martes, 24 de febrero de 2015

Buenos días, 24 de febrero de 2015. San Modesto

Hoy el reto del amor es descubrir que eres amado sólo por ser tú
 
 
VIDEO
 
 
 
 
SANTORAL
 
Modesto,
obispo († 486)
 
Pretextato, Letardo, Modesto, obispos; Sergio, Montano, Lucio, Julián, Victorico, Flaviano, Prímolo, Domiciano y Primitiva, mártires; Baldomero, confesor; Edilberto, rey; Demetriades, matrona; Roberto de Arbriselle, fundador.
 
 
REFLEXIÓN:
 
Qué bueno que tú existas
 
Marcel Marceau, el gran artista del mimo, había concluido su espectáculo entre interminables ovaciones de un público entusiasmado. Ya instalado en el camerino, sudoroso y fatigado, se dedicaba a ir eliminando hasta el último resto del maquillaje que le cubría el rostro. Fuera, ante la puerta, guardaban cola una serie de admiradores y varios periodistas, a la espera de poder conversar un poco con el famoso personaje. Y de pronto, vieron a una viejecita, que salía de no se sabe dónde, avanzando lentamente con la ayuda de un bastón. Abrió la puerta del camerino sin preocuparse de llamar y sin pensar un instante en todos los que aguardaban su oportunidad de pasar, y penetró en el interior. Refiere uno de los periodistas, que lo que presenció desde fuera, que la anciana llegó hasta el artista y se limitó a decir:
 
-Gracias, Marcel, por existir.
 
Y declarado eso, dio media vuelta y abandonó el camerino con la misma parsimonia con la que había aparecido.
Es curioso, pero las palabras de la abuela coincidían con la conocida definición de amor del filósofo Joseph Pieper: "Amar es exclamar continuamente ante el ser amado: ¡Qué bueno que existas!"
 
 
ORACIÓN:
 
Antes de corregir, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás.         
 
Oración introductoria
 
Señor, gracias, por ser tan bueno. Por darme la oportunidad de este momento de oración. Ayúdame a estar atento a las inspiraciones de tu Espíritu Santo. Este día seguramente estará lleno de desafíos y actividades, oportunidades para perdonar  y buscar el perdón: con tu gracia lo podré vivir plenamente.
 
Petición
 
Concédeme cultivar, Señor, un alma contemplativa, sencilla y alegre para lograr ser un instrumento de tu paz.
 
Meditación del Papa
 
Otro fruto de la caridad en la comunidad es la oración en común. Dice Jesús: "Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". La oración personal es ciertamente importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que -incluso siendo muy pequeña- es unida y unánime, porque ella refleja la realidad misma de Dios uno y trino, perfecta comunión de amor. Dice Orígenes que "debemos ejercitarnos en esta sinfonía", es decir en esta concordia dentro de la comunidad cristiana. Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo. (Benedicto XVI, 4 de septiembre de 2011).
 
Diálogo con Cristo
 
Señor, te pedimos que al corregir, procuremos usar una gran bondad, mansedumbre y miramiento, y de un hondo sentido de la justicia y la equidad.
 
Si somos corregidos alguna vez –pues también nosotros estamos sometidos a autoridad–, no nos rebelemos ni tomemos a mal la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez, según Tus palabras: "Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido; porque el Señor reprende a los que ama, y castiga a todo el que por hijo acoge" (Hb 12, 5-6; Prov 3, 11-12).
 
Petición
 
Te pedimos para que sepamos dar una educación y ejemplo auténticamente cristiano​
 a nuestros hijos y a los niños y jóvenes confiados a nuestro cuidado o que puedan aprender de nosotros.
 

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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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LOS PADRES AUSENTES PRODUCEN HERIDAS MUY GRAVES Y DESVIACIONES DE LOS NIÑOS

Si fue importantísimo superar «el autoritarismo, en ciertos casos el atropello» que caracterizó a ciertos padres de familia en el pasado, «el problema de nuestros días», tanto en la familia como en el contexto de la sociedad, «ya no parece ser tanto la presencia invidente de nuestros padres, sino más bien su ausencia». Lo dijo el Papa Francisco prosiguiendo con el ciclo de catequesis sobre la familia en la audiencia general que se llevó acabo en el Aula Pablo VI.

La palabra padre, dijo el papa Francisco, es una de las palabras más queridas por «nosotros cristianos, porque es el nombre con el cual Jesús nos ha enseñado a llamar a Dios: Padre. El sentido de este nombre ha recibido una nueva profundidad precisamente a partir del modo en el cual Jesús lo usaba para dirigirse a Dios y manifestar su especial relación con Él. El misterio bendito de la intimidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu, rebelado por Jesús, es el corazón de nuestra fe cristiana».

Sin embargo, explicó, « hoy se ha llegado a afirmar que nuestra sociedad sería una “sociedad sin padres”. En otros términos, en particular en la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desvanecida, removida. En un primer momento, la cosa fue percibida como una liberación: liberación del padre-padrón, del padre como representante de la ley que se impone desde el exterior, del padre como censor de la felicidad de los hijos y obstáculo a la emancipación y a la autonomía de los jóvenes. En efecto, en el pasado algunas veces en nuestras casas reinaba el autoritarismo, en ciertos casos incluso el atropello: padres que trataban a los hijos como siervos, no respetando las exigencias personales de su crecimiento; padres que no los ayudaban a emprender su camino con libertad – pero no es fácil educar a un hijo en libertad – padres que no los ayudaban a asumir las propias responsabilidades para construir su futuro y aquel de la sociedad. Esto ciertamente es una actitud no buena. Pero como frecuentemente sucede, se pasa de un extremo al otro».

El problema de nuestros días, prosiguió el Papa, ya no parece ser tanto la presencia invadente de los padres, sino su ausencia.

«Los padres están a veces tan concentrados en sí mismos -indicó- y en su propio trabajo y a veces sobre su propia realización individual, al punto de olvidar también la familia. Y dejan solos a los niños y a los jóvenes. Ya como obispo de Buenos Aires advertía el sentido de orfandad de viven hoy los chicos. Y a menudo les preguntaba a los papás si jugaban con sus hijos, si tenían el coraje y el amor de perder tiempo con los hijos. Y la respuesta era fea. En la mayoría de los casos era: “no puedo porque tengo tanto trabajo”. El padre estaba ausente con ese hijo que crecía y no jugaba con él, no perdía tiempo con él. Ahora, en este camino común de reflexión sobre la familia, quisiera decir a todas las comunidades cristianas que debemos estar más atentos: la ausencia de la figura paterna en la vida de los pequeños y de los jóvenes produce lagunas y heridas que pueden ser también muy graves», cuando no verdaderas «desviaciones de los niños y de los adolescentes».

Según Francisco, «el sentido de orfandad que viven tantos jóvenes es más profundo de lo que pensamos. El sentido de orfandad que viven tantos jóvenes es más profundo de lo que pensamos. Son huérfanos pero ‘en familia’, porque los padres a menudo están ausentes, incluso físicamente, de casa, pero sobre todo porque, cuando están, no se comportan como padres, no dialogan con sus hijos, no cumplen con su tarea educativa, no dan a los niños con su ejemplo acompañado de las palabras, aquellos principios, aquellos valores, esas reglas de vida, de las que necesitan como el pan. La calidad educativa de la presencia paterna es mucho más necesaria cuanto más el papá se ve obligado por trabajo a estar lejos de casa. A veces pareciera que los papás no supieran bien qué lugar ocupar en la familia y cómo educar a los hijos. Y entonces, ante la duda, se abstienen, se retiran y descuidan sus responsabilidades, tal vez, refugiándose en una relación improbable “a la par” con los hijos. Es verdad que debes ser compañero de tu hijo, pero sin olvidar que tú eres el padre ¿eh? Si solamente te comportas como un compañero ‘a la par’ de tu hijo, esto no le hará bien al muchacho».

Y el Papa añadió, extendiendo la mirada: «Pero esto también lo vemos en la comunidad civil. La comunidad civil con sus instituciones, tiene una cierta responsabilidad, podemos decir, paterna hacia los jóvenes. Una responsabilidad que a veces descuida o ejerce mal. También ella a menudo los deja huérfanos y no les propone una verdad de perspectiva. Los jóvenes quedan, así, huérfanos de caminos seguros a recorrer, huérfanos de maestros en los cuales confiarse, huérfanos de ideales que inflamen el corazón, huérfanos de valores y esperanzas que los sostengan cotidianamente. Son llenados, tal vez, de ídolos, pero se les roba el corazón; son empujados a soñar diversiones y placeres, pero no se les da trabajo; son ilusionados con el dios dinero, y se les niegan las verdaderas riquezas».

Jorge Mario Bergoglio concluyó diciendo: «Alguno de ustedes podría decirme: “Padre, usted hoy ha sido demasiado negativo; ha hablado sólo de la ausencia de los padres, y de lo que sucede cuando los padres no están cerca de los hijos”. Es verdad, he querido subrayar esto porque el próximo miércoles seguiré con esta catequesis, poniendo a la luz la belleza de la paternidad. Por esto he elegido comenzar de la oscuridad para llegar a la luz».



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