viernes, 4 de diciembre de 2015

Buenos días, 4 de diciembre de 2015. San Juan Damasceno

 
 
   SANTORAL
 
Juan Damasceno,
padre y doctor de la Iglesia (s. VIII)
 
Pedro Crisologo, presbítero y doctor de la Iglesia; Clemente Alejandrino, confesor; Annón II, confesor; Bárbara, Emérita, Teófanes, Isa, Tecla,mártires; Bernardo, Cristiano, Félix, Mauro, Melecio, Marutas, Osmundo, Annón, obispos; Wisinto, monje; Jerónimo de Ángelis y Simón Jempo,mártires en Kapón.
 
 


 
REFLEXIÓN:
 
Dichoso el anciano que valora su ancianidad, porque en su atardecer sabrá dar gracias a Dios por el gran don de la vida.
 
    Dichoso el anciano que es portador de paz y energía creadora, porque contribuirá hasta el último momento a la construcción del mundo.
 
    Dichoso el anciano que se mantiene optimista, porque no tendrá la sensación de haber desperdiciado su vida.
 
    Dichoso el anciano, que se acerca al sufrimiento de los demás, porque nunca carecerá de compañía.
 
    Dichoso el anciano que no fomenta el egoísmo de vivir buscando sus seguridades, porque las encontrará cubiertas todas por añadidura.
 
    Dichoso el anciano que viviendo su pobreza siembra alegría a su alrededor, porque conocerá el gozo de vivir.
 
    Dichoso el anciano que acepta con mirada confiada y serena sus limitaciones, porque descubrirá la felicidad de la sencillez.
 
    Dichosos y felices todos los ancianos que encontrándose solos y abandonados continúan amando porque se sentirán amados por Dios.
 
 
ORACIÓN:

PLEGARIA PARA LA TERCERA EDAD y para aquellos compañeros que pasan a la Reserva
 
Bendice, Señor, a los que tienen comprensión de mis pasos vacilantes y mis manos temblorosas.
 
Bendice a los que saben que hoy mis oídos van a sufrir para entender a otros.
 
Bendice los que apartan los ojos, como si no vieran, cuando se me cae el café del desayuno.
 
Bendice a los que nunca me dicen: es la segunda vez que cuentas lo mismo.
 
Bendice a los que tienen el don de hacerme evocar los días felices de otros tiempos.
 
Bendice a los que hacen de mí un ser amado, respetado y no abandonado.
 
Bendice a los que adivinan que no sé ya cómo encontrar fuerzas para llevar mi cruz.


Bendice a los que endulzan con su amor los días que me quedan de vida, en este viaje hacia la casa del Padre.

Celebración de la Corona de Adviento para cada domingo analizando la presencia de Jesucristo y sus enseñanzas en la vida familiar




Tabla de contenido

Segundo domingo de adviento: La servicialidad en la familia 
Tercer domingo de adviento: Ser mejor en familia 
Cuarto domingo de adviento: La presencia de Dios en nuestra familia 


Segundo domingo de adviento: La servicialidad en la familia

Para empezar: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se enciende la vela del domingo anterior, se apagan las luces y se lee el Evangelio de san Marcos 10, 43.45:


No ha de ser así entre vosotros; antes, si alguno de vosotros quiere ser grande, sea vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos, pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.


Vela: Se enciende la segunda vela de Adviento.

Para reflexionar: Guardar unos minutos en silencio y hacer la siguiente pregunta:

En nuestro hogar ¿cómo nos ayudamos unos a otros diariamente?

Cada miembro de la familia, si lo desea, puede responder en voz alta la respuesta.

Propósitos: Después de la reflexión anterior, cada miembro de la familia dirá cual será su propósito a cumplir en la semana.

Para orar: Padre, que nos has dado una familia en la que todos nos ayudamos y somos felices, te pedimos bendecir nuestros trabajos y tareas de todos los días para que cumplamos con más ganas y alegría la tarea que nos toca hacer a cada uno de los miembros de esta familia en nuestro hogar. Amén.

Para terminar: Todos los miembros de la familia se toman de las manos y rezan juntos un padrenuestro. Se encienden las luces y se canta una canción.
Para cantar: Cantar la canción "Amar es entregarse"


Tercer domingo de adviento: Ser mejor en familia

Para empezar: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se encienden las dos velas de los domingos anteriores, se apagan las luces y se lee la lectura del Evangelio según San Mateo 5, 13-16:

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad asentada sobre un monte, ni se enciende una lámpara y se la pone bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a cuantos hay en la casa. así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo nuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos.

Vela: Se enciende la tercera vela de Adviento.

Para reflexionar: Después de la lectura anterior, se guardan unos minutos en silencio y se hace la siguiente pregunta: ¿qué hago yo para que mi familia sea mejor?

Cada miembro de la familia puede responder en voz alta si desea.

Propósitos: Cada miembro de la familia puede decir cuál es su propósito durante la semana y se comprometerá a cumplirlo.

Para orar: Padre, en nuestra familia crecemos y aprendemos a ser mejores, te pedimos hoy que nos ayudes a ser una familia cristiana y ser un buen ejemplo para los que nos rodean, Te pedimos fuerzas para mejorar o cambiar lo que sea necesario de nosotros para que nuestra familia sea mejor cada día. Amén.

Para terminar: Todos los miembros de la familia se toman de la mano y rezan juntos el Padre nuestro. Se encienden las luces y se canta una canción.

Cuarto domingo de adviento: La presencia de Dios en nuestra familia

Para empezar: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Se encienden las tres velas de los domingos anteriores y se lee la lectura del Evangelio según San Mateo 7, 24-25:

Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre roca. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca.


Vela: Encender la última vela del Adviento.

Para reflexionar: Guardar unos minutos en silencio y hacer la siguiente pregunta:

¿De qué manera se ha manifestado la presencia de Dios en nuestra familia durante el año?

¿Lo hemos dejado actuar o le hemos estorbado?

Cada uno podrá responder si desea.

Propósitos: Después de la lectura anterior, cada uno de los miembros de la familia, dirá cuál es su propósito para la semana y se comprometerá a cumplirlo.

Para orar: Padre, que nos has dado una familia en la cuál te hemos conocido y amado, ayúdanos a vivir teniéndote siempre presente en nuestras vidas. Te pedimos que en esta Navidad nos regales el quedarte con nosotros en nuestros corazones y sentir que vives en nuestro hogar, en nuestras familias. Amén.

Para terminar: Todos los miembros de la familia se toman de las manos para rezar juntos un Padrenuestro. Se encienden las luces y se canta una canción.

Para cantar: "El camino que lleva a Belén".

El camino que lleva a Belén
baja hasta el valle que la nieve cubrió.
Los pastorcillos quieren ver a su Rey,
le traen regalos en su humilde zurrón.
Ropo pom pom, ropo pom pom.
Ha nacido en un portal de Belén
el Niño Dios.

Yo quisiera traer a tus pies
algún presente que te alabe Señor
más Tú ya sabes que soy pobre también,
y no poseo más que un viejo tambor,
ropo pom, pom, ropo pom, pom.



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