lunes, 24 de agosto de 2015

Buenos días, 24 de agosto de 2015. San Bartolomé

Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño”
(Jesús al conocer a San Bartolomé)




SANTORAL

Bartolomé, Apóstol; María Micaela del Santísimo Sacramento, Emilia de Vialar, Juana Antida, Fundadoras; Audeno de Rouen, Obispo; Jorge Lymniota, abad, mártir; Miroslav, beato, sacerdote y mártir; Patricio, abad; Tomás de Kempis, beato.



REFLEXIÓN:

La sortija mágica

Un rey convocó a la corte a todos los magos del reino y les dijo:
- Querría ser siempre un buen ejemplo para mis súbditos. Presentarme siempre como un hombre fuerte y seguro, sereno e impasible frente a las vicisitudes de la vida. Me ocurre a veces que me encuentro triste o deprimido por una mala noticia. Otras veces una alegría imprevista o un gran éxito me ponen en un estado de sobreexcitación anormal. Todo esto no me gusta. Me hace sentirme como una brizna que lleva el viento de la suerte.

Fabricadme un amuleto que me proteja de estos estados de ánimo y estos cambios de humor, tanto tristes como alegres.

Uno tras otro, los magos se echaron atrás. Sabían hacer amuletos de todas clases para los incautos que se acercaban a pedirles ayuda, pero no era fácil engatusar a un rey. Y a un rey que, además, pretendía un amuleto de efecto tan difícil.

El rey estaba a punto de estallar de ira, cuando se adelantó un viejo sabio que dijo:
- Majestad, mañana te traeré el anillo que buscas. Cada vez que lo mires, si estás triste te pondrás alegre y si te encuentras nervioso, podrás calmarte. Simplemente bastará que leas la frase mágica en el anillo grabada.

Al día siguiente el viejo sabio volvió y, en medio de un silencio general, ya que todos tenían curiosidad por conocer la frase mágica, alargó el anillo al rey.

El rey lo miró y leyó la frase grabada sobre el aro de plata: "También esto pasará".
Bruno Ferrero


ORACIÓN:

En el principio el silencio y la palabra
brotaron juntos en un mundo lleno de vida.
Pero de pronto, aquel silencio se rompió
por malas palabras en forma de insultos.
Y la gente aprendió a ofender,
a criticar, a despreciar, a herir, a maldecir...

Señor, hoy venimos a pedirte
que llenes nuestras palabras de sinceridad.
Palabras repletas de afecto y cariño;
palabras que ayuden a caminar;
frases que llenen nuestros días de sonrisas
y nuestras noches de paz.

Señor, borra de nuestros labios
los motes que hieren,
las críticas que ofenden,
las mentiras que ocultan la verdad.
Y pon en nuestro labios
las palabras que sirven para alabar y animar.

Señor, Tú que sólo tuviste palabras de vida,
de perdón, de misericordia y amistad...
Pon en nuestras palabras un reflejo
de aquella Buena Noticia que viniste a anunciar
a todas las personas del mundo

para construir una nueva humanidad. 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Ahora que la compañía Costa Cruceros ha decidido eliminar la figura de los capellanes de sus barcos, el sacerdote Artur Jeziorek relata cómo su labor en alta mar acercó a muchas almas a Dios.


Artur Jeziorek fue uno de los últimos de los apóstoles del mar. Durante cinco años, de 2008 a 2013 fue capellán de los barcos de Costa Cruceros, la única compañía de cruceros que ofrecía este servicio en Europa. Ahora Costa Cruceros ha decidido prescindir de la figura de un capellán en sus trayectos y los apóstoles del mar como el padre Artur tendrán que volver a tierra.

Este sacerdote, que durante años ha atendido las necesidades espirituales de turistas y trabajadores de los cruceros, se lamenta de la decisión que ha tomado Costa Cruceros, ya que no eran pocas las personas que se acercaban a Dios durante sus vacaciones en alta mar.

Espero que esas personas encuentren un nuevo amigo para hablar y desahogarse, ahora que ya no existen los capellanes a bordo”-asegura el padre Artur desde su pequeña habitación en la rectoría de Fontecchio en la diócesis de L’Aquila. A pesar de que las capillas de los barcos de esta compañía siempre estarán abiertas para quien quiera orar en ellas, ya no se realizarán en alta mar celebraciones litúrgicas ni se administrarán los sacramentos, salvo en Pascua y en Navidad.

Artur Jeziorek se hizo sacerdote del mar por casualidad. Nacido en Cracovia, fue ordenado sacerdote en 1996 a los 27 años. El asma que padecía le obligó a trasladarse a Sicilia, donde conoció la labor del Apostolado del Mar y comenzó su aventura como capellán lejos de tierra firme. El Apostolado del Mar es una organización internacional de la Iglesia católica que atiende a marineros y a todos aquellos que naveguen por alta mar.

Durante más de 30 años, la figura del sacerdote de mar ha ayudado a miles de personas que, al alejarse de su rutina diaria, aprovechaban para reflexionar. “El sacerdote de mar no estaba en el barco sólo para celebrar la misa para los pasajeros”, sostiene el padre Artur, y añade que gran parte de su tiempo lo dedicó a atender a la gente que necesitaba hablar y ser escuchada, también a los trabajadores de estos cruceros.

El padre Artur cuenta cómo para muchos trabajadores, el capellán ha sido siempre una especie de amigo, a veces un padre. “A menudo he celebrado misa para la tripulación a medianoche porque era su único rato libre”, recuerda este sacerdote, que también ha tenido la suerte de bautizar y confirmar a miembros de la tripulación que se acercaron a Dios y a la Iglesia después de muchos años alejados.

La gente de mar necesita un amigo a bordo, un padre en quien pueda confiar, con quien se pueda hablar, desahogarse, llorar y compartir la alegría”, sostiene el padre Artur, al mismo tiempo que reinvidica: “Por eso espero que un día puedan volver los capellanes a hacer su servicio”.

Infovaticana


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