martes, 29 de marzo de 2016

Buenos días, 29 de marzo de 2016. Santa Veatris de Silva y Santa Gladis

Amigo no es aquel que regala rosas,
sino el que quita espinas



 
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SANTORAL
 
Eustasio de Luxeüil,
abad († 625)
 
Jonás, Baraquisio, Acacio, Bertoldo, confesoresCirilo, diácono y mártirSegundo, Pastor, Victoriano, Armogastes, Máscula, Arquimimo, Sáturo, mártires; Eustasio, Simplicio, Constantino, abadesVeatris de Silva y Gladis, santas; Baltasar Sánchez y Raimundo Lulio, beatos.
 
 




REFLEXIÓN:

A mi ex esposa le propuse divorciarnos como dos personas civilizadas; sin pasiones, ofensas, alegatos. Le pedí hacer los convenios reguladores sin la ayuda de un tercero: una manipulada pensión alimenticia, repartirnos los bienes, así como acordar la custodia y tiempos a compartir con nuestros hijos. Era, le dije, lo más razonable, lo más inteligente. Le propuse en el colmo del cinismo quedar como dos buenos amigos… y cansada, accedió. Luego todo fue mentira, nada puede terminar bien cuando se ha roto algo por dentro con un daño irreparable. Un daño que ha dejado una secuela imprevisible en la vida de ella y de nuestros hijos convirtiéndonos en seres infelices.

¿Mis motivos?: Tenía otra relación e intentaba convencerme de que era entonces cuando tenía realmente la libertad de elegir; cuando precisamente fue por mi libertad que cause todo. Mi primer matrimonio fue una autentica historia de amor truncada por mi inmadurez y egoísmo. Una historia en la que, lo que pudo y debió haber sido, no lo fue, porque intervino mi libertad. La vida me ha hecho ver que durante ese tiempo siempre elegí lo que no debía.

El hombre que se casa renuncia a todas las demás mujeres por la persona elegida, sin embargo… elegí no ser fiel a mi mujer.

Cuando percibí en ella defectos y limitaciones, como los tenemos todos… elegí no aceptarlos.

Ante los problemas económicos y las contrariedades que probarían mi amor… elegí no esforzarme.

Cuando ella esperaba comprensión… elegí no comprender, ni disculpar, ni perdonar.

Cuando se presentó la enfermedad, el dolor… elegí rehuirlos.

Cuando nació cada uno de nuestros hijos, nació una esperanza de reconstruir nuestra historia pero… elegí no hacerlo.

Cuando ella busco respuestas… elegí el silencio.

Cuando se me ofreció el perdón…elegí ignorarlo.

Cuando ella me busco con angustia… elegí dejarla sola.

Me he vuelto a casar sin cometer los mismos errores, pues echando a perder he aprendido. Pero en lo más profundo de mi alma soy infeliz, pues vivo con remordimientos, y por más que abro mi corazón para entregarlo pleno y total a mi otra familia, siempre será y ellos lo saben, un corazón partido.

Quisiera que mis hijos supieran que solo se puede hallar la felicidad amando y siendo amado, que es imposible aprender a vivir sin el amor autentico; que la auténtica libertad proporciona su valor al amor.

El problema para mi es que he amado al revés, egoístamente, pues me he amado a mí mismo y he terminado frustrado. Los más duro es que siendo libre, eso es lo que he elegido.

El deber ser del amor en el matrimonio supone dos cosas: que algo está llamado a ser y que ese algo puede no ser por la libertad del hombre; por lo que corresponde a este usar la voluntad para comprometer su libertad, asumiendo el futuro posible en su plenitud y totalidad para entregarlo al otro.

Amar es poder hacerlo.

Por Orfa Astorga de Lira. Orientadora familiar, máster en matrimonio y familia de la Universidad de Navarra


ORACIÓN:

Señor, que este momento de oración sea el medio por el cual tu gracia aumente mi fe para que pueda llegar a ser una fe fuerte, luminosa, operante, contagiosa, profunda, de modo que me lleve a conocer la verdad. Tú sabes cuánto necesito este don, porque sin la fe no puedo amar auténticamente a Ti ni a los demás.


Petición

Señor, aumenta mi fe para conocer tu verdad.


Meditación del Papa Francisco

Los doctores de la ley no entendían la alegría de la promesa; no entendían la alegría de la esperanza; no entendían la alegría de la alianza. ¡No entendían! No sabían ser felices, porque habían perdido el sentido de la felicidad, que solamente viene de la fe.

Nuestro padre Abraham ha sido capaz de ser feliz porque tenía fe: se ha hecho justo en la fe. Estos habían perdido la fe. ¡Eran doctores de la ley, pero sin fe! Y aún más: ¡habían perdido la ley! Porque el centro de la ley es el amor, el amor por Dios y por el prójimo. […]

Esta es la vida sin fe en Dios, sin confianza en Dios, sin esperanza en Dios. Y su corazón estaba petrificado. De este modo es triste ser creyente, sin alegría, y no hay alegría cuando no hay fe, cuando no hay esperanza, cuando no hay ley, sino solamente las prescripciones, la doctrina fría.

La alegría de la fe, la alegría del Evangelio es el criterio de la fe de una persona. Sin alegría esta persona no es un verdadero creyente. Abraham, vuestro padre, exultó en la esperanza de ver mi día. Lo vio y se llenó de alegría. Les exhorto a pedir al Señor la gracia de ser exultantes en la esperanza, la gracia de poder ver el día de Jesús cuando nos encontremos con Él y la gracia de la alegría. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 26 de marzo de 2015, en Santa Marta).


Propósito

Buscar la coherencia entre mi fe y lo que hago todos los días.


Diálogo con Cristo

Señor Jesús, desgraciadamente el «qué dirán» tiene demasiada influencia en mi toma de decisiones, cuando mi norma de vida debería ser únicamente seguir siempre tu verdad. Ayúdame a orar con humildad y sencillez para que pueda acoger y apreciar los innumerables dones con los que enriqueces mi vida, para que, con tu gracia, sea un testigo coherente de mi fe. Amigo no es aquel que regala rosas, sino el que quita espinas


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Educar en valores un desafío de nuestra época



¿Por qué, qué son, cómo transmitirlos?

Sin lugar a dudas, los padres de nuestra época tenemos un gran desafío para educar a los hijos en los valores que consideramos necesarios para hacerlos personas de bien.


Tabla de contenido

¿Porqué educar en valores? 
¿Qué son los valores? 
¿Cómo transmitir los valores? 



Actualmente, los niños tienen un sinfín de medios que influyen en ellos, como son la televisión, las redes sociales, la escuela, el internet, etc., por lo que debemos estar muy atentos, en el entendido de que la familia debe seguir siendo el principal medio para la transmisión de los valores.

Siendo la familia el primer lugar de aprendizaje de los valores, como padres debemos ser el mejor ejemplo para nuestros hijos, ya que los niños hacen lo que ven y nosotros, como adultos, debemos transmitir estos conocimientos con nuestras conductas y actitudes, no sólo diciendo lo que nos parece que es bueno o malo, sino teniendo claro qué clase de personas queremos ser y qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos.

Para lograr esta tarea, los padres necesitamos ser coherentes, consistentes, firmes y empáticos.

¿Por qué educar en valores?


Porque los valores son vivencias y experiencias que están dentro de nosotros, y es durante la niñez cuando se aprenden y asimilan estas vivencias.

Porque una persona valiosa es alguien que vive de acuerdo a sus valores.

¿Qué son los valores?


Los valores son cualidades que las personas vamos adquiriendo y que nos hacen ser mejores.

Son los fundamentos que rigen nuestras vidas y que nos ayudan a tomar decisiones.

Son cualidades especiales que nos hacen ver las cosas de manera positiva.

Los valores valen por sí mismos; son importantes por lo que son, por ejemplo, aunque seamos injustos, la justicia sigue siendo un valor, lo mismo pasa con la honestidad, la generosidad, etc.

Hay valores universales ya que el ser humano vive en comunidad y necesita tener principios que orienten su comportamiento en relación con los demás, tales como la honestidad, la responsabilidad, la verdad, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, el respeto y la paz, entre otros; hay también valores personales, familiares, morales, sociales, materiales. Todos ellos nos ayudan a construir nuestra vida y a relacionarnos con las demás personas.

No basta con saber qué es un valor, lo importante es vivirlo; los valores se aprenden cuando se viven. Existen muchos valores y cada persona tiene su propia escala de valores, pero necesitamos mostrarles a nuestros hijos la mayoría, que sepan hacer suyos los valores que han observado en su familia, para que ellos, actuando con libertad tengan sus propios criterios y decidan su propia escala de valores, ya que uno de los fines de la educación es precisamente que nuestros hijos construyan su propia vida, pensando y eligiendo por ellos mismos, y así lleguen a ser felices.

¿Cómo transmitir los valores?


Antes que nada, a través del amor, la calidad de tiempo que demos a nuestros hijos, el interés y la empatía, los hábitos diarios y organizando nuestro tiempo para jugar con ellos, ya que este es un medio ideal para enseñar y aprender los valores.

En nuestra sociedad, donde se valora más lo que tenemos que lo que somos, existe una verdadera crisis de valores, por lo que tenemos que estar muy atentos a nuestro comportamiento para no caer en contradicciones, pues así como hay una escala de valores también hay una serie de antivalores como la irresponsabilidad, la deshonestidad, la intolerancia, el egoísmo y otros muchos que nos hacen tener una actitud negativa hacía los valores.

Debemos recordar que los niños aprenden con el ejemplo que les damos los padres, en nuestra forma de relacionarnos con los demás, de pedir las cosas, de cooperar, de ayudar, de reclamar, de tolerar, de aceptar, ya que si nuestro hijos conocen sus límites podrán lograr una convivencia sana, tanto en su familia como en su escuela y otros lugares.

Es pues en la familia donde se inicia la construcción de los valores. Si se viven en ella, los hijos los podrán aprender y practicar respetando a las personas que los rodean, pues son la base para relacionarnos y tener una convivencia armoniosa.

Pastoral Familiar Arquidiócesis de México

Artículo originalmente publicado por Desde la fe



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