miércoles, 16 de marzo de 2016

Buenos días 16 de marzo de 2016

La tierra no tiene ninguna tristeza
que el cielo no pueda curar
Santo Tomás Moro
 
 

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SANTORAL
 
Abraham,
solitario y eremita († 367)
Hilario, Agapito, Patricio, Heriberto, Bonifacio, Queritano, Gregorio de Armenia, Vicente de Kadlubeck, Juan de Sordio, obispos; Taciano, diácono; Félix, Dionisio, Largo, Esmaragdo, Julián, Petronila, Columba, Damián, Valentín, Papas, mártires; Abraham, eremita; Eusebia, abadesa; Hugo, abad; Pedro Tecelato (beato).
 

 
REFLEXIÓN:
 
Cierto día, un músico callejero se situó en la entrada del metro “L’Enfant Plaza” de Washington, DC. Era una mañana muy fría del mes de enero. El violinista estuvo tocando durante 45 minutos. Empezó con Bach, luego el “Ave Maria” de Schubert, siguió con Manuel Ponce y Massenet y, finalmente, Bach de nuevo.
 
Eran las 8 de la mañana: la hora punta. Pasaban cientos de personas frente a él, casi todas camino de sus trabajos.
 
A los pocos minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico. Aminoró el paso, se detuvo unos segundos y emprendió de nuevo su camino. Un minuto más tarde, el músico recibió un primer dólar: sin pararse, una mujer lanzó un billete a la caja del violín. Poco después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj, echó a andar de nuevo rápidamente; se le estaba haciendo tarde. El que le prestó mayor atención fue un niño de unos 4 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando. Finalmente, su madre lo agarró fuertemente y siguieron andando. El niño, mientras caminaba, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta.
 
Durante los 45 minutos que el músico estuvo tocando, tan solo hubo 7 personas que se detuvieron a escucharlo, pero todas muy brevemente. En total, logró reunir ¡¡32 dólares!! Nadie miró cuando el músico dejó de tocar. Nadie le aplaudió. De entre el millar de personas que pasó por delante de él, nadie lo reconoció. Nadie notó que el músico era Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo. En los pasillos del metro tocó algunas de las más difíciles partituras que jamás se han escrito, y todo ello… ¡¡con un Stradivarius del 1713 valorado en 3,5 millones de dólares!!
 
Dos días antes de estos hechos, no quedaban entradas a la venta para su concierto en el teatro de Boston… ¡aunque costaban casi 100 dólares! Esta actuación de incógnito de Joshua Bell en la estación de metro fue organizada por el «Washington Post» para investigar la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.
 
MORALEJA:  Si no nos detenemos unos segundos a escuchar a uno de los mejores músicos del mundo cuando está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estaremos perdiendo diariamente al no saber apreciarlas? ¿No vivimos demasiado aprisa?
 
ORACIÓN:

Señor, en este día, quiero aprovechar al máximo este momento de contacto que tengo contigo. Hazme sentir tu presencia amorosa, no con los sentimientos, sino con un verdadero espíritu de fe. Señor, Tú estás aquí conmigo, guía mis pasos y sáname de mis flaquezas. Dame unos ojos nuevos que perciban tu amor en todos los momentos de mi existencia.


 
Petición

Señor, que me dé cuenta de lo pequeño que soy y de lo necesitado que estoy de tu misericordia y de tu amor.


 
Meditación del Papa Francisco

El agua de la piscina de Betzatà, descrita en el Evangelio, cerca de la cual hay un paralítico desde hace 38 años entristecido y un poco perezoso, que no ha encontrado nunca la forma de hacerse sumergir cuando las aguas se mueven y por tanto buscar la sanación. Jesús lo sana y lo anima a ir adelante, pero esto desencadena la crítica de los doctores de la ley porque la sanación tuvo lugar un sábado. Una historia que sucede muchas veces también hoy.
 
Un hombre, una mujer, que se siente enfermo en el alma, triste, que ha cometido muchos errores en su vida, y en un cierto momento siente que las aguas no se mueven, está el Espíritu Santo que mueve algo, o escucha una palabra o... "Ah, ¡yo quisiera ir!".. Y tiene coraje y va. Y cuántas veces hoy en las comunidades cristianas se encuentran las puertas cerradas. 'Pero tú no puedes, no, tú no puedes. Tú te has equivocado aquí y no puedes. Si quieres venir, ven a misa el domingo, pero quédate ahí, no hagas más'. Lo que hace el Espíritu Santo en el corazón de las personas, lo destruyen los cristianos con psicología de doctores de la ley.
 
La Iglesia tiene siempre las puertas abiertas. Es la casa de Jesús y Jesús acoge. Pero no solo acoge, va a encontrar a la gente como fue a buscar a este. Y si la gente está herida, ¿qué hace Jesús? ¿Le regaña por estar herida? No, va y lo carga sobre los hombros. Y esto se llama misericordia. Y cuando Dios regaña a su pueblo --Misericordia quiero, no sacrificios-- habla de esto. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 17 de marzo de 2015, en Santa Marta).


 
Propósito

Hoy haré una visita a Jesús Eucaristía, exponiéndole mis problemas con plena confianza.


 
Diálogo con Cristo

Señor, gracias por tu amor y tu presencia que verdaderamente hace que nos sintamos como hijos tuyos. Sé que hoy me has escuchado y te pido la gracia de ser paciente para esperar que Tú obres en mí. Hazme ver tu mano amorosa que me sostiene y me hace ver qué grande es tu amor hacia mí.


 
Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración.

(Padre Pío)
 
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Consejos bíblicos para superar enfermedades graves



Plan de respuesta bíblico ante catástrofes posibles e inevitables

Contenido

Plan de respuesta bíblico ante catástrofes posibles e inevitables 
  1. Fase 1: “No seas negligente, ruega al Señor” 
  2. Fase 2: “De todo pecado purifica el corazón” 
  3. Fase 3: “Haz pingües ofrendas según tus medios” 
  4. Fase 4: “Recurre al médico… pues de él has menester” 

¿Qué es un «contingency plan»? Es un plan de respuesta ante catástrofes posibles e inevitables. Hay catástrofes que, con preverlas, uno las puede evitar. Hay otras que, aun previéndolas, no logramos sortear. Contra las primeras uno crea un plan para neutralizar los riesgos. Contra las segundas, si bien no se pueden evitar, sigue siendo útil crear un plan. Este plan no tendrá como fin evitar la catástrofe sino aminorar los daños de la misma y favorecer la recuperación posterior.

En nuestra vida, hay una posible catástrofe que podría estar robándonos la paz. Me refiero a la posibilidad de perder la propia salud. Es una de esas desgracias que siempre llegan de modo inesperado. Así tengamos seguro de gastos médicos, así existan numerosos hospitales de alta calidad a nuestro alrededor, a nadie se le ocurre decir que ya está listo para afrontar una grave enfermedad. Es siempre una amenaza y no siempre se puede prever. ¿Qué hacer ante un peligro imprevisible de tanta seriedad?

Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará.

Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón.

Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios.

Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester.
(Eclesiástico 38; 9-12)

Fase 1: “No seas negligente, ruega al Señor”

Lo primero es saber que no hay nada que escape al dominio del Señor. A esto, agregarle que el Señor es un Dios bueno. Es Aquél a quien Cristo nos enseñó a llamarlo Padre.
Si esto es así, tampoco la enfermedad escapa su dominio; es algo que Él permite. Y al igual que sucede con todo mal permitido por Dios, Él estará activamente buscando sacar un bien mayor de esa situación. Sin embargo ―y aquí entra nuestra parte―, para sacar tal bien quiere contar con nuestra colaboración.

Así, ese “no seas negligente, ruega al Señor…” hemos de tomarlo como una prescripción contra el desánimo y la desconfianza; contra la triste resignación. Una dura enfermedad es una dura prueba. Ante tal prueba hemos de cobrar ánimo en el Señor. Hemos de emprender el esfuerzo de la fe y el amor que implica rogar en serio al Señor y confiar en su poder. Este esfuerzo comienza tomándose la oración muy en serio.

Lo maravilloso es que con esto tenemos ya la batalla ganada. No significa que desaparecerá la enfermedad. Es un misterio la manera en que Dios concede sanaciones milagrosas a algunos y no a otros. Lo que sí es cierto es que implementando con seriedad y perseverancia esta primera fase de nuestro plan, saldremos de la prueba siendo mejores personas; mejores cristianos; mejores hijos de Dios; y seremos más felices por ello, tanto en el tiempo como en la eternidad.

Fase 2: “De todo pecado purifica el corazón”

Orar en serio es entrar en contacto con el Señor. Entre más nos acercamos a la luz, más nos pesa la oscuridad que hay en nosotros. Así, la segunda fase de nuestro plan implica dos cosas:

1)reconocer sinceramente ―descaradamente― nuestros propios pecados;
2)pedir confiadamente perdón a Dios por ellos.

Aquí me viene a la mente una idea del Papa Francisco: no se trata de pedir perdón por los pecados que haya podido haber cometido, sino reconocer los pecados que de hecho he cometido y pedir perdón por ellos. Evitar el condicional. Cuando se trata de reconocer los propios pecados, hay que ser descaradamente sinceros con nosotros mismos. Y si no lo tenemos muy claro, entonces hagamos con toda seriedad la siguiente oración: “Señor, apiádate de mí y concédeme reconocer mis pecados como pecados”.

En esta fase no basta la reflexión y la memoria. Hay que buscar la purificación del corazón. Para lo primero basta un poco de esfuerzo intelectual. Para lo segundo necesitamos de la gracia de Dios.

Fase 3: “Haz pingües ofrendas según tus medios”

Las graves enfermedades traen consigo fuertes sufrimientos y humillaciones. Ofrecidas con amor, podemos hacer de ellas agradables ofrendas al Señor. Así, además de dar un sentido a nuestros sufrimientos, les damos un valor salvífico. Cuando unimos nuestros dolores a Cristo, participamos de manera especial en su plan de salvación.

Ahora bien: hay de ofrendas a ofrendas. Las más agradables son las que conllevan más amor. En las Sagradas Escrituras, encontramos que hay otras ofrendas más agradables al Señor que los sacrificios. Menciono tres:

1)En el Evangelio de San Mateo, Jesús mismo cita al profeta Oseas que dice, «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 9;13). Dios quiere la ofrenda de nuestro perdón hacia aquellos que nos han ofendido.

2) En el salmo 50 el Señor muestra cierto desprecio por los sacrificios de animales y al final dice: «El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria»(Salmo 50;23). ¡Cuánto amor hay en la gratitud cuando es sincera! Quien ama no deja de reconocer todo lo bueno que ha recibido de su amado ―así se encuentre en medio de una desgracia.

3) Por último, consideramos el salmo 51 en que dice el penitente: « El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias» (Salmo 51;19). La humildad es la verdad. Las dos ―humildad y verdad― son de sumo agrado al Señor. Reconocer la verdad de mi pobre ser, de mi radical necesidad de Dios, y ofrecer a Dios este humilde reconocimiento, es para Él una ofrenda agradable.

Fase 4: “Recurre al médico… pues de él has menester”

En esta fase encontramos una aplicación más del proverbio extra-bíblico más citado en los ambientes católicos: “a Dios rogando y con el mazo dando”. O dicho con palabras de San Agustín: “reza como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti”.

En fin, cada quien use el lema que más le guste. Lo importante es servirnos de los medios humanos a nuestro alcance. Si Dios ha dispuesto que estén a nuestro alcance es para que hagamos uso de ellos. Si a través de estos medios quiere concedernos la salud, bendito sea Dios. Si no se logra el resultado esperado, la misma lucha ya es ganancia.




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