viernes, 26 de junio de 2015

Buenos días, 26 de junio de 2015. San José María Escrivá de Balaguer


Lo que se comparte se multiplica


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SANTORAL

San Josemaría Escrivá de Balaguer,
fundador (1902-1975)

Pelayo, niño, Superio, mártires; Salvio, obispo y mártir; José María Robles Hurtado, sacerdote y mártir; Juan y Pablo, hermanos mártires; Antelmo, Hermogio, Virgilio, Rodolfo, Constantino,  Marciano, obispos; Majencio, presbítero; Perseveranda, virgen; David, eremita



REFLEXIÓN:

LA VIDA NO ES UNA CARRERA…

¿Alguna vez has observado a los niños jugando? o escuchado las gotas de la lluvia al tocar el suelo?

¿Alguna vez has seguido el vuelo errado de una mariposa? o contemplado el sol en un atardecer?

¡¡Debes detenerte!!.

No bailes tan rápido, el tiempo es corto la música no durará...

¿​Andas Tú ... corriendo todos los días ?

¿​Cuando preguntas a alguien cómo está?...¿​escuchas lo que te contestan?

¿​Cuando el día se acaba te acuestas en tu cama con las próximas cien cosas que tienes que hacer dando vueltas en tu cabeza?

¡¡Debes detenerte!!.

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¿Alguna vez le has dicho a tu hijo, lo haremos mañana y en tu prisa... no ves la tristeza en su mirada?

¿​Alguna vez has perdido contacto... dejando una buena amistad morir porque nunca tuviste tiempo para llamar y decir "Hola"?

Cuando corres muy de prisa para llegar a algún lugar, te pierdes todo lo divertido del camino en llegar.

Cuando te preocupas y te apresuras durante el día es como un regalo sin abrir... que echas a la basura...

La vida no es una carrera....

Tómalo más despacio, escucha la música.. Antes de que se acabe la canción.



ORACIÓN:

Señor, no puedo quedar indiferente ante esta invitación que me haces a ser más generoso. Que vea tu ejemplo de amor por los demás y me esfuerce por imitarlo.

Petición

Señor Jesús, dame la fortaleza necesaria para vivir tu enseñanza de amor. Ayúdame a darme cuenta de que me invitas a ser más generoso. Que acoja esta invitación de forma que me done a los demás.


Meditación del Papa Francisco


También Jesús nos habla en el Evangelio de la santidad, y nos explica la nueva ley, la suya. Lo hace mediante algunas antítesis entre la justicia imperfecta de los escribas y los fariseos y la más alta justicia del Reino de Dios. La primera antítesis del pasaje de hoy se refiere a la venganza. "Han oído que se les dijo: 'Ojo por ojo, diente por diente'. Pues yo les digo: ...si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”. No sólo no se ha devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza.
La segunda antítesis se refiere a los enemigos: «Han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: "Amen a sus  enemigos y recen por los que los persiguen”. A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacios de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades, en el mundo. (Homilía de S.S. Francisco, 23 de febrero de 2014).

Propósito

Hoy tendré un detalle con algún familiar y perdonaré al que me ofenda.


Diálogo con Cristo

Jesús, gracias por haberme llamado a formar parte de tus discípulos. Dame la gracia de servir a los demás sin cálculo y sin medida, así como Tú lo hiciste. Tú has dicho: "Nadie tiene mayor amor que aquél que da la vida por sus amigos". Sé que hay muchas personas que esperan ser amadas, y yo estoy dispuesto. Pero este amor perderá su fuerza si Tú no lo alimentas, si Tú no lo alientas. No quiero tener límites en mi amor. Que cuando sirva a las personas con las que convivo, recuerde que te lo estoy haciendo a ti.



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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Quien se cree fuerte por sí mismo en un hombre derrotado.

"Hay que ser fuertes para perdonar, pero esta fortaleza es una gracia que nosotros debemos recibir del Señor porque somos débiles"


Fue lo que indicó el Papa Francisco durante la homilía de la Misa celebrada en la Capilla de Santa Marta, en la que el Santo Padre destacó que quien se cree fuerte, quien se cree capaz de desenvolverse sólo por lo menos es ingenuo.

El que crea en sus propias fuerzas es un hombre derrotado

Sin la ayuda del Señor no podemos dar un paso.
Somos débiles, resbalamos en los pecados, no podemos ir adelante sin la ayuda del Señor.


Quien se cree fuerte, quien se cree capaz de desenvolverse sólo por lo menos es ingenuo y, al final, sigue siendo un hombre derrotado por tantas, tantas debilidades que lleva en sí mismo. La debilidad que nos conduce a pedir ayuda al Señor puesto que hemos rezado: «En nuestra debilidad nada podemos sin tu ayuda». No podemos dar un paso en la vida cristiana sin la ayuda del Señor, porque somos débiles. Y aquel que está de pie, esté atento a no caer porque es débil”.
También somos débiles en la fe, puesto que todos nosotros tenemos fe, todos nosotros queremos ir adelante en la vida cristiana pero si no somos conscientes de nuestra debilidad terminaremos todos vencidos. Por esta razón es bella aquella oración que dice: "Señor sé que en mi debilidad nada puedo sin tu ayuda".

La verdadera oración se pronuncia desde el corazón

Jesús enseña a orar, pero no como los paganos que pensaban ser escuchados a fuerza de palabras. Por ejemplo, la madre de Samuel pedía al Señor la gracia de tener un hijo rezando, moviendo apenas los labios. A la vez que el sacerdote que estaba allí, la miraba y creía que ella estaba borracha por lo que le hizo un reproche.
Sólo movía los labios porque no lograba hablar… Pedía un hijo. Así se reza ante el Señor. Y la oración, puesto que nosotros sabemos que Él es bueno y sabe todo de nosotros y sabe las cosas de las que tenemos necesidad, comenzamos a decir aquella palabra: «Padre», que es una palabra humana, ciertamente, que nos da vida, pero en la oración sólo podemos decirla con la fuerza del Espíritu Santo”.
Comencemos la oración con la fuerza del Espíritu que reza en nosotros, rezar así, sencillamente. Con el corazón abierto ante la presencia de Dios que es Padre y sabe, sabe de qué cosas nosotros tenemos necesidad antes que las digamos.

El perdón es una gran fortaleza

Jesús enseñó a sus discípulos que si ellos no perdonaban las culpas de los demás, ni siquiera el Padre los perdonaría a ellos. Sólo podemos rezar bien y decir «Padre» a Dios si nuestro corazón está en paz con los demás, con los hermanos. "Pero, padre, éste me ha hecho esto; éste me ha hecho esto y me ha hecho aquello..." «Perdona. Perdona, como Él te perdonará». Y así la debilidad que nosotros tenemos, con la ayuda de Dios en la oración se transforma en una fortaleza porque el perdón es una gran fortaleza.
Hay que ser fuertes para perdonar, pero esta fortaleza es una gracia que nosotros debemos recibir del Señor porque somos débiles.







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