martes, 27 de octubre de 2015

Buenos días, 27 de octubre de 2015. San Vicente.

Si posees un don úsalo,
si tienes una oportunidad aprovéchala.
Si es preciso que asumas un riesgo, asúmelo.

 
 
VIDEO
 
 


 
SANTORAL
Vicente, Sabina y Cristeta
mártires (s. IV)
 
Florencio, Máximo, Venancio, Luciano, Donato, Capitolina, Eroteida, mártires; Frumencio, Desiderio, Quintiliano, Teodoro II, obispos; Néstor, Odrán, Tekla, Haimanot, confesores; Ciriaco, patriarca; Elesbaán, rey; Abraham, anacoreta.
 

 

 
REFLEXIÓN:
 
Había una vez un Jilguero que no quería cantar. Todas las demás aves se preguntaban por qué no quería cantar, y el siempre les respondía: "Jamás cantaré para ser objeto de burla."
 
Un día, un Perico se le acercó al Jilguero para decirle: "¿Por qué tienes miedo? Canta, que nadie se reirá de ti." Sin embargo, el Jilguero no quiso cantar, ni tampoco le respondió nada al perico. Luego llego una Cotorra y también se le acercó al Jilguero y le dijo: "Te escuché una vez mientras cantabas en el bosque. ¡Tus cantos son hermosos! ¿Por qué no quieres cantar ahora?."
 
Aún así el Jilguero siguió sin decir nada. Hasta que finalmente se le acercó un Ruiseñor y comenzó a cantar de una forma muy hermosa. Sin embargo, el Jilguero siguió con apatía, así que le preguntó: "Jilguero, ¿por qué no te unes a mi en canto? Haríamos un gran dúo." Y el Jilguero le confesó sus miedos al Ruiseñor. Y este le dijo: "No importa si cantas bien o mal, eso es asunto tuyo. Pero si no cantas, ni si quiera para ti mismo, entonces no eres un Jilguero, ni eres nada."
 
Moraleja: Se tu mismo. Cumple con el propósito para el que Dios te creó, sin importar si esto agrada a los demás o no.

 
ORACIÓN:

Padre, es estos momentos de oración, te pedimos que el fuego de Tu amor arda en nuestros corazones.
 
Petición

Dios mio, te pedimos el don de la caridad, de un amor apasionado a Cristo que traiga la guerra a las fuerzas que quieren destruir la verdadera paz en la tierra.
 
Meditación del Papa Francisco
 
La palabra del Señor, ayer como hoy, provoca siempre una división: la Palabra de Dios divide, ¡siempre! Provoca una división entre quien la acoge y quien la rechaza. A veces también en nuestro corazón se enciende un contraste interior; esto sucede cuando advertimos la fascinación, la belleza y la verdad de las palabras de Jesús, pero al mismo tiempo las rechazamos porque nos cuestionan, nos ponen en dificultad y nos cuesta demasiado observarlas.
 
Hoy he venido a Nápoles para proclamar juntamente con vosotros: ¡Jesús es el Señor! Pero no quiero decirlo sólo yo: quiero escucharlo de vosotros, de todos, ahora, todos juntos "¡Jesús es el Señor!”, otra vez "¡Jesús es el Señor!”. Nadie habla como Él. Sólo Él tiene palabras de misericordia que pueden curar las heridas de nuestro corazón. Sólo Él tiene palabras de vida eterna.
 
La palabra de Cristo es poderosa: no tiene el poder del mundo, sino el de Dios, que es fuerte en la humildad, también en la debilidad. Su poder es el del amor: este es el poder de la Palabra de Dios. Un amor que no conoce confines, un amor  que nos hace amar a los demás antes que a nosotros mismos. (Homilía de S.S. Francisco, 21 de marzo de 2015).
 
 
Propósito

Todas las actividades y oraciones de este día, ofrecerlas por aumentar ese amor a Cristo en nuestros corazones y que ese fuego encendido ilumine a nuestra familia, compañeros y amigos.
 
Diálogo con Cristo

Santísima Trinidad, gracias por esta oración y por el don de mi bautismo. Esa chispa de vida divina que recibí debe estar en continuo crecimiento. No quiero que las presiones externas o mi propia debilidad, me lleven a la mediocridad o la indiferencia que puede apagar esta luz. Te agradezco mi familia y te suplico que nunca permitas que yo sea piedra de tropiezo en su fe. Dame la sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo quedarme callado.
 
 


Tres ideas para hacer prioritario el tiempo familiar y recuperarlo de quienes se lo han apropiado


Queridos papás y queridas mamás, os voy a contar un secreto.

No tenéis que pedirle permiso a los profesores de vuestros hijos, a sus entrenadores, a sus catequistas, etc., para tener un tiempo familiar.

Todas estas personas tienen que pediros permiso a vosotros para tomar prestados a vuestros hijos. No al revés.


La afirmación anterior mereció una inesperada ovación durante la reciente intervención de mi esposa y mía en el Encuentro Mundial de las Familias. En nuestra charla proclamamos la idea, completamente contracultural y católica, de que la vida familiar es en sí misma una actividad y no algo accesorio. Estamos acostumbrados a tener una vida familiar, pero ocupándonos en cualquier otra cosa: colegio, deportes, trabajo, clases... dadle el nombre que queráis.

Tenemos tiempo para casi todo salvo para trabajar, hablar y rezar en familia.

Y lo que es peor, todos hemos acabado por aceptarlo como normal y necesario, cuando es cualquier cosa menos eso.


La familia, escuela de humanidad

La vida familiar nunca ha sido perfecta, pero no hay que ser demasiado nostálgico para darse cuenta de que hace tan poco como una o dos generaciones, se asumía que la vida familiar era el entorno donde la gente aprendía a ser seres humanos.

La vida familiar era el lugar donde tenía lugar la socialización, donde padres e hijos desarrollaban un sentido de la finalidad, del significado, de los valores. La familia constituía la principal y más importante relación de las personas... pero de verdad, no sólo nominalmente. A los niños se les permitía involucrarse en actividades extraescolares en la medida en que eso no alterase demasiado las comidas familiares, el tiempo para ir a la iglesia y otros importantes ritos familiares.


Tres generaciones de cultura del divorcio han destrozado esta idea. Hoy [en Estados Unidos] el 41% de los niños nacen de madres no casadas y aproximadamente la mitad de los niños tienen algún hermanastro. En una época en la cual para tanta gente la experiencia de la vida familiar ha sido alterada tan radicalmente, casi todas las familias -incluidas las familias intactas- han caído víctimas de la idea de que la socialización, el sentido, la finalidad, los valores, la dirección y las relaciones significativas deben tener lugar fuera del hogar, quedando el hogar familiar reducido a una estación de tren por el que pasa cada cual de camino hacia las actividades realmente importantes.

Los investigadores registran que la generación del milenio alcanza cotas más elevadas de narcisismo que cualquier otra generación anterior, pero si eso es verdad, es sólo porque los padres hemos cerrado por completo la puerta a una vida familiar plena de significado, esa que la Iglesia nos dice que es Escuela de Humanidad donde todos aprendermos las virtudes que nos ayudan a vivir la vida como un regalo ( Familiaris Consortio, 21).

Que tendríamos que hacer ¡¿qué?!

Cuando sugiero a los oyentes de mi programa de radio que necesitan dedicar un tiempo fijo cada día para trabajar juntos, jugar juntos, hablar unos con otros y rezar juntos como familia, me encuentro con un nivel de angustia casi existencial. "¡¿Cómo se supone que encontraremos tiempo para todo eso?!"

Las familias católicas se han tragado la mentira ambiente de que si nuestros niños no están embarcados en tres mil actividades el miércoles por la tarde, entonces les estamos privando de algo y de que serán unos excluidos sociales, si es que no unos absolutos ineptos sociales. Pero lo que hace socialmente inepta a una persona no es si sabe o no sabe meter un gol o encestar una canasta, sino más bien si sabe o no sabe cómo ser un buen marido y padre o esposa y madre. Tales lecciones sólo pueden ser aprendidas en la Escuela de Humanidad que es la vida familiar.


Nada de esto implica acabar con las actividades extra-escolares. El deporte, las clases de música y los compromisos sociales pueden jugar un papel importante en crear una vida plena. Pero cuando estas cosas amenazan la tarea principal de la familia, es tiempo de hacer un cambio. Me gustaría sugerir que ha llegado la hora para los padres católicos de evangelizar la cultura -e insistir en rehumanización de la sociedad- recuperando nuestras familias en tres pasos sencillos (aunque no necesariamente fáciles).

Recupera tu familia en tres pasos

Primero, preguntaos a vosotros mismos: "Si tuviésemos que dedicar al menos un poco de tiempo cada día (digamos 15 o 20 minutos) para trabajar, jugar, hablar y rezar juntos, ¿qué haríamos?".

Haceos vuestra pequeña lista de ideas y luego comentadla en familia. Empezad haciendo una de esas cosas ahora -incluso periódicamente- de modo que vuestra familia se acostumbre a la idea de que estar juntos es algo intencionado.

Segundo, empezad a pensar en las actividades extra-escolares (incluidas las vuestras) como algo secundario respecto a la necesidad de hacer tiempo para trabajar, jugar, hablar y rezar juntos como familia.

Si realmente te concedieses permiso para dar prioridad a tu vida familiar -como te pide tu Iglesia-, ¿para qué otras cosas habría tiempo? Quizá la respuesta sea: "No demasiado". Pues muy bien. Tu familia sola es la más importante actividad que puedes hacer a lo largo de la semana. Permítete pensar que esto es así.


Tercero, empieza a marcar los límites. Dile a los entrenadores de tus hijos que tus chicos no acudirán a entrenamientos o partidos cuando entren en colisión con compromisos familiares: especialmente, tu compromiso familiar de ir a misa juntos. Dile a los respectivos encargados parroquiales que os citen como monaguillos o cantores en la misma misa. No necesitas su permiso o aprobación. Es tu familia la que está en juego. No la suya. Que giren ellos en torno a ti, no al revés.

Es tiempo de empezar una revolución por la familia. Es posible que no le guste a la gente a la que has dejado pensar que sus hijos les pertenecen. Las revoluciones nunca son fáciles. Pero a la luz del testimonio del Papa Francisco en el Encuentro Mundial de las Familias, quizá la mejor forma de crear una "Cultura del Encuentro" que lleve a Cristo al mundo sea simplemente hacer lo que él dice y finalmente hacer un hueco para " perder tiempo con tus hijos".

Publicado en National Catholic Register . Matrimonio Popcak, durante su intervención en el Encuentro Mundial de Familias celebrado en Filadelfia del 22 al 25 de septiembre

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