jueves, 30 de abril de 2015

Buenos días, 30 de abril de 2015. San Pío

"El éxito no reside en vencer siempre, sino en no desanimarse nunca.”
Napoleón Bonaparte.

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SANTORAL
Pío V,
papa
Eutropio, Donato, Erconvaldo, Pulcronio, Quirino, Silvio, Cirilo, Severo, obispos; Máximo, Pedro, Luis (Ludovico), Helías, Ullex, presbíteros y mártires; Indalecio, Mariano y Santiago, Amador, Afrodisio, Lorenzo, mártires; Pablo, Isidoro, monjes y mártires; Lupino, Sabina, José Benito Cottolengo, confesores; Genesto, Aimón, monjes; Sofía, virgen y mártir; Ponce, abad.

REFLEXIÓN:
La mama más mala del mundo

Carta de una hija sobre su madre.
 Siempre estuve segura de que me había tocado la mamá más mala del mundo. Desde que era muy pequeña, me obligaba a desayunar o a tomar algo por la mañana.

 Antes de ir colegio, por lo menos debía tomar leche, mientras que otras  madres ni se ocupaban de eso. Me hacía un sándwich o me daba una fruta, cuando los demás niños podían comprar y comer lo que quisieran. ¡Cómo me molestaba eso! Y también sus palabras: "Come, ¡anda!, ¡no dejes sin terminar!, ¡acaba! , ¡hazlo bien!, ¡vuelve a hacerlo!", y así siempre...

      Violó las reglas al poner a trabajar a menores de edad, y me obligaba a hacer mi cama, a ayudar en la preparación de la comida y hacer algunos recados. ¡Cuánto trabajo!

      Fui creciendo y mi mamá se metía en todo: "¿quiénes son tus amigas?, ¿quiénes  son sus mamás?, ¿dónde viven?". Lo peor fue cuando empecé a tener amigos.

 Mientras las otras amigas los podían ver a escondidas, yo los tenía que pasar a casa y presentarlos. ¡Era el colmo! Y el interrogatorio de costumbre: "¿Cómo te llamas?, ¿dónde vives?, ¿qué estudias?, ¿trabajas?".

   Los quehaceres fueron en aumento... que barre, que arregla el armario, todo eso era cansino.

   Los años también pasaron. Me casé e inicié una nueva familia. Ahora soy madre también, y en este día de la Madre me he acercado a comulgar y con gran satisfacción le he dado gracias al Señor por mi mamá. Gracias al cuidado que tuvo con mis  alimentos crecí sana y fuerte, y cuando llegué a enfermarme me cuidó con mucho cariño.

     Gracias a la atención que puso logré terminar mi carrera.
Gracias a que me enseñó a hacer labores en la casa ahora tengo mi hogar limpio y ordenado y sé administrar mi hogar.
Gracias al cuidado que puso para que yo escogiera a mis amigas aún conservo algunas, que son un verdadero tesoro...

Gracias a que conoció a mis amigos, pude darme cuenta quién era el mejor y ahora es mi esposo.

"Gracias, Señor", le dije desde el fondo de mi corazón, "por darme a mi mamá, a mi mamá querida, a quien solo le vi defectos y no cualidades, a esa mamá, que me ha amado tanto y me formó tan bien. Sólo te pido, Señor, que ahora que tengo mis hijos, me consideren la mamá más mala del mundo".
  No está muy en alza el vocación de madre. Hay mujeres que rechazan esta vocación natural. Muchos hijos/as no valoran suficientemente su dura labor.
La sociedad no apoya justamente la maternidad, y en bastantes empresas quedarse embarazada una empleada es jugarse el puesto de trabajo.


ORACIÓN:
Jesús mío, ¡gracias!, por estar presente en la Eucaristía y por darme la posibilidad de poder recibirte en mi interior. Yo solo no puedo corresponder a tanto amor y misericordia, por eso te pido que me muestres, en esta oración, tu voluntad, el camino que he de seguir para poder recibirte dignamente en mi corazón.


Petición

Jesús, no soy digno de que vengas a mí, pero una palabra tuya bastará para sanarme. ¡Ven Señor!


Meditación del Papa Francisco
Esta fe nuestra en la presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, en el pan y en el vino consagrados, es auténtica si nos comprometemos a caminar detrás de Él y con Él. Adorar y caminar: un pueblo que adora es un pueblo que camina. Caminar con Él y detrás de Él, tratando de poner en práctica su mandamiento, el que dio a los discípulos precisamente en la última Cena: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. El pueblo que adora a Dios en la Eucaristía es el pueblo que camina en la caridad. Adorar a Dios en la Eucaristía, caminar con Dios en la caridad fraterna.
Hoy, como obispo de Roma, estoy aquí para confirmaros no sólo en la fe sino también en la caridad, para acompañaros y alentaros en vuestro camino con Jesús Caridad. […] Os aliento a todos a testimoniar la solidaridad concreta con los hermanos, especialmente los que tienen mayor necesidad de justicia, de esperanza, de ternura. La ternura de Jesús, la ternura eucarística: ese amor tan delicado, tan fraterno, tan puro. Gracias a Dios hay muchas señales de esperanza en vuestras familias, en las parroquias, en las asociaciones, en los movimientos eclesiales. (Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2014).
Propósito

Revisar y mejorar mis relaciones con los demás.

Diálogo con Cristo

Padre mío, si realmente conociera lo grande que es el don de la Eucaristía, acudiría con más fervor a recibir este don y trabajaría incansablemente por incrementar el amor a ella en todos los demás, empezando por mi propia familia. Permite, Señor, que sepa compartirte, que mi vida eucarística nunca se centre sólo en mi persona sino que sea el pan que me dé la fuerza para llevar a cabo mi misión.

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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7 consejos del Papa Francisco para ser un buen padre


1. Un padre no quiere hijos iguales a sí mismo, sino hijos sabios y libres: 

“Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud”. 
“Y para que pudieras ser así (sabio), te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto”. 

2. Rigor y firmeza, antes que complicidad y protección.
Mejor padres incomprendidos que endebles. 
“Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando hubieses querido sólo complicidad y protección”. 
“Un padre sabe bien lo que cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. Pero, cuánto consuelo y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia. Es una alegría que recompensa toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura cada herida”.   

3. Un padre presente en la familia, cercano a la esposa y sus hijos 
Un padre presente en la familia: “que sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento”

Un padre presente siempre: “cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando son despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino”. 


4. Un padre presente no es un padre controlador 
Decir presente no es lo mismo que decir controlador. Porque los padres demasiado controladores anulan a los hijos, no los dejan crecer. 


5. Un padre bueno es un padre paciente 
El Papa recordó esa extraordinaria parábola llamada del "hijo pródigo", o mejor del "padre misericordioso" (cf. 15, 11-32). “Cuánta dignidad y cuánta ternura en la espera de ese padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese". 
Los padres deben ser pacientes. Muchas veces no hay otra cosa que hacer más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia. 


6. Sabe perdonar y no humilla, pero tampoco es débil o complaciente 
“Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar desde el fondo del corazón. Cierto, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente, sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin guardar nada para sí”. 


7. El Padrenuestro vivido en la paternidad que soleva del fracaso 
“Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden valentía y abandonan el campo. Pero los hijos necesitan encontrar un padre que los espera cuando regresan de sus fracasos. Harán de todo por no admitirlo, para no hacerlo ver, pero lo necesitan; y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de cerrar”

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