lunes, 16 de noviembre de 2015

Buenos días, 16 de noviembre de 2015. Santa Margarita

El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada
GOETHE
 
 

VIDEO
 
 
 
SANTORAL
Margarita de Escocia,
reina, esposa y madre de familia
(c. a. 1046-1093)
 
Matilde, Inés, vírgenes; Balsamia, Elpidio, Marcelo, Emilión, Eustoquio, confesores; Euquerio, Fidencio, Edmundo, obispos; Marino, Segundo, Frontón, Rufino, Marcos, Valerio, Roque González y compañeros mártires; Otmaro, abad; Patrocinio, eremita.
 


 
REFLEXIÓN:

Ganador contra Perdedor
 
Cuando un ganador comete un error, dice: "Yo me equivoqué".
Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa".
 
Un ganador trabaja más fuerte que el perdedor y tiene más tiempo;
Un perdedor está siempre "muy ocupado" para hacer lo que no es necesario.
 
Un ganador enfrenta y supera el problema.
Un perdedor le da vueltas y nunca logra pasarlo.
 
Un ganador se compromete;
Un perdedor hace promesas.
 
Un ganador dice, "Yo soy bueno, pero no tan bueno como a mí me gustaría ser".
Un perdedor dice, "Yo no soy tan malo como lo es mucha otra gente".
 
Un ganador escucha, comprende y responde.
Un perdedor sólo espera hasta que le toque su turno para hablar.
 
Un ganador respeta a aquellos que son superiores a él y trata de aprender algo de ellos.
Un perdedor se resiente con aquellos que son superiores a él y trata de encontrarle los defectos.
 
Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo solamente;
Un perdedor no colabora y siempre dice, "Yo sólo hago mi trabajo".
 
Un ganador dice, "Debe haber una mejor forma de hacerlo..."
Un perdedor dice, "Esta es la manera en que siempre lo hemos hecho".
 
Un ganador siempre reconoce que Dios es su fuerza e impulso al servicio de los demás.
Un perdedor es egoísta y se lo guarda para sí mismo
 
 
 
ORACIÓN:

Reflexión del Papa Francisco
 
¡Dios es así con nosotros! "Pero, Padre, ¡Dios no llora!". ¡Cómo no! Recordamos a Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén. "¡Jerusalén, Jerusalén! Cuántas veces he querido recoger a tus hijos, como la gallina recoge sus pollitos bajo las alas". ¡Dios llora! ¡Jesús ha llorado por nosotros! Y aquel llanto de Jesús es precisamente la figura del llanto del Padre, que nos quiere a todos en torno a sí.
 
En los momentos difíciles, el Padre responde. Recordamos a Isaac, cuando va con Abraham a hacer el sacrificio: Isaac no era tonto, se dio cuenta que llevaban leña, el fuego, pero no la oveja para el sacrificio. ¡Tenía temor en el corazón! ¿Y qué cosa dice? "¡Padre!". Y de inmediato: "¡Aquí estoy hijo!". El Padre responde.
 
Así, Jesús, en el Huerto de los Olivos, dice con aquella angustia en el corazón: "Padre, si es posible, ¡aparta de mí este cáliz!". Y los ángeles vinieron a darle fuerza.
 
Así es nuestro Dios, ¡es Padre! ¡Es un Padre!. Un Padre como aquel que espera al hijo prodigo que se ha ido con todo el dinero, con toda la herencia. Pero el padre lo esperaba todos los días y lo vio desde lejos. Ese es nuestro Dios! y nuestra paternidad - aquella de los padres de familia así como la paternidad espiritual de obispos y sacerdotes - debe ser como ésta.
 
El Padre tiene como una unción que viene del hijo: ¡no entenderse a sí mismo sin el hijo! Y por esto tiene necesidad del hijo: lo espera, lo ama, lo busca, lo perdona, lo quiere cercano a sí, tan cercano como la gallina quiere a sus pollitos.
 
[...] Pidamos al Espíritu Santo - porque sólo es Él, el Espíritu Santo – que nos enseñe a decir "¡Abba!, ¡Padre!". ¡Es una gracia! Poder decir a Dios "¡Padre!" con el corazón, es una gracia del Espíritu Santo. ¡Pedirla a Él! (Homilía en Santa Marta, 04 de febrero de 2014)
 
Diálogo con Jesús

Señor mío, qué bueno es sentir tu amor cada día de mi vida, sentir ese amor de Padre que hace sentir a sus hijos seguros y confiados. Quiero amarte con pasión. Ayúdame a permanecer siempre cercano a Ti, permanecer bajo el calor de tu gracia. Siento que en cada paso que doy, allí estás Tú, cercano, vivo y presente. Te doy gracias porque de cada situación difícil, Tú me muestras que allí hay presente una enseñanza que debo poner en práctica. Creo en tu promesa y en tu protección, por ello, confiado en tu Palabra, proclamaré siempre tus milagros a dondequiera que vaya. Dame la gracia para poder desterrar la vanidad de mi alma y así poder crecer en el amor. Quiero vivir en Ti, ser transformado por Ti. Deseo renovar mi deseo de seguirte y servirte. Nacer de nuevo en el Espíritu. Quiero hacer de mi vida la mejor oportunidad para adorarte. Te doy mi corazón y toda mi vida. Amén
 
Propósito para hoy

Hoy agradeceré, en una oración especial, los dones que que Dios me ha regalado, y veré cómo puedo darles mejor uso
 
Reflexionemos juntos esta frase: 

"El encuentro con Cristo es capaz de transformar completamente nuestra vida" (Papa Francisco)
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Algunas preguntas antes de dar 

el sí al matrimonio


¿Piensas casarte? Pues antes deberías plantearte ciertas preguntas....
¿Qué es lo que te atrae de él o de ella? ¿Son profundas sus cualidades?

¿Se comparten los mismos valores, la misma espiritualidad y los mismos proyectos, así como el concepto sobre el noviazgo y el matrimonio?

¿Se está de acuerdo respecto del número de hijos que se desea tener?

¿Se demuestra el cariño y el respeto suficiente? ¿Existe atracción y deseo físico? ¿Se manifiesta castamente, es decir con delicadeza y respeto?
¿Los caracteres y los comportamientos de cada uno son lo suficientemente equilibrados y estables?

¿Los desacuerdos se tratan y se superan por medio del dialogo y la comprensión mutua? ¿Se acepta el reconocer los errores propios y pedir perdón?

¿Se conoce bien la vida profesional y los recursos del otro? ¿Se acepta su profesión y sus compromisos?

¿Se es una persona trabajadora, concienzuda y honesta? ¿Cómo administra cada uno su dinero?

¿Cómo es el trato mostrado hacia los demás: hacia los subordinados, hacia los amigos, hacia los miembros de la familia, etc.?

Por ambas partes ¿se está orgulloso de presentar al otro a los amigos, a familiares y compañeros de trabajo?

¿Se aceptan los consejos del otro? ¿Dialogan serenamente y se contrastan pacíficamente?

¿Se comparten confidencias e intereses?

¿Se tiene paz en la relación o por el contrario, lo es de malestar e incomodidad?

¿Se es libre en la elección del otro, sin coacciones paternas o familiares, por ejemplo?

¿Se acepta una preparación seria para el matrimonio?
Un noviazgo debe ser lo suficientemente largo para conocerse bien y lo suficientemente corto para no aburrirse.
Al menos una vez: un verano, una navidad, una primavera, un aniversario, un cumpleaños, un éxito, un fracaso, una comida con sus padres, un encuentro y un desencuentro con ellos, una cena, un disgusto, un enfado, un rechazo, un enfriamiento, una vuelta a empezar.

Se debe tener el valor de terminar una relación en la que resulta evidente que no es la que mejor responde a tus valores, tu dignidad, tu personal forma der ser.

Tal vez duela, pero será necesario para el verdadero crecimiento en el amor.

Por el profesor Javier Escivá Ivars. Director del Máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.


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