jueves, 17 de marzo de 2016

Buenos días, 17 de abril de 2016. San Patricio


"En las cosas necesarias, la unidad;
en las dudosas, la libertad;
y en todas, la caridad"
San Agustín


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SANTORAL

Patricio,
obispo y Patrón de Irlanda (c. a. 380-c. a. 459)
Patricio, Agrícola, Atón, obispos; José de Arimatea, Teodoro, Alejandro, Teódulo, Pablo, mártires; Gertrudis, Witburga, vírgenes; Desiderato (Deseado), Dionisio, Gabriel Lalemant, mártires.

REFLEXIÓN:

Las dificultades

1. Las dificultades en la vida son como el viento que te da de frente cuando corres.Dificulta la velocidad, pero a la vez refresca la cara.Lo que es estorbo, se convierte en facilidad.
2. Las dificultades en la vida te regalan una doble satisfacción: la de haber triunfado y la de demostrarte a ti mismo que tú eres más grande que ellas.
3. Las dificultades en la vida son como el picante en la comida: pica, pero luego te abre más el apetito.
4. Las dificultades en la vida, unas veces te las ponen los demás.Pero la mayor parte te las ponen por delante tus propios miedos.
5. Las dificultades en la vida, sólo se ven mientras estás corriendo.No cuando ya has llegado a la meta.Desde el triunfo, los obstáculos, aun los más grandes, todos parecen pequeños.
6. Las dificultades en la vida hay que saltarlas.Si te empeñas en llevártelas por delante te harán tropezar y caer.Si te detienes a contemplarlas, pierdes tiempo en la competencia.Sáltalas como los atletas en las pistas de carreras con obstáculos.
7. Las dificultades en la vida son como los obstáculos en las carreras.Luego de que tú has pasado, alguien los quita y la pista vuelve a quedar limpia.

ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco:

En este relato encontramos dos enfermedades fuertes, espirituales. Dos enfermedades sobre las cuales nos hará bien reflexionar.

1.- La enfermedad de la pereza

La resignación del enfermo, que se siente amargado y se lamenta. Yo pienso en tantos cristianos, tantos católicos: ¡Sí, son católicos, pero sin entusiasmo, e incluso amargados! «Sí, es la vida, es así, pero la Iglesia… Yo voy a Misa todos los domingos, pero mejor no implicarse, tengo fe para mi saludo, no siento la necesidad de ir a darla a otro…». Cada uno en su casa, tranquilos por la vida… Sí tú haces algo, después te reprochan: «No, es mejor así, no correr riesgos…». Es la enfermedad de la pereza, de la pereza de los cristianos. Esta actitud que paraliza el celo apostólico, que hace de los cristianos personas quietas, tranquilas, pero no en el buen sentido de la palabra: ¡que no se preocupan por salir para anunciar el Evangelio! Personas anestesiadas”.
Y la anestesia es una experiencia negativa. Ese no implicarse que se convierte en pereza espiritual. Es la pereza, es una tristeza: estos cristianos son tristes, no son personas luminosas, son personas negativas. Y ésta es una enfermedad nuestra, de los cristianos. Vamos a Misa todos los domingos, pero, decimos, por favor no molestar. Estos cristianos sin celo apostólico no sirven, no hacen bien a la Iglesia.
Y cuántos cristianos son así egoístas, para sí mismos. Éste es el pecado de la pereza que va contra el celo apostólico, contra las ganas de dar la novedad de Jesús a los demás, esta novedad que a mí me ha sido dada gratuitamente.

2.- La enfermedad de la hipocresía

Pero en este pasaje del Evangelio encontramos también otro pecado cuando vemos que Jesús es criticado por haber curado a un enfermo un sábado. El pecado del formalismo. Cristianos que no dejan lugar a la gracia de Dios. Y la vida cristiana, la vida de esta gente es tener todos los documentos en regla, todos los certificados. Cristianos hipócritas, como estos. A ellos sólo les interesaban las formalidades. ¿Era sábado? No, no se pueden hacer milagros el sábado, la gracia de Dios no puede actuar el sábado. ¡Cierran la puerta a la gracia de Dios! ¡Tenemos tantos en la Iglesia, tenemos tantos! Es otro pecado. Los primeros, los que cometen el pecado de la pereza, no son capaces de ir adelante con el celo apostólico, porque han decidido detenerse en sí mismos, en sus tristezas, en sus resentimientos, en todo eso. Estos no son capaces de llevar la salvación porque cierran la puerta a la salvación
Para ellos cuentan sólo las formalidades. No se puede: es la palabra que más usan. Y a esta gente la encontramos también nosotros y también nosotros tantas veces hemos tenido pereza, o hemos sido hipócritas como los fariseos.
Cuando Jesús se encuentra nuevamente con el paralítico, le dice que «no peque más»: Las dos palabras cristianas: ¿quieres curarte? No pecar más. Pero primero lo cura. Primero lo curó, después «no pecar más». Palabras dichas con ternura, con amor. Y éste es el camino cristiano, el camino del celo apostólico: acercarse a tantas personas, heridas en este hospital de campaña, y también tantas veces heridas por los hombres y las mujeres de la Iglesia. Es una palabra de hermano y de hermana: ¿quieres curarte? Y después, cuando va adelante: «¡Ah, no peques más, que no hace bien!». Es mucho mejor esto: las dos palabras de Jesús son más bellas que la actitud de la pereza o la actitud de la hipocresía. (Homilía en la Plaza de San Pedro, 01 de Abril de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, Jesús mío, en medio de todas las situaciones complicadas de mi vida que me anclan a un abismo de pasado y dolor, allí llegas Tú a acudir en mi rescate. Aun no comprendo ni comprenderé jamás ese inmenso amor con el que me amas y me perdonas. Eres tan generoso, siempre fiel y cumplidor de tus promesas. Yo aquí, como tullido por mis propias faltas, por mis pecados y errores, atado a muchas angustias y depresiones. Por eso, hoy acudo a ti, el gran Médico de médicos para escucharte y quedar sano con tu palabra. Siempre me perdonas y me invitas a dejar la mala vida. Me has dejado el Sacramento de la reconciliación para poder contar con tu misericordia cada vez que la necesite. Quiero seguir creciendo en santidad y para eso necesito de tu luz y tu poyo. Señor mío, en Ti encuentro la fuerza para salir de esta condición estática y paralizante que nublan mis sentidos. Pongo toda mi esperanza en Ti. Sana mi corazón con tu misericordia y dame tu gracia para seguir avanzando y ser feliz. Confío en que ahora estás pasando tu mano sanadora sobre este servidor. Te amo y confío en Ti que eres siempre fiel. Amén.

Propósito de Cuaresma:

Haré una profesión de Fe de nuestro CREDO pidiendo por la unidad de todos los Cristianos.

Reflexionemos juntos esta frase:

"Si los bienes materiales y el dinero se convierten en el centro de la vida, nos atrapan y nos esclavizan" (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Exhibir la intimidad familiar en las redes sociales puede hacer mucho daño a los seres más queridos



Cada vez es más frecuente escuchar diferentes quejas sobre atentados contra la intimidad personal, que dañan gravemente las relaciones de noviazgo, conyugales, familiares o de amigos cercanos. Voces como:

  • “Mi esposa y yo tenemos problemas y ella los ha ventilado en facebook adelantando que quizá se divorcie, de esa forma, ella está haciendo que eso se convierta cada vez más en realidad, y no era lo que buscábamos, me ha exhibido ante propios y extraños”.
  • “Mi hija ha criticado a su mejor amiga por internet y ha colgado fotos impropias, estamos apenadísimos”.
  • “Hemos castigado a nuestra hija, y lo ha puesto en internet comentando intimidades de la familia”
  • “El novio de mi hija, excelente muchacho, ha terminado la relación porque ella ha compartido en internet sus confidencias”

La intimidad es lo más propio de una persona, lo que guarda en su interior y solo lo comunica a las personas en que más confía. Cuando hablamos del trato entre personas, la intimidad significa máxima confianza, de tal modo que muchos de los pensamientos, opiniones o datos personales solo se comunican a los más próximos.

Existe en la mayor parte del mundo un derecho a la intimidad, de modo que las personas y sus acciones están protegidas por la ley para que no se publiquen sin su consentimiento.

En las redes sociales, la intimidad propia y ajena es un valor que se pierde cada vez más.

Se manifiesta en la falta de control de lo que se comparte, ya que no solo se comenta o publica visualmente lo que no se debe, sino que además no se cuida la forma de hacerlo.

Las personas van perdiendo la capacidad de considerar que lo que va a compartir puede demeritarla a sí misma, molestar o hacer sufrir a otras personas sin ninguna necesidad.
Pareciera además, que lo hacen ante un reducido grupo de amigos que pueden interesarse por sus cosas, cuando en realidad se exhiben ante cientos o miles de personas en las redes sociales; como el absurdo y grotesco correo que puede ser reenviado a cientos de personas denigrando a quienes participan aunque ya no se den cuenta.

Se va creando así una cultura con rasgos que en vez de unir a las personas, termina obstruyendo y dañando las auténticas relaciones.

Algunos son:

1. Espontaneidad en vez de autenticidad. La intimidad se comparte con la máxima confianza en el ejercicio de la sinceridad, y esta tiene sus límites, que se desconocen cuando se deja de lado la discreción en cosas íntimas, confundiendo la desvergüenza de la espontaneidad con la autenticidad que se afinca en los valores, pues todo se comparte o ventila delante de los demás, sin respeto y sin reconocer esa zona íntima y por lo tanto reservada en la persona, en la familia o en el grupo de amigos.

“He roto con mi novio”. Cinco palabras y un click son suficientes para que los ciento treinta amigos de Facebook se actualicen en la intimidad de su vida afectiva, mismos que a su vez lo habrán de compartir a sus respectivos amigos en una absurda pirámide de exhibición despersonalizante de quien compartió en principio.

2. Compartir juicios sin ser conscientes del daño que se puede hacer. Se emiten juicios de los demás, muchas veces en forma precipitada, por emulación o contagio y siempre faltando a la caridad.

Se difama con mucha facilidad provocando rupturas, distanciamientos, rencores y en algunos casos extremos, el suicidio. Juicios que atraviesan todos los espacios y llegan a los rincones más inverosímiles causando daños irreparables.

3. Exhibicionismo. Se comparte mucho de lo que se hace, colgando fotos sin ton ni son y expresando lo se piensa, lo que se siente, los gustos, opiniones, sobre cualquier cosa o banalidad, festejando con atolondramiento la afición por lo placentero, el consumismo, lo muy divertido o sensacional, exponiéndose en el aparador de una vida llena de frivolidades.

Todo en tiempo real gracias a las redes sociales o al teléfono móvil; y todo queda grabado, pasando a formar parte de la memoria colectiva del internet, es decir ante el gran público. Como un libro abierto.

4. Recurrir a los límites del lenguaje “no verbal”. Como el texto escrito no va a acompañado de gestos, miradas, sonrisas o tono de voz, que son otra importante forma de comunicación personal, se convierte en instrumento de manipulación.

No es fácil distinguir entre la sinceridad y el cinismo, la burla o manipulación, porque en el mundo de las relaciones virtuales no se conocen las personas, mismas que esconden su rostro tras los textos. Y es en esta forma como se pretende una absurda y peligrosa relación de amistad y confidencia.

5. Infidelidades. Más de un matrimonio o un noviazgo se ha roto o ha resultado gravemente dañado al encontrarse en aquel móvil u ordenador el mensaje de confidencia íntima o tono amoroso con un “alguien sin rostro”.

Un tercero que ofrece comprensión, reconocimiento, apoyo. Un alguien capaz de resolver sentimientos de inseguridad, frustración, fracasos… Un tercero que apareció en las encrucijadas de las redes y con el que se jugaba aparentenme sin riesgo y en secreto.

6. Pérdida de tiempo. Se pierde hablando demasiado por llamar la atención, por afición a la murmuración, por no tener cosas que hacer, por muchos otros motivos y siempre por una gran irreflexión.

La tecnología de la comunicación es un gran avance que tiene la virtud de poder acercar a las personas en una auténtica coexistencia sin importar geografías, pero a la vez se ha convertido en instrumento de relaciones empobrecidas, en las que se intenta convertir la riqueza de un verdadero intercambio personal, en “una realidad virtual” donde la imprudencia y la exposición de la intimidad van de la mano.

En esta exhibición, lo público y lo privado no son distinguidos muchas veces en la ingenuidad de quien piensa que todos los observadores son tan inocentes como él.

Por Orfa Astorga de Lira, orientadora familiar. Máster en matrimonio y familia por la Universidad de Navarra


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