viernes, 5 de junio de 2015

Buenos días, 5 de junio de 2015

El amor al prójimo indica la medida de nuestro amor de Dios.
Santa Edith Stein
 
 

 
SOS
APOYEMOS A LAS COMUNIDADES DE VIDA CONTEMPLATIVA
 
 
 
 
SANTORAL
Francisco Caracciolo,
fundador (1563-1608)
 
Quirino, Clato o Clateo, Metrófanes, Optato, Alejandro, obispos; Rútilo, Alonio, Croidano, Medano, Dagano, Sofía, Saturnina, Arecio, Dociano mártires; Rut, matrona bíblica; Pedro de Bono, confesor.
 


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REFLEXIÓN:


El abecedario de la cruzada del amor. 
 
Decálogo del amor" fue redactado por el cardenal Stefan Wyszynski y lleva cómo título original:    El abecedario de la cruzada del amor.

En él se concentran las actitudes del hombre en amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a uno mismo.

El abecedario de la cruzada del amor

1.- Respeta a todas las personas porque Cristo vive en ellas. Sé sensible al otro, tu hermano.

2.- Piensa bien de todo el mundo, no pienses mal de nadie. Hasta en la persona más mala, intenta encontrar algo bueno.

3.- Habla bien de los demás, no hables mal del prójimo.
Repara el daño que hayas hecho con la palabra. 
No siembres discordia entre la gente.

4.- Habla con todo el mundo en el lenguaje del amor.
No levantes la voz. No digas palabras vulgares.
No hagas daño. No hagas llorar. Tranquiliza a los demás y demuéstrales bondad.

5.- Perdónalo todo a todos. No guardes rencor.
Siempre sé el primero en tender la mano para la reconciliación.

6.- Actúa siempre a favor del prójimo. Obra bien,
Tal y como te gustaría que hicieran contigo.
No pienses en lo que te deben a ti, sino en lo que tú debes a los demás.

7.- Compadécete activamente en el sufrimiento.
Apresúrate con mucho gusto a ofrecer consuelo, consejo, ayuda y corazón.

8.- Trabaja honestamente, porque de los frutos de tu trabajo sacan provecho los demás, como tú te aprovechas del trabajo de otros.

9.- Participa en la ayuda social al prójimo. Ábrete a los pobres y a los enfermos. Comparte lo tuyo.
Esfuérzate por fijarte en los necesitados a tu  alrededor.

10.- Reza por todos, incluso los enemigos

 
ORACIÓN:
 
Jesús, todos te estamos siguiendo, unos casados, otros solteros y otros consagrándose a ti, pero en fin todos buscamos seguirte porque para eso nos has elegido. Ayúdame a comprender, en este rato de oración, que seguirte no me hará la vida color de rosa sino que me exigirá llevar mi cruz. Sólo contigo y con mi colaboración podré llegar a la meta que me tienes marcada y recibir el premio que es estar contigo en el cielo.


Petición

Señor Jesús, ayúdame a seguirte más de cerca y que no me engañe siguiendo mis caprichos y pensando que son tus deseos.


Meditación del Papa Francisco
 
El Evangelio de hoy recuerda el pasaje en el que Jesús apenas termina de hablar sobre el peligro de las riquezas, Pedro le pregunta qué recibirán los discípulos que han dejado todo para seguirlo. Jesús es generoso. En verdad, responde que no hay ninguno que haya dejado la familia, la casa, los campos que no reciba ya en este tiempo, cien veces más.
 
Quizá Pedro piensa que ir detrás de Jesús es una bonita actividad comercial, porque nos hace ganar cien veces más. Pero Jesús añade que junto a esta ganancia habrá persecuciones: como si dijera: 'Sí, vosotros habéis dejado todo y recibiréis aquí, en la tierra, muchas cosas: ¡pero con la persecución!' Como una ensalada con el aceite de la persecución: ¡siempre!
 
Esta es la ganancia del cristiano y este es el camino del que quiere ir detrás de Jesús, porque es el camino que Él ha hecho: ¡Él ha sido perseguido! Es el camino del abajamiento. Lo que Pablo dice a los filipenses: Se abajó. Se hizo hombre y se abajó hasta la muerte, y una muerte de cruz. Esta es precisamente la tonalidad de la vida cristiana". (Cf Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2014, en Santa Marta).


Propósito

Hoy, por amor a Dios, me comprometo a hacer un sacrificio en alguna comida ofreciéndolo por todas las personas que no tienen.


Diálogo con Cristo

¡Dios mío! Qué dura es la vida sin tu compañía, pero es más duro vivir queriendo seguirme a mí mismo, Por eso, te suplico que me des tu gracia para nunca buscar mis propios intereses. Que me esfuerce en servir a todos los que me rodean, para que, al humillarme en esta vida, merezca la gloria de estar contigo en el cielo.



Experimentar que Dios no es una entidad abstracta, sino una Realidad tan grande y fuerte que llena de modo sobreabundante el corazón del hombre, una Persona viva y cercana, que nos ama y pide ser amada.   Benedicto XVI, 27 de junio de 2010

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Las palabras del Papa sobre los intereses económicos tras las guerras

Contenido

«¿Por qué muchas personas no quieren la paz? Porque viven de las guerras, ¡la industria de las armas es grave! Los potentes se ganan la vida fabricando armas y vendiendo armas a este o a aquel país: es la industria de la muerte, obtienen ganancias». 

«No se pueden dejar de registrar con tristeza los datos de un aumento preocupante de los gastos militares y del siempre próspero comercio de las armas, mientras se estanca en el pantano de una casi general indiferencia el proceso político y jurídico puesto en marcha por la Comunidad Internacional para fortalecer el proceso del desarme. ¿Qué porvenir de paz será posible si se sigue invirtiendo en la producción de armas y en la investigación aplicada para desarrollar nuevas?». 

«¿Por qué? ¡Porque el dinero es más importante que las personas para ellos! Y la guerra es justamente esto: es un acto de fe al dinero, a los ídolos, a los ídolos del odio, al ídolo que te lleva a matar al hermano, que lleva a matar el amor». 
Elegir el bien «implica decir no al odio fratricida y a las mentiras de las que se sirve, a la violencia en todas sus formas, a la proliferación de las armas y a su comercio ilegal». 

«Siempre queda la duda: esta guerra de acá, aquella de allá (porque por todas partes hay guerras), ¿es verdaderamente una guerra por problemas o es una guerra comercial para vender estas armas en el comercio ilegal?». 

«Descartamos a toda una generación para mantener un sistema económico que ya no se sostiene, un sistema que para sobrevivir tiene que hacer la guerra, como siempre han hecho los grandes imperios. Pero, puesto que no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras locales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y de esta manera los balances de las economías idólatras, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre al pie del ídolo dinero, obviamente se sanan». 

«Aquí y en el otro cementerio –dijo el Papa– hay muchas víctimas. Hoy, nosotros las recordamos. Hay llanto, hay luto, hay dolor. Y desde aquí recordamos a todas las víctimas de todas las guerras. Aunque hoy las víctimas sean tantas... ¿Cómo es posible esto? Es posible porque también hoy, tras bambalinas, hay intereses, planes geopolíticos, avidez de dinero y de poder; ¡está la industria de las armas, que parece ser tan importante! Y estos planificadores del terror, estos organizadores del enfrentamiento, así como los empresarios de las armas, tienen escrito en los corazones: “¿A mí qué me importa?”». 



Al recibir a 7 mil niños de la “Fabbrica della pace” y respondiendo a sus preguntas, Papa Francisco volvió a hablar sobre los enormes intereses económicos que están tras las guerras.

«¿Por qué muchas personas no quieren la paz? Porque viven de las guerras, ¡la industria de las armas es grave! Los potentes se ganan la vida fabricando armas y vendiendo armas a este o a aquel país: es la industria de la muerte, obtienen ganancias».

La preocupación por el comercio de las armas y por el incremento de los gastos militares no es una novedad en el magisterio papal. Basta recordar las recientes palabras de Benedicto XVI, contenidas en el Mensaje para la Jornada Mundial de la paz de 2006:

«No se pueden dejar de registrar con tristeza los datos de un aumento preocupante de los gastos militares y del siempre próspero comercio de las armas, mientras se estanca en el pantano de una casi general indiferencia el proceso político y jurídico puesto en marcha por la Comunidad Internacional para fortalecer el proceso del desarme. ¿Qué porvenir de paz será posible si se sigue invirtiendo en la producción de armas y en la investigación aplicada para desarrollar nuevas?».

No hay duda de que Francisco se ha referido a este argumento con mayor insistencia, planteando un enfoque que se aleja de las simplificaciones ideológicas que comparten las más avanzadas expresiones del fundamentalismo islámico y los análisis de ciertos “think tanks” occidentales.
El domingo 2 de junio de 2013, Papa Bergoglio recibió en Santa Marta a 13 soldados italianos heridos durante las misiones de paz, la mayor parte de los cuales habían prestado servicio en Afganistán. Iban en compañía de sus familiares y de los parientes de otros 24 militares que fallecieron durante las operaciones para mantener la paz en la región. Durante la homilía de la misa que celebró para ellos, Francisco, refiriéndose a «los grandes de la Tierra» y a la ilusión de quienes piensan resolver los «problemas locales y las crisis económicas» mediante las guerras, afirmó:

«¿Por qué? ¡Porque el dinero es más importante que las personas para ellos! Y la guerra es justamente esto: es un acto de fe al dinero, a los ídolos, a los ídolos del odio, al ídolo que te lleva a matar al hermano, que lleva a matar el amor».

El 8 de septiembre de 2003, después de la vigilia por la paz en Siria que contó con una gran participación en todo el mundo (pues miles de personas se sumaron a la oración y al ayuno en el momento en el que se planteaba una intervención armada occidental en contra del régimen de Assad), Francisco pronunció palabras clarísimas en contra del negocio de las armas y de los traficantes de muerte durante el Ángelus. Amonestaba a los potentes de la tierra que juegan su partida militar y comercial sobre la piel de poblaciones que sufren.

Elegir el bien «implica decir no al odio fratricida y a las mentiras de las que se sirve, a la violencia en todas sus formas, a la proliferación de las armas y a su comercio ilegal».

Improvisando, el Papa añadió una frase muy elocuente:

«Siempre queda la duda: esta guerra de acá, aquella de allá (porque por todas partes hay guerras), ¿es verdaderamente una guerra por problemas o es una guerra comercial para vender estas armas en el comercio ilegal?».

En la entrevista con el periodista Henrique Cymerman, publicada en el periódico catalán «La Vanguardia» el 12 de junio de 2014, Francisco afirmó:

«Descartamos a toda una generación para mantener un sistema económico que ya no se sostiene, un sistema que para sobrevivir tiene que hacer la guerra, como siempre han hecho los grandes imperios. Pero, puesto que no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras locales. ¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y de esta manera los balances de las economías idólatras, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre al pie del ídolo dinero, obviamente se sanan».

Una semana después de la publicación de esta entrevista, “The Economist” criticó a Francisco y lo comparó con Lenin, poniendo en la mira sus afirmaciones sobre las economías idólatras que se alimentan con las guerras. «Al declarar una conexión directa entre capitalismo y guerra –escribió “The Economist”–, parece tomar una línea absolutamente radical: una línea que, consciente o no, sigue la que propuso Vladimir Lenin en su análisis del capitalismo y del imperialismo y sobre cómo fueron las causas del estallido de la Primera Guerra Mundial hace un siglo. Hay muchos contra-argumentos: la historia está llena de ejemplos de formas de poder que han generado violencia de manera mucho más evidente de lo que haya hecho el capitalismo, desde el feudalismo hasta los regímenes totalitarios, y pensadores como Joseph Schumpeter y Karl Popper afirmaron con fuerza que el capitalismo puede consolidar la paz ofreciendo métodos no violentos para satisfacer las necesidades humanas».
Francisco volvió a hablar sobre las guerras y sobre los intereses que las mantienen el 13 de septiembre de 2014, en ocasión de la misa que celebró en Redipuglia, para conmemorar el centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial.

«Aquí y en el otro cementerio –dijo el Papa– hay muchas víctimas. Hoy, nosotros las recordamos. Hay llanto, hay luto, hay dolor. Y desde aquí recordamos a todas las víctimas de todas las guerras. Aunque hoy las víctimas sean tantas... ¿Cómo es posible esto? Es posible porque también hoy, tras bambalinas, hay intereses, planes geopolíticos, avidez de dinero y de poder; ¡está la industria de las armas, que parece ser tan importante! Y estos planificadores del terror, estos organizadores del enfrentamiento, así como los empresarios de las armas, tienen escrito en los corazones: “¿A mí qué me importa?”».

Por Andrea Tornielli



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