martes, 17 de noviembre de 2015

Buenos días, 17 de noviembre de 2015. Santa Isabel de Hungría

"Lo importante no es hacer cosas nuevas
sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes."
GOETHE
 


 
VIDEO
 
 
 
SANTORAL
 
Isabel de Hungría,
reina (1207-1231)
Patrona de Bellas Artes y de la Asociación Nacional de Manicuras.
 
Gregorio Taumaturgo, Dionisio, Hugo, Aniano, Gregorio de Tours, obispos; Acisclo, Victoria, Amón, Alfeo, Zaqueo, Diófilo, Matrona, Tecla, Heraclia, mártires; Eugenio, diácono; Ilda, abadesa; Salomé de Galitzia, reina.
 
 




REFLEXIÓN:
 
Nuestros padres y madres son nuestros héroes. Pasamos buena parte de nuestra existencia cultivando estos estereotipos.
 
Hasta que un día el padre héroe comienza a pensar todo el tiempo, protesta bajito y habla de cosas que no tienen ni pie ni cabeza. La heroína del hogar comienza a tener dificultades en terminar las frases y empieza a enfadarse con la empleada del hogar.
 
¿Qué hicieron papá y mamá para envejecer de un momento a otro?
 
Envejecieron…Nuestros padres envejecieron. Nadie nos había preparado para eso. Un día ellos pierden la compostura, se vuelven más vulnerables y adquieren unas manías “bobas”. Tienen muchas millas navegadas y saben todo, y lo que no saben lo inventan.
 
Están cansados de cuidar de los otros y de servir de ejemplo: ahora llego el momento de ser cuidados y mimados por nosotros.
No hacen más planes a largo plazo, ahora se dedican a pequeñas aventuras, a como comer a escondidas todo lo que el médico les prohibió.
 
Tienen manchas en la piel. De repente están tristes. Pero no están caducos: están caducos los hijos, que rechazan aceptar el ciclo de la vida. Es complicado aceptar que nuestros héroes y heroínas ya no están con el control de la situación. Están frágiles y un poco olvidadizos, tienen ese derecho, pero seguimos exigiendo de ellos la energía de una locomotora. No admitimos sus flaquezas, su tristeza.
 
Nos sentimos irritados y algunos llegamos a gritarles si se equivocan, y encima no tenemos paciencia para oír por milésima vez la misma historia que cuentan como si terminaran de haberla vivido.
 
En vez de aceptar con serenidad el hecho de que adoptan un ritmo más lento con el pasar de los años, simplemente nos irritamos por haber traicionado nuestra confianza, la confianza de que serían indestructibles, como los super héroes. Provocamos discusiones inútiles y nos enfadamos con nuestra insistencia para que todo siga como siempre fue. Nuestra intolerancia solo puede ser miedo. Miedo de perderlos, y miedo de perdernos, miedo de también dejar de ser lúcidos y joviales.
 
Con nuestros enfados, solo provocamos más tristeza a aquellos que un día solo procuraron darnos alegría. ¿Por qué no conseguimos ser un poco de lo que ellos fueron para nosotros? ¡Cuántas veces estos héroes y heroínas estuvieron noches enteras junto a nosotros, medicándonos, cuidándonos y mimándonos! Y nos enfadamos cuando ellos se olvidan de tomar sus medicinas, y al pelear con ellos los dejamos llorando, tal cual criaturas que fuimos un día.
 
El tiempo nos enseña a sacar provecho de cada etapa de la vida, pero es difícil aceptar las etapas de los otros… Cuando los otros fueron nuestros pilares, aquellos para los cuales siempre podíamos volver y sabíamos que estarían con sus brazos abiertos y que ahora están dando señales de que un día irán a partir sin nosotros.
 
Hagamos  por ellos hoy lo mejor, lo máximo que podemos para que mañana cuando ellos ya no estén más y podamos recordarlos con cariño, de sus sonrisas de alegría y no de las lágrimas de tristeza que ellos hayan derramado por causa nuestra.
 
Al final, nuestros héroes de ayer, serán nuestros héroes eternamente.
 
 
ORACIÓN:
 
Padre mío, te pido guíes mi oración para que aumente mi fe y mi celo por estar siempre dispuesto a defender la verdad que me has revelado en la Sagrada Escritura. Sé que siempre me escuchas, dame la capacidad de percibir tu voz, Señor y Dios mío.


 
PeticiónSeñor, concédeme corresponder a tu inmenso amor siendo siempre fiel a tu Palabra.


 
Meditación del Papa Francisco
 
El templo es un lugar donde la comunidad va a rezar, a alabar al Señor, a darle gracias, pero sobre todo a adorar: en el templo se adora al Señor. Y este es el punto importante. También, esto es válido para las ceremonias litúrgicas, ¿qué es más importante? Lo más importante es la adoración: toda la comunidad reunida mira al altar donde se celebra el sacrificio y adora. Pero, yo creo - humildemente lo digo - que nosotros cristianos quizá hemos perdido un poco el sentido de la adoración y pensamos: vamos al templo, nos reunimos como hermanos - ¡es bueno, es bonito! - pero el centro está donde está Dios. Y nosotros adoramos a Dios.
 
¿Nuestros templos, son lugares de adoración, favorecen la adoración? ¿Nuestras celebraciones favorecen la adoración? Jesús echa a los mercaderes que habían tomado el tempo por un lugar de comercio más que de adoración. (Cf. S.S. Francisco, 22 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).
 
PropósitoNosotros, como cristianos, deberíamos salir en defensa de todos esos hermanos nuestros que sufren, pues ahí está también Cristo sufriendo. ¿Qué está en mis manos?


 
Diálogo con CristoEspíritu Santo, te pido la sabiduría y la fortaleza para saber defender a la Iglesia. Que nunca acepte la mediocridad o la indiferencia. Frecuentemente dejo que la apatía o la flojera disminuyan mis ganas de trabajar, por eso te pido que enciendas en mí el fuego de tu amor para ser un apóstol, empezando por mi propia familia.
 
 


 

¿Dime qué sentiste, hermano 
terrorista?

Carta por los atentados en París

Hermano terrorista:

Dime ¿qué sentiste?… en el momento en que miraste los ojos suplicantes de tu hermano y gatillaste su ausencia… cuando hombres y mujeres inocentes te rogaron misericordia, apelaron a la humanidad que corre por tus venas, y renegaste de tu condición de hombre.

¿Qué sentiste? Aquí en este mundo occidental decimos que odias demasiado, que eres un miserable, un terrorista desalmado, un animal despreciable; y sin embargo, estoy seguro que has amado a otra persona, tal vez tienes mujer e hijos. Estoy seguro que has palpado tu humanidad herida cuando alguna vez el dolor llamó a tu puerta y que tu corazón es capaz de conmoverse y sentir ternura. Hermano terrorista, disculpa si es que no me cabe en el corazón que hayas abdicado completamente de tu humanidad.

Por eso te pregunto: ¿qué sentiste cuándo mataste?, ¿placer?, ¿justicia?, ¿redención?

Dime

¡Confiesa!– que sentiste un breve chispazo de tristeza cuando viste tu rostro reflejado en la mirada vidriosa de las mujeres que asesinaste.

Confiesa que se abrió una ligera herida, que se coló una gota de sangre humana en tu alma y te preguntaste: «¿Qué sentido tiene todo esto?».

No me mal interpretes, soy cristiano, y sí, tal vez quiero una excusa para perdonarte o, aún peor, es probable que busque una razón para no odiar el hecho de que compartamos la misma naturaleza  — a mí también se me cuela el odio, hermano — ; pero por encima de todo, te soy sincero, busco un pequeño atisbo de esperanza.

Hermano terrorista, disculpa si soy ingenuo, pero busco la esperanza de que aún se te puede hablar de amor, de que tu humanidad no ha sido completamente tomada por el odio y de que, si te muestro mi corazón abierto, tal vez me enseñarías el tuyo. Por eso, hermano terrorista, confiesa: ¡te dolió matar! ¡Un relámpago de duda surcó tu frente! ¡El terror que causaste te asustó a ti también! ¡Disparaste con pena! ¡¿Te mataste con miedo?! ¡Dime que eres humano, maldita sea!

No me hables de los infieles, de la corrupción de Occidente, ni del premio reservado a los conductores de la Yihad.

Creo que lo crees, e incluso, que crees sinceramente en todo eso; pero háblame más bien de este temor inesperado, hermano terrorista, de la sal en tu boca, de aquel estribillo de remordimiento que estuvo a punto de hacerte pedirle perdón a aquella mujer cuando descubriste que estaba embarazada. Porque es en esto último donde está no solo mi esperanza sino también la tuya, ¿no lo entiendes?

Disculpa que te lo diga tan crudamente, pero Dios ha jugado un papel completamente distinto del que tú te esperabas en este atentado. No fue el ciclón de odio  — no la llames ira santa, por favor —  lo que Dios sembró en tu corazón, fueron más bien esas tímidas dudas de amor y humanidad, fue la reticencia y ese fastidioso retintín de incerteza donde Dios te hablaba. Por eso te ruego, hermano terrorista, no te avergüences de ellas porque no son un signo de tu infidelidad al plan de Dios; todo lo contrario, son la única garantía de que sigues siendo un ser humano y de que Dios no te ha abandonado ni siquiera en la noche más oscura de tu existencia.

Por eso, te repito, repasemos juntos el momento: ¡¿qué sentiste?! hermano terrorista.





Oración por las víctimas del ataque terrorista en París


Dios todopoderoso y eterno,
de infinita misericordia y bondad,
con el corazón apesadumbrado, acudimos a Ti.

Escucha nuestra oración,
ten misericordia de nosotros,
atiende las súplicas de quienes te invocan
en esta hora de tribulación y de prueba.

Te pedimos, Dios de la vida, por las víctimas mortales
del ataque terrorista en París.

Son hijos tuyos; son hermanos nuestros.

Nunca debían haber muerto en estas circunstancias.

Padre nuestro, acógelos en tu seno.

Atiende nuestra oración, Dios de la salud,
por los heridos de esta masacre.

Sana sus heridas, fortalece sus corazones,
llénalos de tu gracia y de tu paz.

Visita, Dios consolador,
a los familiares de las víctimas.

Son también inocentes.

Reviste con tu manto de misericordia y de amor
las llagas de su corazón y de su alma ateridos.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
Salud de los enfermos, Consoladora de los afligidos,
Reina de la Paz y de la familias.
Ruega por nosotros.
Amén


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