jueves, 11 de junio de 2015

Buenos días, 11 de junio de 2015. San Bernabé

"Vive como si fueras a morir mañana.
Aprende como si fueras a vivir siempre".


SANTORAL


Bernabé,
Apóstol (s. i)
Nuestra Señora de la Capilla, patrona de Jaén. Santos:
Félix, Fortunato hermanos, mártires; Remberto, Apolo, Manasés, obispos; Alejo, Aleida, Juan, Teófilo, confesores; Hugo, Espinolo o Espín, abades; Parisio, monje; María Rosa Molas, fundadora de las HH. Ntra. Sra. de la Consolación; Rosalina, virgen.



REFLEXIÓN:


La corrección de mamá que el Papa Francisco nunca olvidó

El Santo Padre dijo que “cuando estaba en cuarto grado de la escuela primaria había dicho una mala palabra a la maestra y la maestra, una buena mujer, llamó a mi mamá. Ella fue al día siguiente, hablaron entre ellas y después me llamaron”.

Mi mamá delante a la profesora me ha explicado que lo que yo había hecho era algo malo, que no debía hacerlo; y mi mamá lo ha hecho con tanta dulzura y me ha pedido pedirle perdón a la maestra. Yo lo he hecho y después me he quedado contento porque pensé ‘ha terminado bien la historia’. “¡Pero eso era el primer capítulo! Cuando regresé a casa, comenzó el segundo capítulo… Ya eso imagínenlo ustedes”.

Hoy en día –dijo luego el Papa– si la maestra hace algo de este tipo, al día siguiente se encuentra a los dos padres o a uno de los dos para regañarla, porque los ‘expertos’ dicen que los niños no se deben regañar así”.

¡Han cambiado las cosas! Por este motivo, los padres no deben autoexcluirse de la educación de los hijos”, afirmó.

En septiembre de 2014, el Papa Francisco compartió esta anécdota por primera vez cuando recibió en el Vaticano a los participantes de un evento sobre educación.
En esa ocasión el Papa Francisco explicó que hace falta disciplina para educar a los niños y consideró que el ámbito familiar y educativo se necesita recuperar los lazos y trabajar unidos. “No podemos dejar a los chicos solos, no podemos dejarlos en la calle, ni desprotegidos, a merced de un mundo en el que prevalece el culto al dinero, a la violencia y al descarte”.



ORACIÓN:

Padre Creador, Dueño y Señor de mi vida, manda a tu Espíritu Santo para que me guíe y pueda así descubrir cuál es tu voluntad en este nuevo día. Te amo, Señor, eres lo más importante y valioso.

Petición

Dios mío, ayúdame a estar siempre en una actitud de vigilancia, para nunca más ofenderte.


Meditación del Papa Francisco

Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza, de hecho, el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente lo contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. ¡Fe y violencia son incompatibles! ¡Fe y violencia son incompatibles! En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. ¿Con qué fortaleza? La de la mansedumbre, la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.
Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio. Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cueste.  (S.S. Francisco, Ángelus del 18 de agosto de 2013).

Propósito

Pedir la luz del Espíritu Santo antes de iniciar mis actividades.

Diálogo con Cristo

Señor, teóricamente sé que no me debe importar lo que los demás piensen o digan de mí, pero Tú sabes que me influye mucho más de lo que quisiera. Te pido me ayudes a descubrir en esta oración los medios en que puedo aprovechar más las inspiraciones de tu Espíritu Santo, para que aunque me juzguen loco, nada me aparte de cumplir tu voluntad.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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La riqueza que no es compartida genera corrupción

La riqueza que no es compartida genera corrupción, dijo el Papa en su homilía en la misa del día 25 de mayo de 2015 en Santa Marta



Es necesario hacer de modo que si se poseen riquezas éstas sirvan al “bien común”. Porque la abundancia que se vive de manera egoísta es “triste”, quita “esperanza” y genera “todo tipo de corrupción”, grande o pequeña. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El camello y el ojo de la aguja, es decir, cómo el “entusiasmo” por Cristo se transforma en pocos instantes en “tristeza y cerrazón en sí mismo”. La escena que el Santo Padre comentó en su homilía es una de las más famosas del Evangelio. El joven rico que encuentra a Jesús, pide seguirlo y le asegura que quiere vivir desde siempre los mandamientos, pero después cambia totalmente su humor y actitud cuando el Maestro le dice que el último paso que debe cumplir, eso que le falta es vender sus bienes, darlos a los pobres y entonces seguirlo. De golpe, “la alegría y la esperanza” desaparecen en aquel joven, porque él, no quiere renunciar a su riqueza:


“El apego a las riquezas es el inicio de todo tipo de corrupción, por doquier: corrupción personal, corrupción en los negocios, también la pequeña corrupción comercial, la de aquellos que quitan 50 gramos al peso justo, corrupción política, corrupción en la educación… ¿Por qué? Porque aquellos que viven apegados al propio poder, a las propias riquezas, creen que están en el paraíso. Están cerrados, no tienen horizonte, no tienen esperanza. Y al final, deberán dejar todo”.

Ricos y estériles


El Papa observó que “hay un misterio en la posesión de las riquezas”. Porque “las riquezas tienen la capacidad de seducir, de llevarnos a una seducción y de hacernos creer que estamos en un paraíso terrenal”. En cambio – afirmó Francisco – aquel paraíso terrenal es un lugar sin “horizonte”, semejante a aquel barrio que el Papa Bergoglio recordó haber visto en la década de los años setenta, en que vivía gente acomodada que había fortificado los límites para defenderse de los ladrones:


“Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza, es una vita triste. El apego a las riquezas nos da tristeza y nos hace estériles. Digo ‘apego’, no digo ‘administrar bien las riquezas’, porque las riquezas son para el bien común, para todos. Y si el Señor a una persona se las da es para que las utilice para el bien de todos, no para sí mismo, no para que las encierre en su corazón, que después con esto se vuelve corrupto y triste”.

Abrir la mano y el horizonte


El Santo Padre insistió en que las riquezas que carecen de generosidad, “nos hacen creer que somos poderosos, como Dios. Y al final nos quitan lo mejor, la esperanza”. Pero Jesús – recordó Francisco –  en el Evangelio indica cuál es la justa modalidad para vivir una abundancia de bienes:
“La primera Bienaventuranza: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu’, es decir, despojarse de este apego y hacer que las riquezas que el Señor le ha dado a él sean para el bien común. La única manera. Abrir la mano, abrir el corazón, abrir el horizonte. Pero si tú tienes la mano cerrada, tienes el corazón cerrado como aquel hombre que hacía banquetes y se vestía lujosamente, no tienes horizontes, no ves a los demás que tienen necesidad y terminarás como aquel hombre: lejos de Dios”.





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