lunes, 16 de febrero de 2015

Buenos días, 16 de febrero de 2015. Santa Juliana

El verdadero amor es amar y dejarme amar.
Es más difícil dejarse amar que amar.
Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios,
porque podemos amarlo,
pero lo importante es dejarnos amar por el Señor”.
PAPA FRANCISCO



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SANTORAL

Juliana,
virgen y mártir († s. III)

Faustino, Onésimo, Honesto, Simeón, obispos; Pánfilo, Valente, Paulo, Porfirio, Julián, Elías, Isaías, Samuel, Daniel, Jeremías, Seleuco y Teódulo, mártiresJuliana, virgen y mártir; Flaviano, anacoreta.



REFLEXIÓN:


Un sabio preguntó:

¿Por qué la gente se grita cuando está enfadada?

Los hombres pensaron unos momentos:

Porque perdemos la calma —dijo uno— por eso gritamos.

Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? —Preguntó el sabio—.  ¿No es posible hablarle en voz baja?  ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enfadado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.  Finalmente él explicó:

Cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enfadadoss estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego el sabio preguntó:
¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?, ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué?  Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

El sabio continuó:

Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede?  No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor.  Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego el sabio dijo:

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.



ORACIÓN:

Sólo el camino de unión progresiva con Él puede ser el verdadero proceso de curación del hombre. 


Oración introductoria

Señor, no permitas que las preocupaciones de este día, que silenciosamente se convierten en espíritus inmundos, dominen esta oportunidad que tengo ahora de dialogar contigo en la oración. Quiero poder contemplarte en silencio. Dame tu gracia para poder encontrarme contigo.

Petición

Jesús, aumenta mi fe, cura mi debilidad.


Meditación del Papa Francisco

Jesús es perseguido desde el principio: recordamos cuando, al inicio de su predicación, regresa a su pueblo, va a la sinagoga y predica; inmediatamente, después de una gran admiración, empiezan: 'Pero este, sí sabemos de donde es. Este es uno de los nuestros. ¿Pero con qué autoridad viene a enseñarnos? ¿Dónde ha estudiado?' ¡Lo descalifican! Es el mismo discurso, ¿no? ¡Pero este sabemos de dónde es! ¡Cristo, sin embargo, cuando venga nadie sabrá de dónde es! ¡Descalificar al Señor, descalificar al profeta para quitarle la autoridad!

Descalificarlo porque Jesús salía y hacia salir de ese ambiente religioso cerrado, de esa jaula, lucha contra las personas que enjaulan al Espíritu Santo. Y por esto es perseguido: ¡siempre! Los profetas son todos perseguidos o incomprendidos, dejados de lado. ¡No les dan su lugar! Esta situación, ha proseguido, no ha terminado con la muerte y resurrección de Jesús: ¡ha continuado en la Iglesia! ¡Perseguidos fuera y perseguidos dentro! Cuando leemos las vidas de los santos cuántas incomprensiones, cuántas persecuciones han sufrido los santos, porque eran profetas. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 4 de abril de 2014, en Santa Marta).

Propósito

Pedir a Dios me libre de buscar la gloria humana y esforzarme por ser discreto en todo.


Diálogo con Cristo 

Señor, te pido que así como rescataste al hombre poseído por un espíritu inmundo me liberes de la búsqueda de la gloria humana. Ayúdame a ser humilde, que todas mis acciones estén impregnadas de la pureza de intención. Que haga el bien de manera oculta, sin esperar recompensa.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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“LA GUERRA ES UNA GRAN LOCURA” EL PAPA EN EL CEMENTERIO DE REDIPOUGLIA

Tabla de contenido

Texto de la homilía del Papa Francisco 
Solamente acierto a decir: la guerra es una locura. 
La guerra destruye: Destruye también lo más hermoso que Dios ha creado: el ser humano. 
La avaricia, la intolerancia, la ambición de poder… son motivos que alimentan el espíritu bélico, y estos motivos a menudo encuentran justificación en una ideología 
La humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”. 
Quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida “por partes”, con crímenes, masacres, destrucciones 
“¿A mí qué me importa?”. En palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?». Esta actitud es justamente lo contrario de lo que Jesús nos pide en el Evangelio 
También hoy hay tantas víctimas… ¿Cómo es posible esto? 
Es de sabios reconocer los propios errores, sentir dolor, arrepentirse, pedir perdón y llorar. 
Con corazón de hijo, de hermano, de padre, pido a todos ustedes y para todos nosotros la conversión del corazón: pasar de ese “¿A mí qué me importa?” al llanto… por todos los caídos de la “masacre inútil” 




El Papa Francisco al Cementerio monumental militar de Redipuglia, donde rezó por los caídos de todas las guerras, a cien años del inicio de la Primera Guerra Mundial.
Después de 22 años un Papa regresa en peregrinación a esta localidad, tras la realizada por san Juan Pablo II, el 3 de mayo de 1992, en que recordó el sacrificio y los sufrimientos de miles de jóvenes víctimas de la I Guerra Mundial y que descansan en este Cementerio militar: cien mil caídos de los cuales aún 60 mil sin nombre, muertos en las trincheras de Carso y de Isonzo.
Se trató de un signo fuerte de invocación a la paz y de oración por los caídos de todas las guerras, para decir que la guerra sigue siendo una “inútil masacre” que hace mal, tanto a quienes la combatieron en 1900 como a quienes la combaten hoy en el mundo.
El Papa celebró la Eucaristía ante más de diez mil fieles, los Cardenales de Viena y Zagreb y con los Obispos procedentes de Eslovenia, Austria, Hungría y Croacia así como de las diócesis italianas de Friuli Venezia Giulia, además de con los Ordinarios y los Capellanes Militares.

Texto de la homilía del Papa Francisco

  • Solamente acierto a decir: la guerra es una locura.

Después de haber contemplado la belleza del paisaje de esta zona, en la que hombres y mujeres trabajan para sacar adelante a sus familias, donde los niños juegan y los ancianos sueñan… encontrándome aquí, en este lugar, en este cementerio, solamente acierto a decir: la guerra es una locura.
  • La guerra destruye: Destruye también lo más hermoso que Dios ha creado: el ser humano.

Mientras Dios lleva adelante su creación y nosotros los hombres estamos llamados a colaborar en su obra, la guerra destruye. Destruye también lo más hermoso que Dios ha creado: el ser humano. La guerra trastorna todo, incluso la relación entre hermanos. La guerra es una locura; su programa de desarrollo es la destrucción: ¡querer desarrollarse, crecer mediante la destrucción!
  • La avaricia, la intolerancia, la ambición de poder… son motivos que alimentan el espíritu bélico, y estos motivos a menudo encuentran justificación en una ideología

La avaricia, la intolerancia, la ambición de poder… son motivos que alimentan el espíritu bélico, y estos motivos a menudo encuentran justificación en una ideología; pero antes está la pasión, el impulso desordenado. La ideología es una justificación, y cuando no hay una ideología, está la respuesta de Caín: “¿A mí qué me importa de mi hermano?, ¿A mí qué me importa? ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4, 9). La guerra no se detiene ante nada ni ante nadie: ancianos, niños, madres, padres… “¿A mí qué me importa?”.
  • La humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”.

Sobre la entrada a este cementerio, se levanta el lema desvergonzado de la guerra: “¿A mí qué me importa?”. Todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… pero sus vidas quedaron truncadas. Porque la humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”.
  • Quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida “por partes”, con crímenes, masacres, destrucciones

También hoy, tras el segundo fracaso de otra guerra mundial, quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida “por partes”, con crímenes, masacres, destrucciones…
Para ser honestos, la primera página de los periódicos debería llevar el titular: “¿A mí qué me importa?”. En palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?».
  • ¿A mí qué me importa?”. En palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?». Esta actitud es justamente lo contrario de lo que Jesús nos pide en el Evangelio

Esta actitud es justamente lo contrario de lo que Jesús nos pide en el Evangelio. Lo hemos escuchado: Él está en el más pequeño de los hermanos: Él, el Rey, el Juez del mundo, es el hambriento, el sediento, el forastero, el encarcelado… Quien cuida al hermano entra en el gozo del Señor; en cambio, quien no lo hace, quien, con sus omisiones, dice: “¿A mí qué me importa?”, queda afuera.
Aquí y en el otro cementerio hay tantas víctimas. Hoy nosotros las recordamos. Hay lágrimas, hay dolor, hay luto. Y desde aquí recordamos a las víctimas de todas las guerras. 
  • También hoy hay tantas víctimas… ¿Cómo es posible esto?

También hoy hay tantas víctimas… ¿Cómo es posible esto? Es posible porque también hoy, en la sombra, hay intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder, y está la industria de las armas, que parece ser tan importante.
Y estos planificadores del terror, estos organizadores del desencuentro, así como los fabricantes de armas, llevan escrito en el corazón: “¿A mí qué me importa?”. 
  • Es de sabios reconocer los propios errores, sentir dolor, arrepentirse, pedir perdón y llorar.

Es de sabios reconocer los propios errores, sentir dolor, arrepentirse, pedir perdón y llorar. Con ese “¿A mí qué me importa?”, que llevan en el corazón los que negocian con la guerra, quizás ganan mucho, pero su corazón corrompido ha perdido la capacidad de llorar. Ese “¿A mí qué me importa?” impide llorar. Caín no lloró. La sombra de Caín nos cubre hoy aquí, en este cementerio. Se ve aquí. Se ve en la historia que va de 1914 hasta nuestros días. Y se ve también en nuestros días.
  • Con corazón de hijo, de hermano, de padre, pido a todos ustedes y para todos nosotros la conversión del corazón: pasar de ese “¿A mí qué me importa?” al llanto… por todos los caídos de la “masacre inútil”

Con corazón de hijo, de hermano, de padre, pido a todos ustedes y para todos nosotros la conversión del corazón: pasar de ese “¿A mí qué me importa?” al llanto… por todos los caídos de la “masacre inútil”, por todas las víctimas de la locura de la guerra de todos los tiempos. Hermanos la humanidad tiene necesidad de llorar, y ésta es la hora del llanto.











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