jueves, 7 de marzo de 2013

Buenos días, 6 de marzo de 2013



Educad a los niños
y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras



SANTORAL
Marciano, Olegario, Basilio, Evagrio, Crodegando, Claudiano, Julian de Toledo, Crodegango obisposAgapio, Víctor, Victorino, Claudiano, Basa, Marciano, Conón, mártires; Cirilo, Evagrio, confesores; Coleta, Rosa de Viterbo, Kinesburga, Kineswuida, vírgenes; Bauterio, anacoreta




REFLEXIÓN:

Según una antigua parábola japonesa, había un picapedrero japonés llamado Hashmu que era pobre y a veces refunfuñaba por sus tareas agotadoras. Un día, mientras estaba desmenuzando una piedra, llego el emperador montado en un hermoso caballo. "¡Que maravilloso seria si yo pudiera ser el emperador!", pensó Hashmu. Y estando aun las palabras en su mente, una voz dijo: "¡Sea Hashmu el emperador!" Inmediatamente se convirtió en emperador.
Al seguir cabalgando, empezó a sentir el calor del sol. Después decidió ser el sol, y se convirtió en el sol, pero cuando las nubes le impidieron brillar sobre la tierra, pidió ser una nube. Se convirtió en una nube y regó los campos con lluvia. El agua arrastro todo con excepción de una gran roca que estaba en el río.
Por lo tanto, Hashmu pensó que era preferible convertirse en una roca, pero cuando un hombre comenzó a cincelarlo con sus herramientas, decidió que quería ser hombre. Y una voz dijo: "¡Hashmu, se tu mismo!" De modo que Hashmu volvió a tomar sus instrumentos de trabajo y reanudo contento sus tareas.
"¡ Se tu mismo!"
Esto es lo que Dios espera de ti, y es el camino para la felicidad. Dios nos ha hecho a todos diferentes porque quiere que cada uno ocupe determinado lugar y realice una obra determinada en la vida.
Si imitamos a otros, o deseamos sus responsabilidades, no cumplirnos con nuestra parte especial en el plan de Dios.

ORACIÓN:

Oración del Padre Pío

Préstame, Madre, tus ojos
para con ellos mirar
porque si con ellos miro
nunca volveré a pecar.

Préstame, Madre,
tus labios, para con ellos rezar,
porque si con ellos rezo,
Jesús me podrá escuchar.

Préstame, Madre, tu lengua
para poder comulgar,
pues es tu lengua patena
de amor y de santidad.

Préstame, Madre, tus brazos
para poder trabajar,
y así rendirá el trabajo
una y mil veces más.

Préstame, Madre, tu manto
para cubrir mi maldad.
Pues cubierto con tu manto
al Cielo he de llegar.

Préstame, Madre, a tu Hijo
para poderlo amar.
Si tú me das a Jesús,
que más puedo yo desear.
Y esa será mi dicha para toda la eternidad.
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