miércoles, 13 de enero de 2016

Buenos días, 13 de enero de 2016


"No nos quedemos de brazos cruzados por la duda, la impaciencia o el sufrimiento"
Papa Francisco
 
 
VIDEO
 
 
SANTORAL
 
Hilario de Poitiers,
obispo y doctor de la Iglesia (c. a. 315-367)
 
Vero, Kentigerno, obispos; Gumersindo, presbítero; Servideo, monje; Potito, Hérmilo y Estratónico, mártires; Agricio, Leoncio, obispos; Gláfira, Verónica de Binasco, vírgenes; Vivencio, confesor.
 

 
REFLEXIÓN:
 
La otra mujer
 
Después de 21 años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.
 
-Tú sabes que las amas- me dijo un día, tomándome por sorpresa-. La vida es demasiado corta debes dedicarle tiempo.
 
- Pero yo te amo a ti- protesté. Lo sé. Pero también la amas a ella.
 
La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi madre, quien era viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos hacían que solo la visitara ocasionalmente. Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.
 
-¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? me preguntó. Mi madre es el tipo de mujer para quien una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
 
Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo –les respondí- Los dos solos. Reflexionó sobre ello un momento. – Me agradaría muchísimo.-dijo.
 
Ese viernes mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita… y ¡por Dios, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita. Me esperaba en la puerta con su abrigo puesto, se había rizado el cabello y usaba el vestido con que celebró su último aniversario de boda. Su rostro sonreía e irradiaba luz como un ángel.
 
- Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas -me comentó mientras subía al coche-. No pueden esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada.
 
Fuimos a un restaurante no muy elegante pero sí acogedor, mi madre se aferró a mi brazo como si fuera “La primera dama”. Cuando nos sentamos, tuve que leerle el menú. Sus ojos solo veían grandes figuras.
 
Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mamá estaba sentada al otro lado de la mesa, y me miraba. Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.
Era yo quien leía el menú cuando eras pequeño – me dijo. – Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor. Respondí.
 
Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.
- Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar – dijo mi madre cuando la llevé a casa. Asentí.
 
-¿Cómo estuvo tu cita? – quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
Muy agradable…mucho más de lo que imaginé.. -Contesté.
 
Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
 
Al poco tiempo recibí un sobre con copia de un cheque del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía: ” La cena la pagué por anticipado, estaba casi segura, de que no podría estar allí, pero igual pagué 2 platos uno para ti y el otro para tu esposa, jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí. Te amo”.
 
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: “TE AMO” y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu familia. Dadles tiempo, porque ellos no pueden esperar.
 
ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco
 
San Juan dice en el Evangelio que "En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron... La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre"
 
Los hombres hablan tanto de la luz, pero a menudo prefieren la tranquilidad engañadora de la oscuridad. Nosotros hablamos mucho de la paz, pero a menudo recurrimos a la guerra o elegimos el silencio cómplice o no hacemos nada concreto para construir la paz. De hecho, San Juan dice: «Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Esa fue una de las suyas y su pueblo no le recibieron». Porque el juicio es éste: la luz - Jesús - ha venido al mundo, pero los hombres prefirieron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
 
Cualquier persona, de hecho, que hace el mal, odia la luz. Y no viene a la luz para que sus obras no sean reprendidas. Así dice el Evangelio de San Juan. El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz descubre sus malas obras. ¡Quien hace el mal, odia la luz! ¡Quien hace el mal, odia la paz!
 
[...] La paz no es solamente la ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Ésta es la paz. Sin embargo, silenciar las armas y apagar los focos de guerra sigue siendo la condición inevitable para dar inicio a un camino que conduce al logro de la paz en sus diferentes aspectos...
 
[...] Dios en el Antiguo Testamento hacía una promesa. El profeta Isaías decía: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2,4)
 
¡Es bello! La paz es anunciada como don especial de Dios en el nacimiento del Redentor: «Paz a los hombres que amados por Él». (Lc 2,14)
 
Ese don debe ser incesantemente implorado en la oración... Este don tiene que ser implorado y tiene que ser recibido cada día con compromiso, en las situaciones en las que nos encontramos...
 
[...] Invoquemos ahora a María, Reina de la Paz. Ella, durante su vida terrena, conoció no pocas dificultades, relacionadas con la fatiga diaria de la existencia. Pero nunca perdió la paz del corazón, fruto del abandono confiado en la misericordia de Dios. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 04 de enero de 2015)
 
Diálogo con Jesús
 
Señor Jesús, me despierto alegre y bendecido de contar con tu presencia.
 
Tu protección está siempre conmigo todos los días de mi vida. Eres el principio y el fin.
 
Te alabo y te glorifico porque tu Poder y tu Amor existen desde el principio de los tiempos y te nos has manifestado a largo de nuestra historia de vida.
 
Tú, permaneces cerca de mí con tu Palabra sanadora,
 
Tú me guías y me conduces aun cuando transito por lugares oscuros, perdido y sin rumbo.
 
Tú nunca me abandonas, intervienes en mi vida en cada una de mis situaciones y con tu luz y tu verdad me iluminas los caminos.
 
Yo sé que Tú me quieres alegre y en paz en todo momento, alegre cuando te sirvo, cuando oro, cuando trabajo, cuando doy y recibo y hasta cuando sufro, porque Tú eres la verdadera alegría, la fuente de paz, la fuente del amor y de toda bendición.
 
No permitas que me separe de esta alegría, dejándome dominar por mis pasiones, por el orgullo, por la ambición de poder, por la envidia amarga que deja vacíos en el alma.
 
Quiero que mi corazón se rebose de Ti, de tu Palabra poderosa, que da luz, vida y salvación. Que venga ya a desbordarme con su paz y aleje todas las tinieblas de mí.
 
A Ti, Señor, Luz de luz, eterna verdad, sabiduría celestial, sea el Honor y la Gloria por siempre y para siempre. Amén
 
Propósito para hoy
 
Revisaré mi armario. Donaré esas prendas en buen estado que casi ni uso a los más necesitados.
 
Reflexionemos juntos esta frase:
 
"Los milagros existen, pero es necesario rezar. Con una oración ferviente, insistente, perseverante, no una oración para cumplir" (Papa Francisco)
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿Quieres ayudar a las personas? ¿Vives sus penas y alegrías?

Mantener un sano contacto con la realidad, con lo que la gente vive, con sus lágrimas y sus alegrías, es la única forma de poder ayudarla, formarla y comunicarse”,

dijo el Papa Francisco en el Estadio Comunal “Artemio Franchi” de la ciudad italiana de Florencia, donde presidió la misa este martes 10 de noviembre en ocasión del V Congreso Nacional de la Iglesia Italiana.

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?, preguntó a miles de fieles presentes, siguiendo la lectura del Evangelio de hoy (Mt 16,13). El Papa explicó que Jesús deseaba comunicar mejor con las personas por ello preguntaba lo que la gente pensaba. “Sin saber lo que la gente piensa, el discípulo se aísla y comienza a juzgar a la gente según sus propios pensamientos y sus propias convicciones”, dijo.

Por ello, declaró que hablar al corazón de las personas significa tocar su cotidianidad:

el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tráfico, la escuela, los servicios sanitarios…Es la única de abrir su corazón a la escucha de Dios. En realidad, cuando Dios ha querido hablar con nosotros se ha encarnado”.

Preguntó: ¿Quien es Jesús para los hombres y las mujeres de hoy? El Papa, recordó a San León Magno, nacido en Toscana, en el día de su memoria, “llevaba en el corazón esta pregunta”.

Pregunta que -continuó- se responde desde la misericordia y la misión. De este modo, solo si reconocemos a Jesús en su verdad, “seremos capaces de mirar la verdad de nuestra condición humana, y podremos llevar nuestra contribución a la plena humanización de la sociedad”.

Asimismo, sostuvo que la verdad de la fe es una verdad que escandaliza, porque “pide de creer en Jesús”, que siendo Dios se vacía, se abaja a la condición de siervo. “Solo a través de Cristo podemos entender, profesar y vivir su verdad”.

La comunión entre divino y humano, realizada plenamente en Jesús que es la meta y el punto de llegada de la historia humana. Entretanto, Jesús es la radiosidad del “encuentro entre nuestra debilidad y su grandeza, entre nuestra debilidad y su misericordia que colmará nuestros límites”, indicó.

Las semillas del bien ayudan a crear una humanidad nueva, renovada, donde nadie es dejado a los márgenes o descartado; “donde quien sirve es más grande; donde los pequeños y los pobres son acogidos y ayudados”.

Así, sostuvo que “Dios y el hombre son los dos extremos de una oposición: Ellos se buscan por siempre, porque Dios en el hombre reconoce su propia imagen y el hombre se reconoce solamente viendo a Dios”. “Esta es la verdadera sabiduría” que está vincula a las personas que buscan a Cristo.





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