martes, 1 de diciembre de 2015

Buenos días, 1 de diciembre de 2015. San Eloy


No dejes que se forme un tapón de cera en tu oído: escucha.
 
 
 
SANTORAL

Eloy,
obispo y confesor (588-660)
Patrono de joyerías y platerías.
 
Nahúm, profeta; Próculo, obispo y mártir; Evasio, Teocleto, Leoncio, Castriciano, Agerico o Airy, obispos; Ansano, Natalia, Landoaldo, Amancio, confesores; Lucio, Rogato, Cándida, Casiano, Diodoro, Mariano, mártires; Edmundo Campion, Roberto Southwell y compañeros mártires; Florencia, virgen.
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
AGUA Y FUEGO
 
Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria pero yo preferiría ser hermosa y encender entusiasmos. ¡Y ser roja y cálida, y hacer arder el corazón de los enamorados. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. ¡Quisiera ser fuego y agua!”.
 
Así pensaba en septiembre el agua de un río de la montaña.
 
Y como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios para pedir que cambiara su identidad.
 
Querido Dios: Tú me hiciste agua, pero quiero decirte con todo respeto, que me he cansado de ser transparente; prefiero el color rojo para mí: desearía ser fuego, ¿puede ser?. Tú mismo, Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego a la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Necesito este cambio para mi realización personal...”.
 
El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca que dejó caer al agua un sobre muy rojo. El agua lo abrió y leyó:
 
Querida hija, me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua, yo lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua siempre es primero que el fuego”.
 
Mientras el agua estaba embebida leyendo la carta, Dios bajó a su lado y contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella.
 
Y Dios seguía sonriendo esperando una respuesta...
 
El agua comprendió entonces que el privilegio de reflejar el rostro de Dios sólo lo tiene el agua limpia. Suspiró y dijo:
 
Sí Señor, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. GRACIAS”.
 
 
ORACIÓN:

Señor Jesús, sé que tu Evangelio de hoy no tiene la finalidad de causar miedo o inquietud. Tú no estás esperando un momento de debilidad para llamarnos a juicio, al contrario, personalmente creo que llamas a cada persona en su mejor momento. Ilumina esta oración para que continúe con entusiasmo y confianza mi camino hacia la santidad: hacer lo que me toca hacer, siempre y todo por amor a Ti.

Petición

Señor, dame la gracia de la perseverancia final.

Meditación del Papa Francisco

Una pregunta está presente en el corazón de muchos: ¿por qué hoy un Jubileo de la Misericordia? Simplemente porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios.
 
Éste no es un tiempo para estar distraídos, sino al contrario para permanecer alerta y despertar en nosotros la capacidad de ver lo esencial. Es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre.
 
Por eso el Año Santo tiene que mantener vivo el deseo de saber descubrir los muchos signos de la ternura que Dios ofrece al mundo entero y sobre todo a cuantos sufren, se encuentran solos y abandonados, y también sin esperanza de ser perdonados y sentirse amados por el Padre. Un Año Santo para sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos. (Homilía de S.S. Francisco, 11 de abril de 2015).

Reflexión

En nuestras vidas hay "sorpresas" que en realidad no lo son tanto. No debería sorprendernos que llegue así la cuenta mensual del teléfono, si hemos estado haciendo largas llamadas al exterior. Para quien se dedica a los estudios y no se ha dedicado responsablemente a ellos, es lógico que al llegar al examen "le sorprenda" lo difícil que es. ¡Era de esperar! Nosotros mismos preparamos y fraguamos estas sorpresas, que pueden resultar desagradables o negativas.

Pero sucede lo mismo en sentido positivo. Quien cumple su trabajo con profesionalidad, es emprendedor y tiene iniciativa, está "preparándose" una buena sorpresa, que puede ser un ascenso de puesto, más prestaciones, etc. De nosotros depende, entonces, que muchas situaciones del futuro sean buenas o malas.

Por eso, el Señor nos recomienda vigilar y orar; estar activos, construyendo nuestras vidas. Vigilar y orar para descubrir si estamos aprovechando al máximo el tiempo presente, ¡no vaya a ser que nos estemos preparando una sorpresa desagradable para el futuro!

Propósito

Prepararnos en el Adviento, orando y meditando para estar preparados a la venida de Jesús.
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Motivación dialogada en el proceso educativo de los hijos



Muchas de las técnicas educativas que proponemos las sacamos de la vida misma. En cierta ocasión, un padre nos decía que no lograba comunicarse con su hijo. Él era vendedor de coches y le preguntamos qué hacía para conseguir tan elevadas ventas, pues realmente era un gran profesional.

“En primer lugar –explicaba—, hay que crear un buen ambiente; después, hacerle ver al cliente que tiene que cambiar de coche (si no ve esta necesidad, no vamos a conseguir nada); el siguiente paso consiste en convencerle de que puede comprarse un coche y, por último, de que vamos a ayudarle con una buena financiación”. Tras escuchar esta técnica de marketing le sugerimos que la aplicara al caso de su hijo. “¿Cómo?”, dijo sorprendido. Aplicando este proceso que nosotros hemos llamado motivación dialogada:

  • Primero: crear el ambiente para el diálogo. Debemos buscar el entorno adecuado para que nos escuche. No conseguimos nada hablando cuando está enfadado, o lo estamos nosotros, cuando tiene prisa o está preocupado por otras cosas. Se trata de propiciar el encuentro. De esta manera, facilitaremos que se implique. Los padres sabemos cuál es el momento adecuado, cuándo un hijo está más receptivo. No lo intentemos inmediatamente después de una pelea o de una discusión, de un suspenso o de un desengaño amoroso. Dejémoslo para cuando haya un poco de calma. 


  •  Segundo: provocar la necesidad de cambio. Hacerle ver la conveniencia de mejorar su actitud o su comportamiento en una cuestión determinada, dándole razones. No ataquemos a varios frentes a la vez, sino uno a uno. Por lo general, cuando se prospera en un aspecto, se prospera en otros o se está mejor dispuesto a prosperar. Si, por ejemplo, observamos que trata de manera incorrecta a sus hermanos o a algún miembro de la familia, le debemos hacer ver que esa actitud le hace arisco o parecer lo que no es y, además, genera mal ambiente. Por su bien y por el del resto de la familia, necesita cambiar la forma de tratar a los demás.


  •  Tercero: convencerle de que es capaz de hacerlo. No es posible cambiar o mejorar si uno mismo no está convencido de que lo puede lograr. Como padres, debemos buscar la forma de hacerle ver que es capaz de conseguirlo. Muchas veces, un hijo no cambia porque no se ve capaz de hacerlo, porque cree que ese comportamiento es fruto de su manera de ser, que su error es invencible. Sin embargo, nosotros debemos hacerle ver que él o ella no es así: “Tú no te comportabas antes de esta manera”, “tú eres un chico o una chica amable, que quieres a tu familia, aunque no sepas demostrarlo”, “tu forma de ser no merece que actúes de esa forma”… “actúas así, pero no eres así”.

  • Cuarto: ayudarle. Demostrarle en todo momento que cuenta con todo nuestro apoyo y darle pautas concretas: no decir tal cosa, hablar en otro tono, pedir de tal manera, saludar de tal forma, evitar tales temas,… Según los casos, podemos buscar ayudas concretas: colaboración de algún miembro de la familia, clases particulares si se trata de mejorar académicamente, información precisa sobre un tema, alguna lectura formativa (un buen libro, una novela o una biografía, le aportan a un adolescente un aprendizaje vicario que puede resultar muy valioso), incluso, si se ve necesario, la ayuda de un profesional: médico, psicólogo, entrenador…

Si este procedimiento no surte efecto a la primera, deberemos esperar un tiempo y volver a intentarlo. La motivación dialogada debe ser una rutina en el proceso educativo de nuestros hijos, como lo es en el marketing.

Familia Actual – Pilar Guembe y Carlos Goñi

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