jueves, 14 de mayo de 2015

Buenos días, 14 de mayo de 2105. San Matías

Si los cristianos de hoy no sois capaces de dar alegría, esperanza, amor –ternura-,
retiraos: no tenéis nada que ofrecer”.
Georges Bernanos




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SANTORAL
Matías,
apóstol;

Pascual, papa; Isaac, Bonifacio, Víctor, Corona (Estefanía), Félix, Cecilio, Poncio, Isidoro, Justa, Justina, Enedina, mártires; Bonifacio, Claudio, Pacomio el Joven, Pomponio, obispos; Godescalco, Gerásimo, abades; Miguel Garicots, fundador; Gil, confesor; María Dominica Mazzarello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora; Vicenta Gerosa, Juliana de Norwich, santas.



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FLOR DEL 14 DE MAYO: La flor de la mejorana

Con María estamos llamados a la fidelidad. Acostumbrados a una realidad donde se quebrantan constantemente compromisos adquiridos, nuestra consagración por la fe, nos exige –de la mano de María- ser fieles a Cristo como Él mismo lo es con nosotros.


Hoy ofrecemos a la Virgen la flor de la mejorana



ORACIÓN A LA VIRGEN
Señora: Pongo mi mayorana en vuestras manos.
Yo me comprometo a obedecer humilde, dócil, con amor,
voluntariamente, sin murmuración ni quejas, con prontitud y
fidelidad a Dios y a cuantos representan su autoridad.
Jardinera mía, a vuestra habilidad y a vuestra maternal soli -
citud fío mi mayorana: cuidadla bien.
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REFLEXIÓN:

Lo más importante que he hecho en mi vida.

En cierta ocasión me hicieron esta pregunta:

- " ¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?"

Sabía que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mi trabajo, entonces les respondí:

- "Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de octubre de 1990. Comencé el día jugando al golf con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé.

Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al Hospital. En un instante, mi amigo se subió al coche de su padre y se marchó. Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber qué debía hacer. ¿Seguir a mi amigo al hospital?. Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas. ¿Brindarle mi apoyo moral? Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo, sería estorbar. Así que decidí ir más tarde al hospital a visitar a mi amigo. Al poner en marcha mi coche, me percaté que mi amigo había dejado su todoterreno con las llaves puestas, en el parking. Decidí entonces cerrar su coche e ir al hospital a entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares. No tardó en presentarse un médico, que se acercó a la pareja, comunicándoles en voz baja que su bebé había fallecido. Los padres se abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor.

Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo: “Gracias por estar aquí". Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él. "Esto es lo más importante que he hecho en mi vida", y aquella experiencia me dejó tres enseñanzas:

Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar. Pero estar allí, era lo principal.

Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir.

Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante.

Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente y muchas de otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos. Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; Aprendí que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia. Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores. Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.


ORACIÓN:

Señor, la caridad, tu mandamiento de amor es la esencia del cristianismo y debe ser mi distintivo, en todo lo que haga, piense y diga. Necesito ser dócil a tu gracia para que seas Tú el que tome las riendas de mi vida; yo humildemente te la ofrezco en mi oración de hoy.


Petición

Jesús, dame la gracia de amarte del mismo modo como te amo María, en la oración, la entrega y las obras.


Meditación del Papa Francisco

Sí, estamos aquí para alabar al Señor, y lo hacemos reafirmando nuestra voluntad de ser instrumentos suyos, para que alaben a Dios no sólo algunos pueblos, sino todos. Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre tres aspectos de nuestra vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro.

Llamados por Dios. Creo que es importante reavivar siempre en nosotros este hecho, que a menudo damos por descontado entre tantos compromisos cotidianos: "No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”, dice Jesús. Es un caminar de nuevo hasta la fuente de nuestra llamada […]

Le pedimos a María que nos enseñe a encontrarnos cada día con Jesús. Y, cuando nos hacemos los distraídos, que tenemos muchas cosas, y el sagrario queda abandonado, que nos lleve de la mano. Pidámoselo. Mira, Madre, cuando ande medio así, por otro lado, llévame de la mano. Que nos empuje a salir al encuentro de tantos hermanos y hermanas que están en la periferia, que tienen sed de Dios y no hay quien se lo anuncie. Que no nos eche de casa, pero que nos empuje a salir de casa. Y así que seamos discípulos del Señor. Que Ella nos conceda a todos esta gracia.» (Homilía de S.S. Francisco, 27 de julio de 2013).

Propósito

Nuestro Señor afirma que "nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando... Y esto os mando: que os améis unos a otros". Ésta es la respuesta que el Señor nos da: practicar con generosidad el amor sincero y desinteresado hacia nuestros prójimos.


Aquí está, pues, el secreto para ser buenos sarmientos de la Vid, para ser auténticos amigos de Jesús. ¡Ojalá pudiera tener más discípulos y amigos de verdad! ¿Ya lo eres tú?

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Cómo combinar la misericordia con la justicia?
La Misericordia de Dios no elimina la justicia, la supera


Un gran tema de reflexión ha abierto el Papa Francisco en la Iglesia: el valor de la Misericordia de Dios y la misericordia de los cristianos hacia todos los hombres. Ciertamente la misericordia de Dios es infinita. Pero también está la justicia de Dios. 

Contenido

¿Cómo combinar la justicia con la misericordia? Es una pegunta que se hace la gente.  
Es cierto que por la Redención operada por Jesús en la Cruz, Dios perdona todos los pecados del hombre, por horrendos que hayan sido. Sin embargo, esto lleva implícito el arrepentimiento. La misericordia en realidad va acompañada del perdón, y Dios perdona siempre al hombre que se lo pide.  
La misericordia no exime de culpa al hombre por sus pecados, ni de pedir perdón, ni de su penitencia posterior.  
La misericordia comporta el dolor por los pecados cometidos, grandes o pequeños. 
En consecuencia, ¡qué lejos está la misericordia de conceder “barra libre” a la conciencia del hombre! 



¿Cómo combinar la justicia con la misericordia? Es una pegunta que se hace la gente. 


San Juan Pablo II lo resolvió en su gran encíclica Dives in Misericordia y señaló (n. 9) que la misericordia es “el encuentro de la justicia divina con el amor: el “beso” dado por la misericordia a la justicia”. “Creer en ese amor –n. 8-- significa creer en la misericordia. En efecto, ésta es la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre”. Hay un refrán en español que dice: “quien bien te quiere te hará llorar”.

La misericordia de Dios está por encima de la justicia ( Dives in misericordia, n. 4 y 6), porque “Dios es amor” (1 Jn. 4 y 8). La justicia es “servidora de la caridad” (ídem n. 4). Pero esto no significa que no existe el infierno, ni la condena de quienes mueren rechazando abiertamente a Dios sin arrepentimiento alguno por el mal que han hecho. 
Esto se plasma en el texto del Juicio Final de Mateo (25, 31-46) donde Cristo pone a un lado las ovejas que envía al cielo y al otro los cabritos que envía al “fuego eterno”.

Jesús premia a los que actuaron con misericordia en relación a los demás hombres y castiga a quienes no actuaron con misericordia con “alguno de esos mis hermanos más pequeños” (más necesitados). “Bienaventurados los misericordiosos –dice- porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt., 5, 7). 
Lo anterior no significa que cualquier hombre o mujer se salva simplemente por la misericordia de Dios, sin hacer nada por su parte. De ser así un personaje como Hitler alcanzaría el cielo sin arrepentimiento. 

Es cierto que por la Redención operada por Jesús en la Cruz, Dios perdona todos los pecados del hombre, por horrendos que hayan sido. Sin embargo, esto lleva implícito el arrepentimiento. La misericordia en realidad va acompañada del perdón, y Dios perdona siempre al hombre que se lo pide. 

El paradigma de la misericordia es la del padre del Hijo Pródigo del Evangelio, que perdona a su hijo cuando se ha arrepentido de sus pecados: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti…” (Lc. 15, 11-32). Jesús perdona también al ladrón arrepentido (Lc. 23, 39-43). Y el salmo dice: "Un corazón contrito y humillado Tú Señor no lo desprecias" (Sal 50, 19). 
“Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15, 7). Dios envió el Profeta Natán a David para que se arrepintiera de sus pecados (cfr. 2 Sam. 1-14 y Sal. 50). Y cuando hay un arrepentimiento sigue el perdón porque “Dios es rico en misericordia” (Ef. 2, 4-9). 
Podríamos encontrar muchísimos textos del Antiguo y Nuevo Testamento en los que Dios muestra su infinita misericordia fruto de un amor infinito hacia el hombre cuando éste se muestra arrepentido. 

La misericordia no exime de culpa al hombre por sus pecados, ni de pedir perdón, ni de su penitencia posterior. 

Grandes penitencias hicieron por sus pecados David y los hombres santos de la Biblia, al igual que los santos de nuestra era, desde Pablo de Tarso hasta Teresa de Calcuta. 

En realidad, la propuesta del Papa Francisco es un gran tema de reflexión para todos los creyentes y no creyentes. Lo propone el papa en el Jubileo próximo que empieza en diciembre. 
Como en todo Jubileo, la Iglesia pide la “conversión” del hombre que busca a Cristo redentor. Esta conversión tiene su momento culminante en la celebración del sacramento de la Reconciliación o confesión para que los hombres limpien sus culpas y cumplan sus propósitos y penitencias. 
Si no hubiere pecado, tampoco habría arrepentimiento, y vana sería la misericordia de Dios. Y si no hay pecado, tampoco hay castigo, ni justicia.

La misericordia comporta el dolor por los pecados cometidos, grandes o pequeños.

Entonces Dios da en abundancia esa misericordia, esas gracias enormes que la Iglesia concede en los años jubilares. 

En consecuencia, ¡qué lejos está la misericordia de conceder “barra libre” a la conciencia del hombre!




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