lunes, 20 de abril de 2015

Buenos días, 20 de abril de 2015

A veces estoy enfadado con uno, o con una… pero… olvídalo, olvídalo, y si te pide un favor, hazlo.
Ayudarse unos a otros: esto es lo que Jesús nos enseña y esto es lo que yo hago, y lo hago de corazón, porque es mi deber.
Papa Francisco




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SANTORAL

Inés de Montepulciano,
virgen (c. a. 1270-1317)

Hildegunda, virgen; Teótimo, Marcelino, Lutardo, obispos; Sulpicio, Domingo de Leonisa, confesores; Vicente, Domnino, Marcelino, Teodoro, Serviliano, Víctor, Zótico, Zenón, Acindino, Cesáreo, Acindina, Severiano, Cristóforo, Teonás y Antonino, Alberto niño, mártires; Marciano, Hardouino, monjes; Zaqueo el publicano.




REFLEXIÓN:

Las resistencias a perdonar
Quienes no perdonan son como los jueces inmisericordes.
Quienes no perdonan arrastran de por vida heridas incurables.
Quienes no perdonan se aíslan en sus feudos egoístas.
Quienes no perdonan sucumben a la tentación del orgullo herido.
Quienes no perdonan se condenan al miedo de la venganza.
Quienes no perdonan se vuelven suspicaces.
Quienes no perdonan no podrán convivir consigo mismos.

Principios de sabiduría
Perdonad y seréis perdonados.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten a vosotros.
El que siembra vientos cosecha tempestades.
La medida que uséis la usarán con vosotros.
Quien no perdona se condena a sí mismo.
Quienes no perdonan se esclavizan y quedan víctimas del odio
Quien perdona, pero no olvida, queda víctima del resentimiento.

El beneficio del perdón
El perdón es la puerta para acceder de nuevo a la casa de Dios.
El perdón nos rehabilita la identidad filial divina.
El perdón nos posibilita el retorno del exilio.
El perdón nos deja gustar el abrazo entrañable.
El perdón nos regala el vestido nuevo del primogénito.
El perdón nos da la credencial para sentarnos al banquete.
El perdón nos libra de la mala memoria.

Los frutos del perdón
Quien perdona se asemeja a Dios, el único que puede perdonar.
Quien perdona siembra su propio futuro esperanzador.
Quien perdona acierta a caminar libre de rencor.
Quien perdona alcanza la paz.
Quien perdona se libra de llevar cuentas.
Quien perdona acierta a avanzar sin pesos insoportables.
Quien perdona siembra cosecha de misericordia para sí.

La gracia del perdón
Quien se siente perdonado renace.
Quien se siente perdonado recupera la alegría.
Quien se siente perdonado unge su historia de hitos bendecidos.
Quien se siente perdonado se vuelve magnánimo.
Quien se siente perdonado ensancha sus entrañas.
Quien se siente perdonado tiene más posibilidad de ser buen samaritano.
Quien se siente perdonado vive agradecido y humilde.



ORACIÓN:

Señor Jesús, gracias por darme una nueva posibilidad para amarte más, alabarte y glorificarte. Gracias por darme la fe católica, una fe viva, que jamás se apaga. Te ruego Jesús de todo corazón que no me dejes en la soledad que me hace sentirme perdido. Te pido esperanza, pues yo sé que mi único anhelo eres Tú. Sé que contigo jamás quedaré defraudado porque Tú eres todo para mí. Tú sabes Señor que te quiero, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. María, ven y quédate conmigo en oración para aprender a orar como tú lo hacías.

Petición
Señor Jesús, que yo también te pueda amar hasta el final. Tú lo has hecho todo por mí, ayúdame a vivir para ti y por ti.

Meditación del Papa Francisco
Jesús es Dios y se ha hecho siervo, servidor nuestro y esta es la herencia. También ustedes deben ser servidores los unos de los otros. Jesús ha hecho este camino por amor y también ustedes deben amarse y ser servidores en el amor. Jesús hace este gesto de lavar los pies, que es simbólico, lo hacían los esclavos, los siervos a los comensales. Jesús hace un trabajo, un servicio de esclavo, de siervo. Y esto lo deja como herencia entre nosotros. Por ello debemos ser servidores los unos de los otros".

En este día que la Iglesia conmemora la Última Cena, también hace en la ceremonia este gesto de lavar los pies que nos recuerda que debemos ser siervos unos de otros. Los invito a todos a pensar en el corazón «en los otros», en el amor que Jesús nos dice que debemos tener con los otros y pensar también cómo podemos servir mejor a las otras personas porque así lo ha querido Jesús de nosotros. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 17 de abril de 2014).

Dialogo con Cristo
Señor Jesús, Tú sólo tienes palabras de vida eterna, aliéntame para que yo también pueda ser tu testigo en medio de la sociedad actual. Te pido que me des tu ayuda para tampoco separarme de ti. Yo sé, Señor, que mi única fortaleza eres Tú, pues todo lo puedes. Ayúdame a no tener miedo ante las dificultades porque siempre estás con migo. Amén.



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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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Ante las desilusiones en el matrimonio

Contenido

Busca el momento, el lugar y el tiempo oportuno. 
Entra a dialogar de mutuo acuerdo y con la mayor disposición de encontrar una solución. 
Escucha con atención, mirando a los ojos al que habla, con serenidad, sin juzgar lo que te está diciendo, respetando su opinión y sin interrumpir mientras el otro habla. 
Expresa con claridad, de forma directa y sencilla tu punto de vista o tu necesidad y concéntrate en el problema, hablar realmente del problema del momento, sin traer a colación otros asuntos o situaciones pasadas, porque entonces la bola de nieve seguirá creciendo. Así por ejemplo, es mejor decir “me siento sola e incomprendida y necesito que me escuches”, a decir “es que tú nunca me escuchas”, etcétera. 
Sé humilde y dispuesto a perdonar y pedir perdón, pues tu esposo(a) y tus hijos son lo más importante en tu vida. 
Dialoga hasta llegar a un acuerdo o solución y lleva a la práctica lo acordado. 
Si un día pudieron entenderse y amarse es muy probable que también ahora lo puedan hacer. No olviden pues los sueños y alegrías que los unieron. Tener la voluntad de mejorar su vida conyugal y familiar es una energía poderosa para salir adelante, y recuerden que cuentan siempre con la gracia de Dios. 



El dicho popular que dice “el tigre no es como lo pintan” vale también para el matrimonio. Antes de casarnos pudimos fabricar ideas románticas del amor conyugal, de la maternidad y paternidad. Pudimos imaginar un hogar siempre armónico, un padre siempre cariñoso (además de trabajador y responsable), una madre siempre amorosa y unos hijos siempre obedientes.
La verdad es que estas realidades no se dan por sí solas. Hay que trabajarlas, negociarlas, construirlas poco a poco. La relación conyugal es un estira y afloja donde constantemente hay que expresar las propias necesidades y negociarlas con las necesidades del otro, hasta llegar a acuerdos que satisfagan a los dos.
Una negociación no sirve tampoco de una vez y para siempre. Cambiadas las circunstancias de la vida se puede replantear o sentir que lo acordado unos meses atrás ya no satisface como antes. Por eso hay que estar abiertos a escuchar, negociar y hasta ceder, no una vez, sino varias veces. Esto no quiere decir que siempre eres t quien tiene que ceder. El ceder debe ser de ambos lados para lograr tener un relación armónica. Se debe igualmente saber que no estamos obligados a ceder en aquello que es propio de nosotros y que consideramos una característica personal irrenunciable. Pero sí podemos, por amor, dejar de darle tanta importancia a cosas que no son tan relevantes en nuestra vida.
Si estás pasando por una situación difícil en tu relación matrimonial o de familia, lo primero que tienes que hacer es respirar profundo, tener una actitud positiva. Es decir, es importante pensar que “todo en esta vida tiene solución, excepto la muerte”, y por el amor que le tienes a tu esposo o esposa y familia, vale la pene que busques y logres soluciones a estos problemas. Está claro que solo(a) no puedes. Se necesita del Todo Poderoso para salir avante de la situación.
Es vital que identifiques cuál es el problema del momento. Muchas veces se busca ayuda cuando se tiene ya una bola de nieve que los supera en tamaño. Por eso se debe identificar muy bien cuál es el problema inmediato, para poder ir desenmarañando esa bola de dificultades. Ya identificado el problema, habrá que recurrir al diálogo sincero y profundo con tu cónyuge. Recuerda siempre que es con la persona que está a tu lado que vas a hacer equipo para superar esta situación.
He aquí algunas recomendaciones para llevar acabo un diálogo fructífero:
  • Busca el momento, el lugar y el tiempo oportuno.

  • Entra a dialogar de mutuo acuerdo y con la mayor disposición de encontrar una solución.

  • Escucha con atención, mirando a los ojos al que habla, con serenidad, sin juzgar lo que te está diciendo, respetando su opinión y sin interrumpir mientras el otro habla.

  • Expresa con claridad, de forma directa y sencilla tu punto de vista o tu necesidad y concéntrate en el problema, hablar realmente del problema del momento, sin traer a colación otros asuntos o situaciones pasadas, porque entonces la bola de nieve seguirá creciendo. Así por ejemplo, es mejor decir “me siento sola e incomprendida y necesito que me escuches”, a decir “es que tú nunca me escuchas”, etcétera.

  • Sé humilde y dispuesto a perdonar y pedir perdón, pues tu esposo(a) y tus hijos son lo más importante en tu vida.

  • Dialoga hasta llegar a un acuerdo o solución y lleva a la práctica lo acordado.

Después de tener un diálogo sincero y profundo te sentirás más descansado y en paz. Cada discusión resuelta es como una ganancia que se va acumulando y dejando la sensación de que realmente, a pesar de las diferencias, los dos pueden entenderse. Y es que de hecho, las dificultades significan que hay algo del otro que aún no conozco. Por eso, después de un diálogo los dos han ganado en intimidad y conocimiento. Cuando en cambio el diálogo o la discusión no se da, se van acumulando sensaciones de frustración que pueden crecer como una avalancha y la bola de nieve un día puede amenazar atraparlos.
Cuando estés dialogando y veas que el diálogo se está tornando en una discusión ofensiva, proponle a tu cónyuge que se tomen de las manosse vean a los ojos y eleven una oración al Creador. Después de este pequeño espacio, continúen con su conversación.
Te recomendamos igualmente que, como preparación al diálogo y antes de comenzarlo, le pidas  a tu esposo(a) que lea este artículo, u otro parecido que pueda servirles de orientación en la cual los dos puedan basarse. Esto hará que ambos estén en el mismo canal y con similares actitudes y disposición.
Cuando la relación está muy deteriorada o crees que requiere, que una tercera persona intervenga porque ya entre ustedes dos no pueden llegar a acuerdos o bien no saben como resolverlo, es bueno buscar un profesional, un guía espiritual o una persona recomendable por su conocimiento en el tema o su sabiduría, para que les proporcione una consejería matrimonial. Hay también terapias de grupos o grupos de apoyo a matrimonios que pueden serles útil. Eviten recurrir a un familiar o persona allegada a los dos.
  • Si un día pudieron entenderse y amarse es muy probable que también ahora lo puedan hacer. No olviden pues los sueños y alegrías que los unieron. Tener la voluntad de mejorar su vida conyugal y familiar es una energía poderosa para salir adelante, y recuerden que cuentan siempre con la gracia de Dios.

Por Cinthya de Montalvo


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