jueves, 7 de mayo de 2015

Buenos días, 7 de mayo de 2015

Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías
mientras aguardan la gran felicidad.
Pearl S. Buck



VIDEO



SANTORAL
Flavia Domitila,
mártir (s. I)

Benedicto II, papa; Pedro, Domiciano, Valeriano, obispos; Juvenal, Flavio, Flavia Domitila, Teodora, Eufrosina, Augusto, Agustín, Flavio, Cuadrato, Rufino, Saturnino, Euvaldo, Sixto, mártires; Alberto (labrador), confesor; Sereno, abad; Inocencio, diácono.

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FLOR DEL 7 DE MAYO: Flor del naranjo

Con María entendemos que, la belleza suprema, es precisamente revestirnos de Dios. Hoy el mundo promociona el valor de la estética superficial. ¿Es la persona más feliz cuando se somete, una y otra vez, a operaciones externas pero no interviene en la raíz profunda de sus entrañas? María nos enseña una cosmética cristiana: las bienaventuranzas.
Hoy ofrecemos a la Virgen la flor del naranjo


ORACIÓN A MARÍA.

Señora: Yo espero salvarme; yo espero que Vos
me alcanzaréis los auxilios de la gracia para vivir cristianamente,
fío a la bondad de Dios mi salvación. Yo prometo
fidelidad, lealtad y exactitud en la observancia de la ley
santa del Señor.
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 REFLEXIÓN:

El único superviviente de un naufragio llegó a una isla deshabitada. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día divisaba el horizonte en busca de una ayuda que no llegaba. Cansado, optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y guardar sus pocas pertenencias.

Un día, tras merodear por la isla en busca de alimento, cuando regresó a la cabaña la encontró envuelta en llamas, con una gran columna de humo levantándose hacia el cielo. Lo peor había ocurrido: lo había perdido todo y se encontraba en un estado de desesperación y rabia.

--¡Oh Dios!, ¿cómo puedes hacerme esto? --se lamentaba.

Sin embargo, al amanecer del día siguiente se despertó con el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a salvarlo.

--¿Cómo supieron que estaba aquí? --preguntó a sus salvadores.

--Vimos su señal de humo --contestaron ellos.

Es muy fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Recuerda que cuando tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda está en camino.


ORACIÓN:

Jesús quiero creer Señor, pero ayuda mi incredulidad. Quiero ver con ojos de fe. Tú, ayuda mi vista. Haz Señor que, puesto a tu escucha, más te sienta, más te guste, más te experimente en la oración. Tu rostro busco, Señor. ¡Enséñame a buscarte…Muéstrame tu Rostro! Porque, si Tú no me lo muestras, no puedo buscarte. No puedo encontrarte si Tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, Te desearé buscándote. Amándote Te encontraré, encontrándote Te amaré. (Cf. San Anselmo)

Petición

Jesús, muéstrate a mí en la sabia elocuencia de las cosas. Que sepa ver la huella de tus pasos en mi vida.

Meditación del Papa Francisco

Este es el camino de la historia del hombre: un camino para encontrar a Jesucristo, el Redentor, que da la vida por amor. En efecto, Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. Este árbol de la Cruz nos salva, a todos nosotros, de las consecuencias de ese otro árbol, donde comenzó la autosuficiencia, el orgullo, la soberbia de querer conocer –nosotros-, todo, según nuestra mentalidad, de acuerdo con nuestros criterios, incluso de acuerdo a la presunción de ser y de llegar a ser los únicos jueces del mundo. Esta es la historia del hombre: desde un árbol a otro.

En la cruz está también la historia de Dios, para que podamos decir que Dios tiene una historia. Es un hecho que Dios ha querido asumir nuestra historia y caminar con nosotros: se ha abajado haciéndose hombre, mientras nosotros queremos alzarnos, y tomó la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte en la Cruz, para levantarnos: ¡Dios hace este camino por amor! No hay otra explicación: solo el amor hace estas cosas. Hoy miramos la Cruz, historia del hombre e historia de Dios. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 14 de septiembre de 2013, en Santa Marta).

Propósito

Hacer un acto de confianza en Dios, poniendo en la oración las intenciones más profundas del corazón.

Diálogo con Cristo

Enséñame, buen Jesús, a pedir lo que conviene. A no pedir para mí, sino para los hombres, mis hermanos. Enséñame a confiar en ti. Convénceme de que nada me puede pasar sin tu disposición. Y cuando el dolor toque a la puerta de mi vida, que me acuerde de ti, Señor, para obtener la fuerza en el camino que sólo tu puedas dar. Cuando los hombres me olviden, sepa, Señor, que siempre puedo acudir porque Tu eres mi Padre, mi hermano. Fiel compañero en el duro, pero hermoso camino al cielo.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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 El primer santo fue ladrón asesino agitador político pero dejó que Jesús entrara en su debilidad
¿Cómo es posible que el primer santo canonizado por el mismo Jesucristo en la cruz fuera un ladrón, asesino, agitador político?

¿No habíamos quedado que el cielo está reservado solo para los virtuosos y los buenos?


Ese es el verdadero misterio del cristianismo. En apenas unos segundos el llamado "buen ladrón" se hace humilde, reconoce su pobreza y pecado, y deja entrar en su vida la misericordia de Dios, y hoy, aquel al que decían que era un ladrón y asesino es, ni más ni menos que  san Dimas, el primer santo de la Iglesia

Por su interés reproducimos un precioso artículo escrito por el periodista  Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo en el semanario católico  Alfa y Omega, que lleva por título Cómo robar el cielo en dos pasos, y que resume con maestría el contenido del libro El Buen Ladrón. Misterio de Misericordia (Voz de Papel), único y más completo texto en español sobre san Dimas traducido por el Padre Álvaro de Cárdenas y Cordelia Semprún. 



Cómo robar el cielo en dos pasos 


«Ni era bueno, ni sólo ladrón, sino también asesino. Sin embargo, es el primer santo canonizado personalmente por Jesús: el Buen Ladrón encarna "la alegría de la misericordia de Dios", que el Papa Francisco nos ha invitado a redescubrir en el Año Santo de la Misericordia. Él, hoy, desde el Paraíso, nos enseña a dar el mejor golpe: robar el cielo. 
La Iglesia es la casa que a todos acoge y a nadie rechaza, para que todos los que hayan sido tocados por la gracia puedan encontrar la certeza del perdón. Nadie está excluido de la misericordia", ha dicho el Papa Francisco al anunciar el Año de la Misericordia. El Buen Ladrón, sobre quien el sacerdote canadiense André Daigneault ha escrito El Buen Ladrón. Misterio de Misericordia (ed. Voz de Papel), sabe bien de qué habla el Papa.
»El único santo canonizado directamente por Jesús, en realidad, no fue nunca un Robin Hood. Según varios exegetas, Dimas formó parte de una banda de agitadores políticos que hacían la guerra a los romanos, robando, saqueando y matando; junto a Barrabás, fue responsable del homicidio que refieren Marcos y Lucas al final de sus evangelios. Lo más seguro es que presenciara en el Pretorio el juicio a Jesús; y escuchara el diálogo con Pilatos: Mi reino no es de este mundo… Así se entiende la confesión posterior del malhechor sobre la cruz: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino


»Dice Daigneault que "la fe del Buen Ladrón nació del atractivo que la persona y las palabras de Cristo provocaron en él durante aquellas pocas horas. La fe fue para él un don de Dios, una siembra de su Espíritu". 


Invitado VIP al Paraíso 


»Entonces, el Buen Ladrón… ¿un ladrón y un asesino? Sí, y el primer hijo de la Iglesia. Y el primer invitado al cielo, el que estrenó el Paraíso, como escribió Claudel: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¡Hoy! Así, de golpe. ¡No sólo queda absuelto de sus crímenes, sino santificado! El asesino, el ladrón, el impúdico, el bandido profesional… ¡es ya santo! Bastó una mirada entre los párpados sangrientos del invitado de la derecha…, y en este inmenso lugar que es el Paraíso, no hay nadie en el primer momento más que él. Él solo. No ha llegado todavía nadie más. Hasta el trono de la Inmaculada está vacío. Él está allí, en el Paraíso, todavía oliendo a fluidos corporales. Él, el primer fruto. Para esto ha servido la sangre de Dios". 
»¿ Qué hizo en realidad Dimas para conquistar el cielo? ¿Qué hizo para ganarse el perdón de Jesús? En realidad, apenas nada… Fueron unos segundos de conversación, pero nos enseñan hoy, dos mil años después, el modo de robarle el Corazón a Cristo: medio desnudo, vulnerable, expuesto, inmóvil,el delincuente ya no puede escapar, el bandido no se puede esconder. Y, en un primer paso, se atreve a mirar a Jesús, reconociendo la verdad de lo que es: Lo nuestro es justo, pues recibimos el pago de lo que hicimos. El cardenal Saliége admiró en el Buen Ladrón " el valor de ser humilde y de reconocer sinceramente quién era. Un valor muy poco frecuente. Cuando Dios encuentra la humildad en un alma, no puede resistirse y se precipita sobre ella2. 

»El segundo momento es la confianza: Dimas es de los pocos en el Evangelio que llama al Señor por su nombre: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. No puede prepararse para la muerte, ni borrar su historial, ni actualizar su curriculum, ni hacerse un selfie un poco más amable. Con Daigneault: "El Buen Ladrón cambia nuestra escala de valores. Dios no necesita para nada nuestras virtudes naturales, en cambio necesita nuestro vacío y nuestra pobreza para colmarlos de su Misericordia. Le causa horror la autocomplacencia, y espera de nosotros el abandono de un niño. Su Misericordia quiere derramarse en nuestras pobrezas. Dios se complace en manifestar su fuerza en la debilidad de los más pequeños".

»Quizá nos cuesta creer que Dios nos pueda mirar así, hasta el perdón total, sin exigirnos un pagaré de vuelta. " Las obras del Buen Ladrón no habían sido muy buenas; las nuestras tampoco lo son", escribe Daigneault, que lamenta que, "a veces , se confunde la santidad con la perfección y la virtud moral", y cita a Von Balthasar cuando explica que "no es mirar nuestra miseria lo que nos purifica, sino mirar a Aquel que es la total pureza y santidad. El Redentor pide únicamente una simple mirada hacia Él". 
»El Buen Ladrón nos marca el camino hacia el Año Santo de la Misericordia. Como escribe Daigneault: "Si un hombre pide perdón desde el fondo de su corazón, aunque haya cometido las peores bajezas, puede ser transformado en un santo, como el Buen Ladrón. El peor de los criminales, que confía sus pecados a la Misericordia de Dios, a la infinita santidad de Cristo, puede llegar a ser santo". 
»Hoy. Ahora. Ya».

Título: El buen ladrón. Misterio de misericordía
Autor: Andre Daigneault
Traducción: Álvaro de Cárdenas / Cordelia Semprún
Editorial: Vozdepapel
PVP: 18 euros
Comprar: OcioHispano




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