viernes, 13 de marzo de 2015

Buenos días, 13 de marzo de 2015. San Rodrigo y Santa Cristina

Vivir con plenitud es vivir equilibradamente, usando de todo  sin abusar de nada”
 


 
24 HORAS PARA EL SEÑOR
DIOS ES RICO EN MISERICORDIA
#24horasparaelseñor


 
VIDEO
 

 

VIDEO SIRIA




 
SANTORAL

RODRIGO
 
CRISTINA
 
Macedonio, Patricia, su esposa, y Modesta, su hija, Nicamedia, , Teusetas, Horrez, su hijo, Teodora, Nimfodora, Marco y Arabia, Sabino, Cristina, virgen y mártir, Rodrigo y Salomón. Córdoba, 857., Nicéforo, Eufrasia, virgen, Tebaida, Urpasiano,
Heldrado, abad de Novalose;  Beato Bonifacio, príncipe de Saboya, cartujo y arzobispo de Cantorbery, Ansovino, obispo de Camerinos.
 


 
 
REFLEXIÓN:
 
Contaba el Maestro en cierta ocasión la historia de una antigua vasija de cerámica de valor inestimable por lo que había pagado una fortuna en una subasta pública.
 
La vasija había sido usada durante años por un mendigo que acabó sus días en la miseria, totalmente ignorante del valor de aquel objeto con el que había pedido limosna.
 
Cuando un discípulo preguntó al Maestro qué representaba aquella vasija, el Maestro le dijo: "A ti mismo".
 
El discípulo le pidió que se explicara, y el Maestro prosiguió:
 
"Tú centras toda tu atención en el insignificante conocimiento que adquieres de los libros y de los maestros. Sería mejor que le prestaras más atención a la vasija en la que lo guardas".
 
 
 
ORACIÓN:
 
El amor desinteresado del Padre no puede dejarnos indiferentes. Esforcémonos por amar como el Padre nos ama.



Oración Introductoria

Señor, quiero pedirte que me abra a tu gracia. Ayúdame a ver con los ojos de la fe y a dejar de lado todo orgullo y soberbia que me impidan estar junto a ti. Te ruego que no te olvides de mi familia y amigos, que les ayudes a amarte más y mejor. Por favor, no permitas que nos separemos de ti.


Petición

Señor, haz que nos abramos al amor incondicional del Padre.


Meditación del Papa Francisco
 
En estos meses, más de una vez he hecho referencia a la parábola del hijo pródigo, o mejor del padre misericordioso. El hijo menor deja la casa del padre, despilfarra todo y decide regresar porque se da cuenta de haber errado, pero ya no se considera digno de ser hijo y piensa que puede ser acogido de nuevo como siervo. Sin embargo el padre corre a su encuentro, le abraza, le restituye la dignidad de hijo y hace fiesta. Esta parábola, como otras en el Evangelio, indica bien el proyecto de Dios sobre la humanidad.
 
¿Cuál es el proyecto de Dios? Es hacer de todos nosotros una única familia de sus hijos, en la que cada uno le sienta cercano y se sienta amado por Él, como en la parábola evangélica; sienta el calor de ser familia de Dios. En este gran proyecto encuentra su raíz la Iglesia, que no es una organización nacida de un acuerdo de algunas personas, sino que es —como nos recordó tantas veces el Papa Benedicto XVI— obra de Dios, nace precisamente de este proyecto de amor que se realiza progresivamente en la historia. La Iglesia nace del deseo de Dios de llamar a todos los hombres a la comunión con Él, a su amistad, es más, a participar como sus hijos en su propia vida divina.»(Audiencia de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013).


Propósito
Hoy me esforzaré por hablar con una persona que no me llevo bien.


Diálogo con Cristo

¡Jesús, gracias por permitirme gozar un poco de lo que es tu caridad! Espero que me ayudes a llevar a la práctica este hermoso y difícil mandamiento que es el amor. Nunca permitas que yo te falle. Y si te llegara a fallar, nunca me abandones a mi suerte.


Por tanto, es el amor misericordioso de Dios el que une firmemente, hoy como ayer, a la Iglesia y hace de la humanidad una sola familia. Benedicto XVI, 19 de abril de 2009.
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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 Comisión Episcopal para la Familia en Siria
Original francés: Arzobispo Samir NASSAR de Damasco, Siria



VÍA CRUCIS 2015
meditado por las familias sirias refugiadas y necesitadas

"Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos" (Mt 5,10)



I ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE
 "...Pilato entrega a Jesús para que sea crucificado" (Mc 15, 15)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Un inocente sentenciado a muerte. ¡Vaya justicia!
Señor, nuestras familias se sienten en su sufrimiento muy cerca de Ti,
víctimas inocentes a tu imagen y semejanza. Forzadas a abandonar, por la
violencia y la persecución, hogares, escuelas, parroquias, pueblos, vecinos,
amigos y cementerios para vivir en los campos de refugiados en la miseria y
la indiferencia.
Pilatos siempre está ahí para alimentar la injusticia.
Señor, ilumina la mente de estos “jueces” y haz de nosotros mensajeros de
justicia. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

II ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ
"...lo hicieron salir para crucificarlo" (Mc 15, 20)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Jesús es entregado a los soldados: "nada de lo que se ha hecho se ha hecho
sin él" (Jn 1,3). Jesús baja la cabeza y marcha, humillado, cargando la cruz,
indefenso.
Señor Jesús, la fuerza del mal continúa arrasando y destruyendo. Tú, Señor,
que te has identificado con los más débiles, mira a nuestras familias
debilitadas, humilladas y desgarradas por la violencia. Ellas, como tú, son
las víctimas de la injusticia.
Dales fuerza para poder cargar con la cruz y conservar la fe y la esperanza
en ti. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

III ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
"Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades" (Ls 53, 5)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Aquel que ha llevado la paz al mundo, herido por nuestros pecados, cae
bajo el peso de nuestras faltas.
Señor, somos aplastados por el peso de la cruz y la gran desolación que nos
rodea. Grande es nuestro egoísmo y nuestra debilidad, que nos arrastran
hacia abajo.
Reincorpóranos, Señor, tras nuestras caídas, y lleva nuestro espíritu hacia
tu verdad. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

IV ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON LA VIRGEN
"...una espada te atravesará el corazón" (Lc 2,35)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Herido y sufriendo mientras carga con la cruz de la humanidad, Jesús se
encuentra con su Madre y, sobre su rostro, con toda la humanidad. De este
sufrimiento mutuo entre hijo y madre nace una nueva humanidad.
Oh María, Madre de Dios, tú que has visto tú misma a tu hijo sufriendo,
ayúdanos a las madres privadas de sus hijos, que sufren y mueren
completamente solos y alejados de ellas.
En nuestra vida cotidiana, los hijos y los padres pueden infligirse daño
mutuamente. Ayúdanos, Señor, a transformar nuestras familias y patrias en
espacios de amor y serenidad a imagen de la Sagrada Familia. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ
"...lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús" (Lc 23, 26)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Este encuentro silencioso entre Jesús y Simón de Cirene es una lección de
vida. Dos miradas que se cruzan, un discurso que dice mucho de ello... El
sufrimiento acogido en la fe traza un camino de salvación...
Señor, nuestras familias han sido abandonadas a su desgracia. Ellas esperan
que tú pongas a su disposición una mano, un corazón, un “Simón de Cirene”
en su travesía por el desierto. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

VI ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS
"...yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí" (Sal 27,8-9)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

La Verónica realiza un gesto simbólico muy fuerte. Ella acude a enjugar el
dolor de tu rostro. Un gesto de fe que expresa su amor por ti. Este rostro
quedó impreso según la tradición cristiana.
¿Quién va a enjugar los rostros heridos de nuestros hermanos y de nuestras
madres que lloran por sus hijos y su desgracia?
Haz, Señor, que veamos tu rostro en el de los pobres perseguidos y en el de
las víctimas inocentes de la violencia y la injusticia. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

VII ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
"No te quedes lejos, porque acecha el peligro y no hay nadie para socorrerme" (Sal 22, 8-12)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Esta segunda caída bajo el peso de la cruz es signo de la soledad en el
sufrimiento. La injusticia y la violencia arrastran al pueblo humilde al
abismo. Vuestra soledad, Señor, se une al aislamiento de las más pobres
víctimas del egoísmo mundial.
Ven, Espíritu Santo, para consolar y fortificar y sembrar esperanza en los
corazones de estos oprimidos, para que, unidos a Cristo, sean testigos de su
amor universal. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

VIII ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN
"¡Hijas de Jerusalén!, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos" (Lc 23, 27-28) 

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Estas mujeres no ven en la cruz otra cosa que un signo de maldición,
mientras que el Señor la ve como un medio de redención para limpiar los
pecados y consolar a los oprimidos. Él ha abierto los ojos de las mujeres a la
verdad pascual.
Señor, nuestras madres heridas y abandonadas a su sufrimiento tienen
necesidad de tu consuelo y confortación.
Oh Cristo sufriente, sé su paz y el bálsamo de sus heridas. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

IX ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
"Y Él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2Co 5, 15)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Por tercera vez, Jesús cae bajo el peso de la cruz, y pese a que le faltan las
fuerzas, intenta reincorporarse.
Señor, este humilde pueblo debilitado y agotado intenta reunir, en vano,
fuerzas para reincorporarse.
Nuestras divisiones son profundas... las de la Iglesia, también.
La unidad de los cristianos se aleja de la filiación divina.
Señor, ayúdanos a reincorporarnos y a avanzar por el camino del perdón y la
unidad, que es consecuencia de tus sufrimientos redentores. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

X ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
"...se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica" (Sal 22,19)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Señor, tú has cargado con la humanidad, y las numerosas víctimas de la
violencia ciega están indefensas y no pueden hacer más que unirse al
sufrimiento liberador de tu amor infinito.
Señor, concede a nuestros pobres refugiados despojados por diversas
dificultades que puedan vencer el miedo y permanecer en esta tierra santa
que se vacía de sus últimos cristianos, testigos de tu palabra.
Ensénanos, Señor, a distanciarnos de los bienes materiales para vivir en tu
estela la pobreza evangélica. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

XI ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ
"Pilato redactó una inscripción que decía: ‘Jesús el Nazareno, rey de los judíos’, y la hizo poner sobre la cruz" (Jn 19, 19)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Señor Jesús, tú que has sido crucificado por nuestros pecados. Cada golpe
de martillo resuena en nuestros corazones.
Nuestros hijos son martirizados, sacrificados salvajemente en una violencia
sin sentido. Estos jóvenes oprimidos están muy cerca de tu calvario.
Señor, que tu sufrimiento redentor libere a estos jóvenes y estas familias de
su servidumbre para descubrir tu rostro divino. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

XII ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23, 46)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Este grito de abandono quiebra el muro del silencio y abre la vía de la
libertad. Todo el sentido de la cruz toma su valor de este sufrimiento
redentor. Estas víctimas inocentes no han muerto en balde.
Con tu muerte, Señor, has abierto las puertas del Reino, de la vida eterna.
La muerte no nos derrotará.
La muerte nos introduce en la Resurrección.
Señor, abre los corazones de aquellos que ponen en peligro la vida de
terceros. Haz que descubran el valor de la vida humana, reflejo de tu
divinidad. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

XIII ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE
"Luego dijo al discípulo: ‘Aquí tienes a tu madre’" (Jn 19, 27)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Señor Jesús, quien te ama se queda a tu lado.
María es el modelo de este amor, modelo de nuestra fe.
Oh María, nuestra Madre, en tus manos encomendamos a nuestros mártires,
nuestros refugiados, los torturados por la injusticia, el odio y la exclusión.
Querida Madre, te confiamos a nuestros hijos sin escuelas, a nuestros
enfermos sin cuidados, a nuestros refugiados sin techo.
Haz, Señor, que la sangre de las víctimas inocentes sea la semilla de una
nueva sociedad fraternal, pacífica y más justa. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

XIV ESTACIÓN: JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO
"Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas" (Jn 19, 40)

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu santa cruz redimiste, Señor, al mundo.

Bienaventurado sea Nicodemo, que recibe el cuerpo de Jesús, lo amortaja y
lo deposita en la tumba.
Jesús se deja crucificar en el mismo abandono totalmente entregado en las
manos de los hombres y perfectamente unido a ellos.
En efecto, por el bautizo de su muerte nos hemos introducido en la tumba
con él... y la nueva vida brota de la tumba.
De nuestras tenebrosas tumbas, Señor, haz brotar la luz de la Resurrección.
Concédenos, Señor, la gracia de elegir tu vía crucis liberador y de conservar
firmes la fe y la esperanza. Señor, haz de nosotros hijos de la luz que ya no
temen a las tinieblas.Haz, Señor, que nuestro vía crucis desemboque en el
perdón, la reconciliación y la paz a la luz del Resucitado. Amén.

Señor, pequé: Tened piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


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