jueves, 14 de marzo de 2013

Buenos días, 14 de marzo de 2013

¡TENEMOS PAPA!


Día de San José: Misa de Inicio de Pontificado de Francisco I
 El próximo martes, 19 de marzo, a las 9:30 de la mañana, día de San José, será la Misa de Inicio del Pontificado del nuevo Papa, Francisco I.



¿Qué sentido tiene correr
cuando estamos en la carretera equivocada?
Proverbio alemán



SANTORAL
MatildereinaLeón, Inocencioobispos; Eutiquio, Arnaldo, Pedro, Afrodisio, Frontón, Alejandro, ValeriamártiresEva (Evelina)beata



REFLEXIÓN:

En 1918, un enfervorecido Lenin profetizaba: «Cuando hayan muerto las abuelas, nadie recordará que hubo una Iglesia en Rusia».
En 1988, un decepcionado miembro del Comité Central del PCUS, recordando estas palabras, apostilló: «Las abuelas nunca mueren».
Digo esto porque no hay más que repasar la historia para darse cuenta: desde hace dos mil años, la Iglesia ha sufrido persecución. Apenas se había echado la semilla del Evangelio, los circos romanos bullían de cristianos. Y no precisamente en las gradas animando los juegos. Corren tiempos difíciles en Occidente. Y no porque haya una persecución violenta. Al contrario: con palabras dulces y tono almibarado se habla de una nueva época en la que no se ve a Dios por ninguna parte. Tratan de arrinconarlo de los medios de comunicación, de las aulas de los colegios y hasta de los hospitales. Se trata de una persecución de guante blanco, refinada y sin sangre, pero tan demoledora -o más- que las que hemos sufrido en la historia.
Pero, ante esto, mucha fe y esperanza. El martirio es semillero de cristianos. Como afirma Miguel Aranguren en su novela, «La sangre del pelícano», «cuanto más nos golpeéis, con mayor pureza nos regeneraremos». Bienvenidos los tiempos difíciles, porque ellos traen la depuración de los cobardes y los tibios. Las abuelas, como los viejos rockeros, nunca mueren.


ORACIÓN:
Las glorias de María

Amado Redentor y Señor mío Jesucristo, yo indigno siervo tuyo, sabiendo el placer que te proporciona quien trata de glorificar a tu Madre santísima, a la que tanto amas y tanto deseas ver amada y honrada por todos, he pensado publicar este libro mío que habla de sus glorias.
Y pues con tanto afán tomas la gloria de esta Madre, a nadie más digno que a ti puedo dedicarlo. Te lo dedico y encomiendo. Recibe este mi pequeño obsequio, muestra del amor que te tengo a ti y a esta tu amada Madre. Protégelo haciendo llover luces de confianza y llamaradas de amor por esta Virgen inmaculada sobre aquellos que lo lean, ya que a ella la has constituido esperanza y refugio de todos los redimidos. Y en premio de este humilde trabajo, concédeme, te ruego, tanto amor a María cuanto he deseado encender en los corazones de quienes lo leyeren.
Y ahora me dirijo a ti, dulcísima Señora y Madre mía María. Bien sabes que después de Jesús, en ti tengo puesta toda mi esperanza de mi eterna salvación; porque reconozco que todas las gracias de que Dios me ha colmado, como mi conversión, mi vocación a dejar el mundo y todas las demás gracias las he recibido de Dios por tu medio. Y sabes que yo, por verte amada de todos como lo mereces y por darte muestras de gratitud por tantos beneficios como me has otorgado, he procurado predicar siempre e inculcar a todos, en público y en privado, tu dulce y saludable devoción.
San Alfonso María de Ligorio
(Súplica del autor a Jesús y a María. Introducción a su libro: "Las glorias de María")

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