martes, 10 de noviembre de 2015

Buenos días, 10 de noviembre de 2015. San León

Las personas son como los animales. 

También necesitan ser acariciadas.

David Herbert Lawrence

 



VIDEO

 
 

 
SANTORAL

León Magno, papa († 461)
 
Eustosio, Andrés Avelino, Adelelmo, Constantino, Ninfa, Trifón, Respicio, Tiberio, Modesto, Forencia (Zoraida), mártires; Victoria, virgen y mártir; Auxiliano, Ciro, Daniel, Aniano, Efrén, Justo, Florencia (Zoraida), confesores; Arniano, diácono; Baudolino, patriarca; Gobriano, Monitor, Probo, Demetrio, Justo, Jorge, obispos; Trifema y Trífosa, discípulos de san Pablo; Teoctiste, virgen; Noé, patriarca; Martiriano, monje.

 

 
REFLEXIÓN:
 
Calidad humana
 
En esta época todos hablan de calidad de  productos, de   calidad de procesos, calidad de servicios, calidad de   sistemas... Muy poca gente habla de calidad humana... y sin ella, todo lo demás es apariencia, sin fundamento.
 
Hablar de calidad humana es cuidar nuestros vínculos con los demás. Necesitamos rehacer nuestros vínculos humanos.
 
De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que nadie se interesa en saber cómo nos fue. ¿Para qué trabajar tanto si nos sentimos solos?.
 
¿Para qué tener lo que no se puede compartir?. Ni las cosas ni el dinero poseen valor intrínseco. El valor de lo material esta en su aplicación, en el servicio a alguien más o la convivencia con alguien más.
 
La belleza de tener está en compartir. La magia de luchar por una prosperidad económica, estriba, ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quien le damos el privilegio de disfrutar lo que ganamos.
 
Eso es parte de la naturaleza humana: dar, convivir, amar, servir...
ayudar. ¡HAZLO!.
 
En muchas ocasiones estamos asustados, asustados de lo que tal vez no podemos hacer; asustados de lo que pensaría la gente si tratamos.
Permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños.
Decimos no, cuando queremos decir si.
Murmuramos cuando queremos gritar, después... después gritamos y a quien no teníamos que hacerlo: ¿por qué?.
 
Después de todo cruzamos por esta vida una sola vez, no hay tiempo para tener miedo.
 
Así que intenta... intenta aquello que no has hecho, arriésgate, participa en el maratón, escribe aquella carta, enfréntate como ganador a las cosas cotidianas.
 
Habla en contra de lo que no te gusta, visita pueblos que no conozcas, llámale y dile cuánto le amas, pero sin fingir.
El no regresa.
No tienes nada que perder y todo... ¡Todo que ganar!.
 
Que esto sea una realidad en tu vida...
 
 
ORACIÓN:
 
Padre, ayúdame a que estos momentos de oración me ayuden con tu gracia a valorar los sacramentos y a no solo preocuparme por la salud del cuerpo sino por la de mi alma.


 
Petición
 
Jesús, te pido que nos dejémonos curar por Tí, que quieres darnos la luz de Dios. Que confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, el orgullo.


 
Meditación del Papa Francisco
 
"Cuando llegó la noche, después de la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados”. Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca se ha desentendido de su cuidado. Nunca ha pasado de largo, nunca ha vuelto la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso simplemente gente amiga le llevaban delante de un enfermo, para que lo tocase y lo sanase, no ponía tiempo de por medio; la curación estaba antes que la ley, incluso de aquella tan sagrada como el descanso del sábado. Los doctores de la ley reprendían a Jesús, porque curaba en sábado. Hacía el bien el sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien. Y eso está en el primer lugar siempre.
 
Jesús envía a sus discípulos a hacer su misma obra y les da el poder de curar, ósea para acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el final.(Catequesis de S.S. Francisco, 10 de junio de 2014).
 
Petición

Vivir los sacramentos, la Confesión y la Eucaristía, sabiendo que son los medios para curar nuestras enfermedades espirituales.
 
 


25 maneras de mostrarle a tu esposa cuánto la amas y ser su novio eterno


La solución es simple. Debemos amar a nuestras esposas
  1. Escúchala y preocúpate por lo que tiene que decir.
  2. Muéstrale afecto físico, no sexual
  3. Sorpréndela con flores
  4. Llévala a cenar (sin los niños)
  5. Cómprale un libro que ha estado deseando leer
  6. Escríbele una carta de amor
  7. Lava los platos
  8. Haz algo de la lista de “cosas por hacer”
  9. Si tiene bebés, cambia los pañales
  10. Déjala salir con sus amigas, sin los niños
  11. Abre la puerta para ella
  12. Reza con ella y por ella
  13. Pídele disculpas cuando pecas o fallas
  14. Perdónala cuando ella peca o falla... no guardes rencor
  15. Pídele consejo
  16. Presta atención a sus manías y evita hacer lo que le desagrada
  17. Carga sus compras
  18. Ayuna por ella
  19. Comprende y consuélala de sus miedos, incluso si no los compartes
  20. Habla con ella acerca de la vida
  21. Felicítala y halágala por las cosas buenas que hace o lo bonita que está
  22. Bésala en público y delante de los niños
  23. Sostén su mano
  24. Renuncia a algo que quieres hacer para hacer algo que ella quiere hacer
  25. No critiques o te quejes... elógiala

En resumen, continúa siendo el novio de tu esposa

Érase una vez, en que tu principal preocupación era ganar el corazón de tu esposa y asegurar su afecto. ¿Recuerdas? Sin embargo, muchos hombres dejan de hacerlo en el momento en que dicen "sí, quiero". Esto no debe ser. Tu misión como esposo católico es llegar a ser un estudiante de tu mujer para toda la vida. Estudia para comprender sus esperanzas y sueños, sus miedos y preocupaciones prácticas. ¿Qué es lo que ella ama? ¿Qué es lo que ella odia? ¿Qué la hace feliz? ¿Cuál es su lenguaje de amor? Aprende lo que deleita su corazón y luego hazlo
Hombres, el matrimonio es un sacramento, como la confesión o la Eucaristía. Un buen matrimonio, literalmente, puede darnos vida espiritual y gracia. ¿No es eso increíble? Y sin embargo, a pesar de este hecho, muchos de nosotros tratamos a nuestras esposas de forma casual e irreverente, como una molestia, o peor aún, como una enemiga. ¡Qué triste!

Los santos nos dicen que recibimos más de los sacramentos si los recibimos bien. Mientras más preparados están nuestros corazones, más gracias recibimos. ¿Por qué entonces, nosotros los que hemos sido llamados al sacramento del Matrimonio tan a menudo abandonamos nuestros matrimonios e ignoramos a nuestras esposas? Tu esposa es un signo sacramental para ti. ¡Trátala como tal!

Artículo publicado en Catholic Gentleman, autor: Sam Guzmán


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