viernes, 23 de octubre de 2015

Buenos días, 23 de octubre de 2015. San Juan de Capistrano, Patrono de los Capellanes Castrenses


 

"Lo peor que puede ocurrirle al hombre es  

llegar a pensar mal de sí mismo."

GOETHE


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SANTORAL

JUAN DE CAPISTRANO
PATRONO DE LOS CAPELLANES CASTRENESES
presbítero (1386-1456)

NO TE OLVIDES DE FECILITAR A TU PATER


Teodoreto, presbíteros; Servando, Germán, Giraldo, Graciano, Teodoro, Sócrates, Teodoto, mártires; Ignacio, patriarca; Juan, Román, Vero, obispos; Benito, Severino, confesores; Bertario, abad; Sira, abadesa; Oda (Odette), viuda; Domicio, Juan el Bueno, eremitas.

 REFLEXIÓN:

Un día entre montes, por áspero camino, tropezando con una y otra peña, iba un viejo cargando con su leña, maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó y viéndose de suerte que apenas levantarse ya podía, llamaba con colérica porfía una, dos y tres veces a la Muerte.

Armada de guadaña, en esqueleto, La Muerte se le ofrece en aquel punto, pero el Viejo, temiendo ser difunto, lleno más de terror que de respeto, trémulo la decía y balbuciente:

- Yo ... señora... os llamé desesperado; Pero... -

-Acaba; ¿Qué quieres, desdichado? - Le dijo la muerte al viejo

A lo que el viejo respondió:

-Que me cargues la leña solamente.

Moraleja: Esta fábula nos enseña que si pasamos por una situación difícil debemos tener paciencia en que las cosas se van a solucionar. 

Disfruta cada día, los dolores pasan pero nuestra vida es única y muy preciada!,


ORACIÓN:

Jesús envía a un camino. Un camino que, claro está, no es un simple paseo. Lo que hace Jesús, es un envío con un mensaje: anunciar el Evangelio, salir para llevar la salvación, el Evangelio de la salvación. Y esta es la tarea que Jesús da a sus discípulos. Por ello, quien permanece paralizado y no sale, no da a los demás lo que ha recibido en el bautismo, no es un auténtico discípulo de Jesús. En efecto, le falta la misionariedad, le falta salir de sí mismo para llevar algo de bien a los demás.

[...] Así, pues, hay un doble camino que Jesús quiere de sus discípulos. Esto contiene la primera palabra que pone de relieve el Evangelio de hoy: caminar, camino.

Está luego la segunda: servicio. Y está estrechamente relacionada con la primera.Es necesario caminar para servir a los demás». Se lee en el Evangelio: «Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Sanen a los enfermos, resuciten muertos, sanen leprosos, expulsen a los demonios». Aquí está el deber del discípulo: servir. Un discípulo que no sirve a los demás no es cristiano.

Punto de referencia de cada discípulo debe ser lo que «Jesús predicó en las dos columnas del cristianismo: las bienaventuranzas y, después, el protocolo a partir del cual seremos juzgados, es decir, el que indicó san Mateo en el capítulo 25. Este debe ser el «marco» del servicio evangélico. No hay escapatorias. Si un discípulo no camina para servir, no sirve para caminar. Si su vida no es para el servicio, no sirve para vivir como cristiano.

Precisamente en este aspecto se encuentra, en muchos, la tentación del egoísmo. Está quien dice: «Sí, soy cristiano, estoy en paz, me confieso, voy a misa, cumplo los mandamientos». Pero, ¿dónde está el servicio a los demás? ¿Dónde está el servicio a Jesús en el enfermo, en el preso, en el hambriento, en el desnudo? Y precisamente esto es lo que Jesús nos dijo que debemos hacer porque Él está allí. He aquí, la segunda palabra clave: el servicio a Cristo en los demás.

Existe una relación también con la tercera palabra de este pasaje, que es gratuidad. Caminar, en el servicio, en la gratuidad... Una cuestión fundamental que empuja al Señor a aclararla bien por si los discípulos no hubiesen entendido. Él les explica: «No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno». Como diciendo que el camino del servicio es gratuito porque nosotros hemos recibido la salvación gratuitamente. Ninguno de nosotros ha comprado la salvación, ninguno de nosotros la ha merecido, la tenemos por pura gracia del Padre en Jesucristo, en el sacrificio de Jesucristo. (Homilía en Santa Marta, 11 de junio de 2015)

Diálogo con Jesús

Señor mío, no puedo ir por la vida pensando que todo es una cruz o que la vida hay que convertirla en una cruz para darle tonalidad de verdadero cristianismo. Ser cristiano es un camino, el anuncio de tu Reino me abre los sentidos para resolver situaciones de un modo completamente diferente a lo que mi naturaleza humana se inclina por hacer. Tú nos envías a cada uno de nosotros a ser consuelo para el otro, a sembrar felicidad, a llevar tu mensaje sanador, ese mensaje que proyecta esperanza de una vida mejor y abre torrentes de bendiciones para los que te aceptan y siguen el signo de tu salvación. Sé que puedo caminar seguro a dondequiera que vaya, y aunque no cuente con provisiones para el viaje que me tienes planeado, puedo confiar en que Tú jamás te apartarás de mi corazón, sino que más bien, me darás la fortaleza para salir victorioso. Quiero servirte siempre, no quedarme como congelado ante las necesidades del prójimo. Dame de tu luz para que yo pueda ser como tierra fecunda, un espejo de tu misericordia y proclamador de tu amor en cada rincón del mundo. Amén

Propósito para hoy:

Hoy, controlaré mis impulsos a defenderme y aceptaré con humildad y silencio cualquier humillación que me profieran

Reflexionemos juntos esta frase:

Dios siempre nos espera, siempre nos comprende, siempre nos perdona (Papa Francisco)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Una historiadora responde 

desde el feminismo a los 

grandes tópicos sobre una 

 Iglesia «anti-mujer»

Giulia Galeotti deshace el mito de la marginación social de la mujer por parte de la Iglesia.

Además de doctora en Historia y joven investigadora y profesora en la Universidad de Florencia, Giulia Galeotti se ha especializado en una revisión histórica sobre el feminismo y el papel de la mujer en la sociedad antigua, moderna y contemporánea. Católica pero sin reparos para hablar de lo que considera una cierta "misoginia" en la Iglesia, la defiende sin embargo de la tópica falsedad de ser una enemiga de la mujer.

Su contribución al volumen La Gran Prostituta. Tópicos sobre la Iglesia a lo largo de la historia (San Pablo) se titula precisamente "Opresores de las mujeres", una de las acusaciones más frecuentes contra la Iglesia.


Testigos que nadie más valoraba

Para empezar, recuerda el papel de la Santísima Virgen (una mujer) en la Redención, pues su "aceptación... tuvo la capacidad de cambiar el curso de la Historia", e incluso en la misma Sagrada Familia, donde, algo impensable en su tiempo y sin merma de la autoridad de San José, "en el centro hay una mujer".

Y luego está el caso de María Magdalena: en una época y una cultura en donde la mujer "no tenía la capacidad (jurídica y en sentido lato) de atestiguar", Cristo la elige a ella como primer testigo de su Resurrección.


Giulia Galeotti demuestra que históricamente la Iglesia ha contribuido más a la dignidad de la mujer que cualquier otra institución o personalidad.

Naturalmente, para los defensores de la idea zapateril puede ser sencillo recurrir al tópico de que la Iglesia-institución traicionó luego el mensaje de Aquel a quien Giulia Galeotti denomina "el primer feminista de la Historia".

Los poderes de la Consorzia

No sucedió así, sin embargo. La autora de este trabajo incluido en La Gran Prostituta recuerda que la Iglesia introdujo en la sociedad "una revolucionaria concepción del vínculo matrimonial pidiendo a los cónyuges el mismo deber de fidelidad", igualándoles así desde el plano moral en algo en lo que la permisividad social ha sido, y es todavía, radicalmente discriminatoria: "Durante mucho tiempo, el derecho canónico ha sido el único que igualaba el adulterio masculino y el adulterio femenino".

En cuanto al papel real de la mujer en la sociedad, durante la Edad Media, periodo esencialmente cristiano, abundan los casos de subordinación masculina al poder de una mujer incluso en el ámbito eclesiástico. Galeotti expone con detenimiento el caso de la Consorzia, una hermandad mariana que nació en el siglo XIII en torno a la catedral de Savona (Liguria, Italia), mixta, gestionada indistintamente durante siglos por un prior o una priora, pero que paulatinamente, entre 1529 y 1564, fue marginando a los hombres de la dirección: podían ser miembros, incluidos el obispo y los canónigos de la catedral, pero tanto la priora (noble) como la subpriora (plebeya) tenían que ser mujeres. No hace falta decir que en aquellos tiempos el poder político, económico y jurisdiccional de una hermandad de esa naturaleza excedía lo devocional, y en particular la Consorzia fue durante siglos, bajo la dirección femenina, un factor decisivo en el desarrollo de la ciudad y de la región.

Giulia Galeotti destaca asimismo dos figuras cuyo carisma personal era reconocido con naturalidad -pese a las dificultades que encontraron, similares a las de otros profetas o reformadores varones- por los Papas de su tiempo, como Santa Catalina de Siena (1347-1380) y Santa Teresa de Jesús (1515-1582).

Monjas empresarias

Y más adelante en el tiempo, cuando a partir del siglo XVIII se inicia la secularización de las sociedades europeas, de forma intensa y agresiva a partir de la Revolución Francesa, surgen congregaciones femeninas que la Iglesia impulsa y demuestran la capacidad de iniciativa, creatividad y gestión de las mujeres para solventar de manera práctica y concreta necesidades sociales nuevas: educativas, sanitarias, asistenciales.

Por no hablar del impulso misionero del siglo XIX: las misioneras combonianas llegaron a zonas de Sudán aún desconocidas por aventureros y exploradores.

Nace además una figura de facto, señala la profesora Galeotti: la "monja-empresaria". Cuando las primeras feministas de la sociedad burguesa empezaban a reivindicar algún papel para la mujer en el ámbito laboral urbano -en el campo nunca lo habían perdido-, las religiosas, tanto de vida activa como contemplativa, gestionaban con eficacia importantes patrimonios y actividades económicas al servicio de sus fines fundacionales o para subvenir las necesidades de unos monasterios que ya no podían vivir, como en siglos pasados, de las dotes recibidas o de patronazgos exclusivos.

Del mismo modo, numerosos monasterios ofrecían a sus monjas una formación cultural a la que la mayor parte de sus contemporáneas no tenía acceso en la vida civil.


O está el caso de Teresa Eustaquia Verzieri (1801-1852), quien fundó en 1831 las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y peleó hasta conseguir que también las congregaciones femeninas pudiesen tener una superiora general. Lo consiguió del Papa Gregorio XVI para su instituto en 1841 (cuando en la sociedad civil las mujeres no podían ni votar), abriendo la puerta a un principio luego general.

Las dos etapas anti-femeninas del 

feminismo

Tras este sucinto pero clarificador repaso histórico, Galeotti reprocha, por contraste, la componente anti-femenina de las dos grandes etapas del feminismo contemporáneo.

La etapa de la "liberación sexual", porque ha intentado "borrar la fisonomía y la específica anatomía de las mujeres del discurso público y jurídico". El odio a la maternidad de ese feminismo presenta la especificidad femenina "como un handicap que hay que borrar". La "anatomía femenina", por el contrario, "es un valor, no una dolorosa carga construida históricamente sobre la injusticia y fundada en la prevaricación masculina".

Y en su etapa actual, la de la "ideología de género", el feminismo es aún más anti-femenino, porque como, según esa ideología, las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son "construcciones culturales inducidas de las que hay que liberarse para establecer una auténtica igualdad", lo que se intenta es "liberar a las mujeres liberándolas de su feminidad, limpiándolas de sus características naturales".

La Iglesia, oponiéndose como lo ha hecho a ambas corrientes, "desarrolla cada vez más un importante papel de defensa de la especificidad de la mujer".

Tópicos sin base, pero 

propagandísticamente eficaces

Junto a este importante capítulo sobre la actitud de la Iglesia ante la mujer, La Gran Prostituta incluye otros sobre el celibato eclesiástico, la Inquisición, el antisemitismo, el odio al sexo o la enemistad hacia la ciencia, así como otros mitos inventados por la propaganda anticrisitana cuya carencia de fundamento histórico queda al descubierto. Todos los estudios están a cargo de mujeres historiadoras coordinadas por Lucetta Scaraffia, ella misma atea y feminista radical hasta que la verdadera faz de ese feminismo, el estudio de la Historia y la figura de Santa Teresa de Jesús la impulsaron a convertirse.



 


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