jueves, 18 de junio de 2015

Buenos días, 18 de junio de 2015


En lugar de ser un hombre de éxito
busca ser un hombre de valor:
lo demás llegará naturalmente”.
Einstein
 
 
 
 
SANTORAL
 
Marcos y Marcelino,
mártires († 286)
 
Ciriaco, Paula, Leoncio, Eterio, Germán, Paulino, Equicio, Hipacio, Teódulo, Martiria, Félix, Emilio, Crispín, Justo, Sicio, mártires; Amando, Auberto, obispos; Marina, virgen y mártir; Erasmo, Calogero, anacoretas; Isabel de Esconaugia, virgen.
 

 
 
 
REFLEXIÓN:

La cosa más preciosa que tiene papá

 
Un papá preguntó a su hijo Alejo de cinco años de edad: "¿Qué es lo que más te gusta de papá?"
 
Y el niño contestó: "Lo que más me gusta de papá es................. mamá".
 
Se había dado cuenta Alejo que papá y mamá eran de veras una sola cosa, y que los dos se amaban como a sí mismos. "Los maridos deben amar a su esposas como aman a sus propios cuerpos. Amar a su esposa, ¿no es amarse a sí mismo?" (Ef 5,28). No es tan fácil llegar a "amar al otro como a sí mismo". El egocentrismo nos encierra en nosotros mismos y nos impide amar al otro identificándonos con él. Ni siquiera entre marido y mujer es fácil aquella identidad que en cambio fácilmente se realiza entre madre e hijo. Amando a sus hijos los padres se aman a sí mismos porque los hijos, en cierto sentido, son parte de los padres. Pero no se puede decir la misma cosa cuando se trata de marido y mujer.
 
 
 
ORACIÓN:
 
Jesucristo, hoy me preguntas si te amo. Te respondo con todo mi corazón: ¡Sí, te amo! Quiero decírtelo no sólo con mis palabras, sino con mi vida toda: te amo, creo en Ti y en Ti confío.

Petición

Señor, acrecienta en mi alma la virtud de la fe para amarte por encima de todas las cosas y amar a mi prójimo, como a mí mismo.


Meditación del Papa Francisco
 
¿Me amas?... Apacienta mis ovejas”. Las palabras de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy son las primeras que os dirijo, queridos hermanos. Estas palabras nos recuerdan algo esencial. Todo ministerio pastoral nace del amor... nace del amor. […]
 
Ser embajador de Cristo significa, en primer lugar, invitar a todos a un renovado encuentro personal con el Señor Jesús (Evangelii Gaudium, 3), nuestro encuentro personal con él. Esta invitación debe estar en el centro de vuestra conmemoración de la evangelización de Filipinas. Pero el Evangelio es también una llamada a la conversión, a examinar nuestra conciencia, como personas y como pueblo. Como los obispos de Filipinas han enseñado justamente, la Iglesia en Filipinas está llamada a reconocer y combatir las causas de la desigualdad y la injusticia, profundamente arraigadas, que deforman el rostro de la sociedad filipina, contradiciendo claramente las enseñanzas de Cristo.
 
El Evangelio llama a cada cristiano a vivir una vida de honestidad, integridad e interés por el bien común. Pero también llama a las comunidades cristianas a crear “ambientes de integridad”, redes de solidaridad que se extienden hasta abrazar y transformar la sociedad mediante su testimonio profético. (Homilía de S.S. Francisco, 16 de enero de 2015).
 


Propósito

Hacer una visita a Cristo Eucaristía para pedirle perdón por todas mis faltas de amor hacia Él..


Diálogo con Cristo

Jesús, decirte cuánto te quiero con palabras es fácil, lo complicado es demostrártelo permanente en mi quehacer diario. Te ofrezco ser fiel a la oración, a la formación, al apostolado. Con tu gracia, lo puedo lograr.
 
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Los efectos del divorcio en los hijos

En esta Guía que tiene por nombre “Nos hemos separado… ¿y nuestroshij@s?. Guía de actuación para progenitores “, escrita por Lidia Rodríguez Benito, Sofía Espada Giner y Laura Calvo Estaún, se abordan muchos temas interesantes como las reacciones de los propios padres y madres ante el divorcio o separación, cómo informar a los hijos de la misma, las relaciones del niño con la familia extensa o en el colegio después de que ocurra, etc. Por su interés, he querido extraer literalmente (bueno he omitido algún párrafo porque se hacía muy largo y la negrita la he puesto yo) el apartado que aborda de manera evolutiva el cómo afecta a los niños y niñas la situación:

MENORES DE 3 AÑOS.

Los bebés no sienten su propia angustia, sino la del progenitor con quien viven y con quien permanecen más tiempo o es su cuidador principal; si este progenitor está tenso y distraído no podrá proporcionarle la cantidad de atención y estímulo necesarios para su desarrollo cognitivo y emotivo.   
No podemos olvidar que de la consistencia y calidad de su primer apego dependerá su sentimiento de seguridad. La ruptura de pareja plantea en esta etapa dos serios problemas. Uno de ellos ocurre cuando el cuidador principal, que suele ser la madre, siente pánico ante la idea de que le arrebaten a su hijo y se aferra a él respondiendo de manera excesiva, a veces de manera enfermiza. El segundo riesgo ocurre cuando además de formarse un apego con la persona que le cuida, le encanta también ver al otro y jugar con él y oír su voz, que le lance al aire, le tenga en brazos, que le cuente un cuento cuando se va a dormir y de repente éste se va de su lado y siente su pérdida sin comprenderla.

DE LOS 3 A LOS 5 AÑOS.

Con frecuencia los niños pequeños tienen más dificultades para expresar emociones o pensamientos, ysuelen reaccionar ante la situación de ruptura de la relación de sus padres con respuestas psicosomáticas, sobre todo en ocasiones determinadas, como cuando acude con el progenitor con el que no convive habitualmente. ¿Qué quiere decir esto?: que puede vomitar, tener dolores de barriga, de cabeza, fiebre o dolores en las rodillas, etc. Es una forma de que su cuerpo exprese lo que les ocurre cuando no pueden hacerlo con las palabras.

Este tipo de comunicación no verbal, las reacciones psicosomáticas, no siempre es una señal de preocupación, sino un lenguaje que debe descifrarse y que aporta información, pero a veces no se interpreta de manera correcta y la madre o el padre pueden creer que el niño se pone enfermo cuando acude a casa del otro debido a que no le cuida convenientemente, o que simplemente rechaza el encuentro con él. Esta forma de reaccionar no siempre es atribuible a las personas en concreto, sino a la peculiaridad de la situación. A continuación se describen las reacciones más frecuentes de los niños de esta etapa ante la separación de sus padres: 
  • Confusión, ansiedad y miedo: están muy desconcertados e inseguros frente a los cambios en su vida familiar, porque con frecuencia los propios padres no saben muy bien cómo explicar a niños de esta edad lo que está pasando. Además a estas edades tienen dificultades en diferenciar la fantasía de la realidad y esto les hace especialmente vulnerables. Las rabietas, tozudeces y trastornos del sueño son alteraciones propias de estos niños; se niegan a ir a la guardería y se resisten a dejar la casa, a esto le denominamos “ansiedad de separación”, llegando hasta el pánico por no querer desprenderse de los seres queridos.
  • Fuertes fantasías de reconciliación, se aferran a la esperanza de que sus padres volverán otra vez a estar juntos e inventan fantasías que los consuelen. Son producto de su limitada capacidad para entender los confusos acontecimientos que le están sucediendo y de su temor ante la observación de las riñas familiares, si a esto le añadimos que los adultos no les explican nada de lo que pasa, es normal que no acierte a comprender el presente y mucho menos el futuro.
  • Aumento de la agresividad: muchas veces el enojo infantil proviene de sentimientos de pérdida y rechazo. La sensación de pérdida del padre o de la madre cuando, a menudo inexplicablemente desaparece de su vida, puede hacerle reaccionar con agresividad hacia los hermanos, los padres y los compañeros de escuela. Es posible, incluso, que el otro progenitor esté tan preocupado por su situación personal que ofrezca menos atención al niño, aumentando así su sensación de pérdida y rechazo.
  • Sentimientos de culpa: muchas veces los niños imaginan que son culpables de que sus padres no sigan
DE LOS 5 A LOS 7 AÑOS.

A estas edades los niños son más conscientes de los motivos y razones que tienen sus progenitores para separarse, pero quizá lo más característico en esta etapa es el riesgo de presentar conflictos de lealtades reaccionando defensivamente, pudiendo negarse a mantener la relación con uno de ellos. A veces, son estos niños los que mantienen más fantasías de reconciliación.
  • Tristeza y sufrimientos profundos: Suelen estar relacionados con el nivel de confusión en la casa; muchos niños están intensamente tristes incluso cuando su padre o su madre no lo están juntos, suponiendo, por ejemplo, que han sido abandonados a causa de su propia desobediencia.
  • Regresión: en algunos casos demuestran su ansiedad e inseguridad mediante retrocesos en el aprendizaje de conductas que ya tenían adquiridas, como el control de sus esfínteres, volviendo a mojar la cama, o mostrando conductas excesivamente dependientes.
  • Incremento de los miedos o aparición de problemas alimentarios. Los padres, sometidos ya a una gran tensión, pueden encontrar estos comportamientos muy difíciles de entender y tolerar.
  • Añoranza del progenitor ausente: similar al duelo por la muerte, pero con mayores sentimientos de rechazo. Este estado de tristeza es consecuencia de la elaboración de un“proceso de duelo” y precisan de un tiempo para resolver adecuadamente la etapa de “luto emocional”.
  • Sentimientos de abandono y miedo: a menudo existe el temor de ser olvidados y de perder también al otro progenitor.
  • Enojo: con frecuencia dirigen su rabia contra aquel a quién creen responsable de la ruptura y normalmente a aquel con quién residen, creyendo que ha echado al otro fuera de casa.
  • Conflictos de lealtad: se encuentran en medio de dos personas que son las que más quieren y que hasta ahora les han ofrecido seguridad y estabilidad, pero no saben cómo ser fieles a ambos. Muchos niños se hallan bajo una fuerte presión por parte del padre o madre con quien habitualmente viven, con el objetivo de que dejen y olviden al otro, sin embargo y a pesar de todo siguen leales a los dos, a menudo a costa de un gasto emocional inmenso.
  • Preocupación por la incapacidad de los padres: cuanto más conscientes son de los problemas de los adultos para enfrentarse a la separación, más aumenta el temor de que el progenitor en el que confiaban no sea ya capaz de cuidar de ellos, especialmente ante la desorganización familiar.
  • Fantasías de reconciliación. Son continuas a estas edades, creen firmemente que su padre y su madre volverán a unirse, algunos niños lo creen con tenacidad, y muchos progenitores se muestran preocupados por ello.
DE LOS 8 A LOS 12 AÑOS.

Este es un periodo de rápido crecimiento y los niños a esta edad adquieren nuevas capacidades para comprender la realidad. En esta etapa son más conscientes de las causas y consecuencias de la separación de sus progenitores, pero también es más probable que tomen partido en los conflictos parentales porque tienen un sentido más estricto del bien y del mal, mostrándose enfadados con su padre o con su madre si no actúa como consideran que debe hacerlo. En este sentido pueden tratar de culpabilizar a uno de sus progenitores, considerando al otro como inocente o víctima.
  • Suele aflorar el sentimiento de enfado, ira extrema, rabietas de mal genio, conducta exigente.
  • Sentimientos profundos de pérdida, rechazo, impotencia y soledad.
  • Sentimientos de vergüenza, indignación moral y resentimiento frente al comportamiento de sus progenitores.
  • Miedos, fobias y rechazo.
  • Aumento de dolencias psicosomáticas: dolores de cabeza, de estómago, trastornos del sueño. Síntomas que expresan un alto nivel de ansiedad.
  • Emisión de juicios. Identifican un progenitor como el bueno y al otro como el malo, rechazando a éste último.
  • Alianza con un progenitor, no necesariamente con quien se sienten más unidos. Se suelen constituir fuertes alianzas con el que no conviven.
  • Pérdida de la autoestima. Puede tener dificultad de concentrarse en la escuela y obtener un bajo rendimiento.
  • Mala conducta de algunos niños, sobre todo varones, y pueden mostrar comportamientos delictivos.
DE LOS 13 A LOS 18 AÑOS.

En esta etapa es destacable un sentimiento de pérdida que se manifiesta como rebeldía, dificultad de concentrarse, fatiga crónica, pesadillas, etc. Son reacciones y sentimientos habituales en los adolescentes, no sólo en aquellos que sus padres se han separado, y que significa la pérdida de la infancia y de la seguridad que ello suponía. A estos sentimientos de pérdida, propia de la etapa de la adolescencia, hay que añadir el de la ruptura de la relación de sus padres. Por tanto, nos encontramos en este periodo con las siguientes reacciones emocionales y conductuales más significativas:
  • Pérdida de la infancia: los hijos mayores pueden adquirir nuevas responsabilidades frente a sus hermanos menores o frente a las pretensiones de un progenitor emocionalmente dependiente.
  • Presión para tomar decisiones: algunos padres esperan que los hijos tomen sus propias decisiones sobre las visitas al otro progenitor o sobre la elección del progenitor con el que quieren vivir. Otras veces se comportan de manera “adulta” y responsable y“entienden” la separación, no tomando partido por ninguno de los dos.
  • Conflicto entre los deseos de ver al progenitor con el que no conviven y de continuar realizando actividades con sus amigos y compañeros. En ocasiones se enfadan o se encierran en sí mismos y reaccionan descargando emocionalmente (discusiones) su contrariedad ante la separación de sus progenitores.
  • Preocupación por el dinero: resentimiento por recibir menos que sus amigos, presiones sobre los padres para que compensen la situación que están viviendo con una mayor generosidad material.
  • Mayor conciencia y turbación frente a la conducta sexual de sus padres y a la vinculación de éstos con nuevos compañeros.
  • Celos de la nueva pareja de un progenitor.
  • Miedo de establecer relaciones sentimentales a largo plazo y de confiar en las personas.
  • Depresión: introversión, negativa a comunicarse.
  • Delincuencia: hurto, robo, consumo de drogas.
Autor: Resilencia Infantil – Fuente

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