viernes, 27 de marzo de 2015

Buenos días, 27 de abril de 2015

Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
 
 
 
VIDEO
 
 
 
 
SANTORAL
Juan,
eremita (c. a. 304-394)
 
Ruperto, Pablo, Gelasio, Felipe, presbíteros; Augusta, Alejandro, Fileto, Lidia, Macedón, Teoprepio, Anfiloquio, Crónidas, Zanitas, Lázaro, Marotas, Nersetes (Narses), Mateo, mártires; Juan, eremita; Bercario y Rómulo, abades; Isaac, monje.
 
 

 
REFLEXIÓN:
 
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carentes de recursos para  defender   sus   derechos,   me  pregunto:
 
¿Dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando contemplo a esa anciana olvidada, cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino me pregunto: ¿dónde estarán las manos de Dios?
 
Cuando a esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto:
 
¿Dónde estarán las manos de Dios?
 
Y me enfrento a Él y le pregunto: ¿dónde están tus manos Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandona- do, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados. Después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó, "no te das cuenta de que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas".
 
Y comprendí que las manos de Dios somos "TÚ y YO", los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a sí mismos para ser las manos de Dios.
 
 
ORACIÓN:
 
Señor, quiero pedirte que me abra a tu gracia. Ayúdame a ver con los ojos de la fe y a dejar de lado todo orgullo y soberbia que me impidan estar junto a ti. Te ruego que no te olvides de mi familia y amigos, que les ayudes a amarte más y mejor. Por favor, no permitas que nos separemos de ti.
 
Petición
Señor, haz que nos abramos al amor incondicional del Padre.
 
Meditación del Papa Francisco
En estos meses, más de una vez he hecho referencia a la parábola del hijo pródigo, o mejor del padre misericordioso. El hijo menor deja la casa del padre, despilfarra todo y decide regresar porque se da cuenta de haber errado, pero ya no se considera digno de ser hijo y piensa que puede ser acogido de nuevo como siervo. Sin embargo el padre corre a su encuentro, le abraza, le restituye la dignidad de hijo y hace fiesta. Esta parábola, como otras en el Evangelio, indica bien el proyecto de Dios sobre la humanidad.
 
¿Cuál es el proyecto de Dios? Es hacer de todos nosotros una única familia de sus hijos, en la que cada uno le sienta cercano y se sienta amado por Él, como en la parábola evangélica; sienta el calor de ser familia de Dios. En este gran proyecto encuentra su raíz la Iglesia, que no es una organización nacida de un acuerdo de algunas personas, sino que es —como nos recordó tantas veces el Papa Benedicto XVI— obra de Dios, nace precisamente de este proyecto de amor que se realiza progresivamente en la historia. La Iglesia nace del deseo de Dios de llamar a todos los hombres a la comunión con Él, a su amistad, es más, a participar como sus hijos en su propia vida divina.» (Audiencia de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013).
 
Propósito

Hoy me esforzaré por hablar con una persona que no me llevo bien.
 
Diálogo con Cristo
 
¡Jesús, gracias por permitirme gozar un poco de lo que es tu caridad! Espero que me ayudes a llevar a la práctica este hermoso y difícil mandamiento que es el amor. Nunca permitas que yo te falle. Y si te llegara a fallar, nunca me abandones a mi suerte.
 
 
Por tanto, es el amor misericordioso de Dios el que une firmemente, hoy como ayer, a la Iglesia y hace de la humanidad una sola familia. Benedicto XVI, 19 de abril de 2009.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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LA MUERTE EXPLICADA POR UNA NIÑA CON CÁNCER TERMINAL

"Cuando yo muera, creo que mi madre sentirá nostalgia. Pero yo no tengo miedo a morir. ¡Yo no nací para esta vida!"

Como médico oncólogo, ya endurecido con largos 29 años de actuación profesional, puedo afirmar que he crecido y he cambiado con los dramas vividos por mis pacientes. No conocemos nuestra verdadera dimensión hasta que, golpeados por la adversidad, descubrimos que somos capaces de ir mucho más allá.

Me acuerdo con emoción del Hospital del Cáncer de Pernambuco, donde di mis primeros pasos como profesional... Empecé a frecuentar la enfermería infantil y me apasioné por la oncopediatría.

Viví los dramas de mis pacientes, niños víctimas inocentes del cáncer. Con el nacimiento de mi primera hija, comencé a asustarme al ver el sufrimiento de los niños.
¡Hasta el día en que un ángel pasó a por mí! Mi ángel vino en forma de una niña de 11 años de edad, ya probada por dos largos años de tratamientos diversos, manipulaciones, inyecciones y todas las incomodidades que provocan los programas químicos y las radioterapias.

Pero nunca vi a este pequeño ángel flaquear. La vi llorar muchas veces; también vi miedo en sus pequeños ojos; al fin y al cabo, ¡esto es humano!
Un día llegué al hospital muy temprano y encontré a mi pequeña ángel sola en la habitación. Pregunté por su madre. La respuesta que recibí, aún hoy, no consigo contarla sin experimentar una profunda emoción.

— Tío, me dijo ella — a veces mi madre sale del cuarto para llorar a escondidas en el pasillo... Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia. Pero, yo no tengo miedo a morir, tío. ¡Yo no nací para esta vida!

Le pregunté: — ¿Y qué es la muerte para ti, querida mía?

- Escucha, tío, cuando la gente es pequeña, a veces, nos vamos dormir a la cama de nuestro padre, y al día siguiente nos despertamos en nuestra propia cama, ¿a que sí? (Recordé a mis hijas, en la época en que eran niñas de 6 y 2 años, con ellas yo hacía exactamente igual). Esto mismo es.

Un día yo me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme. Me despertaré en la casa de Él, ¡en mi verdadera vida!

Me quedé estupefacto, no sabía qué decir. Me impactó la madurez con que el sufrimiento había acelerado la visión y la espiritualidad de aquella niña.

- Y mi madre me recordará con nostalgia – añadió ella.

Emocionado, conteniendo una lágrima y un sollozo, le pregunté:

- ¿Y qué significa la nostalgia para ti, querida mía?

- ¡La nostalgia es el amor que permanece!

Hoy, a los 53 años de edad, desafío a quien quiera a dar una definición mejor, más directa y simple de la palabra nostalgia: ¡es el amor que permanece!

Mi angelito ya se fue hace muchos años. Pero me dejó una gran lección que ayudó a mejorar mi vida, a intentar ser más humano y cariñoso con mis pacientes, a revisar mis valores. Cuando la noche llega, si el cielo está limpio y veo una estrella, para mí es “mi ángel ", que brilla y resplandece en el cielo.

Imagino que ella es una estrella fulgurante en su nueva y eterna casa.

Gracias angelito, por la vida bonita que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste. ¡Qué bueno que existe la nostalgia! El amor que queda es eterno.

 

Por el Dr. Rogério Brandão, oncólogo brasileño
Artículo publicado en el blog Pensador, y traducido por Aleteia






2 comentarios:

  1. Muchas gracias Rosa.
    Igualmente, ¡Feliz Pascua de Resurrección!

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