martes, 30 de junio de 2015

Buenos días, 30 de junio de 2015



Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente;
no temas ni desmayes,
porque Yahvé tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas
(Js. 1, 9) 
 
 
 
 
SANTORAL
 
Protomártires de la Iglesia Romana (s. I)
 
 
Marcial, Marciano, Beltrán, obispos; Cayo y León, subdiácono, Basílides, mártires; Lucinia o Lucina, Emiliana, Donato, mártires; Ostiano, Teobaldo, Alrico, Alpiniano, Andrónico, Apolo, confesores; Cayo, presbítero; León, subdiácono; Agabo, profeta; Adilia o Adela, abadesa.
 
 


 
 
REFLEXIÓN:
 
EL SABIO DE LA ISLA
 
Había una vez un rey en una remota isla. Dicho rey aburrido por todo lo que veía y todo lo que hacía y que ya no encontraba gracia a nada, decidió hacer una visita a la isla vecina donde habitaba un gran sabio que de todo te daba razón y esto le lla
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 mucho, que ni tarde ni perezoso salió en su busca.
 
Fueron varios los días de viaje, tan cansados que el rey durmió todo el viaje soñando y pensando con encontrar las respuestas mas sinceras y seguras del mundo, las respuestas de cómo ser mas alegre, divertido y sobre todo ser mejor gobernante cada día.
 
Así pasaron los días y este rey pensando de todo; le pregunta a su capitán que cuando arribarían a la otra isla y este le contestó que ya estaban en las orillas de la famosa isla del sabio, el rey se alegró tanto que tan pronto encallaron bajo y corrió por el puerto preguntando por el sabio tan famoso que tantas cosas había escuchado de él.
 
Se encuentra con un anciano de ropas rasgadas y de aspecto muy humilde y le dice: "oye tú, mendigo, donde esta el sabio que habita esta isla". El anciano contesta "no lo sé todo 
el ​
mundo viene preguntando por ése sabio y en esta isla hay tan solo unas cuantas gentes como yo".
 
Él rey le dice: "¿cómo? ¿que no hay ningún sabio en esta isla?", el anciano le vuelve a contestar: "no, no hay ningún sabio que yo sepa, ¿bueno para que quiere ver a ese sabio?",
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le cuestiona el anciano. El rey molesto replicó: "para que me diga el secreto de cómo ser más feliz, como ser mejor gobernante y todo lo bueno de la vida".
 
  Entonces el anciano le dice "pregúntame a mí, que yo te ayudaré", a lo que el rey se ríe con tremenda carcajada y de pronto se queda serio, y le dice: "¿tú un anciano mal vestido y por lo que veo, muy ignorante me vas ha decir lo que solo un sabio me puede decir?".
 
 Él anciano le contesta: "No necesito traer ropas lujosas como tú, ni necesito riquezas o tropas para ser sabio, lo único que yo necesito es mí cabeza y mí paciencia. Tú, rey de la isla vecina, me preguntaste por un sabio y aquí no lo hay. Han venido cientos de reyes y demás gobernantes a buscarlo y no lo han encontrado. Sólo han hablado conmigo. Tan pronto terminan de hablar conmigo se retiran riéndose y diciendo que viajaron tanto que tuvieron tiempo para pensar muchas formas de solucionar sus problemas y que yo termine dándoles la llave para ser mejores, pero ¿no se por qué?". Termina diciéndole el viejo al rey.
 
 El rey se da la media vuelta y se dirige pensativo hacia su barco pero tan pronto da unos pasos se gira hacia el anciano y le dice: "Gracias famoso sabio de la isla, me has dado la llave de cómo ser mejor gobernante, de cómo ser mas divertido, de cómo tener más paciencia. Me ha
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 enseñado que primero debo de encontrarme a mí mismo con mis pensamientos, con mis actos y mis deseos, sólo así seré mejor. Gracias, famoso sabio de la isla vecina".
 
 El anciano, atónito se rasca la cabeza y se dice a sí mismo: "Por eso no salgo de esta isla, afuera todos deben de estar locos, con eso de estar pensando como ser mejores y aliviar sus penas. No, no, no, yo estoy mejor aquí con mi ignorancia y mi humilde persona, lo único que hago es escuchar a toda esa gente que viene y preguntarles. Solo por eso me dicen sabio".
 
 
ORACIÓN:
 
San Mateo 6,24-34: No se preocupen por el día de mañana, porque el mañana traerá ya sus propias preocupaciones
 
 
 
Reflexión del Papa Francisco
 
Dios no se olvida de nosotros, de ninguno de nosotros, ¿eh? De ninguno de nosotros, nos recuerda con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. Que hermoso es pensar en esto.
 
"Miren los pájaros del cielo –dice Jesús- ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta.… Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos." (Mt 6,26.28-29).
 
Pero pensando en tantas personas que viven en condiciones de precariedad, o incluso en la miseria que ofende su dignidad, estas palabras de Jesús podrían parecer abstractas, si no ilusorias. ¡En realidad son más que nunca actuales! Nos  recuerdan que no se puede servir a dos patrones: Dios y la riqueza. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia.
 
Debemos escuchar bien esto, ¿eh? Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Si en cambio, confiando en la providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie faltará lo necesario para vivir dignamente.
 
Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón lleno de esta furia de poseer, pero vacío de Dios. Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo, y la seguridad, la seguridad definitiva, está en Dios.
 
En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe. Todo está ocupado por las riquezas, no hay lugar para la fe. Si en cambio se deja a Dios el lugar que le espera, o sea el primer lugar, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y de desarrollo, como demuestran tantos ejemplos, también recientes, en la historia de la Iglesia.
 
Y asi, la Providencia de Dios pasa a través de nuestro servicio a los demás, nuestro compartir con los demás. Si cada uno de nosotros no acumula riquezas solamente para sí sino que las pone al servicio de los demás, en este caso la Providencia de Dios se hace visible como un gesto de solidaridad. Si en cambio alguien acumula solo para sí, ¿qué le pasará cuando será llamado por Dios? No podrá llevarse las riquezas consigo porque -sepan- la mortaja ¡no tiene bolsillos! Es mejor compartir, porque solamente llevamos al cielo aquello que hemos compartido con los demás. (Cf Papa Francisco, Reflexión antes del rezo del Ángelus, 02 de marzo de 2014)
 
Diálogo con Jesús
 
Mi Señor, Tú enseñas las cosas de manera sencilla y clara, directo pero amoroso, me invitas a vivir el desprendimiento que Tú mismo viviste, y es que sabes bien que no vale la pena que yo me desgaste inútilmente por las cosas pasajeras de este mundo. Quiero vivir confiado en tu Palabra, abandonado por completo a tu divina Providencia en la que me aseguras que si a las aves del cielo nada les falta, cómo podré pensar yo que quedaré apartado de tus bienes necesarios para mi sustento. Señor mío, ayúdame a vivir con espíritu de pobreza, a vivir más confiado en tu amor de Padre. Necesito sintonizar mi corazón al Tuyo, aspirar a los bienes de tu Reino y no sentir apegos por aquellos que son terrenales y que viene y van como el viento. Enséñame a vivir una vida austera, a aprender que debo atesorar, no para esta vida, sino para aquella que me tienes guardada en el Cielo. ¡Quiero amarte verdaderamente Señor mío!, no sólo proclamarte con mis labios, sino también con mi mente, mi corazón y mis acciones. Quiero descansar en ti, y no vivir agobiado por los afanes de este mundo. Tú me creaste, soy tu imagen y semejanza, ¿de qué entonces puedo temer si me cuidas más que a un exquisito lirio del campo? ¡Soy hijo tuyo! Confío y cuento con tu bendición cada día que me lleva a desechar toda circunstancia de aflicción que quiera venir a apartar mi pensamiento de Ti. Te amo. Amén
 
Propósito para hoy:
 
Rezaré la Coronilla de la divina misericordia como reparo a las ofensas a Jesús Sacramentado
 
 
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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10 cosas que definen lo que significa ser Papá
Vivir íntima y permanentemente asustado porque les pase algo y nunca decirlo… Verlos irse de la casa y quedar con un sabor agridulce


1.- Esperar comiéndote las uñas que todo salga bien en el parto… Ponerte sentimental y no querer, sentir para siempre esa especie de vergüenza que produce la excesiva cercanía entre lo sublime y lo ridículo que tienes en el fondo del alma cuando ves a tus hijos…


2.- Soportar que te vomiten encima, cambiar pañales, peinar sin tener la menor idea, llevar a cumpleaños, instalar móviles en la cuna, aprender a dormir apoyando la cabeza en la pared mientras balanceas un porta bebé tarareando una canción de cuna, comprar cuanto libro hay para que coman, caminen, duerman y decepcionarte porque ninguno sirve…


3.- Sentir que quieres darle tu vida entera a tus hijos pero que te cuesta mucho renunciar a tu siesta de la tarde y hacerlo a pesar de la especie de angustia que te produce el niño que se te acerca y te dice: ¿vamos a jugar? Sacudirte el sueño para terminar como siempre conmovido y cansado…

4.- Verlos entrar al colegio uno tras otro, cada uno con su estilo, ver esos gestos que conoces al detalle…

5.- Vivir íntima y permanentemente asustado porque les pase algo y nunca decirlo…

6.- Sacarlos todas las noches de tu cama donde se han quedado dormidos y cargarlos a sus camas pensando durante cinco años cuándo acabará esta tortura para después, cuando ya no tienes que hacerlo, añorar tener en tus brazos esos cuerpecitos pequeños y tibios que siguen durmiendo con absoluta confianza porque papá los carga…

7.- Verlos irse de la casa y tener en la garganta un sabor agridulce que se prolonga por años: la alegría de que ya no te necesiten junto a la tristeza de que no te necesiten porque te vas quedando solo…

8.- Haber vivido fastidiando, respetando, acompañando, obedeciendo, corrigiendo, contradiciendo, engriendo, acariciando, admirando, sirviendo, perdonando y pidiendo perdón. Soportando y siendo soportado, es decir, amando a la mamá de tus hijos de manera que ellos supieran siempre que por encima, por debajo, más allá de ellos mismos, allende sus egoísmos y tonterías, trascendiendo sus defectos y miedos, a pesar de todo y siempre, con valor y miedo, con lluvia, tormenta, terremoto o lo que cuernos pase, hubo siempre un sólido amor que a pesar de las debilidades humanas jugó el honroso papel de representar el Amor de Dios y los convirtió en hombres y mujeres de bien.

9.- Morir finalmente agradecido por haber dado la vida como has podido.

10.- Ser olvidado en este pobre mundo para quedar en la memoria de tus hijos adultos como un recuerdo preñado de ternura, de sensatez, de buen humor, de esa extraña dulzura que clama por la eternidad.

Por José Manuel Rodríguez Canales | Director Académico del Instituto para el Matrimonio y la Familia







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