martes, 2 de abril de 2013

Buenos días, 2 de abril de 2013



"La mente es como un paracaídas…
Sólo funciona si la tenemos abierta".
Albert Einstein



SANTORAL

Francisco de Paula,
fundador de la Orden de los Mínimos (1416 1508)

Nuestra Señora del Camino.

Teodosia, Anfiano, Edesio, Enrique, Eutimio, Tito, Flodoberta, mártires; Abundio, Urbano, Nicesio, Víctor, Bernardo, obispos; María Egipcíaca,penitente; Elba, abadesa; Juan Laine, mártir (beato).




REFLEXIÓN:

Un hombre susurró: Dios, habla conmigo.

Y un ruiseñor comenzó a cantar... Pero el hombre no oyó. ¡Entonces el hombre repitió: Dios, habla conmigo! Y el eco de un trueno, se oyó...

Mas el hombre fue incapaz de oír. El hombre miró en derredor y dijo: ¡Dios, déjame verte!

Y una estrella brilló en el cielo... Pero el hombre no la vio.

El hombre comenzó a gritar: ¡Dios, muéstrame un milagro!

Y un niño nació... Mas el hombre no sintió el latir de la vida. Entonces el hombre comenzó a llorar y a desesperarse: ¡Dios, tócame y déjame saber que estás aquí conmigo...!

Y una mariposa se posó suavemente en su hombro... El hombre espantó la mariposa con la mano y, desilusionado, continuó su camino, triste, sólo y con miedo.

Moraleja: Dios se muestra ante nosotros en cada obra de la vida solo hay que verlo, escucharlo, sentirlo, etc.

ORACIÓN:


Señor Jesús, dame la gracia para que sepa guardar el silencio que me puede llevar a tener un momento de intimidad contigo en esta oración. Creo en ti, Señor, te amo y confío en que Tú también quieres estar conmigo.

Meditación del Papa

Al igual que antes, junto al sepulcro, también ahora aparecen dos hombres vestidos de blanco y dirigen un mensaje: "Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse". Con eso queda confirmada la fe en el retorno de Jesús, pero al mismo tiempo se subraya una vez más que no es tarea de los discípulos quedarse mirando al cielo o conocer los tiempos y los momentos escondidos en el secreto de Dios. Ahora su tarea es llevar el testimonio de Cristo hasta los confines de la tierra. La fe en el retorno de Cristo es el segundo pilar de la confesión cristiana. Él, que se ha hecho carne y permanece Hombre sin cesar, que ha inaugurado para siempre en Dios el puesto del ser humano, llama a todo el mundo a entrar en los brazos abiertos de Dios, para que al final Dios se haga todo en todos, y el Hijo pueda entregar al Padre al mundo entero asumido en Él. Esto implica la certeza en la esperanza de que Dios enjugará toda lágrima, que nada quedará sin sentido, que toda injusticia quedará superada y establecida la justicia. La victoria del amor será la última palabra de la historia del mundo. Como actitud de fondo para el «tiempo intermedio», a los cristianos se les pide la vigilancia. Esta vigilancia significa, de un lado, que el hombre no se encierre en el momento presente, abandonándose a las cosas tangibles, sino que levante la mirada más allá de lo momentáneo y sus urgencias. De lo que se trata es de tener la mirada puesta en Dios para recibir de Él el criterio y la capacidad de obrar de manera justa. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, segunda parte, p. 110).


Propósito

Hoy buscaré servir humildemente a una persona que provoque en mí, sentimientos negativos.

Diálogo con Cristo

Te alabo y te doy gracias, Señor, porque me permites tener este tiempo de oración personal. La tentación de la actividad es grande en estos días. Gran paradoja, porque no es con la actividad como podré conformar mi interior para poder celebrar la Vigilia Pascual. Pero tu gracia, y mi servicio a los demás, harán la diferencia. Sé que Tú sabrás ponerme los medios para que, aun en medio de la actividad, pueda tener momentos de recogimiento.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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La alegría de vivir


POR JUAN DEL RÍO MARTÍN ARZOBISPO CASTRENSE DE ESPAÑA

La sociedad actual está repleta de deleites que dejan insatisfecho el corazón de la persona. Todo es tan artificial, que la vida se nos escapa y no descubrimos la felicidad que encierra el existir humano, a pesar de que caminemos por “cañadas oscuras” en estos tiempos de crisis. La gran pregunta del domingo de Pascua es: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lc 24,5). A esto respondía el Papa Francisco, cuando era Cardenal de Buenos Aires (Argentina): “¡Cuántas veces necesitamos que esta frase nos rescate del ámbito de la desesperanza y de la muerte! Necesitamos que se nos grite esto cada vez que, recluidos en cualquier forma de egoísmos pretendemos saciarnos con el agua estancada de la autosuficiencia. Necesitamos que se nos grite esto cuando, seducidos por el poder terrenal que se nos ofrece, claudicamos de los valores humanos y cristianos y nos embriagamos con el vino de la idolatría de nosotros mismos que solo puede prometernos un futuro sepulcral” (2007).

Ante una cultura depresiva y descreída, es urgente que los cristianos de hoy recuperemos la frescura de los primeros discípulos que surgió porque no creían en un Dios de muertos, sino en un Dios de vivos, que había resucitado a su Hijo Jesucristo de “entre los muertos”, y ellos eran sus testigos. (cf. Hech 3,15).

La resurrección produjo en el corazón de la comunidad primitiva una explosión de indescriptible alegría: Dios ha cumplido su palabra, la muerte ha sido vencida y nuestro final no es la nada sino la plenitud del amor en el gran Viviente. ¿A qué es debido esto? Porque Dios no se ha desentendido de las criaturas, sino que se hizo hombre por nosotros, cargando con las miserias de la débil naturaleza humana, la cual se ha visto trasformada por la muerte y resurrección del Señor Jesús. Con ello ha abierto caminos de esperanza de que también tú y yo participaremos un día de su gloria divina. “Si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte”. (1Cor 15,19).

La alegría cristiana está basada en la llamada a la vida eterna que significa la fe en la Resurrección. Todo aquel que la posee no tiene temor, ni angustia, ni ansiedad, sino que experimenta, ya aquí, los gozos que da la confianza en Dios. Con la mirada puesta en la eternidad vemos cómo las cosas de este mundo pasan y terminan, sin embargo Dios permanece. Así, viviendo en el mundo, nos alegramos ya en el Señor que ha vencido la muerte. Por eso mismo, cada Pascua en la Iglesia es un momento de gracia para renovarnos en la alegría permanente, pues como dice San Agustín: no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión (Sermón 21).

La alegría pascual marca el estado del alma del cristiano. Por muchas que sean las pruebas de la vida cotidiana, la fuerza de la fe supera las dificultades. Incluso en los momentos más oscuros contamos con la luz resplandeciente que dimana del Misterio Pascual. Esa alegría lleva a Dios y crea fraternidad entre los hermanos. Porque sembrar alegría es la mejor forma de hacer caridad y, a la vez, de anunciar la Buena Noticia del Evangelio.

¡Animo, pues! Con la alegría de tu corazón puedes hacer mucho bien a tu alrededor, en medio de una sociedad que vive de alegrías efímeras y que desconoce, o no quiere reconocer, que la alegría que nunca se acaba es la que nace en Dios y en Él tiene su fin. Por eso, viene bien repetir con la Iglesia este himno pascual: 

¡Alegría!, ¡alegría, ¡alegría!
La muerte, en huida
 ya va malherida.
 Los sepulcros se quedan desiertos.
 Decid a los muertos:
 ¡Renace la Vida,
y la muerte ya va de vencida! 


¡Feliz Pascua a todos!

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