domingo, 3 de mayo de 2015

Buenos días, 3 de mayo de 2015. Fiesta de la Santa Cruz


Bienvenido Mayo, y con alegría;
por eso roguemos a Santa María
que pida a su Hijo aún todavía
que de pecado y locura nos guarde.
Bienvenido Mayo.
Bienvenido seas, y con alegría.
Alfonso X El Sabio

FLOR DEL 3 DE MAYO: Rosa guirnalda
Hoy ofrecemos a la Virgen la Rosa guirnalda



ORACIÓN A LA VIRGEN
Señora: Yo me obligo, yo me comprometo, yo
propongo amar bien, esto es, amar lo que la ley me manda
amar. Yo quiero amar lo que en mí y en mis prójimos, y en
las cosas que están a mi uso y servicio, Dios ama, y nada
más. Lo que Dios ama, yo amo; lo que Dios aborrece, yo
aborrezco en mí, en mis prójimos y en todas las demás cria -
turas.
Aceptad, Señora, esta mi ofrenda, y presentadla a vuestro
Hijo, fortificad y proporcionad mis propósitos y resoluciones.




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El sentimiento es una flor delicada; manosearla es marchitarla.
M. José de Larra



​​FELIZ DÍA DE LA MADRE A TODAS LAS MADRES. 
EN ESPECIAL A LA MÁS GRANDE, LA VIRGEN MARÍA




SANTORAL


Fiesta de la Santa Cruz
Felipe y Santiago en menor, apóstoles; Estanislao Soltys, sacerdote; Juvenal de Narny, obispo; Ventura, confesor; Alejandro I, Papa y mártir; Violeta, virgen y mártir; Juana de la Cruz, virgen.




REFLEXIÓN

La arcilla que va en tus manos

Debes amar la arcilla que va en tus manos. Debes amar tu arena hasta la locura. Y si no, no la emprendas que será en vano. Sólo el amor alumbra lo que perdura, sólo el amor convierte en milagro el barro. Debes amar el tiempo de los intentos. Debes amar la hora que nunca brilla. Y si no, no pretendas tocar los yertos. Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto.



ORACIÓN

Oh bendita entre todas las mujeres, que vences en pureza a los ángeles, que superas a los santos en piedad! Mi espíritu moribundo aspira a una mirada de tu gran benignidad, pero se avergüenza al espectro de tan hermoso brillo. ¡Oh Señora mía!, yo quisiera suplicarte que, por una mirada de tu misericordia, curases las llagas y úlceras de mis pecados; pero estoy confuso ante ti a causa de su infección y suciedad. Tengo vergüenza, ¡oh Señora mía!, de mostrarme a ti en mis impurezas tan horribles, por temor de que tú a tu vez tengas horror de mí a causa de ellas, y sin embargo, yo no puedo, desgraciado de mí, ser visto sin ellas.

San Anselmo

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