lunes, 18 de mayo de 2015

Buenos días, 18 de mayo de 2015


"El éxito es ir de fallo en fallo sin perder el entusiasmo.
" Winston Churchill.




VIDEO



SANTORAL
Juan I, papa († 526)

Juan I, papa y mártir; Merolino, presbítero y mártir; Venancio, Potamión, Félix, obispos; Dióscoro, Teódoto, Erico, Eufrasia, Faína, Matrona, Cristiano, Anastasón, Basilica, Teocusa, Alejandra, Claudia, Julita, mártires; Félix, confesor; Agnelo, abad; Rafaela María, fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón.






COLECTA PRO DAMNIFICADOS EN NEPAL

INDICAR a favor de los damnificados en Nepal

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Con María estamos convocados a despertar en el crecimiento de nuestra fe. Ella, María, fue una mujer sencilla pero lúcida en planteamientos. No buscó justificaciones ni razonamientos institucionales. Ella, simplemente, estuvo despierta para que nada ni nadie le distrajera de lo fundamental: colaborar en la misión de Jesús.


FLOR DEL 18 DE MAYO: Las Clavelinas

Entre las varias especies de clavelinas hay una que florece todas las estaciones del año, saca sus varitas rectas, produce sus tallos con una piña de botoncitos, y éstos, cuando revientan, forman un ramillete. Si bien no son tan grandes como otros de su especie, pero tienen el don de abrirse muchos a la vez en una misma piña: su olor es especial.

Hoy ofrecemos a la Virgen las clavelinas

ORACIÓN A LA VIRGEN

Magnánima Judit: Recibid la flor de hoy, es el clavel ramillete, emblema de mi magnanimidad. Yo os prometo, yo propongo guardar entero, sincero nunca abatido, decaído ni pusilánime mi ánimo en tiempo de prueba y de tentación. Unid mi ánimo al vuestro, y será siempre magnánimo.
A vuestro cuidado y solicitud maternal fío mi clavelina.



REFLEXIÓN:

Dios hizo exactamente lo mismo contigo, entiende esto: Dios te creó a propósito para un fin, un objetivo.

Pídele al Señor que te muestre cuál es el fin para el cual fuiste “creado”, para que así no te encuentres dando vueltas y vueltas en tu desierto sin encontrar la tierra prometida. No dejes de aferrarte a Dios, a tus convicciones, a tus objetivos e ideales.

Aférrate a la fe, porque es la fuente de la certeza de que todo es posible, es la fibra y la fortaleza de un alma segura.

Aférrate a la esperanza, porque ella te llena de seguridad y siempre emprenderás el camino con paso firme y la mirada puesta en Dios.

Aférrate a la confianza, porque ella te dará seguridad, paz y es la base y el corazón de las relaciones, con ella siempre sentirás la compañía de alguien y, sobre todo, la posibilidad de compartir tus luchas, triunfos y fracasos.

Aférrate al amor, porque es el don más preciado de la vida, porque es generoso, se preocupa y da sin esperar recompensa, da significado a la vida.

Aférrate a la familia y a los amigos, porque son las personas más importantes en tu vida y porque hacen del mundo un lugar mejor, acogedor y te llena de seguridad

Ellos son la vida que ha crecido con el tiempo para ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca de ti, con aciertos y desaciertos.

Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que te convierte en un ser singular, sabio y prudente.

No menosprecies lo que te inspira tu conciencia y lo que crees que es bueno e importante, tu corazón y tu conciencia te hablan con más fuerza que tu mente.

Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada.

No tomes nunca el camino fácil, ni te rindas ante el engaño. Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades. Disfruta de la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera diferente y más clara.

Haz del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las cosas importantes que dan significado a tu vida, una de ellas es el amor, un amor que se convierte en donación, comprensión y perdón.

Pero sobre todo, aférrate a Dios que es el único que transforma y salva... No quieras caminar solo, pues es Dios quien ha puesto un proyecto para ti, y solo lo cumplirás si te aferras a él

Como buenos administradores de los diferentes dones de Dios, cada uno de nosotros realicemos el plan de Dios sobre nosotros. Sirvamos a los demás según lo que hayamos recibido. Todo lo que hagan, háganlo para que Dios sea alabado por medio de Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el poder para siempre. Amén” (1 Pedro 4:10-11).


ORACIÓN:

Ser un elegido de Cristo, ¿tiene alguna influencia en mi vida? Permite, Señor, que esta oración taladre la dura costra de mi indiferencia. No puedo seguir absorto en la rutina, inmerso en el conformismo, ciego ante las injusticas del mundo. Ayúdame a descubrir en las dificultades una oportunidad para afianzar mi vida en Ti.


Petición

Señor, enséñame a recorrer el camino de la cruz, que es el camino del amor.


Meditación del Papa Benedicto XVI

Hay una razón más para pensar que sea de nuevo el momento de abandonar con audacia lo que hay de mundano en la Iglesia. Lo que no quiere decir retirarse del mundo. Una Iglesia aligerada de los elementos mundanos es capaz de comunicar a los hombres -tanto a los que sufren como a los que los ayudan- precisamente en el ámbito social y caritativo, la fuerza vital especial de la fe cristiana. (...) Sólo la profunda relación con Dios hace posible una plena atención al hombre, del mismo modo que sin una atención al prójimo se empobrece la relación con Dios. Estar abiertos a las vicisitudes del mundo significa por tanto para la Iglesia "desmundanizada" testimoniar, según el Evangelio, con palabras y obras, aquí y ahora, la señoría del amor de Dios. Esta tarea, además, nos remite más allá del mundo presente: la vida presente, en efecto, incluye la relación con la vida eterna. Vivamos como individuos y como comunidad de la Iglesia la sencillez de un gran amor que, en el mundo, es al mismo tiempo lo más fácil y lo más difícil, porque exige nada más y nada menos que el darse a sí mismo. Benedicto XVI, 25 de septiembre de 2011.


Propósito

Colaborar en un proyecto apostólico en mi parroquia o en algún movimiento o asociación.

Diálogo con Cristo

Jesús, tu Evangelio me recuerda que para seguirte tengo que recorrer el camino de la cruz, que no es otra cosa que el desprenderme de todo obstáculo que me impida amarte más y mejor. Ayúdame a seguirte el día de hoy, ofreciéndote mi cumplimiento esmerado y fiel a mi deber, el control de mis reacciones y la renuncia a todo lo que me impida donarme a los demás.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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La soledad del Papa ante las matanzas de cristianos

Por el Lucía Annuziata, Directora del 'El Huffington Post' edición italiana
¿Dónde estás, Izquierda? No, no pretendo hablar sobre la polémica que ha causado la reforma electoral introducida por Renzi, ni tampoco estoy pidiendo que se escuchen los argumentos a favor y en contra del primer ministro italiano.

Me pregunto dónde está la Izquierda con mayúscula, ese amplio colectivo social que se nutre de una historia y de unos principios, que no se entretiene en las disputas cotidianas, que se quiere a sí misma porque ama su sentido de la justicia. ¿Y dónde está ahora que se ha cometido uno de los crímenes más terribles contra personas indefensas?

Sí, hablo de las masacres de cristianos que han empapado de sangre tantos lugares en el mundo. ¿Por qué no recibo manifiestos para adherirme a ellos (y eso que me mandan muchos sobre tantos asuntos)? ¿Por qué no convoca alguien, no ya una manifestación, sino una simple sentada o una concentración? No digo en el Auditorio Parco Della Musica o en el teatro Ambra Jovinelli, pero sí al menos en un pabellón situado a las afueras o en una de esas plazas que antes ocupaban la Confederación General Italiana del Trabajo o la Federación de Empleados y Obreros Metalúrgicos. Nada. No oigo las protestas, no llegan los panfletos, ni las convocatorias, ni las muestras de apoyo o de adhesión.
La televisión está en algún otro sitio, lo sabemos, sobre todo los que trabajamos en ella. Ni siquiera en esta redacción del HuffPost existe un grupo de periodistas jóvenes y ambiciosos que quieran dar voz a estos nuevos débiles e indefensos.

Si releo las noticias de los últimos meses, compruebo que la izquierda ha asumido como suyas gran cantidad de causas: la de las mujeres, la de la violencia de género, la de los trabajadores, la de los jóvenes desempleados, la de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la de frenar los excesos de la política, la de la reforma de las instituciones, la de la reorganización del Partido Democrático, la de la libertad en Internet, la de que Google pague impuestos, la de la ley de protección de datos, la del desarrollo de la investigación, la de la renovación de todo aquello que debe reformarse, la de la lucha contra la pobreza, la de la propagación de la idea de austeridad. Incluso la del kilómetro cero (que los productos se vendan y comercialicen en las zonas donde se producen), la de las dietas equilibradas, la de los desnudos artísticos, la del derecho a tatuarse, la del Estado Islámico y sus guerras, la de Europa y las suyas, la de Putin, la de Obama, la de Charlie Hebdo, y la del Museo del Bardo de Túnez.

Pero, salvo alguna excepción suelta, no se ha mostrado públicamente pena u horror por la muerte de hombres y mujeres que han perecido a causa de su fe. La muerte como violación final del derecho más importante de la libertad personal. Una fe que, por cierto, es aquella que tiene la mayoría de las personas en Italia, y es también la base de la definición (se quiera o no) de la historia y de la cultura del continente en el que vivimos.

Ni he sido católica ni lo soy. Soy atea y pretendo seguir siéndolo. Y no, no he escrito ni una sola palabra sobre el papa actual, no he ido a una misa de las nuevas jerarquías religiosas y todavía menos estoy obligada a decir que este papa está haciendo una revolución y que él es el verdadero líder de la izquierda.

Solo soy una periodista y creo que todavía comprendo lo que es una noticia. Y últimamente la noticia es la soledad en la que ha sido abandonado este papa tan popular, que desde hace meses es el único que denuncia las masacres de los fieles y hoy en día es el único jefe de Estado capaz de apuntar con el dedo a la pasividad de los países occidentales por estas muertes. De hecho, justo lo contrario de lo que ocurrió con Charlie Hebdo.

Las razones del silencio y la vergüenza de los países occidentales se conocen muy bien. Se pueden leer entre líneas en las explicaciones que el secretario de la iglesia católica italiana (Cei), monseñor Nunzio Galantino, ha dado sobre la intervención del papa Francisco. "El llamamiento del papa no pretende incitar al 'choque entre civilizaciones'", se ha visto en la obligación de explicar Galantino. Incluso ha aclarado lo obvio, diciendo que Francisco no pretende incitar a la "guerra santa".

Este es el punto en el que todo se paraliza: el miedo de que la defensa de los cristianos pueda significar la creación de nuevos problemas dentro del problema y termine desatando una reacción contraria a la que se persigue. Ese miedo consiste, en fin, en legitimar a una derecha, ya existente en Europa, que pueda aprovechar la ocasión para reforzar sus intereses y su discurso político a la vez que añade leña al fuego del racismo y del choque entre religiones. 

Pero si bien sabemos que el respeto de los derechos humanos es en general la primera víctima del sacrificio de las razones de Estado, ¿podemos también nosotros, los ciudadanos, la opinión pública, defender estos temores y estos oportunismos?
Vuelvo con esto a hablar de la izquierda. Izquierda porque esta es la parte política que siempre ha reivindicado tener la fuerza y la convicción necesarias para afrontar los temas sobre la defensa de los débiles. Y porque la izquierda en este momento tiene gran poder en importantes países de Occidente. Especialmente en Italia.

Hay que actuar con celeridad. Los gobiernos pueden y deben trazar un plan para poner a salvo a los miles de refugiados, no solo con la asistencia básica (medicina, escuela y vivienda), sino también ofreciendo de forma generosa y amplia la nacionalidad a todas las familias que huyan de sus propios países.

Con especial atención a todos los jóvenes que quieren venir a Italia a estudiar o a trabajar. Es parecido a lo que hicieron los países occidentales antes de la segunda guerra mundial acogiendo a los judíos y otros perseguidos del nazismo incipiente. No es mucho, pero es el principio y también es un mensaje eficaz de fuerza moral y solidaridad para aquellos que desafían y se oponen a la violencia del Estado Islámico.

La izquierda no puede quedarse callada, repito. Al contrario, su silencio, su miedo pusilánime a provocar críticas de unos y de otros, su falta de coraje para asumir riesgos es, en esta encrucijada, también la mejor forma para declarar su propia disolución moral.






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