jueves, 21 de enero de 2016

Buenos días, 21 de enero de 2016. Santa Inés


"Donde se pierde el interés,
también se pierde la memoria."
GOETHE
 

 
BD VIDEO
 
 


SANTORAL
 
Inés,
virgen y mártir († 304)
 
Nuestra Señora de Altagracia,
Patrona de Santo Domingo.
 
Anastasia, Patricia, Zacarías, Polieuto, Eupsiquio, Patroclo, Valeriano, Cándido, Eugenio, Eustato y Clemente, mártires; Publio y Epifanio, Avito, obispos; Meinrado, ermitaño.
 


 
 
REFLEXIÓN:


UNA PIEDRA MUY PRECIOSA
Había una vez, en el País de las Piedras, una pequeña piedra que estaba empeñada en ser una piedra preciosa para ser importante y admirada por todas las demás. Por eso tenía en su casa una impresionante colección de disfraces. Los tenía de Esmeralda, de Rubí, de Zafiro, de Diamante, de Plata, de Oro... Eran reproducciones casi exactas. Cuando se los ponía, parecían realmente auténticos.
Y a esto había que añadir lo bien que interpretaba la pequeña piedra su papel. Si iba disfrazada de Esmeralda, hablaba como las Esmeraldas, caminaba como las Esmeraldas, se comportaba como las Esmeraldas. No había detalle que se le escapara y la pudiera delatar.
Pero tenía que tener cuidado en una cosa; no podía darle directamente la luz del sol, porque entonces descubrirían que no era transparente como las auténticas Esmeraldas. Lo mismo le ocurría con los disfraces de Rubí, de Zafiro y de Diamante. Así que sólo se los ponía cuando era de noche o al atardecer. Por el día se disfrazaba de Oro o de Plata. Aunque con estos disfraces tenía el peligro contrario; si dejaba de darles la luz del sol, dejaban de parecer Oro o Plata auténticos. Sin embargo la pequeña piedra lo tenía todo muy bien controlado.
Y así fue pasando su vida. Nadie se dio cuenta del engaño. Los que la conocían como Esmeralda, le tenían gran admiración y aprecio. Y lo mismo ocurría con los que la conocían como Diamante, como Oro, como Zafiro, como Rubí o como Plata.
Pero un día, estando la piedra tomando el sol disfrazada de Oro, un hombre que pasaba por allí se quedó deslumbrado con su brillo y la cogió. Al ver que era oro, dio un salto de alegría y fue corriendo a ver a un joyero para que le dijera cuál era su valor. Pero cuando el joyero la examinó, vio que era una simple piedra cubierta con una funda dorada. Entonces, el hombre, desilusionado, la cogió y la tiró por la ventana.
Al caer al suelo, la piedra se rompió el mil pedazos, y sorprendentemente, dejó al descubierto que su interior había estado ocupado por un Diamante de gran calidad y de valor incalculable. Un Diamante que nunca había podido salir a la luz porque la pequeña piedra se empeñó toda su vida en imitar a otros para ser valiosa e importante.
 
 
 
ORACIÓN:
 
Gracias, Jesús, por venir a nacer entre nosotros. Este día, más que pedirte, quiero agradecerte por cumplir lo que habías prometido desde antiguo.
 
Gracias por venir a quedarte con nosotros, gracias por mostrarnos tu misericordia. Ilumínanos y sácanos de las tinieblas en que vivimos, para que descubramos el camino de la paz. Y permítenos vivir sin temor, en santidad y justicia en tu presencia.
 
Petición

Señor, qué gran don nos has hecho con tu venida. Dispón nuestro corazón para recibirte como es debido y Tú que decidiste nacer en una cueva, acepta el cálido rincón de nuestro corazón.
 
Meditación del Papa Benedicto XVI
 
Animado por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión de su hijo: "Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo/pues irás delante del Señor para preparar sus caminos, /y dar a su pueblo el conocimiento de la salvación/mediante el perdón de sus pecados". Todo esto se hizo evidente treinta años más tarde, cuando Juan comenzó a bautizar en el río Jordán, llamando al pueblo a prepararse, con aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le había revelado durante su permanencia en el desierto de la Judea. Por esto fue llamado "Bautista", es decir, "Bautizador".
 
Cuando un día Jesús mismo viene de Nazaret a ser bautizado, Juan se negó al principio, pero luego aceptó y vio al Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre Celestial que proclamaba a su Hijo. Pero su misión no estaba aún cumplida: poco tiempo después, se le pidió que precediera a Jesús también con una muerte violenta: Juan fue decapitado en la prisión del rey Herodes, y así dar testimonio pleno del Cordero de Dios, que antes había reconocido y señalado públicamente.
 
Queridos amigos, la Virgen María ayudó a su anciana pariente Isabel a llevar a término el embarazo de Juan. Que ella nos ayude a todos a seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, que el Bautista anunció con gran humildad y celo profético.» (S.S. Benedicto XVI, 24 de junio de 2012).
 
Propósito

Me prepararé para recibir con un corazón limpio a Nuestro Señor y le agradeceré que venga a quedarse conmigo.
 
 


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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El ejemplo de Kobe Bryant, estrella del baloncesto, por qué una familia santa no está hecha de ángeles.

“Lo único que me ayudó realmente
 durante ese proceso fue hablar 
con un sacerdote” 

Kobe Bryant, una de las estrellas del baloncesto de todos los tiempos, que ha anunciado recientemente su retiro al final de temporada, ha protagonizado un post en Church Pop con ocasión de la fiesta de la Sagrada Familia, el pasado 27 de diciembre. ¿Por qué?


Muchos no saben que Bryant, nacido en Filadelfia en 1978, creció en una familia católica y que a los seis años su familia se trasladó a una hora de Roma, tanto que aún hoy el campeón de la NBA domina el italiano.

Con 23 años, Bryant se casó con Vanessa Laine, de 19 años, también católica. En 2003 nació su primer hijo.



Ese mismo año, ocurrió algo que dañó su reputación –muchos patrocinadores lo abandonaron por ello-, su matrimonio –su mujer le pidió el divorcio años después- y a él mismo profundamente.

Bryant fue acusado de violar a una muchacha en su habitación de hotel mientras se encontraba en Colorado para una cirugía de rodilla.

El jugador admitió haber mantenido relaciones con la chica y se disculpó públicamente, pero negó la violación.

Sentía mucho miedo a ir a la cárcel. En 2004 un juez archivó las acusaciones por violación, pero la mujer presentó una demanda civil contra Bryant, que se resolvió fuera de los tribunales.

Aunque Bryant y su esposa permanecieron juntos durante algunos años tras las acusaciones, y tuvieron incluso un segundo hijo, en 2011 la mujer le pidió el divorcio.

Pero la historia no termina aquí…

En una entrevista a GQ el pasado febrero, Bryant explicó cómo su fe católica lo ayudó a enfrentar el mal momento provocado por su infidelidad.

Lo único que me ayudó realmente durante ese proceso –soy católico, crecí como católico, mis hijos son católicos– fue hablar con un sacerdote”, asegura.
“Fue casi divertido. Me miró y me dijo: ‘¿Lo has hecho?’, y yo dije ‘Obviamente no’. Luego preguntó: ‘¿Tienes un buen abogado?’, y dije ‘Sí, es muy bueno’. A lo que él respondió solamente esto: ‘Déjalo ir, sigue adelante. Dios no te dará nada que tú no puedas enfrentar, y ahora todo está en sus manos. Es algo que no puedes controlar, por lo tanto, déjalo estar’. Y ese fue el punto crucial”.

En 2013, Bryant y su mujer anunciaron su reconciliación y haber suspendido la cuestión relacionada con el divorcio.

Es importante recordar que ser una sagrada familia no es una abstracción, sino una realidad concreta.

Una sagrada familia no está hecha de ángeles sino de pecadores, cuyo amor por Dios y cuyo amor recíproco no permiten que la muerte provocada por el pecado impida buscar la vida resucitada que deriva del perdón.


Muchas personas han crecido en la fe católica, se han casado con un católico según la Iglesia católica y están buscando permanecer fieles a sus votos y educar a sus hijos como católicos.

Actualmente es difícil lograr hacer todo esto. El pecado y la falta de perdón no hacen más que aumentar la oscuridad que muy a menudo lleva a la muerte de matrimonios y familias.

Bryant y su esposa son evangelizadores católicos que a través del ejemplo de su vida enseñan a otros esposos y a otros padres que viven un momento oscuro y están al borde de la desesperación a percibir la luz en la oscuridad y a aprender de esta experiencia y a nacer nuevamente en Cristo como esposos y padres, según la voluntad de Dios.

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