viernes, 31 de julio de 2015

Buenos días, 31 de julio de 2015. San Ignacio de Loyola

Es un gran engaño de Satanás querer quitar a la gente el temor, bajo el pretexto de que Dios es misericordioso. Así no se preocupan de su salvación, perseveran en el error y llevan también a los demás a la perdición”
Nicón de la Montaña Negra, monje






SANTORAL

Ignacio de Loyola
Fundador de la Compañía de Jesús

Germán Auxerre, Justino de Jácobis, obispos; Elena de Sköve, viuda; Fabio o Fabian mártir; Juan de Colombini, beato, fundador; Miguel Goñi, Ciriaco Olarte, Miguel Ozieblowski, beatos, sacerdotes, mártires; Dionisio Vicente y Francisco Remón, Jaime Buch, Andrés de Palazuelo y 31 compañeros, beatos, mártires; Sidonia Cecilia, beata, virgen y mártir; Francisco Stryjas, beato, padre de familia.




REFLEXIÓN:

¡YO QUIERO SER BURRO!
  • Sin penas, sin rodeos y sin complejos os digo … ¡yo quiero ser burro!. Si el burro es un animal paciente, dócil, manso y obediente, que va para donde le digan y hace lo que le pide su amo; pero sobre todo, si el burro es un animal humilde … entonces ¡yo quiero ser burro!.
  • Si el burro es fuerte, poseedor de una gran energía, capaz de llevar y soportar grandes cargas sin protestar, de realizar cualquier trabajo que le impongan por duro que sea … ¡yo quiero se burro!.
  • Si el burro es un animal tranquilo, no pendenciero ni peleador; símbolo de la paz, de la no violencia, de lo que se logra, pero no a la fuerza, sino con amor … entonces ¡yo quiero ser burro!. Y si ese burro tiene además el privilegio de llevar sobre su espalda, sobre sus lomos a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo ¡más todavía quiero ser burro!, porque … ¡mira que los seres humanos somos tercos, duros, desobedientes, orgullosos y tan autosuficientes que nos creemos que no necesitamos a Dios para nada!.
  • Quiero ser burro para ser fuerte cuando encuentro que muchas veces, en vez de ser fuerte, soy débil; débil para dejarme engañar y dejarme arrastrar por el pecado y la tentación. Que muchas veces tengo mucha energía para las cosas del mundo, los asuntos y los negocios de esta vida, pero no para las cosas de Dios.
  • Quiero ser burro para ser tranquilo, para tener y transmitir paz, y no caer en la violencia que envuelve a este mundo. Y si de trabajar y servir se trata, tal como hacían los burros en el tiempo de Jesús (y puede que todavía hoy) … entonces, ¡más quiero ser burro!.
  • Pero quiero ser burro, sobre todo, para poder llevar siempre sobre mi espalda, sobre mis hombros, sobre toda mi vida y mi corazón a Jesús, mi Salvador desde ahora y para siempre. Yo no se usted, pero HOY, al menos hoy … ¡yo quiero ser burro!.
  • Y te voy a decir algo. Hoy nadie quiere ser burro. Todo el mundo quiere ser caballo, león o buey; algo o alguien que se destaque por su fuerza, por su poder, por la destreza o la habilidad que tiene para los negocios o para la vida en sentido general, o alguien que resalte por la belleza de sus formas y su figura.
  • Todo el mundo quiere ser visto y reconocido por los demás; quizás por su autoridad o su capacidad para dirigir y dar órdenes … ¡a todo el mundo le gusta mandar!. Todo el mundo quiere estar en el palco, en el lugar de los que son servidos, no de los que sirven porque eso es ser un ganador, una persona que ha alcanzado el éxito, no un perdedor.
  • Mas, yo no quiero ser león, caballo o buey, ni ninguna de estas cosas … ¡yo quiero ser burro!, porque dice la palabra en 1ª. Corintios 1.27-29: “que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”. Por tanto, teniendo a Cristo, soy más que ganador.

ORACIÓN:

Vamos a finalizar el mes de julio con esta oración, agradeciendo a Dios haber creado la mujer.

Esa mujer que es tu abuela, tu madre, tu hermana, tu mujer, tu prima, tu hija, tu compañera de oficina, tu empleada, tu jefa, tu amiga, etc. Sobre todo oremos por un precioso tesoro, una mujer incomparable, Nuestra Madre del cielo, la Virgen María que el Señor tuvo a bien dárnosla para que nos cuide y guíe siempre.

Una oración a nuestro Señor por todas las mujeres y que tanto bien hacen y dan a nuestra sociedad y que a veces no sabemos agradecerles.


Oración por la Mujer


Gracias, Dios Padre Bueno, por el amor que nos tienes;
porque nos has creado a tu imagen y semejanza
en la condición de varón y mujer;
para que, reconociéndonos diferentes,
busquemos complementarnos:
el varón como apoyo de la mujer
y la mujer como apoyo del varón.


Gracias, Padre Bueno, por la mujer
y su misión en la comunidad humana.

Te pedimos por la mujer que es hija:
que sea acogida y amada por sus padres,
tratada con ternura y delicadeza.

Te pedimos por la mujer que es hermana:
que sea respetada y defendida por sus hermanos.

Te pedimos por la mujer que es esposa:
que sea reconocida, valorada y ayudada por su esposo,
compañero fiel en la vida conyugal;
que ella se respete y se dé a respetar,
para vivir ambos la comunión de corazones y anhelos
que se prolongan en la fecundidad de una nueva vida humana,
participando así en la máxima obra de la creación: el ser humano.

Te pedimos por la mujer que es madre:
que reconozca en la maternidad el florecimiento de su feminidad.
Creada para la relación,
sea sensible, tierna y abnegada en la educación de cada hijo;
con la dulzura y la fortaleza,
la serenidad y la valentía,
la fe y la esperanza
que van forjando la persona, el ciudadano, el hijo de Dios.

Te pedimos por las mujeres buenas y generosas
que han entregado su vida para realizar la nuestra.
Te pedimos por las mujeres que se sienten solas,
por las que no encuentran sentido a su vida;
por las marginadas y usadas como objeto de placer y de consumo;
por las que han sido maltratadas y asesinadas.

Te pedimos, Padre Bueno, por todos nosotros, varones o mujeres;
que nos sepamos comprender, valorar y ayudar mutuamente,
para que en la relación, amable y positiva,
colaboremos juntos al servicio de la familia y de la vida.
Amén



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