miércoles, 4 de marzo de 2015

Buenos días, 4 de marzo de 2015. San Casimiro


Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal”


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SANTORAL
Casimiro,
rey (1460-1484)
Lucio I, papa; Basilio, Eugenio, Agatodoro, Eterio, Capitón, Elpidio, Efrén, Néstor, Arcadio, Leodowaldo, obispos; Cayo, Cirilo, Focio, Arquelao, Cuadrado, Acacio, Quirino, mártires; Adrián, obispo y mártir.

REFLEXIÓN:

DAR Y RECIBIR

Cuando alguien te de una rama con espinas, en vez de tomarla con indignación y correr el riesgo de pincharte las manos, recíbela con serenidad y plántala en el jardín de tu vida. Más, cuando recojas las rosas, no te olvides de mandar por lo menos una para ese alguien. Al fin de cuentas, fue ese alguien quien te dio la rama.

Cuando alguien te dé un puntapié, en vez de devolvérselo, recuerda que diste un paso al frente, en tanto que él quedó un paso atrás.

Cuando alguien te grite, no respondas con otro grito, para no correr el riesgo de quedarte también ronco.

Cuando alguien te escupa, recuerda que un poco de agua y saliva harán que quedes aún más limpio que antes, mientras que el escupidor perdió un poco de saliva que actuaría benéficamente en su digestión.

Cuando al fin, alguien se ría de ti, sonríe a ese alguien. Al final, él precisa mucho una sonrisa.

ORACIÓN:

Demos gloria a Dios con la gratitud de auténticos hijos, pues, ¡lo somos!


Oración introductoria

Señor, mi Amigo y Salvador. Tú siempre me proteges, me cuidas y hoy me invitas en esta oración a estar contigo. Me amas tanto que quieres hablar conmigo y transformar mi corazón. Gracias, por tu misericordia. Sabes cuánto necesito de tu gracia y tu presencia es mi consuelo.


Petición

Jesús, dame una inquebrantable confianza en tu amor incondicional.


Meditación del PapFrancisco
Frente a la multitud que lo sigue y -por así decir- 'no lo deja en paz', Jesús no actúa con irritación, no dice 'esta gente me molesta'. Sino que siente compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Estemos atentos, compasión es lo que siente Jesús. No es simplemente sentir piedad, es más, significa misericordia, es decir, identificarse con el sufrimiento del otro, al punto de cargarlo en sí mismo. Así es Jesús, sufre junto a nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros.
Y el signo de esta compasión son las numerosas curaciones que hace. Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, aún legítimas, no serán nunca tan urgentes como las de los pobres, que no tienen lo necesario para vivir. Nosotros hablamos a menudo de los pobres, pero cuando hablamos de los pobres ¿sentimos a ese hombre, esa mujer, ese niño que no tienen lo necesario para vivir? No tienen para comer, no tienen para vestirse, no tienen la posibilidad de medicinas, también los niños que no pueden ir al colegio. Es por esto que nuestras exigencias, aún legitimas, no serán nunca tan urgentes como la de los pobres que no tienen lo necesario para vivir.» (Papa Francisco, 3 de agosto de 2014)

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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¿POR QUÉ LOS CATÓLICOS CELEBRAMOS EL SANTO U ONOMÁSTICA?

Los santos son miles de ejemplos a seguir


En la historia del pueblo de Israel que nos narra la Biblia, Dios cambia y pone el nombre de las personas para indicar su misión en la vida, como son los casos de Abraham, Sara, Jacob o, el cambio de nombre de Simón a Pedro que realiza Jesús. 

Fue Cicerón el que introdujo el concepto y el nombre de dies onomastica para referirse a la celebración del nombre. 

Antiguamente, por referencias de los historiadores, sabemos con certeza que también se celebraba. Eran normalmente los niños los que componían y ensayaban en la escuela ingenuos poemas que recitaban en la fiesta que dedicaban al homenajeado. Nos habla de ello especialmente Jenofonte en la Ciropedia. 

La fiesta onomástica (la de celebración anual del propio nombre) es común a casi todas las culturas por una razón muy simple, y es que el nombre era la materia prima de la celebración del cumpleaños; es decir que si el cumpleaños aportaba la fecha, el nombre aportaba el contenido de la celebración

Este rito tenía la fuerza no sólo "religiosa", sino también jurídica de vincular al neonato con toda la familia; de injertarlo en el árbol genealógico.

Con el paso de los siglos, esta costumbre se cristianizó, celebrando la onomástica en el día de la fiesta del santo con el mismo nombre, aunque no coincidiera con la fecha de nacimiento. 

Actualmente se suele escoger el nombre del recién nacido por preferencia, aunque, a veces, también se escoge el nombre de algún santo esperando la protección a nuestro hijo en su vida futura. También es frecuente poner a nuestros hijos el mismo nombre del padre, de la madre, de los abuelos o algún familiar querido. 

En cualquier caso, la Iglesia, al canonizar a miles de mártires y santos, lo ha hecho con la finalidad de proporcionarnos modelos de las muchas y diferentes maneras de seguir e imitar a Jesucristo. 

De muchos de ellos tenemos biografías bastante completas, aparte de esculturas y pinturas, de mayor o menor calidad pero, siempre llenas de piedad y, de acuerdo a las formas de manifestarse la piedad en cada época y lugar. 

Los santos interceden por nosotros a través y por los méritos de Jesucristo, efectivamente el único mediador. Los santos pueden interceder por nosotros precisamente por su unión con Cristo. 

El soldado que saluda a la bandera de su país no la está venerando, sino que está haciendo una demostración de respeto a los valores patrios que la bandera representa; de la misma manera que la madre que admira una fotografía de su hijo colgada en la pared está haciendo un acto de amor hacia quien esa imagen representa; lo mismo se puede decir de foto del novio en la cartera o en el celular, o la de la esposa sobre la mesa del despacho. 

Todo eso son actos de amor y veneración, no de adoración; o en todo caso, una veneración que es compatible con la adoración a Dios porque no le sustituye, como es el caso de la idolatría. 

Así de sencillo; cuando un católico realiza un acto de veneración respetuosa ante una imagen de un santo o de la Virgen, lo está haciendo a quien esa imagen representa. 
La tradición cristiana también ha ido nombrando a santas y santos como patronos de pueblos, ciudades, naciones, gremios, profesiones, buscando su protección







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