jueves, 1 de octubre de 2015

Buenos días, 1 de octubre de 2015



Somos lo que hacemos día a día.
De modo que la excelencia no es un acto,
sino un habito.
Aristóteles


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SANTORAL
Teresa de Lisieux,
religiosa carmelita (1873-1897)

Remigio, Tomás, Celsino, obispos; Severo, Bavón, Adiosdado, confesores; Prisco, Crescente, Evagrio, Verísimo, Máxima, Julia, Aretas, Domnino, Piato, mártires; Virila, abad; Vulgisio, Bavón, ermitaños; canonización de120 mártires chinos.


REFLEXIÓN:

Se acercaba el tiempo de la lluvia y un hombre muy anciano estaba cavando hoyos en su jardín. ¿”Qué haces”? le preguntó su vecino. “Estoy plantando dátiles” respondió el anciano. ¿”Y esperas llegar a comer dátiles de esas semillas que estás plantando"? “No, no pienso vivir tanto. Pero otros lo harán. Se me ocurrió que toda mi vida he disfrutado comiendo dátiles plantados por otros y ésta es mi manera de demostrarles mi gratitud”.
El amor a los demás tiene que superar el estrecho nivel de la horizontalidad geográfica y temporal.. Hay que amar también a los que nacerán después de nosotros.

El amor tiene que ser gratuito y por eso no puede limitarse a la regla de oro: "Haz a los demás lo que quieres que los demás hagan a ti". No hay que hacer el bien esperando que otros hagan lo mismo por mi.

Cada generación tiene que pensar a la siguiente y dejar esta tierra en buenas condiciones y no contaminada, agotada, explotada como estamos haciendo. El problema ecológico es uno de los desafíos más difíciles que tenemos que solucionar.


ORACIÓN:


El que quiera ser grande, que se haga un servidor        

La pereza hace tibio al corazón, aleja del servicio, lleva al egoísmo y a la comodidad               


Reflexión del Papa Francisco

Un cristiano que recibe el don de la fe en el Bautismo, pero que no lleva adelante este don por el camino del servicio, se convierte en un cristiano sin fuerza, sin fecundidad. Y al final, se convierte en un cristiano para sí mismo, para servirse a sí mismo. De modo que su vida es una vida triste, puesto que tantas cosas grandes del Señor son derrochadas...

Nosotros podemos alejarnos de esta actitud de servicio, ante todo, por un poco de pereza. Y ésta hace tibio el corazón, la pereza te vuelve cómodo.

La pereza nos aleja del servicio y nos lleva a la comodidad, al egoísmo. Tantos cristianos así… son buenos, van a Misa, pero el servicio hasta acá… Y cuando digo servicio, digo todo: servicio a Dios en la adoración, en la oración, en las alabanzas; servicio al prójimo, cuando debo hacerlo; servicio hasta el final, porque Jesús en esto es fuerte: «Así también ustedes, cuando habrán hecho todo aquello que les ha sido ordenado, ahora digan somos siervos inútiles». Servicio gratuito, sin pedir nada.

La otra posibilidad de alejarnos de la actitud de servicio es un poco la de adueñarnos de las situaciones. Algo que ha sucedido a los discípulos, a los mismos apóstoles: «Alejaban a la gente para que no molestaran a Jesús, pero para estar cómodos ellos».

Los discípulos se adueñaban del tiempo del Señor, se adueñaban del poder del Señor: lo  querían para su grupito. Y después se adueñaban de esta actitud de servicio, transformándolo en una estructura de poder.

Algo que se comprende observando la discusión acerca de quién era el más grande entre Santiago y Juan. Y la madre que va a pedir al Señor que uno de sus hijos sea el primer ministro y el otro el ministro de economía, con todo el poder en sus manos. Esto sucede también hoy cuando los cristianos se vuelven patrones: patrones de la fe, patrones del Reino, patrones de la Salvación. Esto sucede, es una tentación para todos los cristianos. En cambio el Señor nos habla de servicio: servicio en humildad, en esperanza, y ésta es la alegría del servicio cristiano.

Que el Señor nos dé estas dos gracias grandes: la humildad en el servicio, a fin de que podamos decir: «Somos siervos inútiles» – pero siervos – hasta el final; y la esperanza en espera de la manifestación, cuando el Señor venga a encontrarnos. (Cf Papa Francisco, homilía en Santa Marta, 13 de noviembre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, me levanto hoy pensando en tu presencia poderosa que me acompaña y me renueva el ánimo y el espíritu para sentirme fuerte y darlo todo por tu amor y tu reino. Bendito seas por permanecer a mi lado y porque intervienes en mi historia para no dejarme caer en actitudes mundanas que me alejen del camino de la santidad, de tu camino de humildad y servicio. Este mundo, a todos nos ofrece alcanzar el éxito y cosas materiales, pero a cambio, debemos encerrarnos en un individualismo por lograrlo todo sin importar a quien podamos llevarnos por el medio; pero esa no es la vida que Tú me pides, me indicas que debo construir mi vida junto a los demás, sirviendo con caridad y alegría, sin querer aspirar por grandes y majestuosos cargos donde luego me pueda dejar enceguecer por la soberbia y las ansias de poder. Libérame de esas malas inclinaciones que intentan separarme de Ti, de tu bondad y generosidad. Gracias por todo lo que obras en mí, me das todo lo que necesito para ser feliz y aclaras mi mente con tu sabiduría para no dejarme esclavizar por deseos desenfrenados de poder que más bien me roban mi libertad y me atan a las cadenas del egoísmo y del desprecio a los demás. Sana mis heridas, sana mi corazón de todos esos oscuros deseos. Ven a vivir en mi corazón, transforma mi actitud para que pueda ver que solo sirviendo es que puedo amar viviendo. Amén

Propósito para hoy:

En algún momento del día, libre del ajetreo, me alejaré de todos para intimar en la oración con Dios y pedir por mi familia.

Reflexionemos juntos esta frase:

"En los momentos más terribles, recordad: Dios es nuestro Padre; Dios no abandona a sus hijos" (Papa Francisco)
 





Las cinco recetas para la familia del Papa Francisco en EE.UU.



La ternura, en las cosas pequeñas, es la 
verdadera medida del amor, afirma


La ternura, en las cosas pequeñas, es la verdadera medida del amor. Este es el mensaje central que el Papa Francisco dejó en la homilía de la misa conclusiva del Encuentro Mundial de las Familias de Filadelfia.
Presentamos las cinco consignas que dejó el pontífice a las familias del mundo, así como a todas las personas que sueñan en crear una familia.
La felicidad está ligada a gestos pequeños
La fe abre la ventanaa la presencia actuante del Espíritu y nos muestra que, como la felicidad, la santidad está siempre ligada a los pequeños gestos. El que les dé a beber un vaso de agua en mi nombre dice Jesúsno se quedará sin recompensa(Mc9,41). Son gestos mínimos que uno aprende en el hogar; gestos de familia que se pierden en el anonimato de la cotidianidad pero que hacen diferente cada jornada.
La fe crece con la práctica y es plasmada por el amor
El amor se manifiesta en pequeñas cosas, en la atención mínima a lo cotidiano que hace que la vida tenga siempre sabor a hogar. La fe crece con la práctica y es plasmada por el amor. Por eso, nuestras familias, nuestros hogares, son verdaderas Iglesias domésticas. Es el lugar propio donde la fe se hace vida y la vida se hace fe.
¿Qué mundo dejaremos a nuestros hijos?
¿Qué tipo de mundo queremos dejarle a nuestros hijos?. Pregunta que no podemos responder sólo nosotros. Es el Espíritu que nos invita y desafía a responderla con la gran familia humana. Nuestra casa común no tolera más divisiones estériles.
Cristianos y no cristianos al servicio de las familias
Nosotros los cristianos, discípulos del Señor, pedimos a las familias del mundo que nos ayuden. Somos muchos los que participamos en esta celebración y esto es ya en sí mismo algo profético, una especie de milagro en el mundo de hoy. Ojalá todos fuéramos profetas. Ojalá cada uno de nosotros se abriera a los milagros del amor para el bien de todas las familias del mundo, y poder así superar el escándalo de un amor mezquino y desconfiado, encerrado en sí mismo e impaciente con los demás.
La prueba del amor
Les dejo como pregunta para que cada uno responda [] En mi casa, ¿se grita o se habla con amor y ternura? Es una buena manera de medir nuestro amor. Qué bonito sería si, en todas partes, y también más allá de nuestras fronteras, pudiéramos alentar y valorar esta profecía y este milagro.

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