miércoles, 9 de diciembre de 2015

Buenos días, 9 de diciembre de 2015. Santa Leocadia


"Quien ama con caridad a los demás es ante todo justo con ellos"
Benedicto XVI
 
 
SANTORAL
 
Leocadia,
virgen y mártir († a. 304)
 
Leocadia, Casaria, Gorgonia, vírgenes; Valeria, virgen y mártir; Daniel, Julián, Próculo, Severo, Siro, Restituto, Víctor, obispos; Aumonio, Basilio, Eusebio, Basiano, Primitivo, Mirón, Lucio, Pedro, Suceso, Hiparco, Filoteo, Santiago, Paragro, Habido, Romano, mártires; Balda,abadesa; Cipriano, abad; Ulrico, eremita; Wulfilda, abadesa.
 
 

 
REFLEXIÓN:
 
Un modo nuevo de ver las cosas

No es un mundo que termina, es un mundo que inicia.
 
Así respondía san Agustín a quienes sufrían angustiados ante la destrucción de Roma y de su imperio.
 
Sí: la vida nos puede reservar muchas sorpresas. Un terremoto, un golpe de sueño en la carretera, una bomba, y en pocos segundos todo ha cambiado. Quizá perdemos la casa, la salud, o muere algún familiar o amigo. Alguno desearía haber muerto, haber terminado esta etapa terrena, para no tener que afrontar todo lo que inicia tras un imprevisto. Pero seguimos vivos, y Dios nos pregunta: ¿qué vas a hacer ahora?
 
Dicen que la depresión es una enfermedad cada vez más fuerte en el mundo moderno. Desgracias, derrotas, abandonos, nos martillean y nos hacen verlo todo triste, oscuro. Sin embargo, deberíamos colocar el fracaso en su lugar: se ha cerrado una puerta, pero muchas otras siguen abiertas. La vida continúa.
 
En cada uno de nosotros se esconden energías insospechadas. Esas energías no se ponen en marcha si no hay un amor que las mueva. Una mujer o un hombre pueden llevar una vida mediocre, oscura, insatisfecha. De repente, un hijo enfermo les hace despertar, y sacan fuerzas que nadie habría imaginado. Pueden pasar horas y días en el hospital, o en casa, en jornadas agotadoras por los ejercicios de rehabilitación. El deseo de vivir y el amor les dan una energía insospechada. Y llegan a ser, de un modo misterioso, casi omnipotentes.
 
Otros, en cambio, son incapaces de dar un paso adelante. El dolor les paraliza, la tristeza les oprime, la herida les lleva a llorar sin esperanza. El tesoro de energías que se esconde en su espíritu está abandonado, arrumbado, quizá incluso empieza a deshacerse.
 
Dicen que la vida es darse, es desgastarse. Cada minuto que pasa nos “arruinamos” un poco. El mismo gastarse nos enriquece, si nos hemos “gastado bien”. No todos tenemos claro lo que debemos hacer en cada momento. Pero sí podemos, con los ojos fijos en el cielo, gritarle a Dios y pedir un poco de su luz y de su amor.
 
Con su compañía se hace fácil y llevadero el camino, y todo adquiere un color especial, distinto, nuevo. Nuestros ojos se hacen frescos como los de un niño que admira, por vez primera, la lluvia que forma burbujas en el suelo, mientras atrás le miran, llenos de esperanza, unos padres que quieren ser, siempre, nuevos y grandes en su amor de esposos.
 
 
ORACIÓN:

Jesús, Tú eres mi esperanza, ¡aumenta mi confianza!


 

Meditación del Papa Francisco
 
Pensamos en el regreso de Cristo y en su juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien que cada uno habrá realizado o habrá dejado de realizar durante su vida terrena, percibimos que nos encontramos ante un misterio que nos supera, que no conseguimos ni siquiera imaginar. Un misterio que casi instintivamente suscita en nosotros una sensación de miedo, y quizás también de trepidación. Pero si reflexionamos bien sobre esta realidad, esta sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser un gran motivo de consuelo y confianza.
 
A este propósito, el testimonio de las primeras comunidades cristianas resuena muy sugerente. Estas solían acompañar las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathá, una expresión constituida por dos palabras arameas que, según cómo sean pronunciadas, se pueden entender como una súplica: "¡Ven, Señor!”, o como una certeza alimentada por la fe: "Sí, el Señor viene, el Señor está cerca”. Es la exclamación con la que culmina toda la Revelación cristiana, al final de la maravillosa contemplación que se nos ofrece en el Apocalipsis de Juan. En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en nombre de la humanidad, de toda la humanidad, y en cuanto su primicia, se dirige a Cristo, su esposo, deseando ser envuelta por su abrazo; un abrazo, el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y de amor. (Catequesis de S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013).

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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TODO ANTE EL AÑO DE LA MISERICORDIA GUÍA DEL JUBILEO


Del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016, toda la Iglesia católica vive un tiempo extraordinario de gracia: el Año Jubilar de la Misericordia.

Tabla de contenido

Templos jubilares y requisitos 
Para recibir las gracias jubilares y la correspondiente indulgencia plenaria son necesarios los siguientes requisitos: 
Logo y lema 
Calendario romano 
Oración del Año de la Misericordia 
Himno del Año de la Misericordia 
Las 14 obras de misericordia 
Las siete obras de misericordia espirituales 
Las siete obras de misericordia corporales 


El Papa Francisco ya ha abierto la primera puerta santa del Año Jubilar de la Misericordia. Y lo ha hecho en uno de los lugares más necesitados de misericordia, de paz y de reconciliación: en República centroafricana, en la catedral de su capital, Bangui. Ha sido en la tarde del domingo 29 de noviembre, primer domingo de Adviento, comienzo del nuevo año litúrgico. Un año litúrgico en el que las lecturas dominicales corresponden al llamado ciclo C, el ciclo del evangelio de san Lucas, «el evangelista de la misericordia», el autor inspirado de textos tan emblemáticamente de misericordia como las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo.

El Jubileo de la Misericordia es un año santo extraordinario, lucrado con la gracia de la indulgencia plenaria, convocado por el Papa Francisco. Discurre desde el 8 de diciembre de 2015 (solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y bodas de oro del Concilio Vaticano II) al 20 de noviembre de 2016 (solemnidad de Jesucristo Rey del universo). Celebra el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, busca profundizar en su implantación y situar en un lugar central la Misericordia Divina, corazón del Evangelio.

Para ello, el Año Jubilar de la Misericordia llama a la conversión cristiana y propone como caminos hacia ella la práctica de:

la confesión sacramental, las peregrinaciones, la participación en la eucaristía y la recepción adecuada de la misma, el ejercicio de las obras de misericordia y de la caridad y la mirada y la plegaria hacia María Santísima, Reina y Madre de Misericordia, a fin de que Ella nos muestre a Jesucristo, fruto bendito de su vientre y rostro de la Misericordia del Padre.

El Papa anunció la convocatoria del Jubileo de la Misericordia en la tarde del viernes 13 de marzo de 2015, en la vigilia de oración de la Jornada «24 horas para el Señor». Francisco quiso hacer coincidir este anuncio con el segundo aniversario de su elección pontificia. Precisamente, la misericordia es el eje de su ministerio apostólico. Ya su mismo lema episcopal y papal lo indica: «Miserando atque eligendo» («Le eligió y le miró con misericordia»), en alusión al pasaje evangélico de la conversión de san Mateo y el comentario al respecto de una homilía de san Beda el venerable.

La bula de indicción o convocación del año jubilar fue firmada y promulgada por Francisco en una solemne celebración en la basílica vaticana en la tarde del sábado 11 de abril, primeras vísperas del segundo domingo de Pascua, segundo domingo de la Divina Misericordia. Misericordiae vultus es el título de esta bula, publicada por ecclesia en su números 3.776, páginas 24 a 32. Asimismo, el 1 de septiembre, el Santo Padre hizo pública una carta mediante la cual explicaba la indulgencia plenaria a conceder con ocasión de este año (ecclesia 3.795-96, páginas 50 y 51).




Templos jubilares y requisitos

El Papa Francisco ha dispuesto que los obispos diocesanos establezcan en sus diócesis iglesias y santuarios como templos jubilares para poder recibir la gracia del Año Jubilar de la Misericordia. De suyo, todas las catedrales y concatedrales son templos jubilares, así como, variando según diócesis, los principales santuarios.

En Roma, son templos jubilares natos las basílicas papales: las cuatro basílicas papales mayores —San Pedro, Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros— y las tres basílicas papales menores —Santa Cruz de Jerusalén, San Sebastián en las Catacumbas y San Lorenzo Extramuros—.


Para recibir las gracias jubilares y la correspondiente indulgencia plenaria son necesarios los siguientes requisitos:

  1. Arrepentimiento de los pecados y deseo de conversión;
  2. Peregrinación a un templo jubilar;
  3. Orar por las intenciones del Papa y por los frutos del Año de la Misericordia (Padre Nuestro, Credo y Salve); y
  4. Recepción del sacramento de la confesión y de la comunión sacramental. Es también recomendable una obra de caridado de misericordia.

Logo y lema

El logo y el lema ofrecen juntos una buena síntesis del año jubilar. Con el lema «Misericordiosos como el Padre» (tomado del Evangelio de Lucas, 6, 36) se propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida (cf. Lc 6, 37-38).
El logo —obra del jesuita Marko I. Rupnik— se presenta como un pequeño compendio teológico de la misericordia. Muestra, en efecto, al Hijo que carga sobre sus hombros al hombre extraviado, recuperando así una imagen muy apreciada en la Iglesia antigua, porque indicaba el amor de Cristo que lleva a término el misterio de su encarnación con la redención.
El dibujo se ha realizado de manera que se destaque el Buen Pastor que toca en profundidad la carne del hombre, y lo hace con un amor capaz de cambiarle la vida. Además, es inevitable notar un detalle particular: el Buen Pastor con extrema misericordia carga sobre sí la humanidad, pero sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y este lo hace con el ojo de Cristo. Así, cada hombre descubre en Cristo, nuevo Adán, la propia humanidad y el futuro que lo espera, contemplando en su mirada el amor del Padre.

La escena se coloca dentro la mandorla que es también una figura importante en la iconografía antigua y medieval por cuanto evoca la copresencia de las dos naturaleza, divina y humana, en Cristo. Los tres óvalos concéntricos, de color progresivamente más claro hacia el externo, sugieren el movimiento de Cristo que saca al hombre fuera de la noche del pecado y de la muerte. Por otra parte, la profundidad del color más oscuro sugiere también el carácter inescrutable del amor del Padre que todo lo perdona.

Calendario romano

Tras la apertura de la puerta santa, el siguiente acto jubilar será en la tarde del sábado 12 de diciembre con una celebración eucarística en San Pedro por América Latina, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. El Jubileo de las familias será el domingo 27 de diciembre, festividad de la Sagrada Familia, también en San Pedro. Del 19 al 21 de enero será el jubileo para quienes sirven en los santuarios y en la pastoral de las peregrinaciones. El 25 de este mismo mes, fiesta de la conversión de san Pablo, la basílica ostiense acogerá la tradicional celebración ecuménica, este año también jubilar.

El sábado 30 de enero será la primera de las audiencias jubilares, audiencias generales como las de los miércoles, que con carácter extraordinario se tendrán en la Plaza de San Pedro o en el Aula de Pablo VI, al menos, doce sábados del año santo. En principio, serán los sábados 30 de enero, 20 de febrero, 12 de marzo, 9 de abril, 30 de abril, 14 de mayo, 18 de junio, 30 de junio, 10 de septiembre, 1 de octubre, 22 de octubre y 1 de noviembre.

El 2 de febrero, festividad de la Presentación del Niño Jesús en el templo y la Purificación de su Santísima Madre será el jubileo de la vida consagrada con la clausura del Año de la Vida Consagrada. El miércoles 10 de febrero, Miércoles de Ceniza, será la celebración del envíop de lso misioneros de la misericodris a clausura del Año de la Vida Consagrada. El miseptiembre, 1 de octubre, 22 de octubre y  de los Misioneros de la Misericordia (Misericordiae vultus número 18).

Otras fechas a reseñar en el calendario jubilar romano son: domingo 12 de marzo, Domingo de Ramos, jornada diocesana jubilar de los jóvenes de Roma; 3 de abril, domingo segundo de Pascua y fiesta de la Divina Misericordia, el jubileo de aquellas realidades eclesiales que se identifican con la espiritualidad de la misericordia; domingo 24 de abril, jubileo de los adolescentes, confirmados y confirmandos; domingo 29 de mayo, jubileo de los diáconos, los servidores de la caridad y de la misericordia; viernes 3 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, jubileo de los sacerdotes; domingo 12 de junio, jubileo de los enfermos, discapacitados y sus cuidadores; del 26 al 31 de julio, JMJ 2016 Cracovia; domingo 4 de septiembre, jubileo del mundo caritativo y del voluntariado (y añadimos nosotros: ¿será también la fecha de canonización de la madre Teresa de Calcuta?); domingo 25 de septiembre, jubileo de los catequistas; domingo 9 de octubre, jubileo mariano en honor de la Madre de la Misericordia; domingo 6 de noviembre, jubileo de los reclusos con peregrinación de estos a San Pedro; y domingo 20 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey, clausura del Año Jubilar.

En algunas de estas celebraciones se visibilizarán algunos signos que el Papa Francisco realizará en forma simbólica dirigiéndose a algunas periferias: con enfermos, con los presos…, para testimoniar personalmente la cercanía y la atención a los pobres, a los que sufren, a los marginados y a cuantos tienen necesidad de ternura. Estos momentos tendrán un valor simbólico, pero pediremos a los obispos y a los sacerdotes realizar en sus propias diócesis el mismo signo, en comunión con el Papa, para que a todos pueda llegar una muestra concreta de la misericordia y del cuidado de la Iglesia. Como signo concreto de la caridad del Papa, que perdurará como memoria de este Jubileo, y para expresar la Misericordia con una ayuda concreta y efectiva, se efectuará un gesto especial hacia alguna realidad necesitada en el mundo. Estos gestos, a modo de concreción y realización de una obra de misericordia, los llevará a cabo el Papa en las celebraciones sectoriales ya citadas con representantes de pastoral de la caridad, con los enfermos, con los presos…

Oración del Año de la Misericordia

Señor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura;
hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el paraíso al ladrón arrepentido.

Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:

¡Si conocieras el don de Dios!
Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres,
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos
y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.

Himno del Año de la Misericordia

«Misericordes sicut Pater» («Misericordiosos como el Padre»), es el título y coro oficial del himno oficial del Jubileo de la Misericordia, publicado el miércoles 5 de agosto, en You Tube.
Los autores, de la música, Paul Inwood, y del texto, el jesuita Eugenio Costa, han donado los derechos de autor de esta obra al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización con el fin de facilitar la difusión del Himno en toda la Iglesia.

La grabación ha sido ejecutada por la Capilla Musical Pontificia, bajo la dirección de monseñor Massimo Palombella, y de Radio Vaticana.

Esta es la traducción de trabajo en español del himno:

«Misericordiosos como el Padre» (coro)
Damos gracias al Padre porque es bueno,
ha creado el mundo con sabiduría,
conduce a su pueblo en la historia,
acoge y perdona a sus hijos.
Damos gracias al Hijo, luz de las gentes,
que nos ha amado con un corazón de carne,
de Él recibimos, a Él nos damos,
el corazón se abra a quien tiene sed y hambre.
Pedimos los siete dones del Espíritu,
fuente de todo bien,  dulcísimo descanso,
confortados por Él, ofrecemos consolación.
El amor espera y todo lo soporta.
Pedimos la paz al Dios de toda paz,
la tierra espera el Evangelio del Reino.
Gracia y gloria a quien ama y perdona.
Habrá un cielo y una tierra nueva».

Las 14 obras de misericordia

Las obras de misericordia son un hermoso catálogo de acciones, o mejor, de sentimientos y actitudes, que hacen efectivo y concreto el precepto del amor fraterno, distintivo de los cristianos. La Iglesia nos propone practicar y vivir estas «obras de misericordia» en todo tiempo y en toda ocasión, singularmente, como pide asimismo el Papa, durante este Año de la Misericordia. Son catorce: siete espirituales y otras siete corporales:

Las siete obras de misericordia espirituales

1.- Enseñar al que no sabe.
2.- Dar buen consejo al que lo necesita.
3.- Corregir al que yerra.
4.- Perdonar las injurias.
5.- Consolar al triste.
6.- Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
7.- Rogar a Dios por los vivos y difuntos.
Las siete obras de misericordia corporales
1.- Visitar y cuidar a los enfermos.

2.- Dar de comer al hambriento.
3.- Dar de beber al sediento.
4.- Dar posada al peregrino.
5.- Vestir al desnudo.
6.- Redimir al cautivo.
7.- Enterrar a los muertos.

Por Jesús de las Heras Muela

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