jueves, 7 de febrero de 2013

Buenos días, 7 de febrero de 2013


El orgullo divide a los hombres, la humildad los une.

SÓCRATES

VIDEO
La Guardia Civil de España celebra con el Papa los 100 años de protección de la Virgen del Pilar


Desde 1913 la Virgen del Pilar es la patrona y protectora de la Guardia Civil española. Para celebrar el centenario una delegación del cuerpo policial encabezada por el ministro de Interior acudió a Roma y participó en la audiencia general con Benedicto XVI que les saludó y agradeció el servicio que prestan. 

BENEDICTO XVI
En particular al grupo y a la Delegación de la Guardia Civil, con el Arzobispo castrense, el Señor Ministro del Interior y el Director General de ese Cuerpo, ruego a la Virgen del Pilar la fuerza espiritual necesaria para su importante servicio a la sociedad española”.

Al final de la audiencia pudieron saludar al Papa. No es la primera vez que Benedicto XVI se encuentra con guardias civiles, ya pudo colocarse el famoso tricornio con el que se cubren la cabeza. Ahora, le han regalado otro tricornio pero esta vez más formal.

JORGE FERNÁNDEZ DIAZ
Ministro de Interior, España
Es una imagen de la Virgen del Pilar en el que el pilar reposa y se apoya en un tricornio de plata y luego una foto en color, grande, que reproduce aquella instantánea en la que el Papa de manera natural recoge un tricornio que le entrega un alférez cadete de la Guardia Civil y se lo coloca”.
Este encuentro con el Papa pone la guinda al año Jubilar que está celebrando la Guardia Civil en el que la Virgen del Pilar ha recibido la primera Gran Cruz de la Guardia Civil, la más alta condecoración de esta fuerza de seguridad.


SANTORAL

Teodoro de Heraclea, mártir  y militar
el capitán de Heraclea”
(† c. a. 319)

Aido, Amandino, Amolvino, Drausio, Maelán, Critán y Lonán, Aprión y Fintán, Romualdo, confesores; Crisolio, Sergio, Teodoro de Heraclea, Adauco (Adaucto), mártires; Angulo, Lorenzo, Paternino, Moisés, Claudio Apolinar, Máximo, Crisol, Fidel, obispos; Juan da Triosa, sacerdote mártir de China; Ricardo, rey; Juliana, viuda; Lucas el Joven, anacoreta; Pío IX, papa (beato).

Uno de los mártires orientales provenientes del mundo de la milicia. Fue capitán de soldados. Hizo honor a su nombre –Teodoro es Adorador de Dios– con el testimonio de su sangre derramada. Ejerce el mando en tiempos del emperador Licinio. Murió mártir, en Heraclea, por el año 319, defendiendo la fe y sabiendo anteponer a su lealtad de soldado la preeminencia de obedecer a Dios.

Donde se resalta su condición de hombre de fe es en una de las caminatas que hacía el emperador visitando el imperio, revisando sus fuerzas militares y comprobando el estado de las posiciones. En esta ocasión, lleva consigo todas las imágenes idolátricas de los dioses romanos. Son ricas y minuciosamente trabajadas por los artistas palatinos. Quiere donarlas a sus tropas para que le sirvan de protección en las campañas.

El capitán Teodoro hace los honores del recibimiento. Luego, de modo ingenuo y servicial, pide permiso al emperador para que las estatuas de los dioses paganos sean depositadas en las dependencias de su casa con el pretexto de custodiarlas y perfumarlas. Así –asegura con pillería– estarán más vistosas a la hora de ser presentadas al gran público. Y lo más ocurrente que resuelve es destruir las imágenes de los dioses falsos, obtener el oro que las recubre y posteriormente donarlo a los pobres para que remedien sus miserias.

¡Claro que con su actuación alegre y decidida da un testimonio de dónde tiene puestos sus valores y de en quién tiene depositada su fe! Pero le valió el martirio por degüello precedido de incontables tormentos que ya están previstos en los relatos de las actas martiriales tardías. Sí, se habla de sus muchas heridas sanadas por ángeles y de conversiones multitudinarias de testigos presenciales al comprobar su firmeza hasta el último momento de su muerte.

En el cielo nos encontraremos con Teodoro, el capitán de Heraclea y, si lo cree oportuno, nos contará la verdad de lo que pasó. No deja por ello de animar nuestra existencia conocer lo que los ancestros dijeron de este intrépido santo soldado pícaro, queriendo personificar en él que la fe no está reñida con el sentido práctico y que la valentía profesional debe acompañar a la fortaleza que da la entrega a Dios.


REFLEXIÓN:

En un río un poco profundo y turbulento, estaba un muchacho ahogándose y exclamando gritos de auxilio. Pasó en ese momento un viajero, y el joven afanado le pidió su ayuda para sacarlo de las aguas. Sin embargo, el viajero solo se quedó de pie, observando y reprendiendo al joven por haber sido tan imprudente.

El joven, mientras se ahogaba, le gritó: "¡Señor, por favor, primero me ayuda y luego me regaña!"

Un buen consejo, debe ir acompañado de una ayuda. No sirve de mucho aconsejar sin ayudar.


ORACIÓN: 
Oración al Espíritu Santo para el Año de la Fe.

Espíritu de vida, que en un principio aleteabas en el abismo, ayuda a la humanidad de nuestro tiempo a comprender que la exclusión de Dios la lleva a perderse en el desierto del mundo, y que sólo donde entra la fe florecen la dignidad y la libertad, y toda la sociedad se construye en la justicia.

Espíritu de Pentecostés, que haces de la Iglesia un solo cuerpo, llévanos a los bautizados a una auténtica experiencia de comunión; haznos signo vivo de la presencia del Resucitado en el mundo, comunidad de santos que vive en el servicio de la caridad.

Espíritu Santo, que habilitas a la misión: concédenos reconocer que, también en nuestro tiempo, muchas personas están en buscas de la verdad sobre su existencia y sobre el mundo. Haznos colaboradores de su alegría en el anuncio del Evangelio de Jesucristo, grano de trigo de Dios, que hace bueno el terreno de la vida y asegura la abundancia de la cosecha. Amén.

(Benedicto XVI)
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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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 La inteligencia humana puede encontrar a la luz de la fe la clave interpretativa para comprender el mundo

Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General del 6 de febrero de 2013

Creo en Dios: el Creador del cielo y de la tierra, el Creador del ser humano


Pasaje bíblico: Gen 1,1-2.27.31 a


Tabla de contenido

Creo en Dios: el Creador del cielo y de la tierra, el Creador del ser humano
Dios creador.   
La belleza de la creación teofanía del amor omnipotente de Dios.
Dios: Padre de la Creación 
La fe implica pues saber reconocer lo invisible, reconociendo su huella en el mundo visible.     
La teofanía en la creación exige de la Palabra de la Revelación.  
La inteligencia humana a la luz de la fe puede encontrar la clave interpretativa para comprender el mundo.
Las dos razones de la creación.
El primer anhelo de Dios era el de encontrar un amor que respondiera a su amor.
Crear un mundo material donde colocar este amor, a estas criaturas que libremente le respondan.
“Dijo Dios”: el logos de Dios.
Cuestiones actuales 
¿Tiene sentido, en la era de la ciencia y de la técnica, seguir hablando de la creación?.                 
¿Cómo debemos comprender la narración del Génesis?.
La cúspide de la creación: el hombre y la mujer.
El ser humano, el único "capaz de conocer y amar a su Creador.
El ser humano, creado con amor por Dios, es algo muy pequeño ante la inmensidad del universo. 
La paradoja del ser humano
Nuestra pequeñez y caducidad conviven con la grandeza de lo que el amor eterno de Dios ha querido para nosotros. 
Dios origen de la vida humana.   
Todos los seres humanos son polvo, más allá de las distinciones que hace la cultura y la historia, más allá de cualquier diferencia social; somos una única humanidad plasmada con la sola tierra de Dios. 
El ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios.
El jardín con el árbol del conocimiento del bien y del mal y la serpiente.
El jardín: el mundo no como propiedad para ser saqueada y explotada, sino como don del Creador, signo de su voluntad salvadora, un don que ha de cultivar y cuidar, hacer crecer y desarrollar con respeto, en armonía, siguiendo los ritmos y la lógica, de acuerdo con el plan de Dios. 
La serpiente: la sospecha, la duda que la alianza con Dios ata al hombre y lo priva de su libertad y de las cosas bellas de la vida.   
La tentación: acepta las limitaciones del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la mora.
El pecado: el otro se convierte en un rival, en una amenaza, el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para ser explotado y lleno de insidias ocultas. 
Al ir contra su Creador en realidad el hombre va en contra de sí mismo, reniega su origen y por lo tanto su verdad; y el mal entra en el mundo, con su triste cadena de dolor y de muerte.                                                                 
El pecado original. 
El pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados. 
El ser humano un ser para la relación.  
Vivir la fe: aceptar la salvación. 
El mal como misterio. 
El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento, es un misterio que queda iluminado por la luz de la fe, que nos da la certeza de poder ser liberados de él, la certeza de que es bueno ser hombre». 





IDEA FUERZA
TEXTO



Dios creador.




Dios: Padre de la Creación




La fe implica pues saber reconocer lo invisible, reconociendo su huella en el mundo visible.





La teofanía en la creación exige de la Palabra de la Revelación.









La inteligencia humana a la luz de la fe puede encontrar la clave interpretativa para comprender el mundo


Las dos razones de la creación


El primer anhelo de Dios era el de encontrar un amor que respondiera a su amor. 


Crear un mundo material donde colocar este amor, a estas criaturas que libremente le respondan

“Dijo Dios”: el logos de Dios


La vida surge y el mundo existe porque todo obedece a la Palabra divina.

Cuestiones actuales

¿Tiene sentido, en la era de la ciencia y de la técnica, seguir hablando de la creación? ¿Cómo debemos comprender la narración del Génesis?

Las narraciones del Génesis nos desvelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas en lucha entre sí, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, en la razón eterna de Dios, que continúa sosteniendo el universo.
La Escritura nos dice que el origen de la existencia del mundo y de la nuestra no es lo irracional y la necesidad, sino la razón, el amor y la libertad. Ésta es la alternativa: o prioridad de lo irracional y de la necesidad, o prioridad de la razón, de la libertad, del amor. Nosotros creemos en esta posición.

 

La cúspide la creación: el hombre y la mujer

El ser humano, el único "capaz de conocer y amar a su Creador El ser humano, creado con amor por Dios, es algo muy pequeño ante la inmensidad del universo.

La paradoja del ser humano:

Nuestra pequeñez y caducidad conviven con la grandeza de lo que el amor eterno de Dios ha querido para nosotros.

Dios origen de la vida humana


Todos los seres humanos son polvo, más allá de las distinciones que hace la cultura y la historia, más allá de cualquier diferencia social; somos una única humanidad plasmada con la sola tierra de Dios.
El ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios


El jardín con el árbol del conocimiento del bien y del mal y la serpiente


El jardín: el mundo no como propiedad para ser saqueada y explotada, sino como don del Creador, signo de su voluntad salvadora, un don que ha de cultivar y cuidar, hacer crecer y desarrollar con respeto, en armonía, siguiendo los ritmos y la lógica, de acuerdo con el plan de Dios. 
La serpiente: la sospecha, la duda que la alianza con Dios ata al hombre y lo priva de su libertad y de las cosas bellas de la vida.

La tentación: acepta las limitaciones del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la mora

El pecado: el otro se convierte en un rival, en una amenaza, el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para ser explotado y lleno de insidias ocultas


El pecado atentado contra Dios y consecuentemente atenta contra el hombre.

Al ir contra su Creador en realidad el hombre va en contra de sí mismo, reniega su origen y por lo tanto su verdad; y el mal entra en el mundo, con su triste cadena de dolor y de muerte

El pecado original


El pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados.

El ser humano un ser para la relación


Ningún hombre está encerrado en sí mismo, nadie puede vivir de sí mismo y para sí mismo; nosotros recibimos la vida del otro y no sólo en el nacimiento, sino todos los días.


El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, la relación fundamental, toma el lugar de Dios.

Vivir la fe: aceptar la salvación


Vivir la fe quiere decir reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas dejando que el Señor la colme con su amor y así crezca nuestra verdadera grandeza

El mal como misterio

El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento, es un misterio que queda iluminado por la luz de la fe, que nos da la certeza de poder ser liberados de él, la certeza de que es bueno ser hombre».









Queridos hermanos y hermanas:

El Credo, que inicia calificando a Dios como "Padre Todopoderoso", como meditamos la semana pasada, añade luego que Él es "el Creador del cielo y de la tierra", y así retoma la afirmación con la que empieza la Biblia. En el primer versículo de la Sagrada Escritura, se lee, en efecto: "Al inicio Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1): es Dios el origen de todas las cosas y en la belleza de la creación se despliega su omnipotencia de Padre amoroso.

Dios se manifiesta como Padre en la creación, como el origen de la vida, y al crear muestra su omnipotencia. Las imágenes utilizadas por la Sagrada Escritura a este respecto son muy sugestivas (cf. Is 40,12, 45,18, 48,13, Salmos 104,2.5, 135,7, Pr 8, 27-29).

Él, como Padre bueno y poderoso, cuida todo lo que ha creado con un amor y una fidelidad que nunca falta (cf. Sal 57,11, 108,5, 36,6), repiten los Salmos. De este modo, la creación se convierte en un lugar donde conocer y reconocer la omnipotencia de Dios y su bondad, y se convierte en una llamada a la fe de nosotros los creyentes para que proclamemos a Dios como Creador.

"Por la fe --escribe el autor de la Carta a los Hebreos--, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible " (11,3). La fe implica pues saber reconocer lo invisible, reconociendo su huella en el mundo visible.

El creyente puede leer el gran libro de la naturaleza y comprender su lenguaje; el universo nos habla de Dios, pero es necesaria su Palabra de revelación, que suscita la fe, para que el hombre pueda alcanzar la plena conciencia de la realidad de Dios en cuanto Creador y Padre.

En el libro de la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para comprender el mundo. En particular, tiene un lugar especial el primer capítulo del Génesis, con la presentación solemne de la obra creadora divina, que se despliega a lo largo de siete días: en seis días Dios lleva a término la creación y el séptimo día, el sábado, deja toda actividad y descansa.

Día de libertad para todos, día de la comunión con Dios y así, con esta imagen, el Libro del Génesis nos indica que el primer anhelo de Dios era el de encontrar un amor que respondiera a su amor. Y el segundo, el de crear un mundo material donde colocar este amor, a estas criaturas que libremente le respondan.

Esta estructura hace que el texto esté marcado por algunas repeticiones significativas. Durante seis veces, por ejemplo, se repite la frase: "Y Dios vio que era bueno" (vv. 4.10.12.18.21.25) y, finalmente, la séptima vez, después de la creación del hombre: "Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno "(v. 31). Todo lo que Dios crea es bello y bueno, impregnado de sabiduría y de amor; la acción creadora de Dios pone orden, infunde armonía, dona belleza.

En el relato del Génesis emerge luego que el Señor crea en su palabra: durante diez veces se lee en el texto, el término "dijo Dios" (vv. 3.6.9.11.14.20.24.26.28.29), es la palabra, el logos de Dios el origen de la realidad del mundo, al decir “Dios dijo” subraya el poder eficaz de la Palabra divina. Así canta el Salmista: “La palabra del Señor hizo el cielo, y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales... porque Él lo dijo, y el mundo existió, Él dio una orden y todo subsiste”. La vida surge y el mundo existe porque todo obedece a la Palabra divina.

Pero nuestra pregunta hoy es ¿tiene sentido, en la era de la ciencia y de la técnica, seguir hablando de la creación? ¿Cómo debemos comprender la narración del Génesis? La Biblia no quiere ser un manual de ciencias naturales; lo que quiere es hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas. La verdad fundamental, que las narraciones del Génesis nos desvelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas en lucha entre sí, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, en la razón eterna de Dios, que continúa sosteniendo el universo.

Hay un diseño sobre el mundo que nace de esta Razón, del Espíritu creador. Creer que en la base de todo está esto, ilumina cada aspecto de la existencia y da la valentía necesaria para afrontar con confianza y con esperanza la aventura de la vida.

Por lo tanto la Escritura nos dice que el origen de la existencia del mundo y de la nuestra no es lo irracional y la necesidad, sino la razón, el amor y la libertad. Ésta es la alternativa: o prioridad de lo irracional y de la necesidad, o prioridad de la razón, de la libertad, del amor. Nosotros creemos en esta posición.

Pero me gustaría decir unas palabras sobre lo que es el la cúspide de todo lo creado: el hombre y la mujer, el ser humano, el único "capaz de conocer y amar a su Creador" (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 12). El salmista mirando los cielos se pregunta: "Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?"(8,4 a 5). El ser humano, creado con amor por Dios, es algo muy pequeño ante la inmensidad del universo; a veces, mirando fascinados los espacios enormes del firmamento, también nosotros percibimos nuestro ser limitados.

El ser humano está habitado por esta paradoja: nuestra pequeñez y caducidad conviven con la grandeza de lo que el amor eterno de Dios ha querido para nosotros.

Los relatos de la creación en el Libro del Génesis también nos introducen en este misterioso ámbito, ayudándonos a conocer el plan de Dios para el hombre. En primer lugar afirmando que Dios formó al hombre del polvo de la tierra (cf. Gn 2:7). Esto significa que no somos Dios, no nos hemos hecho solos, somos tierra; pero también significa que somos buena tierra, a través de la obra del Creador bueno.

A esto se suma otra realidad fundamental: todos los seres humanos son polvo, más allá de las distinciones que hace la cultura y la historia, más allá de cualquier diferencia social; somos una única humanidad plasmada con la sola tierra de Dios.

Hay también un segundo elemento: el ser humano se origina porque Dios sopla el aliento de vida en el cuerpo moldeado por la tierra (cf. Gn 2:7). El ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1:26-27). “Todos, entonces, llevamos en nosotros el aliento vital de Dios y cada vida humana – nos dice la Biblia – está bajo la particular protección de Dios. Ésta es la razón más profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana, contra toda tentación de evaluar la persona según criterios utilitarios y de poder”. Ser a imagen y semejanza de Dios indica que el hombre no está encerrado en sí mismo, sino que tiene una referencia esencial en Dios

En los primeros capítulos del Libro del Génesis encontramos dos imágenes significativas: el jardín con el árbol del conocimiento del bien y del mal y la serpiente (cf. 2:15-17; 3,1-5). El jardín nos dice que la realidad en la que Dios ha puesto al ser humano no es un bosque salvaje, sino un lugar que protege, nutre y sustenta; y el hombre debe reconocer el mundo no como propiedad para ser saqueada y explotada, sino como don del Creador, signo de su voluntad salvadora, un don que ha de cultivar y cuidar, hacer crecer y desarrollar con respeto, en armonía, siguiendo los ritmos y la lógica, de acuerdo con el plan de Dios (cf. Gn 2,8-15).

La serpiente es una figura que viene de los cultos orientales de la fecundidad, que tanto fascinaban a Israel y que eran una constante tentación para abandonar la misteriosa alianza con Dios. A la luz de esto, la Sagrada Escritura presenta la tentación a la que vienen sometidos Adán y Eva como el núcleo de la tentación y el pecado.

¿Qué dice la serpiente? No niega a Dios, pero insinúa una falsa pregunta: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?».(Génesis 3:1). De esta manera, la serpiente suscita la sospecha de que la alianza con Dios es como una cadena que ata, que priva de la libertad y de las cosas más bellas y preciosas de la vida.

La tentación invita a construirse el propio mundo en el que vivir, no acepta las limitaciones del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la moral. La dependencia del amor del Dios Creador es vista como una carga de la que se debe liberar.

Éste es siempre el núcleo de la tentación. Pero cuando se distorsiona la relación con Dios, poniéndose en su lugar, todas las demás relaciones se alteran. Entonces, el otro se convierte en un rival, en una amenaza: Adán, después de haber sucumbido a la tentación, acusa de inmediato a Eva (cf. Gn 3:12), y los dos se ocultan de la vista de aquel Dios con quien hablaban con amistad (ver 3.8 - 10); el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para ser explotado y lleno de insidias ocultas (cf. 3:14-19), la envidia y el odio hacia el otro entran en el corazón del hombre: ejemplar es Caín que mata a su propio hermano Abel (cf. 4,3-9).

Al ir contra su Creador en realidad el hombre va en contra de sí mismo, reniega su origen y por lo tanto su verdad; y el mal entra en el mundo, con su triste cadena de dolor y de muerte. Y si todo lo que había creado Dios era bueno, muy bueno, después de esta libre decisión del hombre, de mentir contra la verdad, el mal entra en el mundo.

De los relatos de la creación, me gustaría destacar una última enseñanza: el pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados. Este aspecto nos lleva a hablar de lo que ha sido llamado el "pecado original".

¿Cuál es el significado de esta realidad, difícil de entender? Quisiera sólo dar algún elemento. En primer lugar, debemos tener en cuenta que ningún hombre está encerrado en sí mismo, nadie puede vivir de sí mismo y para sí mismo; nosotros recibimos la vida del otro y no sólo en el nacimiento, sino todos los días.

El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, la relación fundamental, toma el lugar de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que con el primer pecado el hombre “hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien” (n. 398). Perturbada la relación fundamental, son puestos en peligro o destruidos también los otros polos de la relación, el pecado arruina las relaciones, así lo destruye todo, porque nosotros somos relación.

Ahora bien, si la estructura relacional de la humanidad viene malograda desde el principio, todo hombre entra en un mundo marcado por esta alteración de las relaciones, entra en un mundo perturbado por el pecado, que le marca personalmente; el pecado inicial daña y hiere la naturaleza humana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 404-406).

Y el hombre, por sí solo, no puede salir de esta situación; sólo el Creador puede restaurar las justas relaciones. Sólo si Aquel, del que nos hemos desviado, viene hacia nosotros y nos tiende la mano con amor, las justas relaciones pueden reanudarse. Esto se realiza en Jesucristo, que cumple exactamente el recorrido inverso al de Adán, como describe el himno del segundo capítulo de la Epístola de San Pablo a los Filipenses (2:5-11): mientras que Adán no reconoce su ser criatura y quiere ponerse en el lugar de Dios; Jesús, el Hijo de Dios, está en una perfecta relación filial con el Padre, se rebaja, se convierte en el siervo, recorre el camino del amor humillándose hasta la muerte en la cruz, para reordenar las relaciones con Dios. La Cruz de Cristo se convierte así en el nuevo Árbol de la vida.

Queridos hermanos y hermanas, vivir la fe quiere decir reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas dejando que el Señor la colme con su amor y así crezca nuestra verdadera grandeza. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento, es un misterio que queda iluminado por la luz de la fe, que nos da la certeza de poder ser liberados de él, la certeza de que es bueno ser hombre».

Palabras a los peregrinos de idioma español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo y a la Delegación de la Guardia Civil, con el Arzobispo castrense, el Señor Ministro del Interior y el Director General de ese Cuerpo, que ruega a la Virgen del Pilar la fuerza espiritual necesaria para su importante servicio a la sociedad española. Y saludo igualmente a los peregrinos venidos de España, Chile, México y otros países latinoamericanos. Que la fe en Dios, Padre y Creador, sea para todos fuente de serenidad y esperanza. Muchas gracias.



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