viernes, 11 de septiembre de 2015

Buenos días, 11 de septiembre de 2015.San Jacinto


"Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús.
No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús".
Santa Rosa de Lima
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SANTORAL
San Pafnucio,
obispo y confesor (c. a. 280-c. a. 350)
Proto y Jacinto, hermanos, Vicente, abad; Diodoro, Diómedes, Dídimo, mártires; Pafnucio, Paciente, Emiliano, Daniel, obispos; Esperanza, abadesa.

REFLEXIÓN:
Tiempo atrás, yo era vecino de un médico, cuyo "hobby" era plantar árboles en el enorme patio de su casa. A veces observaba, desde mi ventana, su esfuerzo por plantar árboles y más árboles, todos los días.

Lo que más llamaba mi atención, entretanto, era el hecho de que él jamás regaba los brotes que plantaba. Noté después de algún tiempo, que sus árboles tardaban mucho en crecer.

Cierto día le pregunté si no se había dado cuenta de que sus plantas no crec
​ían, pues percibía que él nunca las regaba. Fue cuando, con un aire orgulloso, él me describió su fantástica teoría.

Me dijo que, si regase sus plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y quedarían siempre esperando por el agua fácil, que venía de encima. Como él no las regaba, los árboles tardarían más para crecer, pero sus raíces tenderían a ir a lo más profundo, en busca del agua y de las varias nutrientes encontradas en las capas más inferiores del suelo.

Así, los árboles tendrían raíces profundas y serían más resistentes a las intemperies. Y agregó que él frecuentemente daba unas palmadas en sus árboles, y que hacía eso para que se mantuviesen siempre despiertas y atentas.

Tiempo después fui a vivir a otro país, y nunca más volví a verlo.
Varios años después, al regresar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un bosque que no había antes.

¡¡Mi antiguo vecino, había realizado su sueño!!.

Lo curioso es que aquel era un día de un viento muy fuerte y helado, en que los árboles de la calle estaban arqueados, como si no estuviesen resistiendo al rigor del invierno. Entretanto, al aproximarme al patio del médico, noté cómo estaban sólidos sus árboles: prácticamente no se movían, resistiendo estoicamente aquel fuerte viento.

Qué efecto curioso, pensé...

Las adversidades por las cuales aquellos árboles habían pasado, llevando palmaditas y habiendo sido privados de agua, parecía que los había beneficiado de un modo que el confort y el tratamiento más fácil jamás lo habrían conseguido.

Todas las noches, antes de ir a acostarme, doy siempre una mirada a mis hijos. Observo atentamente sus camas y veo cómo ellos han crecido.

Frecuentemente rezo por ellos. En la mayoría de las veces, pido para que sus vidas sean fáciles, para que no sufran las dificultades y agresiones de éste mundo... He pensado, entretanto, que es hora de cambiar mis ruegos.
Ese cambio tiene que ver con el hecho de que es inevitable que los vientos helados y fuertes nos alcancen. Sé que ellos encontrarán innumerables dificultades y que, por tanto, mis deseos de que las dificultades no ocurran, han sido muy ingenuos. Siempre habrá una tempestad en algún momento de nuestras vidas, porque, queramos o no, la vida no es muy fácil.

Al contrario de lo que siempre he hecho, rezaré para que mis hijos crezcan con raíces profundas.

Pedimos siempre tener facilidades, pero en verdad lo que necesitamos hacer es pedir para desenvolver raíces fuertes y profundas, de tal modo que cuando las tempestades lleguen y los vientos helados soplen, resistamos bravamente, en vez de que seamos subyugados y barridos por el viento.


ORACIÓN:

Mateo 25, 1-13. La vida lleva su rumbo sin preguntar, le damos la Luz de Cristo y comienza a brillar. 

Oración introductoria

Señor, qué fácilmente puedo dejarte a un lado, en un segundo plano, y acordarme de Ti sólo cuándo hay una necesidad o problema. Ese descuido, irresponsabilidad o apatía me trae muchas consecuencias negativas porque debilita mi capacidad de amar. Ayúdame, por medio de esta oración, a comprender la necesidad de mantenerme siempre alerta, dispuesta a recibir tu gracia que me hace capaz de transformarme y transformar mi mundo.



Petición

Señor, dame la gracia de tener un corazón alerta y vigilante, para obrar siempre el bien.



Meditación del Papa Francisco

La Iglesia tiene entonces la tarea de mantener encendida y bien visible la lámpara de la esperanza, para que pueda continuar a resplandecer como signo seguro de salvación y pueda iluminar a toda la humanidad el sentimiento que lleva al encuentro con el rostro misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, aquí está entonces lo que esperamos: ¡que Jesús vuelva! La Iglesia esposa espera a su esposo! Sin embargo, debemos preguntarnos con mucha sinceridad: ¿somos realmente testigos luminosos y creíbles de esta esperanza? ¿Nuestras comunidades viven aún en el signo de la presencia del Señor Jesús y en la espera calurosa de la venida, o aparecen cansadas, entorpecidas, bajo el peso del cansancio y de la resignación? ¿También nosotros corremos el riesgo de terminar el aceite de la fe, el aceite de la alegría! ¡Atención!
Invoquemos a la Virgen María, madre de la esperanza y reina del cielo, para que nos mantenga siempre en una actitud de escucha y de espera, así para poder ser ya ahora permeados por el amor de Cristo y ser parte un día de la alegría sin fin, en la plena comunión de Dios.   (Audiencia, S.S. Francisco, 15 de octubre de 2014).

Propósito

Dar la Luz de Cristo a nuestra vida para que comienza a brillar, pero para que nunca de apague se necesita alimentarla con obras de caridad.

Diálogo con Cristo 

San Agustín dijo que tuviéramos cuidado de la gracia de Dios que pasa y no vuelve. Por eso te pido, Padre bueno, que me ayudes a percibir tu presencia en lo cotidiano de este día para que con tu gracia pueda ser tu fiel discípulo y misionero. Mis decisiones labran mi destino, que terrible sería que me descuidará y siguiera el camino fácil que ofrece el mundo, por eso te pido me ayudes a vivir con el constante deseo de trabajar por ti.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Cometí un gran error ¿y ahora?


Las personas cometen errores, pero eso no es un error


Somos fruto de nuestras elecciones, y como nos dice la Palabra de Dios

Pues lo que uno siembre, eso cosechará” Gal 6,7.


Luego, la única forma de cosechar un final feliz es sembrando buenas elecciones.

No hay otra forma.


Las personas pueden hasta pensar que no tienes remedio, que eres un caso perdido, un retraso en la vida de todos. Sin embargo, está en ti creer lo que dicen al respecto de ti o tener el valor de levantarte, sacudirte el polvo, darle la vuelta y probarte a ti mismo que naciste para ser feliz, que eres mucho más de lo que los ojos pueden ver. Puedes asumir el papel de actor principal o de colaborador de tu propia historia de vida. La opción es tuya.

Somos fruto de nuestras elecciones, pero dependemos completamente de la gracia de Dios. En verdad, escoger correctamente es optar por lo que Él escogería para nuestra vida. Pero incluso así, ¿dónde estaría ese famoso “libre albedrío” del que tanto hablamos si sólo escogiéramos como Dios?

Primero, necesitamos entender lo que es la libertad y para qué existe. Para aclarar esa duda, vamos a pedir una “ayuda” al Catecismo Joven de la Iglesia Católica, el “YouCat”, un itinerario que no puede faltar en nuestra mochila. Veamos lo que dice:

“La libertad es el poder que Dios nos ha regalado para poder actuar por nosotros mismos; quien es libre ya no actúa determinado por otro. Dios nos ha creado como seres libres y quiere nuestra libertad para que podamos optar de
corazón por el bien, también por el supremo “bien”, es decir, Dios. Cuanto más hacemos el bien tanto más libres nos volvemos”. (286)

Todo bien. Pero te puedes estar preguntando: ¿No consiste precisamente la “libertad” en poder decidirse también por el mal?”. El YouCat también nos aclara esta duda.

“El mal sólo es aparentemente digno de interés y decidirse por el mal sólo hace libre en apariencia. El mal no da la felicidad, sino que nos priva del verdadero bien; nos ata a algo carente de valor y al final destruye toda nuestra libertad. Esto lo vemos en la adicción. En ella un hombre vende su libertad a cambio de algo que le parece bueno. En realidad se convierte en esclavo. El hombre es perfectamente libre cuando dice siempre sí al bien; cuando ninguna adicción, ninguna costumbre, le impiden elegir y hacer lo que es justo y bueno. La decisión por el bien es siempre una decisión orientada a Dios”. (287)

En otras palabras, la libertad no es hacer todo lo que se quiere, sino hacer lo que conviene. Por lo tanto, somos libres para escoger lo que queramos, incluso, para tomar las elecciones de Dios.

Felicidad es fruto de constantes opciones buenas. Para alcanzarla será necesario mucha lucha, mucho sudor y mucho trabajo.

  • ¿Cómo reaccionas frente a las caídas que sufres en la vida?

  • ¿Cómo lidias con tus fracasos y frustraciones? Sin duda, buscar las respuestas a esas preguntas nos quita el sueño y la paciencia, ¿verdad?

Desgraciadamente, no existe una lámpara mágica, que sólo se necesita frotar, hacer una petición y listo. Todo resuelto. En la vida real, amigo mío, no existe la magia, lo que existe es la actitud. Es necesario tomar una decisión de no quedarte en el error y cambiar la situación.

La “X” de la cuestión consiste en aprender a administrar bien los problemas, no permitir, bajo ninguna hipótesis, que suceda lo contrario. Si no dominas tus problemas, ellos te dominarán a ti. Y no necesito decirte dónde irá a parar eso.


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