viernes, 8 de febrero de 2013

Buenos días, 8 de febrero de 2013


Cuatro características corresponden al juez:
Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.
SÓCRATES
 
 
SANTORAL

Jerónimo Emiliano,
fundador (1481 1537)
SOLDADO”
 
Jerónimo Emiliano, presbítero; Juan de Mata, fundador; Pablo, Lucio, Ciriaco, Dionisio, Quinta, Emiliano, Sebastián, Filadelfo y Policarpo, Mengoldo, mártires; Juvencio o Evencio, Honorato, Pablo, Pedro, obispos; Esteban, abad; Elfleda, virgen; Josefina Bakhita, ex esclava y religiosa.
 
Su familia es la noble de los Emiliani, viven en el corazón de Venecia, en la Plaza de San Marcos. Jerónimo nació en el año 1481, en pleno Renacimiento, y así fue su juventud, con fiestas, juegos y duelos; llevaba los asuntos de honor y honra no siempre por buenos caminos, con frecuente inversión de valores.
 
Sirvió a la república veneciana como senador en los consejos y como soldado en los campos de batalla. Precisamente en una de esas escaramuzas fue donde sintió un vuelco en el corazón y vino su conversión; era la guerra de Venecia y la Francia de Luis XII; lo tomaron preso las fuerzas imperiales de Carlos V y le pusieron cadenas. Temió morir en la mazmorra. El gobernador vio negro el asunto de defender aquella posición y se escapó en la sombra de la noche; Jerónimo se quedó defendiendo el reducto con un puñado de valientes, en Castilonuovo, cerca de Treviso. Aquello no tuvo éxito, pero a él le sirvió para pensar por primera vez en su vida que tenía un alma que salvar. Lo contaría luego con lágrimas ante el altar de la Madre de Dios.
 
En 1518 se ordenó sacerdote y dedicó todas sus energías a la práctica de la caridad. Diez años más tarde, cuando la gran epidemia y hambre, vendió todos sus muebles para dar de comer a los pobres; además, mendigó por las casas y calles para los demás. Le vieron por Venecia, mal vestido, casi siempre rodeado de una nube de muchachos, siendo la comidilla de las damas y el objeto de las risotadas de los antiguos compañeros de jarana. Va de templo en templo y de hospital en hospital para dar consuelo y limosna cuando tiene.
 
Principalmente buscó a los muchachos huérfanos y abandonados, se comporta con ellos como un padre y un maestro; los alimenta, educa, viste, cura y procura enseñarles un oficio con el que consigan trabajar y ganarse la vida porque ya el Apóstol de las Gentes enseñó que el que no quiere trabajar, no tiene derecho a comer. Y procuró tener con ellos toda la paciencia que postula el verdadero amor a la infancia.
 
En Venecia primero y luego en otras ciudades italianas fundó escuelas, orfelinatos, y casas de regeneración para jóvenes que necesitaban una nueva orientación para sus vidas. Toda la miseria era objeto de su atención y compasión, en especial, la enfermedad y la ignorancia. Pensó que era necesaria la fundación de una Orden; puso su casa central en Somasca, cerca de Bérgamo, y de ahí les viene el nombre de «somascos» a los Clérigos Regulares de Somasca que él fundó y aprobó el papa Pablo III, en 1540.
 
En Somasca pasó los últimos años de su vida, rodeado continuamente de los chiquillos a los que dispensaba lo mejor de sí mismo. Murió durante la peste de 1537, el 8 de febrero, con los nombres de Jesús y María en los labios.
 
Después de su muerte se juntaron los somascos con los teatinos por ser del mismo tiempo, tener muy próximos sus fines y haber tenido un protector común en la persona del obispo de Chieti, Pedro Carafa, que luego sería el papa Paulo IV. Pero la fusión duró poco tiempo; en el año 1568 volvieron a separarse para seguir cada familia su propio camino.

Fue canonizado por el papa Clemente XIII en 1767.
 

REFLEXIÓN:
 
Los lobos quería adueñarse del rebaño lleno de carneros, pero los perros guardianes se los impedían. Usando su astucia, hablaron con los carneros para pedirles que dieran a sus perros:
 
- "Por culpa de los perros hay enemistad entre nosotros. Si los entregan, la paz volverá a reinar entre los dos grupos".
 
Los carneros, ingenuos, les entregaron a los perros. Los lobos, con el camino libre de los perros, se adueñaron del rebaño.
 
No traiciones a un amigo que te brinda apoyo y protección. No confíes en aquellos que solo buscan obtener algo de ti.

 
ORACIÓN:
 
Oración por la fe, por Pablo VI, Audiencia general 30101968
 
«Queremos, hijos amadísimos, orar, por ejemplo, así:  Señor (Jesús), yo creo; yo quiero creer en ti.
 
Señor, haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
 
Señor, haz que mi fe sea libre; es decir, que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que impone y exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en ti, Señor.
 
Señor, haz que mi fe sea cierta. Cierta por una exterior congruencia de pruebas y cierta por un testimonio interior del Espíritu Santo. Cierta por una luz que la asegure, por una conclusión que la pacifique, por una asimilación que la haga reposar.
 
Señor, haz que mi fe sea fuerte. Que no tema la contradicción de los problemas cuando es plena la experiencia de nuestra vida ávida de luz. Que no tema la oposición de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se refuerce en la prueba íntima de tu verdad, resista la fatiga de la crítica, se corrobore con la afirmación continua que sobrepasa las dificultades dialécticas y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia temporal.
 
Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé a mi espíritu paz y alegría. Que lo habilite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que en el coloquio sagrado y en el profano irradie la felicidad interior de su posesión afortunada.
 
Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de manera que sea verdadera amistad contigo y continua búsqueda tuya, continuo testimonio, alimento continuo de esperanza, en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final.
 
Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y no tenga garantía mayor que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.          Amén».
 
 




LECTIO DIVINA 5º DOMINGO TO


"Cristo debe reinar, antes que nada, en nuestra alma.
Pero qué responderíamos, si El preguntase:
tú, ¿cómo me dejas reinar en ti? "


Tabla de contenido

DOMINGO 5º TIEMPO ORDINARIO: ““No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
LA PALABRA DE DIOS.
PADRES DE LA IGLESIA.
CATECISMO DE LA IGLESIA.
La vocación de María: por la gracia de Dios es lo que es.
La respuesta generosa de María.
LECTIO DIVINA.
AMBIENTACIÓN.
ORACIÓN INICIAL.
LECTURA: ¿Qué dice el texto?.
MEDITACIÓN: ¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?.
ORACIÓN: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?.
CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?.
ACCIÓN: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?.



DOMINGO 5º TIEMPO ORDINARIO: ““No temas, desde ahora serás pescador de hombres”

LA PALABRA DE DIOS


Is 6, 1-2. 3-8: “Aquí estoy, envíame
Sal 137, 1-8: “Delante de los ángeles tocaré para ti, Señor
1Cor 15, 1-11: “Por la gracia de Dios, soy lo que soy
Lc 5, 1-11: “Dejándolo todo, lo siguieron

PADRES DE LA IGLESIA


San Juan Crisóstomo: «Acomodándose a las circunstancias de los hombres, así como llamó a los magos por medio de una estrella, llama ahora a los pescadores por medio del arte de pescar».

San Cirilo: «[Pedro] trayendo a la memoria todos los pecados que había cometido, tiembla y se estremece, como sucede generalmente que el que está manchado no cree que pueda ser aceptable delante del que está limpio».

San Beda: «“…en adelante serás pescador de hombres”. Esto se refería a San Pedro de una manera especial, porque así como entonces cogía los peces por medio de sus redes, más adelante habría de coger a los hombres por medio de la palabra».

San Juan Crisóstomo: «Observa también la fe y la obediencia de los Apóstoles. Teniendo entre manos el trabajo de la apetecida pesca, no se detuvieron en cuanto oyeron la voz del Señor que les mandaba sino que, abandonadas todas las cosas, lo seguían. Una obediencia igual exige Jesucristo de nosotros. Y debemos dejar todas las cosas cuando nos llama, aun cuando nos apremie algo muy necesario».

CATECISMO DE LA IGLESIA

La vocación de María: por la gracia de Dios es lo que es


490: Para ser la Madre del Salvador, María fue «dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante». El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como «llena de gracia» (Lc 1, 28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios.

491: A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María «llena de gracia» por Dios había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX.

492: Esta «resplandeciente santidad del todo singular» de la que ella fue «enriquecida desde el primer instante de su concepción», le viene toda entera de Cristo: ella es «redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo». El Padre la ha «bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo» (Ef 1, 3) más que a ninguna otra persona creada. Él la ha «elegido en Él, antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor» (Ef 1, 4).

La respuesta generosa de María


494: Al anuncio de que ella dará a luz al «Hijo del Altísimo» sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo. María respondió por «la obediencia de la fe» (Rom 1, 5), segura de que «nada hay imposible para Dios»: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 37-38). Así dando su consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación, sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la Redención.

LECTIO DIVINA

AMBIENTACIÓN

Ponemos al centro a Jesucristo, la Biblia, y cada niño dibuja “La corona de Cristo” y la deposita al centro y explica brevemente su significado.

ORACIÓN INICIAL

Pueda rezarse el Padre nuestro u otra oración

LECTURA: ¿Qué dice el texto?

Lucas 5, 1-11

5,1: La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret.

5,2: Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando las redes. 5,3: Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca. 5,4: Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—Navega lago adentro y echa las redes para pescar.

5,5: Le replicó Simón:
—Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.

5,6: Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. 5,7: Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

5,8: Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo:
—¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!

5,9: Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. 5,10: Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón:
—No temas, en adelante serás pescador de hombres.

5,11: Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.

 La escena del Evangelio se desarrolla a orillas del lago de Genesaret, probablemente en las proximidades de Cafarnaúm, puesto que es allí donde residía Pedro y donde por lo mismo es de suponer que ejercía su oficio de pescador.

  Se llamaba a este lago “de Genesaret” o también lago “de Tiberíades” por su proximidad a estas ciudades. Se le llamaba también “mar” de Galilea debido a sus amplias dimensiones: 21 kilómetros de norte a sur y 12 de este a oeste.

  Una mañana el Señor Jesús va en busca de Pedro, que con sus compañeros se ha pasado la noche pescando. Ése era su oficio. El Señor y Pedro ya se conocían de antes. Andrés, su hermano, se lo había presentado cuando estaban en Judea. Andrés era discípulo del Bautista y un buen día se atrevió a seguir al Señor cuando Juan lo señaló como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El Señor lo invitó junto con Juan a pasar una tarde inolvidable con Él, y de regreso buscaron a Pedro para compartirle su gran experiencia y descubrimiento: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1, 41). Cuando lo llevaron a conocer a Jesús Él le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» (Jn 1, 42). Es de suponer que Pedro, Andrés, Juan, Felipe y otros lo acompañaron luego a Caná, allí donde realizó su primer milagro, «manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos» (Jn 2, 11). Por tanto, podemos suponer qu e Pedro era ya discípulo del Señor, aunque no de un modo muy comprometido.

  Por ello, cuando el Señor se acerca aquella mañana a la orilla luego de que Pedro y sus compañeros han pasado toda la noche bregando infructuosamente, no tiene reparo en permitirle subir a su barca para predicar desde allí a la muchedumbre que había seguido al Señor. Tampoco tiene dificultad en obedecerle cuando el Señor, una vez culminada su predicación, se dirige a él para pedirle que reme mar adentro y eche nuevamente las redes. Llamándolo “Maestro”, hace lo que Jesús le dice a pesar de que su experiencia frustrante le dice que no hay pescado: «Maestro, nos hemos pasado toda la noche trabajando y no hemos sacado nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes».

  Por su obediencia se produce una pesca inesperada y tan sobreabundante que reventaba la red. Al llegar a la orilla Simón Pedro no hace sino arrojarse a los pies de Jesús: el asombro se ha apoderado de él y de sus compañeros. El signo realizado por Jesús hace que de Maestro pase a llamarlo “Señor”, título que en el nuevo Testamento se emplea como reconocimiento de la divinidad de Jesucristo. Ante esta manifestación de la gloria del Señor Pedro le suplica que se aparte de él, puesto que él es un hombre impuro, pecador.

   La experiencia de Pedro guarda una profunda semejanza con la del profeta Isaías, descrita en la primera lectura. En una visión Isaías se encuentra cara a cara con Dios, el Santo. Ante el Señor percibe con intensidad la realidad de su propio pecado, su impureza y su indignidad ante la elección divina: «¡Ay de mí, estoy perdido!», exclama Isaías. El temor se apodera de él. ¡La santidad de Dios denuncia su impureza, su pecado! ¿Cómo puede lo impuro antenerse en la presencia del Santo? Mas Dios procede a retirar su culpa y purificar sus labios con una brasa ardiente. Si bien Isaías no es digno, Dios lo hace digno, lo purifica para que pueda responder al llamado y a la misión de hablar en su Nombre.

  Tampoco Pedro se considera digno de estar en la presencia del Señor Jesús, de seguirlo. Pero el Señor Jesús no se detiene ante el pecado de Pedro. Él conoce bien de qué barro está hecho, conoce sus pecados, sus miserias y debilidades, sabe perfectamente que no es digno de Él, incluso sabe que lo va a negar y traicionar, pero su mirada va más allá de todo eso: el Señor Jesús mira su corazón, sabe que ha sido formado desde el seno materno para ser “pescador de hombres”, para ser apóstol de las naciones, para ser “Pedro”, la roca sobre la que va a construir su Iglesia, y teniendo todo ello en mente lo alienta a no tener miedo de mirar el horizonte y asumir la grandeza de su vocación y misión.

  Vencidos sus temores por la confianza en el Señor, Pedro respondió con generosidad al llamado del Señor: dejándolo todo, lo siguió. Dejando su oficio de pescadores y a sus padres lo siguieron también los demás apóstoles allí presentes. También Isaías, vencidos sus temores y obstáculos, mostró esa disponibilidad total para hacer lo que Dios le pedía: «Aquí estoy, envíame».

·        ¿Qué era lo que deseaba la multitud que se acercaba a Jesús?
·        ¿Qué hacían los pescadores mientras Jesús se subía a una de sus barcas?
·        ¿De quién era la barca a la que Jesús se subió?
·        ¿Qué le pidió hacer Jesús a Simón con la barca? V 3
·        ¿Cuál fue la petición del Versículo 4?
·        ¿Qué le contesta Simón?
·        ¿Qué pasó en la nueva pesca?
·        ¿Cuál fue la reacción de Simón ante el milagro de la pesca abundante? ¿Qué le dice Simón a Jesús?
·        ¿Qué le contesta Jesús a Simón?
·        ¿Qué acciones concretas realizaron Simón y los otros pescadores ante la invitación final de Jesús?

Sintetiza cuál es la idea principal de este texto.

MEDITACIÓN: ¿Qué me dice el Señor a mí en el texto?

El texto sagrado no es sólo para leerlo, sino para dejarse leer por Dios que nos habla a cada uno a través del texto.
En la contemplación, la idea central es hacer propia la Palabra, apoderarnos de ella en nuestro ser, de tal modo, que se convierta en la brújula que oriente nuestro caminar cristiano.
En este texto hay muchas frases o momentos específicos que podríamos contemplar. Por eso es bueno que puedas escoger una frase o versículo para saborearlo a lo largo de toda la semana.

¿Cómo actualizamos la Palabra escuchada? En el texto de Lucas, se realiza una invitación progresiva de parte de Jesús hacia los pescadores para seguirle. La vocación (llamada) de cada uno de nosotros se ha desarrollado quizá de un modo similar, de un modo progresivo.

 Primero alejarse un poco de la orilla, luego llevar la barca mar adentro y luego dejarlo todo para seguir a Jesús. ¿Cómo he respondido yo a esa llamada? ¿Cómo sigo respondiendo? ¿Soy instrumento para que otros se decidan a hacer la experiencia de seguir a Jesús? Seguir a Jesús es una decisión que implica la vida misma, como dice el verso 11 hay que dejarlo todo y seguir a Jesús. Dios elije a personas concretas para encomendarle misiones concretas, y estas misiones responden a necesidades concretas que vive el pueblo de Dios que peregrina a nuestro alrededor o entorno específico.

Preguntas que nos ayudan a reflexionar:

·        ¿Cómo descubrí a Jesús en mi vida?
·        ¿Alguna vez Jesús me ha usado para enseñar a los demás desde mi vida?
·        ¿Qué señales maravillosas me ha mostrado el Señor en mi vida?
·        ¿Cómo ha desbaratado Jesús las excusas que a veces he puesto para no seguirle?
·        ¿Qué hay que hacer para seguir a Jesús?

Tomate un momento para recordar los momentos, situaciones, personas o lugares que han sido los espacios que Jesús ha utilizado para llamarte a entrar en su escuela y ser así pescador de hombres.

ORACIÓN: ¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Cuando me hablan no puedo quedarme callado. Es Jesús el que está comunicándose conmigo. Debo responder. Para eso, la oración es la respuesta a Dios que me habló primero. Este paso es donde el diálogo se vuelve más profundo, es la hora de responder a Jesús que nos hace una invitación clara para seguirlo. Hay que hablar con el Señor, ya él se dirigió a nosotros y debemos responderle.


Señor Jesús, un día llamaste a Simón y a los demás pescadores para compartir tu misión con ellos. Hoy sigues llamando a hombres concretos para darles misiones concretas.

Te damos gracias por esa llamada que nos haces, ayúdanos a responder con intensidad y decisión. Danos coraje para dejarlo todo y seguirte para formar parte de tu comunidad de discípulos, que viven iluminados por tu Palabra e inflamados por el fuego de tu amor.
Amén

CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo hago propio en mi vida las enseñanzas del texto?

No tengas miedo, de ahora en adelante serás pescador de hombres
Muchas veces el miedo es un paralizante que impide el seguimiento de Jesús. Hay muchos temores e inseguridades, también angustias y desesperanzas en la vida de un joven o cualquier ser humano, por eso repetir esta frase la cantidad de veces que sean posibles, hasta que se quede inmortalizada en nuestro interior, puede ayudarnos a aferrarnos a Jesús, sabiendo que no debemos de temer porque el siempre estará con nosotros.

ACCIÓN: ¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Nuestra vida debe tomar un compromiso serio para llegar al proceso de conversión. Esto debe notarse exteriormente.
Cada uno asuma una de las actitudes del Reino de Jesús y llevémosla a cabo a lo largo de la semana. Colocándola en un lugar visible como por ejemplo la puerta de la nevera de casa para que así toda la familia ayude a su cumplimiento.
 
Al llegar a este paso hemos hecho todo un recorrido de diálogo con el Señor. Pero este diálogo tiene que dar frutos en bien nuestro y de los demás. Por el compromiso, la acción es lo comprueba que el encuentro con Jesús ha sido verdadero y no sólo un sentimentalismo superficial. Te invitamos a que puedas hacer compromisos reales, por ejemplo:
Puedes ser un verdadero pescador de hombres, invitando a alguien que no participe de la Iglesia a leer el texto de acabas de orar, anima a esta persona a dejarlo todo y a ir detrás de Jesús.

Haz una lista de aquellas circunstancias que te están paralizando en tu seguimiento y empieza un camino de renuncia, para que tu respuesta sea cada vez más libre.



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