viernes, 29 de enero de 2016

Buenos días, 29 de enero de 2016.

Administrad la justicia con ecuanimidad y rectitud y, si es necesario, con rigor y ejemplaridad.
Pero cuando la naturaleza de las gentes y las cosas lo permitan, sed también misericordioso y benigno.”
Felipe II


VIDEO


SANTORAL

Julián el Hospitalario,
confesor
Valero, Sulpicio Severo, Potamión, Constancio, obispos; Papías, Sarbelio y Bárbea, Bedaya, Seustio, Mauro, mártires; Radegundis, virgen; Cesáreo (César), diácono; Gildas, Carlos,abades; beato Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad Sacerdotal de los Operarios Diocesanos.


REFLEXIÓN:

Su maestro Xanthus le mandó comprar en el mercado lo mejor de lo mejor. Esopo compró lenguas que mandó sazonar con todo tipo de salsas. Los invitados no tardaron en saborearlas y relamerse.
¿Hay algo mejor que la lengua? Es el vínculo de la vida civil, la llave de las ciencias y el órgano de la verdad y la razón.
Xanthus, para ponerlo a prueba, le dijo a Esopo que comprara lo peor de lo peor.
Al día siguiente, Esopo sirvió otra vez lenguas y dijo que era lo peor del mundo.
"Es la madre de todos los debates, la nodriza de todos los procesos, la fuente de todas las divisiones y las guerras. Si la lengua es el órgano de la verdad, lo es también del error y de la peor calumnia.

Consultar la carta de Santiago 3,5-12


ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco

A los fariseos les importaba salir bien de las situaciones. Eran oportunistas, se aprovechaban de las situaciones.

Sin embargo alguno de ustedes podrá decirme: "Pero Padre, esta gente era observante de la ley: el sábado no caminaban más de cien metros – o no sé cuánto se podía hacer – jamás, jamás iban a la mesa sin lavarse las manos; era gente muy observante, muy segura en sus hábitos". Sí, es verdad, pero en las apariencias. Eran fuertes, pero en la parte exterior. Eran rígidos. El corazón era muy débil, no sabían en qué creían. Y por esto su vida era, la parte de afuera, toda regulada, pero el corazón iba de una parte a la otra: un corazón débil y una piel rígida, fuerte, dura.

Al contrario, Jesús nos enseña que el cristiano debe tener el corazón fuerte, el corazón firme, el corazón que crece sobre la roca, que es Cristo, y después, debe ir por el mudo con prudencia: "En este caso hago esto, pero…" Es el modo de ir, pero no se negocia el corazón, no se negocia la roca. La roca es Cristo, ¡no se negocia!.

Éste es el drama de la hipocresía de esta gente. Y Jesús no negociaba jamás su corazón de Hijo del Padre, sino que estaba tan abierto a la gente, buscando caminos para ayudar. "Pero esto no se puede hacer; nuestra disciplina, ¡nuestra doctrina dice que no se puede hacer!" les decían ellos. "¿Por qué tus discípulos comen el trigo en el campo cuando caminan, el día sábado? ¡No se puede hacer!". Eran tan rígidos en su disciplina: "No, la disciplina no se toca, es sagrada".

[...] Éste es el drama de esta gente. Jesús denuncia la hipocresía y el oportunismo.
También nuestra vida puede llegar a ser así, también nuestra vida. Y algunas veces, les confieso una cosa, cuando yo he visto a un cristiano, a una cristiana así, con el corazón débil, no firme, firme sobre la roca – Jesús – y con tanta rigidez afuera, he pedido al Señor: "Pero Señor, tírales una cáscara de banana delante, para que se haga una linda resbalada, se avergüence de ser pecador y así te encuentre, a Ti que eres el Salvador". ¡Eh!, muchas veces un pecado nos hace avergonzar tanto y encontrar al Señor, que nos perdona, como estos enfermos que estaban ahí y que iban a ver al Señor para que los curara.

Pero la gente sencilla no se equivocaba, no obstante las palabras de estos doctores de la ley, porque la gente sabía, tenía ese olfato de la fe.

Pido al Señor la gracia de que nuestro corazón sea sencillo, luminoso con la verdad que Él nos da, y así podremos ser amables, perdonador, ser comprensivos con los demás, de corazón amplio con la gente, misericordiosos. Jamás condenar, jamás condenar. Si tú tienes ganas de condenar, condénate a ti mismo, que algún motivo tendrás, ¡eh!. (Homilía en Santa Marta, 16 de diciembre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor de mi vida, ven y guía mi camino, bendíceme este día y cada uno en el futuro.
Espero tu infinito amor para tener una vida llena de paz y satisfacción.

No permitas que como aquellos fariseos tenga la obsesión por aquello que es secundario, eso que ahoga el amor puesto en todo lo que hago, trabajar, perdonar, corregir, participar de la misa, cuidar a los enfermos, cumplir los mandamientos, todo esto lo realizo porque te amo y no porque debo cumplir. Jesús, libérame de esa mirada tan proclive a la acusación y a la identificación de lo malo en los otros, para que aprenda a ver con ojos distintos la necesidad de mi hermano.

Tendré siempre en cuenta que para Ti, la vida está antes que la Ley, y que la Ley debe ser fuente de vida, para que así, pueda yo realizar todas las obras con el amor que Tú has puesto en mi corazón, precisamente para que te pueda amar.

Ven, con tu luz y tu sabiduría, y ayúdame a comprender que, para ser constructor de un nuevo orden, donde la justicia y la paz sean una realidad y las normas sean luz para el servicio y la promoción del ser humano, necesito mirar a través de los ojos del amor y de tu compasión. Amén.

Propósito para hoy

Revisaré a fondo toda esa programación de televisión a la que estoy apegado y y eliminaré aquellas que no me dejan ningún fruto.

Reflexionemos juntos esta frase:

"Si queremos seguir a Jesús de cerca, no podemos buscar una vida cómoda y tranquila. Será una vida comprometida, pero llena de alegría" (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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5 razones por las cuales te conviene que tu CÓNYUGE esté más enamorada de Dios que de ti

Tabla de contenido

1. Un corazón lleno es mejor proveedor de amor que uno vacío 
2. Quien tiene buenos cimientos también podrá construir firmemente 
3. Si sabes a quién pedir nunca te faltará nada 
4. Si comprendes lo que significa servir a Dios y en tu vida lo pones en práctica, tu familia también lo hará 
5. Quien se sabe perdonado siempre sabrá perdonar y pedir perdón 


Jesús nos propone una forma de amar que se aplica para todo en la vida. Nos enseña un mandamiento nuevo y nos da las coordenadas para que nuestras relaciones afectivas lleguen a buen puerto. El matrimonio no queda al margen de este amor y de estas instrucciones que nos ofrece constantemente el Señor. Amar a Dios es el mandamiento más importante y de este se desprende, por lógica consecuencia, el amor al prójimo.

Amar a nuestras esposas(os) como a nosotros mismos es un tremendo camino de amor, pero la verdad es que tiene un gran margen de error. No amamos bien, nos permitimos cosas que no son correctas, somos egoístas, impacientes y no siempre nos cuidamos el uno al otro como es debido. Está claro que nadie quiere hacer esto con su cónyuge, pero nos pasa. Jesús conoce bien esa fragilidad humana de la que todos sufrimos: nuestro amor propio. Él sabe de nuestro amor inconsistente y quiere ayudarnos poniéndose Él mismo como modelo. Sabe que nuestra caridad no es digna de imitar. Siempre es y será mejor amar como Él nos ha amado (Jn 13,34). Su amor aventaja y excede en todo al nuestro, porque su principal característica es que proviene de Dios.

Queremos dejarte algunas ideas para que medites cuales son las prioridades de tu corazón. Si Dios ocupa el primer lugar todas tus demás relaciones (sobre todo el matrimonio) van a estar bajo ese gran amor, y mejor aún, si tu esposa(o) ama a Dios más que a ti tendrás asegurado que tú también recibirás de su infinito amor

1. Un corazón lleno es mejor proveedor de amor que uno vacío


No hay mejor fuente de amor que el saberse y sentirse amado por Dios. Ésta es una gran seguridad en nuestra vida y no significa únicamente saber que eres aceptado y valorado; significa que tu vida toma sentido de forma integral. Quien está lleno de ese amor, quien vive de ese amor y es capaz compartirlo, amará mejor.

2. Quien tiene buenos cimientos también podrá construir firmemente


El Papa Francisco refiriéndose a la vida en pareja dice: “Para vivir juntos para siempre es necesario que los cimientos del matrimonio estén asentados sobre roca firme”. Solo quien construye su vida sólidamente y no va cambiando a cada rato, quien es capaz de edificar relaciones que permanecen en el tiempo y quien construye planificada y responsablemente su vida, podrá construir y llevar adelante un matrimonio firme y resistente a todo. Quien pone su corazón en Dios tiene un comportamiento afectivo más predecible, es una persona de fiar, y justamente eso es lo que buscamos cuando pensamos en construir nuestra vida junto a alguien.

3. Si sabes a quién pedir nunca te faltará nada

Podemos buscar sucedáneos por todas partes: cosas, emociones, personas, etc., cosas que aparentemente nos hagan felices, nos llenen, nos den sentido y nos motiven… pero solo hay una que da aquello que no se desvanece con el tiempo: Dios. El Papa Francisco nos enseña que así como “en el Padrenuestro decimos: danos hoy nuestro pan de cada día, en el matrimonio podemos aprender a rezar así: danos hoy nuestro amor de cada día”.

4. Si comprendes lo que significa servir a Dios y en tu vida lo pones en práctica, tu familia también lo hará


Quien ama a Dios con todo su corazón pone los dones que ha recibido en sus manos y busca hacer de su vida un acto agradable a Él. Si esa persona se enamora y forma una familia podrá cumplir con la vocación de ser iglesia doméstica colaborando con el plan de Dios en la crianza de los hijos mediante un testimonio de fidelidad y de servicio mutuo. San Josemaría Escrivá lo explicaba muy bien diciendo que:

Los esposos cristianos han de ser conscientes de que están llamados a santificarse santificando, de que están llamados a ser apóstoles, y de que su primer apostolado está en el hogar. Deben comprender la obra sobrenatural que implica la fundación de una familia, la educación de los hijos, la irradiación cristiana en la sociedad. De esta conciencia de la propia misión dependen en gran parte la eficacia y el éxito de su vida: su felicidad”.

5. Quien se sabe perdonado siempre sabrá perdonar y pedir perdón

Quienes aman a Dios han tenido que hacer las paces con Él más una vez. Nuestra condición de fragilidad y de pecado nos lleva a ver nuestros errores con honestidad y a pedir perdón sinceramente. Este ejercicio de humildad, de reconciliarse y hacer las paces con Dios es el sustento para perdonar y pedir perdón cuando nuestras esposas(os) no hacen las cosas del todo bien o cuando nosotros mismos nos equivocamos en el camino. El Papa Francisco se refiere a esto con mucho humor:

Jesús que nos conoce bien, nos enseña un secreto: no acabar jamás una jornada sin pedirse perdón, sin que la paz vuelva a nuestra casa, a nuestra familia. Es habitual reñir entre esposos, porque siempre hay algo por lo que hemos reñido. Tal vez os habéis enfadado, tal vez voló un plato, pero por favor recordad esto: no terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás!”.

Esperamos que te hayas convencido de lo importante que es que tu pareja esté más enamorada de Dios que a ti. ¡Ojo! ¡eso no significa que te quiera menos!

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