jueves, 27 de agosto de 2015

Buenos días, 27 de agosto de 2015. Santa Mónica

"Entre los pueblos, como entre las personas, el respeto al derecho ajeno es la paz. Benito Juarez




SANTORAL

Mónica,
Madre de San Agustín
Antusa la joven, mártir; Marcelino, Manea, su mujer y sus tres hijos, Juan, Serapión y Pedro, mártires; Cesáreo, Juan de Pavia, Siagrio, Licerio, Cesareo, Narno, Obispos; Amadeo; Rufo; David Lewis,Presbítero y Mártir; Carpóforo, mártir; Pemón, anacoreta; Margarita, viuda; Severino; Domingo de la Madre de Dios Barberi, Beato, Presbitero; María del Pilar Izquierdo Albero, Beata, Fundadora; Fernando Gonzáles Añón, Beato Presbítero y Mártir; Francisco de Santa María y catorce compañeros, Beatos y Mártires.



VÍDEO DE SANTA MÓNICA




REFLEXIÓN:

Un muchacho raro

El dueño de una extensa granja necesitaba un chico que se encargara de cuidar sus caballerizas y graneros. Según la tradición, el día de la fiesta del pueblo se puso a buscar. Encontró un chico de 18 años que vagaba alrededor de las casetas de feria. Era un tipo alto y delgado que no parecía muy fuerte.
- Oye, chaval, estoy buscando a alguien que quiera trabajar en mi granja. ¿Sabes trabajar en el campo?
- Sí, señor. Soy capaz de dormir en una noche de tormenta.
- ¿Qué dices? - preguntó el campesino extrañado.
- Que soy capaz de dormir en una noche de tormenta.
El aldeano sacudió la cabeza con un gesto ambiguo y se marchó. Por la tarde tropezó de nuevo con el muchacho y le repitió la propuesta. La respuesta de chico fue la misma:
- ¡Soy capaz de dormir en una noche de tormenta!
El aldeano quería un encargado responsable y no un chaval que presumiera de poder dormir en las noches de tormenta. Siguió buscando, pero no encontró a nadie dispuesto a ir a trabajar en su granja. Así que decidió contratar al joven que le repitió:
- Puede estar tranquilo, jefe: soy capaz de dormir en una noche de tormenta.
- De acuerdo. Veremos lo que eres capaz de hacer.
Trabajó en la granja durante varias semanas. El amo tenía mucho trabajo y no prestaba mucha atención a lo que hacía el muchacho. Pero una noche se despertó sobresaltado por la tormenta. El viento rugía entre los árboles, aullaba por los caminos, sacudía las ventanas. El campesino se tiró de la cama. El temporal habría podido abrir de par en par las puertas de establos y caballerizas, espantar las vacas y los caballos, desparramar el heno y la paja, ocasionar toda suerte de desgracias.
Corrió a llamar a la puerta del joven, pero no obtuvo respuesta. Golpeó más fuerte.
- ¡Levántate! ¡Échame una mano antes de que el viento lo eche todo a perder!
Pero él siguió durmiendo. El campesino no tenía tiempo que perder. Se precipitó escaleras abajo, atravesó corriendo la era y llegó a los cobertizos de la granja.
Y se llevó una grata sorpresa. Las puertas de las cuadras y los establos estaban firmemente cerradas y las ventanas estaban sujetas. El heno y la paja estaban cubiertos y atados de manera que no los pudiera llevar el viento. Caballos y vacas estaban seguros. De repente el campesino estalló en una sonora carcajada. Había comprendido lo que quería decir aquel muchacho cuando aseguraba que era capaz de dormir en una noche de tormenta.
Bruno Ferrero


ORACIÓN:

Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo.

Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.



ORACIÓN A SANTA MÓNICA




¡Oh gloriosa Santa Mónica, espejo de esposas, modelo de madres, consuelo de viudas, mujer admirable, a quien Dios infundió el espíritu de oración y concedió aquel don de lágrimas con que supisteis hacer violencia al Dios de las misericordias para que se compadeciera de vuestros gemidos, escuchara vuestras plegarias y os concediera el fin de todos vuestros deseos!, a vuestras plantas venimos hoy las que sufrimos y lloramos en los tristes caminos de la vida, a suplicaros que nos alcancéis el espíritu de oración que Vos tuvisteis y la compunción que merecen nuestras culpas, para que derramando con humildad nuestro corazón ante el Dios de toda piedad y misericordia, alcancemos la gracia de vivir la santa vida que Vos vivisteis en la tierra, y merezcamos la gloria que Vos gozáis ahora en el cielo, en compañía de nuestros padres, esposos e hijos, y de todos los que por la sangre y el afecto nos pertenecen y son en Jesucristo, Señor nuestro, amados y queridos de nuestro corazón. Amén.

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