jueves, 25 de junio de 2015

Buenos días, 25 de junio de 2015

Que quienes tienen cargos de responsabilidad estén animados por un amor apasionado por la paz y por una voluntad indómita por alcanzarla, escogiendo los medios adecuados por alcanzarla.
BENEDICTO XVI
 
 
 
 
 
 
SANTORAL

Próspero de Aquitania,
seglar († c. a. 455)
 
Guillermo de Vercelli,
abad;
 
Lucía, Febronia, vírgenes y mártires; Orosia, vírgen; Galicano, Máximo, obispos; Sosípatro, Amando, Adalberto, Emiliano, confesores; Agatón, Lucía, Diógenes, Antido, mártires; Bodoaldo,  monje; Félix, eremita; Salomón, rey de Bretaña.
 

 
 

 
 
REFLEXIÓN:
 
El gran Leonardo da Vinci había aceptado pintar el comedor del convento de Santa María de las Gracias en Milán con un gran fresco que representara la última cena de Jesús con sus apóstoles. Quería que esta pintura fuera su obra mayor y por eso trabajaba con calma y atención excepcionales. Por eso, no obstante la impaciencia de los frailes del convento, el trabajo progresaba con mucha lentitud.
 
Para representar el rostro de Jesús Leonardo había buscado, por meses, el modelo que tuviera todas las condiciones necesarias, un rostro que expresara fuerza y dulzura a la vez, espiritualidad y bondad intensa.
 
Finalmente lo encontró y dio a Jesús el rostro de un joven abierto y bueno que había encontrado en la ciudad.
 
Años después, Leonardo volvió a dar vueltas y vueltas por la ciudad, pero ahora visitaba los barrios bajos de Milán, por las tabernas más sospechosas y ambiguas. Necesitaba encontrar un rostro para pintar al apóstol traidor, Judas. Después de noches y noches transcurridas en medio de borrachos y malhechores de toda laña, Leonardo encontró al hombre que necesitaba para su Judas. Lo llevó al convento y se puse a retratarlo. Estaba por comenzar cuando vio en los ojos de aquel hombre brillar una lágrima. "¿Por qué lloras?" - le preguntó - Leonardo mirando atentamente aquel hombre. "Yo soy aquel joven que le sirvió para pintar el rostro de Jesús", le respondió.
 
Los rasgos del rostro son un reflejo del alma. Decía Abraham Lincoln, que a los cuarenta años un hombre es responsable de la cara que tiene.
 
Cuando nos presentaremos delante de Jesús al final de nuestra vida, no será necesario sumar y restar todas las acciones buenas o malas que hayamos cometido; bastará al juez divino mirarnos en la cara para ver si en algo nuestro rostro tiene alguna semejanza con él. En base a esto seremos juzgados.
 
 
 
ORACIÓN:
 
San Mateo 5,43-48: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Rueguen por sus perseguidores
                 
Reflexión del Papa Francisco
 
Amen, hagan el bien, bendigan, recen y no rechacen. Es darse a sí mismo dar el corazón, precisamente a los que no nos quieren, a los que nos hacen mal, a los enemigos. Y ésta es la novedad del Evangelio.
 
Jesús nos muestra que no tenemos mérito si amamos a los que nos aman, porque eso lo hacen también los pecadores. Los cristianos, en cambio, están llamados a amar a sus enemigos: «Hagan el bien y presten sin esperar nada. Sin interés y su recompensa será grande». Ciertamente el Evangelio es una novedad. Una novedad difícil que hay que llevar adelante, yendo detrás de Jesús.
 
"Padre, yo… ¡yo no tengo la voluntad de hacer así!". Bueno, si no te sientes capaz de esto es un problema tuyo, ¡pero el camino cristiano es éste!. Éste es el camino que Jesús nos enseña. ¿Y qué cosa debo esperar?. Vayan por el camino de Jesús, que es la misericordia; sean misericordiosos como su Padre es misericordioso. Sólo con un corazón misericordioso podremos hacer todo lo que el Señor nos aconseja. Hasta el final...
 
Jesús nos pide que seamos misericordiosos y que no juzguemos. Tantas veces, parece que nosotros hemos sido nombrados jueces de los demás: con chismes, hablando mal… juzgamos a todos. Y, en cambio, el Señor nos dice: «No juzguen y no serán juzgados. No condenen y no serán condenados». Y al final nos pide que perdonemos y así seremos perdonados. Todos los días lo decimos en el Padrenuestro: "Perdónanos como nosotros perdonamos". Si yo no perdono, ¿cómo puedo pedir al Padre que me perdone?.
 
Pero éste es el camino de Jesús: la magnanimidad, la generosidad; el darse a sí mismo sin medida. Por esto Jesús vino al mundo, y así lo hizo Él: dio, perdonó, no habló mal de nadie, no juzgó. Ser cristiano no es fácil y no podemos llegar a ser cristianos sólo con la gracia de Dios o sólo con nuestras fuerzas.
 
Y aquí viene la oración que debemos hacer todos los días: "Señor, dame la gracia de llegar a ser un buen cristiano, una buena cristiana, porque yo no logro hacerlo". (Cf Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 11 de septiembre de 2014)
 
Diálogo con Jesús
 
Mi Señor, tus principales mandamientos de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mí mismo los acepto con fidelidad y alegría. ¡Qué dicha tan grande se siente al amarte!, ¡que bien se siente encontrar tu rostro en las buenas personas y quererlos!. Pero, ahora me enseñas algo radical, algo extremo de tu bondad, que sobrepasa todo razonamiento humano, una locura inimaginable que no logro asimilar ni que se adentre en mi corazón: «Amar a los enemigos, amar a quienes me calumnian, me ofenden, me hacen daño... rezar por ellos»  ¿Qué enseñanza es esta mi Señor? ¿De dónde se te ocurrió semejante hazaña jamás pensada por un corazón humano? ¡Qué difícil! Es un mandato nuevo y proviene del centro de tu misericordia, una misericordia incomprensible para nosotros y que no tenemos ningún instrumento para hacerle alguna medición. Escapa de nuestra vida terrenal. Pero, ¿cómo dudar de tu palabra? Tú eres la fuente de vida y si Tú me lo pides, yo lo aceto, lo cumplo, porque te amo y quiero seguir tus pasos como debe ser. No puedo llamarme cristiano si mi bandera no es el perdón, la reconciliación y el amor. No es mi tarea comprenderte, sino amarte y cumplir con tus mandatos de amor, porque me quieres digno de Ti. Quiero mostrarle al mundo tu rostro día a día, amando y rezando por aquellos que buscan dañar a los míos y a mí. ¡Amén!
 
Propósito para hoy:
 
Por muy malos momentos que tenga, ofreceré mi trabajo con alegría por todas esas personas que no conocen el mensaje de Jesucristo
 
Reflexiones juntos esta frase:

"Conforta, Señor, a cuantos sufren, especialmente a los enfermos, a los necesitados, a los desempleados" (Papa Francisco)
 
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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4 pasos para formar la Constancia una virtud necesaria para alcanzar metas
Toda meta requiere de esfuerzo y de trabajo continuado; de algo que llamamos perseverancia, sin ella es imposible tener resultados

Contenido

Constancia y voluntad 
Cuatro pasos para formar esta virtud 
1.- Hay que tener metas claras y medios concretos para alcanzarlas. 
2.- Trabajar la constancia con constancia. 
3.- Renovar cada día nuestro propósito 
4.- Indispensable levantarse si se tiene una caída en la lucha. 



Cuántas ideas, empresas, negocios, propósitos, proyectos de vida y buenas intenciones naufragan por falta de constancia. Toda meta requiere de esfuerzo y de trabajo continuado; de algo que llamamos perseverancia, sin ella es imposible la consecución de resultados en cualquier campo de la vida.

Tienes que saber que la constancia es la permanencia en una meta que se traza con el objetivo de culminarla con éxito. Es la virtud con la cual conquistamos las metas que nos proponemos y nos brinda las posibilidades de éxito.

En este camino es natural que aparezcan tropiezos, pero la constancia es esa fuerza que te ayudará a superar el cansancio y el desánimo para continuar la lucha. Asimismo, esta virtud provee la determinación y la seguridad para identificar claramente el objetivo a conseguir y conservar la firmeza.

Vivir la constancia significa adquirir retos y cumplirlos, llevar a cabo las ideas, no cambiar de decisión ante el primer aprieto, terminar lo que se comienza, no dejar las cosas para después, no desalentarse ante las dificultades, saber esperar, hacer las cosas bien de principio a fin y mantener el máximo esfuerzo durante todo el tiempo.

La constancia es plataforma de otras virtudes -voluntad, paciencia, tenacidad, firmeza, laboriosidad, reciedumbre- y es necesaria para crecer a nivel espiritual, humano, social, intelectual, deportivo… “Quien es constante tiene facilidad para triunfar, porque se habitúa a la lucha diaria que implica esta virtud, dispuesto a vencer las dificultades e inclusive vencerse a sí mismo.”

Constancia y voluntad

Un edificio no se construye de la noche a la mañana, hace falta una buena dosis de voluntad, muchas horas de empeño y una porción de sacrificio para ver una obra culminada. Lo mismo ocurre con los propósitos personales:

“En la formación de la constancia es imprescindible contar con una voluntad fuerte que se acera con el sacrificio personal, no sólo con grandes y aislados sacrificios, sino con pequeños actos de dominio de sí continuados, puestos día tras día, hasta formar sólidos hábitos de conducta. Quien quiere seguir, por ejemplo, un eficaz régimen alimenticio, no estará todo un día sin comer, y al día siguiente, va a consumir el doble. Es necesario hacer pequeñas renuncias continuadas a lo largo de un periodo suficientemente largo para obtener resultados.”

La virtud de la constancia es tal vez la única vía para alcanzar los frutos y una vez se obtienen, la satisfacción recompensa todo esfuerzo realizado, puesto que se ha demostrado a sí mismo que se poseen capacidades tal vez desmeritadas, adicional a esto, se han liberado ataduras que impedían avanzar.

Comúnmente asociamos esta virtud al trabajo que realiza un alpinista para llegar a la cima de la montaña, y es que para llegar allí, tuvo que hacer numerosas renuncias, se preparó durante varios meses para estar en las condiciones físicas y mentales adecuadas, además es probable que haya tenido que ascender y luego descender por motivos inesperados y tuvo que esperar nuevamente una oportunidad.

Por tanto, cada quien ha ideado su propia cima, llámese desarrollo personal, espiritual, intelectual… y debe valerse de la constancia para conquistarla. Veamos por ejemplo la vivencia de esta virtud en el matrimonio, la cual consiste en nutrir esta relación de forma permanente, con el mismo esmero y entusiasmo de los primeros años de casados. Similar ocurre con el proyecto educativo de los hijos, ¡sí que requiere perseverancia!, para hacer de ellos seres humanos rectos e integrales.

Cuatro pasos para formar esta virtud

Sabemos pues, que la constancia es una virtud que se construye con pequeños esfuerzos continuos, para ello Fabrizio Andrade, autor citado anteriormente, propone estos cuatro pasos:

1.- Hay que tener metas claras y medios concretos para alcanzarlas.

Si no tenemos un ideal sería como si golpeáramos en el aire. Una meta nos dará un estímulo y sentido a nuestra lucha: terminar una competición en primer lugar; lograr un profundo espíritu de oración; leer un número de libros cada mes; dejar el hábito de fumar; ahorrar una cantidad de dinero antes de tal día; aplicar una metodología en el trabajo, en el estudio, etcétera.

2.- Trabajar la constancia con constancia.

Cada día, aún en aquellos en que el ánimo no es favorable. Si se presentan mil obstáculos buscaremos mil medios para superarlos, siempre con la vista centrada en la meta.

3.- Renovar cada día nuestro propósito

Debemos renovar nuestro propósito para que esté siempre fresco y presente, y para que no perdamos el sentido del porqué nos encontramos en esta lucha. Al inicio del día o cuando vengan las dificultades, si recordamos nuestra meta tendremos una motivación fuerte para no desfallecer y seguir adelante con el ritmo que hemos conseguido hasta el momento.

4.- Indispensable levantarse si se tiene una caída en la lucha.

De una caída se aprende y se madura. Cuando un corredor cae, se levanta, se sacude si es necesario, y vuelve a emprender la marcha porque tiene fija su mirada en la línea final. Será más consciente de los pasos que no le favorecen y que le pueden causar de nuevo un tropezón y tratará de evitarlos.

En síntesis, y para tener siempre 
presente:
¡el que persevera, alcanza!


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