miércoles, 26 de agosto de 2015

Buenos días, 26 de agosto de 2015

"Lo que dicen las palabras no dura... duran las palabras.
Por que las palabras son siempre las mismas... y lo que dicen nunca es lo mismo"



SANTORAL


Teresa de Jesús Jornet, Fundadora; Andres Huberto Juana Isabel Bichier, Fundadores ; Ceferino, papa, mártir; Ireneo y Abundio, Alejandro de Bérgamo, Segundo, Simplicio, Constancio, Victorino, Victor (Vítores), Mártires; Adrian, hijo Del Cesar Probo; Melquisedec, Rey y Sacerdote del A.T.; María de los Ängeles Ginard Marti, Beata,Virgen y Mártir; María Beltrame, Beata, Esposa y Madre; María de Jesús Crucificado (Mariam) Baouardy, Beata, Religiosa; Ceferino Namuncurá, Beato salesiano.


REFLEXIÓN:

La luz tentadora


Un abejorro grande de muchos colores y vagabundo andaba zumbando en la oscuridad, cuando descubrió lejos una pequeña luz.
En seguida dirigió las alas hacia aquella dirección, y una vez que hubo llegado junto a la llama, empezó a dar vueltas alrededor mirándola maravillado. ¡Qué hermosa era!
No contento con admirarla, quiso hacer con ella lo mismo que hacía con las flores olorosas: se alejó, se giró y apuntando con coraje hacia la llama, le pasó encima tocándola con las alas. Se encontró, aturdido, a los pies de la luz; y se dio cuenta, con estupor, que había perdido una pata y que la punta de las alas estaba toda chamuscada.
«¿Qué me ha sucedido?», se preguntó.
No podía absolutamente admitir que de una cosa tan hermosa como aquella llama, le pudiese venir algún mal; por lo tanto, después de haber recuperado un poco de fuerza, con un golpe de alas se puso a volar.
Dio algunas volteretas. Y de nuevo se dirigió hacia la llama para posarse encima. Y en seguida cayó, quemado, en el aceite que alimentaba la llamita.
«Maldita luz», murmuró el abejorro al terminar su vida. «Creía encontrar en ti mi felicidad, y en cambio, he encontrado la muerte. Por dejarme encandilar por tu luz he conocido tu naturaleza peligrosa».
«Pobre abejorro», respondió la llama. «Yo no soy el Sol, como tú esperabas e ingenuamente creías. Sólo soy una llama; y quien no sabe usarme con prudencia, se quema las alas...».

Leonardo da Vinci


ORACIÓN:

Señor, enséñame a ser generoso.
No tengo muchas cosas para dar,
pero he recibido muchos dones
y los puedo compartir con los demás.

Enséñame a no ser egoísta,
y a pensar primero en los demás.
Que no me cierre
a mis cosas y me las guarde para mí,
sino que aprenda a ofrecerlas,
para que todos puedan disfrutar
con lo que yo he recibido.

No tengo muchas cosas para dar
pero lo poco que tengo
se puede multiplicar si lo comparto.

Jesús, cambia mi corazón
para que descubra
que hay más alegría en dar que en recibir.
Ayúdame a descubrirte en la generosidad.
¡Que así sea, Señor!

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