miércoles, 2 de marzo de 2016

Buenos días, 2 de marzo de 2016. San Simplicio


La mayor enfermedad de Occidente hoy no es la tuberculosis o la lepra;
es no ser querido, no ser amado y que nadie se preocupe por ti.
Podemos curar las enfermedades físicas con la medicina,
pero la única cura para la soledad, la desesperación y la falta de esperanza es el amor.
Hay muchos en el mundo que mueren por un trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por un poco de amor.
La pobreza de Occidente es un tipo distinto de pobreza
no es sólo una pobreza de soledad, sino también de espiritualidad.
Hay un hambre de amor así como hay hambre de Dios
MADRE TERESA DE CALCUTA


 
VIDEO


 
 
SANTORAL

Simplicio,
papa († 483)
 
Pedro de Zúñiga, Lucio, Ceada, obisposJovino, Basileo, Pablo, Heraclio, Secundila, Jenara, Absalón, Lorgio, mártires; Andrónico, Atanasia, confesores; Fridolino, abad; Simplicio, papa; beata Ángela de la Cruz, fundadora de las HH. de la Cruz.
 

 
REFLEXIÓN:
 
De paso por una ciudad importante, un violinista célebre anunció que daría un concierto con un Stradivarius. La sala se llenó a rebosar. Muchos asistieron no sólo por el violinista sino también por ver el violín.
 
Desde las primeras notas, la audiencia fue sorprendida por el virtuosismo del violinista. Al final de la segunda pieza, este hombre, rompió el instrumento sobre sus rodillas y abandonó el escenario.
 
El director del teatro se presentó e intentó calmar al público:
 
"Señoras y señores, no se inquieten, el violinista todavía no ha tocado con su Stradivarius. El que acaba de romper sólo valía unos euros."
 
El virtuoso reapareció, provisto con su reluciente Stradivarius. Después de haber ejecutado su primera obra con esta joya, se paró y preguntó al público si habían notado la diferencia entre los dos instrumentos. Sólo un par de manos se levantaron.
 
Entonces les dijo: "Quería demostrar que no es tanto el instrumento el que hace la música, sino el instrumentalista".

 
ORACIÓN:
 
Jesús, permite que esta meditación me lleve a crecer en el amor, especialmente en este tiempo en que la Iglesia me invita a contemplar el gran sacrificio que implicó mi redención. Guía mi oración, ilumíname para que no sólo comprenda, sino que viva, en todo y con todos, la caridad.


 
Petición

Te suplico, Jesús, que nunca permitas que sea indiferente a tus innumerables muestras de amor.


 
Meditación del Papa Francisco

Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio, son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios. El kerigma, corazón del Evangelio, anuncia que las profecías del Siervo del Señor se han cumplido con su muerte y resurrección.
 
La narración de san Marcos describe la escena de Jesús con los discípulos Santiago y Juan, los cuales –sostenidos por su madre– querían sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de Dios, reclamando puestos de honor, según su visión jerárquica del reino.
 
El planteamiento con el que se mueven estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena. Jesús entonces produce una primera "convulsión” en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: "El cáliz que yo voy a beber lo beberéis… pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado”. Con la imagen del cáliz, les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban. Su respuesta es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.
 
Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito, para hacerse ver, frente a los que quieren ser reconocidos por sus propios méritos y trabajos, los discípulos están llamados a hacer lo contrario. Por eso les advierte: "Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor”. Con estas palabras señala que en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. (Homilía de S.S. Francisco, 18 de octubre de 2015).
 
Propósito

Dar a Cristo un «sí» generoso y dedicar un tiempo semanal para trabajar por la Iglesia.


 
Diálogo con Cristo

Señor Jesús, qué fácilmente puedo caer en pensar que dado que no mato, no robo, no hago conscientemente el mal, tengo derecho a privilegios.
 
Qué insensato puedo ser al acercarme a la oración con una actitud de superioridad, de exigencia.
 
Gracias por mostrarme que no es ése el camino cierto del amor.
 
Eres mi Dios, mi hermano, mi amigo, mi mejor amigo, que me ofreces la plenitud.
 
Ayúdame a estar siempre abierto a tu gracia y servir a mis hermanos en tu Iglesia.

 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Hay pecados tan graves que no puedan ser perdonados?

El amor de Dios no tiene límites,
pero quien rehúsa acoger la misericordia del Señor por el arrepentimiento rechaza el perdón y la salvación
Sabemos que la desesperanza del perdón de los propios pecados ofende a Dios.

Muchas veces en el Diálogo, Dios insiste con Santa Catalina de Siena sobre eso:

Y con esta misericordia puede, si él lo quiere, unirse a la esperanza. Sin esto, ningún pecador escaparía a la desesperación, y por la desesperación encontraría con los demonios la condenación eterna. Es mi misericordia la que, durante sus vidas, les hace esperar mi perdón”.

Porque este pecado final de desesperación me ofende mucho más y les es mucho más mortal que todos los otros pecados que hayan cometido. Pero no es la fragilidad de vuestra naturaleza la que os mueve a la desesperación, porque no existe placer ni nada comparable, sino un intolerable sufrimiento en ella.

Alguien que se desespera desprecia mi misericordia, haciendo que su pecado sea más grande que la misericordia y la bondad. Entonces si un hombre cae en este pecado, y no se arrepiente, y no se siente verdaderamente afligido por su ofensa contra mí como él debería, afligido más bien por su propia pérdida que por la ofensa cometida contra mí, entonces recibe la condenación eterna.

**Mi misericordia es mayor que todos los pecados que un hombre pueda cometer**. Me entristece que alguien considere sus faltas mayor que mi perdón. La desesperación es ese pecado que no es perdonado ni en esta vida ni en la otra”.

Cuando habla de éste, que es el “pecado contra el Espíritu Santo”, el Catecismo de la Iglesia enseña que:

“No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna” (§1864).

Lo más importante es entender y creer que:


“La Iglesia “ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado”.

No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar.

"No hay nadie, tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente está arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perdón. Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado” (§981-2).

Dios dijo a Santa Catalina que: “Fue en la dispensa de la jerarquía eclesiástica donde guardé el Cuerpo y la Sangre de mi Hijo”.

No sirve enfadarse con uno mismo y condenarse tras un pecado. Esto sería un mal mayor, es orgullo refinado. El remedio es levantarse humildemente, aceptar con resignación la propia falta y buscar el perdón en la misericordia infinita de Dios que nunca nos falta. Cristo nos dejó la Iglesia y la confesión para eso.

San Francisco de Sales enseñaba que: “Cuanto más miserables nos sentimos, tanto más debemos confiar en la misericordia de Dios. Porque entre la misericordia y la miseria hay un vínculo tan grande que una no puede ejercerse sin la otra”.

“Sopesad vuestros defectos con más dolor que indignación, con más humildad que severidad y conservad el corazón lleno de un amor blando, sosegado y tierno”; y además decía: “Es orgullo no conformarnos con nuestra debilidad y nuestra miseria”.

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