lunes, 8 de febrero de 2016

Buenos días, 8 de febrero de 2016


La vida nos ha enseñado que no hay nada imposible para vencer.
¡Lucha con toda tu alma!
 

 
VIDEO
 
 

SANTORAL

Jerónimo Emiliano,
fundador (1481-1537)
 
Juan de Mata, fundador; Pablo, Lucio, Ciriaco, Dionisio, Quinta, Emiliano, Sebastián, Filadelfo y Policarpo, Mengoldo, mártires; Juvencio o Evencio, Honorato, Pablo, Pedro, obispos; Esteban, abad; Elfleda, virgen; Josefina Bakhita, ex esclava y religiosa.
 

 
REFLEXIÓN:
 
Un sultán decidió hacer un viaje en barco con algunos de sus mejores cortesanos. Se embarcaron en el puerto de Dubai y zarparon en dirección al mar abierto.
 
Entretanto, en cuanto el navío se alejó de tierra, uno de los súbditos, que jamás había visto el mar y había pasado la mayor parte de su vida en las montañas, comenzó a tener un ataque de pánico.
 
Sentado en la bodega de la nave, lloraba, gritaba y se negaba a comer o a dormir. Todos procuraban calmarlo, diciéndole que el viaje no era tan peligroso, pero aunque las palabras llegasen a sus oídos no llegaban a su corazón.
 
El sultán no sabía qué hacer, y el hermoso viaje por aguas tranquilas y cielo azul se transformó en un tormento para los pasajeros y la tripulación.
 
Pasaron dos días sin que nadie pudiese dormir con los gritos del hombre. El sultán ya estaba a punto de mandar volver al puerto cuando uno de sus ministros, conocido por su sabiduría, se le aproximó:
 
-Si su alteza me da permiso, yo conseguiré calmarlo.

Sin dudar un instante, el sultán le respondió que no sólo se lo permitía, sino que sería recompensado si conseguía solucionar el problema.
 
El sabio entonces pidió que tirasen al hombre al mar. En el momento, contentos de que esa pesadilla fuera a terminar, un grupo de tripulantes agarró al hombre que se debatía en la bodega y lo tiraron al agua.
 
El cortesano comenzó a debatirse, se hundió, tragó agua salada, volvió a la superficie, gritó más fuerte aún, se volvió a hundir y de nuevo consiguió reflotar. En ese momento, el ministro pidió que lo alzasen nuevamente hasta la cubierta del barco.
 
A partir de aquel episodio, nadie volvió a escuchar jamás cualquier queja del hombre, que pasó el resto del viaje en silencio, llegando incluso a comentar con uno de los pasajeros que nunca había visto nada tan bello como el cielo y el mar unidos en el horizonte.
 
El viaje, que antes era un tormento para todos los que se encontraban en el barco, se transformó en una experiencia de armonía y tranquilidad.
 
Poco antes de regresar al puerto, el sultán fue a buscar al ministro:
 
-¿Cómo podías adivinar que arrojando a aquel pobre hombre al mar se calmaría?
 
-Por causa de mi matrimonio -respondió el ministro-. Yo vivía aterrorizado con la idea de perder a mi mujer, y mis celos eran tan grandes que no paraba de llorar y gritar como este hombre.
 
Un día ella no aguantó más y me abandonó, y yo pude sentir lo terrible que sería la vida sin ella. Sólo regresó después de prometerle que jamás volvería a atormentarla con mis miedos.
 
De la misma manera, este hombre jamás había probado el agua salada y jamás se había dado cuenta de la agonía de un hombre a punto de ahogarse. Tras conocer eso, entendió perfectamente lo maravilloso que es sentir las tablas del barco bajo sus pies.
 
-Sabia actitud– comentó el sultán.
 
-Está escrito en un libro sagrado de los cristianos, la Biblia: «Todo aquello que yo más temía, terminó sucediendo».
 
Moraleja.: Ciertas personas sólo consiguen valorar lo que tienen cuando experimentan la sensación de su pérdida.


ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco
 
Debemos recordar la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, "el dueño de la mies… mande obreros a su mies."
 
Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión. Efectivamente, si la Iglesia es misionera por su naturaleza, la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión. Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.
 
Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos...
 
Quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida.
 
El libro del Éxodo - el segundo libro de la Biblia -, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana.
 
De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.
 
[...] En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 6).
 
[...] La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás. (Mensaje del Santo Padre Francisco para la 52 jornada mundial de oración por las vocaciones, 14 de abril de 2015)

 
Diálogo con Jesús
 
Mi buen Señor, concédeme la gracia de conocer y practicar siempre el bien, pues sin Ti ni siquiera siento que pueda existir. Haz que siempre viva según tu voluntad.
 
Dame lucidez e inteligencia para entender cuál es mi misión, y además también dame el valor y la perseverancia para llegar a cumplirla.
 
Tú has puesto tu mirada en mí, me has llamado y lo veo, no solo como un deber, sino como un gran privilegio el que me hayas escogido. Jesús, ven y cierra mis oídos al chisme para evitar distraerme y no hacer lo que por amor debería estar haciendo, quiero ser uno de tus misioneros, que son enviados a preparar a los pueblos para el encuentro contigo.
 
Quiero ser un testigo de tu amor y tu perdón.
 
Necesito tener presente que el trabajo que realizo es por Ti y nada más que para Ti.
 
No permitas que la duda me asalte antes de ponerme en camino, sé que la misión no es fácil, pero con la ayuda divina de tus ángeles y la asistencia del Espíritu Santo, seguro podré conseguir la valentía que requiero para difundir tu Palabra. Concédeme un corazón que esté libre, sin apegos y despejado.
 
Que yo pueda viajar liviano y evitar aquellos enredos que no edifiquen mi vida.
 
Ayúdame a permanecer enfocado en Ti.
 
Confío en que me llenas de tu Paz en este momento y me vas colmando de tu gracia. Amén
 

Propósito para hoy
 
Siguiendo el ejemplo de María, al ayudar a los demás, hoy, lo haré con humildad y prudencia, buscando siempre lo mejor del otro.
 
Reflexionemos juntos esta frase:
 
"Somos vasijas de barro, frágiles y pobres, pero dentro llevamos un gran tesoro" (Papa Francisco)
 


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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6 detalles que no conocías sobre el logo del Año de la Misericordia


Mientras nuestras sensibilidades artísticas pueden variar, vale la pena preguntarnos: ¿Cómo puede ser que Dios me esté hablando?, ¿hay algo aquí que no estoy viendo?

Hoy voy a tratar de explicar algunas de las particularidades de este logotipo diseñado por el Padre Marko Rupnik. Espero que te puedan ayudar a profundizar en el significado de la Misericordia de Dios en tu vida y que puedas acompañar a otros a hacer lo mismo.



1. El estilo general: simbólico


La imagen evidentemente no pretende ser una representación literal de Jesús (el volumen y los ángulos son todos estilizados, más que realistas). El estilo es profundamente simbólico, poético y metafórico. Esta es una elección consciente de la artista. Cada vez que tratamos de decir algo muy profundo y muy hermoso el lenguaje científico es insuficiente, es necesaria la poesía. Lo mismo se aplica aquí: un enfoque más simbólico permite al artista transmitir realidades que van más allá de lo que cualquier representación realista podría aspirar a capturar.

Su naturaleza simbólica implica un poco más de trabajo por nuestra parte. Su significado no es necesariamente tan claro a primera vista (como tantas veces ocurre en nuestro encuentro diario con Dios, ya sea en nuestra vida diaria, o en la liturgia). La comprensión de la intención del autor es la clave. ¿Por qué utiliza ciertas formas y colores? Echemos un vistazo.

2. La forma de Almendra


La escena se representa dentro una forma artística particular llamada mandorla (“tuerca de la almendra” en italiano). Es una forma oval formada por la superposición de dos círculos. Sirve como una especie de paréntesis dentro de un icono. Dentro de la mandorla, en este logotipo, vemos representada la encarnación de Cristo. La forma de almendra representa la unión de dos círculos, es decir, las dos naturalezas de Cristo: divina y humana. El almendro es también la primera planta en florecer cada año en Grecia y como tal, es un símbolo de la nueva vida y de la fertilidad.

3. Los Colores


El rojo representa la sangre, la vida y sobre todo a Dios. El azul representa al hombre, la única criatura que sabe como aspirar al cielo. El Blanco tiene una variedad de significados: es el color del Espíritu Santo, ya que refleja la vida de la Trinidad y Cristo es blanco porque representa la luz que salva, la vida eterna del Hijo. La ropa de Adán (el hombre llevado por Jesús, del que hablaré más adelante) es de color verde (color de la humanidad), sin embargo, está tornándose oro (color de la divinidad) lo que representa el hecho de que Adán (y cada uno de nosotros) está participando en un proceso de divinización, es decir, llegar a ser como Dios a través de Jesucristo.

4. Las bandas de azul


Las bandas azules, que se van tornando más oscuras hacia el interior, reflejan lo que se llama el camino apofático para reflexionar sobre Dios. Esto significa que a menudo es más fácil hablar de Dios –Inefable, Infinito, El ser en sí– describiendo lo que no es. Esta es la razón por la que la mandorla que rodea a Cristo muestra bandas concéntricas de sombreado que son más oscuras hacia el centro, en lugar de más claras. Tenemos que pasar a través de las etapas de lo que parece aumentar el misterio y lo desconocido, con el fin de encontrar a Jesucristo. En un sentido misterioso, este punto de vista nos llama siempre hacia el interior en la reflexión. En esta imagen la profundidad de la sombra negra nos sugiere la impenetrabilidad del amor del Padre que perdona todo y los tres óvalos concéntricos, con colores progresivamente más claros a medida que avanzamos hacia el exterior, aluden al movimiento de Cristo que por su Encarnación lleva a la humanidad de la noche del pecado y de la muerte, a la luz de su amor y de su perdón.

5. El hombre en hombros de Jesús


El logotipo nos muestra a Jesús llevando a un hombre sobre sus hombros. El Padre Rupnik nos dice que se trata de Jesús como el Buen Pastor llevando a Adán en sus hombros. Cuando Jesús encuentra a su “oveja perdida” reúne a sus amigos y vecinos y les dice: “Alégrense conmigo, porque he hallado mi oveja perdida” (Lucas 15: 5-6). Otros han ofrecido la parábola del buen samaritano como medio para reflexionar sobre el logotipo. Esta parábola nos recuerda al samaritano que se detiene para ayudar a un hombre en el camino. Jesús pide al oyente: “¿Cuál de estos tres, en su opinión, era vecino de la víctima de los ladrones” (Lucas 10: 36-37).

6. Una mirada compartida

Una de las características más llamativas de la imagen es el hecho de que Jesús y el hombre sobre sus hombros comparten un ojo (esto no tiene absolutamente nada que ver con la teoría del “tercer ojo”). Cristo ve con los ojos de Adán y Adán con los ojos de Cristo. Cada persona descubre en Cristo, el nuevo Adán, la propia humanidad y el propio futuro, contemplando en su mirada el amor del Padre. El Padre Rupnik explica que la mirada de Dios al hombre le permite comprenderse a sí mismo. Dio revela de tal manera que el hombre es capaz de ver. Solo en la mirada del Padre podemos realmente entender lo que somos, nuestra identidad: hijos e hijas de Dios Padre.




¡Cristo nunca está lejos! En todo lo que vemos, en todo lo que vivimos, en nuestras alegrías y en nuestras penas, Él está acompañándonos. Él sabe lo que pasamos. A través de su mirada nos invita a una mayor conversión, a cambiar nuestra manera de ver a los demás, nos invita a que empecemos a mirar a nuestros hermanos con sus mismos ojos de Misericordia. Estamos llamados a contemplar la realidad con la misma mirada de Cristo. En todas las situaciones de nuestra vida estamos llamados a descubrir, escuchar y cumplir la voluntad del Padre, especialmente con los más necesitados.

La cercanía de Jesús y Adán


Como un pensamiento final me pareció muy interesante la explicación del Padre Rupnik sobre la cercanía de la cara de Adán y la de Jesús. Cuando Cristo expiró en la cruz el hombre cogió este aliento y comenzó a respirar de nuevo. Por lo tanto, como Adán recibió el aliento de vida en el momento de la creación, en nuestro bautismo recibimos el nuevo aliento de vida, la vida del Espíritu, con la que podemos empezar a vivir una nueva vida en Cristo.

Preguntas para la reflexión personal:

1. ¿Qué quiere decirme Dios este año jubilar? ¿Cómo puedo abrirme más a su Misericordia?

2. ¿Me veo con la misma mirada de Cristo? ¿Qué me impide mirar a los demás ya mí mismo con la Misericordia de Cristo?


Por Garrett Johnson

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