persona me la encontraba los domingos en misa, tenía la respuesta lista por si acaso se atrevía a saludarme: "¡Vade retro Satanás! ¡Retírate Satanás!” ¡Y eso se lo pensaba decir en plena iglesia!

Hoy, sin embargo, vivo tranquilo. A esa persona--¡y a tantas otras!--no tan sólo la perdoné, sino que le pedí perdón, porque estando ya en los caminos del Señor, me cuestioné seriamente si no habría sido yo quien la había ofendido. ¡Que bien se siente uno! Quise visitarla, y darle un abrazo, pero no quiso. Que pena. Siempre está presente en mis oraciones.

El perdón no borra lo sucedido. Lo hecho, hecho queda, y a menos que caigamos en Alzheimer, difícil es olvidar nuestra historia de vida. Pero qué distinto es recordar esos incidentes en paz. Ahí radica la gran diferencia. Perdonar no es olvidar, es recordar en paz.
Juan Rafael Pacheco



ORACIÓN:

Oremos al Señor por la paz del pueblo ucraniano. Que Cristo, Príncipe de la Paz, interceda ante el Padre para que se dé una transición pacífica y un futuro Estado justo y democrático. Que la unidad en la oración de cristianos de distintas denominaciones sea ejemplo para la paz y camino hacia el Ecumenismo.

Oración por la paz en Ucrania

Señor Jesús, tú guías sabiamente
la historia de tu Iglesia y de las naciones,
escucha ahora nuestra súplica.
Nuestros idiomas se confunden
como antaño en la torre de Babel.

Somos hijos de un mismo Padre
que tú nos revelaste
y no sabemos ser hermanos,
y el odio siembra más miedo y más muerte.

Danos la paz que promete tu Evangelio,
aquella que el mundo no puede dar.

Enséñanos a construirla como fruto
de la Verdad y de la Justicia.

Escucha la imploración de María Madre
y envíanos tu Espíritu Santo,
para reconciliar en una gran familia
a los corazones y los pueblos.

Venga a nosotros el Reino del Amor,
y confírmanos en la certeza
de que tú estás con nosotros
hasta el fin de los tiempos. Amén.
Paz

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 ----------------------------------------------------
ESPECIAL BUENOS DÍAS
---------------------------------------------------




Hijos maltratadores el infierno en casa


Las denuncias de padres agredidos por sus hijos han aumentado un 175 %

Tabla de contenido

Las denuncias de padres agredidos por sus hijos han aumentado un 175 % 
  1. Una “lacra social” en aumento 
  2. Un nuevo tipo de violencia 
  3. Problemas con los límites 
  4. El fruto de nuestra cultura 
  5. Dejé de verla como a mi madre” 
  6. De esto se puede salir” 

Salivazos, insultos, empujones, amenazas… Los expertos constatan el aumento de la violencia filio-parental en los últimos años. En España, la Conferencia Episcopal, CONFER y Cáritas han reflexionado conjuntamente sobre este problema en unas jornadas celebradas en la Universidad Pontificia de Comillas

Como en las películas, avisamos de que los nombres que aparecen a continuación han sido modificados para proteger la identidad de sus protagonistas. Con la salvedad de que estas historias no tienen nada de ficción, sino que muestran una realidad cruel y cada vez más frecuente: la de la violencia filio-parental, hijos que maltratan a sus padres.

Son historias como la de Ana, de 14 años. Hace poco arrojó al suelo el plato de comida que su madre acababa de servirle, mientras gritaba: “¡Limpia esto, hijaputa, que es para lo único que vales!”. Cuando un trabajador social le preguntó qué creía que habría sentido su madre, dijo: “Ni lo sé, ni me importa”.

O como Paula, otra adolescente que reconocía hace pocas semanas que “mis padres me tienen miedo”… y tiene razón: Paco y Alba, sus padres, explicaban a un mediador familiar que “tenemos miedo a nuestra hija” y que se sienten “incapaces de hacer que nos obedezca”.

Bárbara entiende la impotencia que sienten esos padres. Ella recibió un salivazo de su hijo durante una discusión que se desencadenó cuando le quitó el móvil. El mismo motivo que generó una bronca en casa de los Sánchez, en la que Luis escuchó toda clase de insultos y vejaciones de boca de su hijo, menor de edad.

De Lázaro, que tiene 18 años, hablaremos más tarde, pero basta con saber que reconoce haber “llorado mucho de impotencia, de soledad y de vacío interior” cada vez que discutía con su madre entre insultos y mamporros a puertas y paredes.

Una “lacra social” en aumento

Las de Ana, Bárbara o Lázaro son las vidas que hay tras los datos oficiales, esos que según la Memoria de la Fiscalía General del Estado apuntan que en 2014 hubo en España 4.753 procedimientos a menores por delitos de violencia contra sus padres. Un incremento del 175 % respecto a 2007.

Solo en la Comunidad de Madrid, la violencia filio-parental ya supone el 12 % de los delitos cometidos por menores, y es la tercera tipología que más denuncias causa contra chicos y chicas de menos de 18 años. En 2013, ese porcentaje no llegaba al 9 %. La radiografía es similar en toda España: en la Diputación de Segovia las denuncias se han incrementado un 400 % en cinco años; en Aragón, un 51 %; en País Vasco se multiplicaron por cuatro…

La propia Memoria de la Fiscalía –que suele ceñirse al lenguaje burocrático– tilda de “lacra social” estas agresiones, y reconoce que las “medidas que se aplican a diario en la jurisdicción de menores se revelan insuficientes ante un problema que hunde sus raíces en una profunda crisis de valores y principios educativos dentro de las relaciones paterno-filiales”. Y los profesionales que se enfrentan a estos casos lo confirman.

Un nuevo tipo de violencia

Profesionales como José Antonio Morala, terciario capuchino, trabajador social con años de experiencia en el acompañamiento de jóvenes violentos, y coordinador del proyecto Conviviendo que ha puesto en marcha la fundación Amigó. Un proyecto que ayuda a las familias que atraviesan este tipo de situaciones y, sobre todo, que intenta prevenirlas para que el hogar no se convierta en un infierno.

Morala explica que, en rigor, “la violencia filio-parental no es nueva; lo novedoso es el tipo de violencia al que nos enfrentamos, y su incremento”. Hasta hace pocas décadas, “este tipo de violencia iba asociada a enfermedades mentales de los hijos; en los 80 empezó a estar vinculada a las drogas y al alcoholismo; y luego estaban los hijos maltratados que, al crecer, pegaban a sus padres por venganza”, explica.

La novedad es que, ahora, “vemos hijos sin problemas mentales ni de adicción que ejercen una violencia gratuita contra sus padres, sin responder a provocaciones previas, incapaces de empatizar con el sufrimiento que causan, y que explotan como reacción exagerada a límites o frustraciones de deseos inmediatos”.

Y da ejemplos: “Hace poco me llamó una madre a primera hora porque su hijo le había pedido dos euros para desayunar, no se los había dado y el chico estaba dando golpes por toda la casa”.

Problemas con los límites

Aunque las circunstancias de la familia varían en cada caso, hay elementos que se repiten en los menores violentos. Irene Gallego, psicóloga del proyecto Conviviendo, explica que “estos jóvenes casi siempre tienen problemas de autoridad en casa, y en un momento concreto buscan hacerse con el poder. Sus padres, o han sido demasiado protectores o han ido cediendo autoridad desde que el hijo era pequeño. Los padres demasiado autoritarios y los demasiado permisivos intentan a toda costa que el niño no monte rabietas, y eso genera problemas con los límites. Al crecer y verse forzados a cumplir normas, ya no toleran los límites que van contra sus apetencias inmediatas y estallan para recuperar o mantener el poder”.

El fruto de nuestra cultura

Morala subraya que “son jóvenes que han aprendido a pensar solo en ellos, porque es lo que ven en sus mayores y en la sociedad”. Sobre esa base giró precisamente la intervención de Morala en la jornada La violencia en la adolescencia que organizaron la semana pasada la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal, Cáritas y CONFER en la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid.

Además de haber recibido una educación de límites deformados, “los menores violentos son hedonistas, insensibles, profundamente materialistas, irreflexivos, impulsivos y ególatras… porque así es nuestra cultura. Es la sociedad la que está enferma: ansía el control del poder, se mueve por la imagen y por lo sensitivo en lugar de por la reflexión y la interioridad; y es tan materialista que induce a obtener la satisfacción de necesidades primarias de forma inmediata”, añade.

Dejé de verla como a mi madre”

Si pusiéramos aquí el punto final, solo habríamos visto la sombra de un monstruo. Pero entonces entra en escena Lázaro, el chico de 18 años del que hablábamos antes. Sus facciones son impropias de su juventud y denotan años curtidos en la hosquedad, la falta de afecto –la gran carencia de los hijos agresores–, y demasiado tiempo perdido en el instituto y en la calle. Al hablar, sus palabras muestran, sin embargo, la madurez que solo adquiere el que sabe que hace lo correcto.
Hijos maltratadores el infierno en casa

Hace un año y medio, después de que su madre llamase por enésima vez a la Guardia Civil tras una discusión, terminó tocando a la puerta de la fundación Amigó. Hasta entonces estaba acostumbrado a que su madre (soltera) compensara con elementos materiales la falta de tiempo, a que él entrase en casa sin saludar y hablase solo para provocar y discutir; a que ella le echase de casa y tuviese que dormir en el portal, y a que desde niño “nadie me reconociera las cosas buenas y me compararan con otros”.

Con 14 años, las peleas eran tan frecuentes que “dejé de ver a mi madre como a una madre. Para mí era una autoridad que estaba para fastidiarme”. Y así comenzaron las agresiones verbales, los golpes y los llantos a media noche.

De esto se puede salir”

En la fundación Amigó pusieron en práctica su lema Los jóvenes tienen probleHijos maltratadores el infierno en casa
mas, no son el problema. Y a través de atención psicológica, talleres de conducta, asistencia directa por teléfono y en el domicilio, trabajo individual con ambos y dinámicas conjuntas para propiciar el diálogo, el conocimiento mutuo y la empatía entre Lázaro y su madre, la historia dio un giro total.

Aquí me han demostrado que de esto se puede salir. Se puede dejar de vivir con ese vacío, esa soledad y esa tensión que te hacen infeliz. Me han ayudado a pensar en el futuro, a darme cuenta de que puedo ser mejor y a valorar lo bueno de mi madre”, explica.

Y concluye con una frase digna del final de una buena película: “Nadie es feliz discutiendo, por eso hay que pedir ayuda. La violencia no lleva a nada bueno. Ni la calle. Pido a los padres que apoyen a sus hijos y no les comparen con nadie. Y a los jóvenes que hacen con sus padres lo que hacía yo, les digo que se alejen de la calle y se acerquen a su familia y a los que te ayudan de verdad. Por ser más violento o estar fuera de casa no eres más libre. La libertad te la da la confianza en las personas”.

Por José Antonio Méndez. Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega




No hay comentarios:

Publicar un comentario