viernes, 20 de noviembre de 2015

Buenos días, 19 de noviembre de 2015

"Que el principal sermón de tu vida lo 

predique tu conducta"

(C.H.Spurgeon)
 
 
 
SANTORAL

Abdías,
profeta (Antiguo Testamento)
 
Crispín, Cado, obispos; Máximo, presbítero y mártir; Fausto, Feliciano, Exuperio, Severino, Barlaán, Bajo (Baldo, Baldomero), Dionisio, Agapito, Azas, mártires; Teodomiro, Totón, abades; Patroclo, solitario; Ermemburga, abadesa; Abdías, profeta.
 
 

 
REFLEXIÓN:
 
Si Piensas
 
Si piensas que estas vencido, lo estas;
 
si piensas que no te atreverás, no lo harás;
si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes,
es casi seguro que no lo lograras.
 
 
Si piensas que vas a perder, ya has perdido;
porque en el mundo encontraras
que el éxito comienza con la voluntad;
todo está en el estado mental.
 
 
Muchas carreras se han perdido
antes de haberse corrido,
y muchos cobardes han fracasado
antes de haber su trabajo empezado.
 
 
Piensa en grande y tus hechos crecerán,
piensa en pequeño y quedaras atrás,
piensa que puedes y podrás;
todo está en el estado mental.
 
 
Si piensas que estas aventajado, lo estas;
tienes que pensar bien para elevarte,
tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de ganar un premio.
 
 
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre más fuerte o el más ligero,
porque tarde o temprano, el hombre que gana,
es aquel que cree poder hacerlo.
 
 
ORACIÓN:
 
El adjetivo griego ptochós (pobre) no sólo tiene un significado material, sino que quiere decir “mendigo”. Está ligado al concepto judío de anawim, los “pobres de Yahvé”, que evoca humildad, conciencia de los propios límites, de la propia condición existencial de pobreza. Los anawim se fían del Señor, saben que dependen de Él.
 
[...] San Francisco de Asís comprendió muy bien el secreto de la Bienaventuranza de los pobres de espíritu. De hecho, cuando Jesús le habló en la persona del leproso y en el Crucifijo, reconoció la grandeza de Dios y su propia condición de humildad. En la oración, el Poverello pasaba horas preguntando al Señor: «¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?». Se despojó de una vida acomodada y despreocupada para desposarse con la “Señora Pobreza”, para imitar a Jesús y seguir el Evangelio al pie de la letra. Francisco vivió inseparablemente la imitación de Cristo pobre y el amor a los pobres, como las dos caras de una misma moneda.
 
Ustedes me podrían preguntar: ¿Cómo podemos hacer que esta pobreza de espíritu se transforme en un estilo de vida, que se refleje concretamente en nuestra existencia? Les contesto con tres puntos.
 
1.- Intenten ser libres en relación con las cosas.
El Señor nos llama a un estilo de vida evangélico de sobriedad, a no dejarnos llevar por la cultura del consumo. Se trata de buscar lo esencial, de aprender a despojarse de tantas cosas superfluas que nos ahogan. Desprendámonos de la codicia del tener, del dinero idolatrado y después derrochado. Pongamos a Jesús en primer lugar. Él nos puede liberar de las idolatrías que nos convierten en esclavos...
 
2.- Conversión en relación a los pobres.
Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales. A ustedes, jóvenes, les encomiendo en modo particular la tarea de volver a poner en el centro de la cultura humana la solidaridad. Ante las viejas y nuevas formas de pobreza –el desempleo, la emigración, los diversos tipos de dependencias–, tenemos el deber de estar atentos y vigilantes, venciendo la tentación de la indiferencia. Pensemos también en los que no se sienten amados, que no tienen esperanza en el futuro, que renuncian a comprometerse en la vida porque están desanimados, desilusionados, acobardados. Tenemos que aprender a estar con los pobres. No nos llenemos la boca con hermosas palabras sobre los pobres. Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Los pobres son para nosotros una ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre. 
 
3.- Los pobres no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos.
¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres! Un santo del siglo XVIII, Benito José Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre las que figuraban nobles y prelados. En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios.
 
En la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18,9-14), Jesús presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo. (Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, 6 de febrero de 2014)
 
Diálogo con Jesús

Señor mío, quiero amarte y servirte como realmente te mereces, no porque deba cumplir con los mandamientos que me has entregado, sino porque lo asumo como un acto de generosidad de tu parte para conducirme por el camino del bien. Tus mandamientos son como escaleras de amor para llegar a Ti y al Padre.
 
Ayúdame a serte fiel en esto, a ser coherente con lo que digo y hago. Si aspiro ser parte de tu rebaño debo cumplir con esta manera de vivir, bajo tus lineamientos, bajo tu dirección, bajo la sombra protectora de tu amor.
 
Ayúdame a seguir tus pasos, a alejarme de todo mal que busca romper este vínculo de amor entre Tú y yo. Quiero adecuar mi vida en el servicio hacia los demás, que mi corazón se abra, consuele y lleve amor a los otros. Creo en tus mandamientos, creo que son una alianza entre tu divinidad y mi humanidad, quiero vivirlos y sentirlos a plenitud. Amén.
 
Propósito para hoy

Invocaré a mi Santísima Madre para que me auxilie en mi esfuerzo para ser perseverante en la oración y en servicio de la caridad al prójimo
 
Reflexionemos juntos esta frase: 

"Hay una íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta" (Papa Francisco)
 
 


Nostra Aetate 50 años de reconciliación entre la Iglesia católica y el pueblo judío

Este documento innovador y significativo insta a olvidar las dificultades del pasado entre el catolicismo y las otras religiones.
Por Jonathan Peled, Embajador de Israel en México.

Este domingo tuvo lugar un importante evento conmemorativo en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México: el 50 aniversario  de la histórica declaración Nostra Aetate, un documento señero del Concilio Vaticano II que cambió de un modo radical y revolucionario la actitud de la Iglesia católica hacia los judíos.

Otro memorable domingo, el 13 de abril de 1986, en una jornada histórica, Juan Pablo II realizó la primera visita papal a una sinagoga, la Gran Sinagoga de Roma. Recibido por el Gran Rabino de Roma, Elio Toaff,  y ovacionado por más de mil personas el Pontífice, que en algunos momentos habló en hebreo, condenó el antisemitismo y se refirió a los judíos como “nuestros hermanos mayores”.

Esa visita fue, en muchos sentidos, la culminación de un milenario y difícil camino de reconciliación entre la Iglesia católica y el pueblo judío; el proceso comenzó al fin de la Segunda Guerra Mundial con quien sería el Papa Juan XXIII. Como delegado apostólico en Turquía durante la guerra, Ángelo Roncalli ayudó a salvar niños judíos de Hungría y Bulgaria. Al finalizar la guerra  actuó para rescatar a los niños judíos escondidos en conventos e iglesias y para que recuperasen su religión judía.

Al ser elegido Papa en 1958, y con base en sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial,  Juan XXIII convocó a un proceso de introspección y re-evaluación profunda de las posturas de la Iglesia católica hacia los judíos y su religión. Fue bajo su liderazgo que se comenzó a redactar el texto del documento Nostra Aetate (nuestra época, en Latín), para marcar y definir la relación de la Iglesia católica con las otras religiones. No logró completar la tarea, que sería concluida por  su sucesor Paulo VI, de modo que la declaración finalmente salió a la luz en 1965.

Este documento innovador y significativo insta a olvidar las dificultades del pasado entre el catolicismo y las otras religiones y llama a promover los valores comunes de la justicia social, la paz y la libertad, apelando a la fraternidad universal. Con mayor referencia a la religión judía, el documento destaca y afirma la raíz común del cristianismo y el judaísmo poniendo fin al anti-judaísmo cristiano, con la afirmación de que la elección del pueblo de Israel por Dios no ha caducado.
Sobre esa base, se pudo iniciar un diálogo interreligioso importante y se abrió el camino al establecimiento de relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y la Santa Sede, así como a una serie de visitas de los Sumos Pontífices a Israel (Juan Pablo II, Benedictus XVI, Francisco I).

Ese hito marcó un parteaguas en la milenaria historia ecuménica y una revolución en la relación entre las religiones monoteístas. De allí su relevancia y el gran significado para México y sus 120 millones de creyentes.

Es por ello que se organizó en la Ciudad de México un solemne evento encabezado por el cardenal y arzobispo primado de México, Norberto Rivera, con líderes religiosos y autoridades de la comunidad judía en el país y dirigentes del American Jewish Committee (AJC), para destacar la hermandad entre las religiones y de manera singular entre el catolicismo y el judaísmo.

Como Representante del Estado judío en México, participé con emoción y orgullo en este importante acto, para manifestar el compromiso de mi país y el mío de seguir el camino por la paz y la reconciliación entre las religiones y entre los pueblos. Nuestro deber hoy, medio siglo después de este acontecimiento, es difundir en México y en todo el mundo este mensaje y el espíritu de esta declaración histórica de reconciliación. Su pertinencia y relevancia nos hablan de un tiempo, el nuestro, nuestra época, en la que el diálogo y el entendimiento reafirman la voluntad de continuar construyendo puentes que consolidan la convivencia.


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