jueves, 21 de febrero de 2013

Buenos días, 21 de febrero de 2013


“El día que yo caiga no quiero honores,
no quiero lágrimas o pésames de aquellos
que un día pudieron ayudarme y no lo hicieron,
de aquellos que mintieron y
no velaron por mi cuando debieron.”

  
SANTORAL

Pedro Damián,
obispo y doctor de la Iglesia (1007 1072)

Pedro Damián, obispo y doctor; Maximiano y Severiano, Félix, Gundeberto, Paterio, Antimo, obispos; Zacarías, patriarca;Randoaldo, monje;Vérulo, Félix, Secundino, Saturnino, Fortunato, Siricio, Sérvulo, Claudio, Sabino y Máximo, Pedro Mavimeno, mártires; Leonor, reina; Irene y Vitaliana, vírgenes.




REFLEXIÓN:
                           
Jacinto tenía un viejo teléfono móvil. Como le daba el servicio necesario, no le preocupaba que estuviera pasado de moda. Sin embargo, sus colegas lo molestaban y se burlaban cuando extraía su "pisapapeles" del maletín. Llegó a sentirse tan avergonzado que hace poco lo cambió por un Iphone.

Dice así el Dr. Alejandro Morton: la crisis en el mundo se debe, entre otras cosas, a la inseguridad que las personas tienen sobre ellas mismas; su continua necesidad de comprar jamás será satisfecha porque esperan que la satisfacción personal venga de lo comprado, y jamás será así.

¿Cuál es el problema de que se rían de nuestro viejo teléfono móvil? La risa es buena y si no les gusta el móvil, pueden bromear a costa de él y criticar el aparato, a su dueño o a ambos. El problema es de ellos, no del dueño del teléfono móvil, a menos que éste lo acepte.

Desafortunadamente, hoy día uno se refiere a las personas por sus posesiones: "Es el chico del descapotable rojo" o "La señora que usa ropa de marca y tiene una casa enorme" o "Es el director que siempre va a la moda". Es decir, su personalidad no emana de lo imprescindible, sino de lo prescindible. Lo primero no se compra en ningún lado; lo segundo en cualquiera, si se tiene los medios para hacerlo.

El vacío personal no lo llena ni los armarios repletos, ni los automóviles lujosos, ni las joyas exclusivas, ni los accesorios de lujo.

La satisfacción de los consumidores insaciables no viene de poseer las cosas, sino de presumirlas ante los demás.

¿Tiene usted un teléfono móvil del que sus "amigos" se ríen cuando lo usa?. Ríase con ellos y úselo hasta que guste. ¿Le duelen las burlas? Entonces cambie de amigos, no de teléfono móvil...


ORACIÓN:

Señor, en Cristo te has hecho presente en nuestra historia, por eso es relativamente fácil tener el deseo de seguirte, pero qué difícil es continuar con entusiasmo cuando se empiezan a experimentar las exigencias de tu seguimiento. Para perseverar en la fidelidad necesito de tu gracia, te la pido en esta oración.

Petición

Señor, ayúdame a tomar cada día como una oportunidad para crecer en el amor, en la imitación, en el seguimiento de tu Hijo Jesucristo.

Meditación del Papa

En Isaías 11,2 se desarrolla la esperanza de un verdadero "Ungido", cuya "unción" consiste precisamente en que el Espíritu del Señor desciende sobre él, "espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor". Según el relato de san Lucas, Jesús se presentó a sí mismo y su misión en la Sinagoga de Nazaret con una frase similar de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido". La conclusión de la escena del bautismo nos dice que Jesús ha recibido esta "unción" verdadera, que Él es el Ungido esperado, que en aquella hora se le concedió formalmente la dignidad como rey y como sacerdote para la historia y ante Israel. Desde aquel momento, Jesús queda investido de esa misión. Los tres Evangelios sinópticos nos cuentan, para sorpresa nuestra, que la primera disposición del Espíritu lo lleva al desierto "para ser tentado por el diablo". La acción está precedida por el recogimiento, y este recogimiento es necesariamente también una lucha interior por la misión, una lucha contra sus desviaciones, que se presentan con la apariencia de ser su verdadero cumplimiento. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, p. 19).


Propósito

¡Ojalá que nuestra fe y nuestro amor nos ayuden a alcanzar los frutos benditos de la Redención que Cristo nos adquirió con su Pasión, muerte y resurrección, y que se actualizan en los sacramentos! Si sabemos aprovechar esas gracias, también hoy nos llega a nosotros la salvación de Jesucristo.

Diálogo con Cristo

Señor, me has dado muchos medios para conocerte: tu Palabra en la Escritura, los sacramentos, el buen ejemplo de otros cristianos; gracias por ayudarme a buscarte con fe, esperanza y amor. Dame la gracia de seguirte con sinceridad y transparencia para cumplir la misión que me has encomendado.


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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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El cáncer de una madre que sacó del alcohol al marido y de la depresión y el divorcio a sus hijos

Esta madre confesaba ser la "cancerosa más feliz" porque su enfermedad consiguió salvar a su familia.
  La clave, el poder de la oración silenciosa.
     
                 
Dios actúa en la historia y lleva su obra salvífica a través  de innumerables formas que muestran su grandeza. Incluso la enfermedad y la muerte  son un instrumento para salvar una familia rota y una vida destrozada.

Este es el caso concreto de una mujer brasileña que a través de su cáncer terminal y la oración silenciosa durante años consiguió que su marido dejara el alcohol, su hija la depresión que la había llevado a intentar suicidarse en varias ocasiones y evitar la separación de su hijo, que ya estaba en marcha.

La historia la cuenta un testigo de excepción, el sacerdote que atendió a esta mujer en el hospital. Su nombre es Delton Alves, que cuenta maravillado en un libro la acción de Dios en esta familia. “Nunca imaginé que mi encuentro con aquella mujer sería para mí una de las lecciones más importantes de mi vida”, asegura este cura brasileño. Él fue a visitar a una joven que había dado a luz cuando de repente una mujer le pidió que visitara a su madre, desahuciada ya por los médicos.

“Soy una cancerosa muy feliz”


La señora enferma le pidió la bendición y más tarde se confesó y recibió la unción de enfermos. Tras estar con ella un rato y ver las consecuencias de este cáncer en su cuerpo le dijo: ¡Hoy el Señor Jesús te ha venido a visitar, agradéceselo y no te quedes triste!”. Sin embargo, la respuesta de ésta le dejó más que impresionado: “me considero una cancerosa muy feliz, padre”. Y lo dijo con una tranquilidad pasmosa.

Ante la reacción de sorpresa del sacerdote la mujer le contó su historia, algo que jamás el padre Delton podrá olvidar. “Nunca he sido tan feliz como después del cáncer”, dijo de primeras.  Ya entre lágrimas su relato continuaba: “he sufrido durante 37 años un matrimonio marcado por las traiciones y el alcoholismo; mi marido era un hombre derrotado por el vicio”.

“Mi enfermedad curó la de él"


La mujer dijo al sacerdote que “oraba mucho pidiéndole al Señor que lo librara de aquella vida. Después de descubrir esta enfermedad noté que mi marido quedó tan golpeado que algo cambió dentro de él”. En ese momento empezó el cambio de este hombre aunque la cosa no acabó ahí. “Hace unos días él me pidió perdón por todo el dolor que me causó, pero ya desde hace tiempo he notado que mi enfermedad curó la de él”. Por ello, desde la cama del hospital ella podía decir exultante, pese a su precario estado físico, que “mi matrimonio se salvó”.

Salvada de la depresión


Este no ha sido el único milagro que la enfermedad ha traído a su familia. La mujer siguió contando a este sacerdote que la mujer que le buscó en los pasillos del hospital era su hija, “una chica perturbada por una depresión terrible”.  Contaba su madre que “vivía encerrada en su cuarto, no salía ni para comer, e incluso varias veces intentó suicidarse”.

Su arma durante años había sido silenciosa pero luego se confirmó eficaz. “¡Cuántas veces lloré con el rosario en la mano, implorando un milagro para esta hija!”. Y sucedió. “Tras haber comenzado el tratamiento del cáncer esta hija mía se recuperó inmediatamente y pasó a acompañarme de un análisis a otro, de hospital en hospital”. De hecho, esta madre afirmaba que “cuando me sentía abatida era ella la que me hacía sonreír con historias alegres y con el testimonio de su amor”.

Del divorcio a la oración


Como no hay dos sin tres, en esta historia hubo un tercer milagro para gozo y alegría de esta mujer moribunda. “Mi hijo, el mayor, casado desde hace 15 años estaba a punto de separarse. Él, en crisis de fe, quería abandonar la Iglesia Católica y su esposa no estaba de acuerdo”.

Ante este acontecimiento, cuenta la madre, “yo quedé desecha, porque a pesar de haber sufrido tanto con mi esposo nunca acepté la idea de la separación para mí. Para respetar el espacio de mi hijo y su esposa, yo me quedé callada y oré”.

De nuevo, la oración obró el milagro. “Lo que mis palabras no dijeron, lo dijo mi cáncer. Hace ya tres meses que están bien, me vienen a visitar todos los días, rezamos juntos el rosario y mi hijo renovó su fe y su respeto por la Iglesia”.

“Puedo morir en paz”


Una enfermedad que salva una familia entera. Dios realmente actúa y esta mujer estaba orgullosa de haber sido su instrumento. “¡El cáncer vino a la hora exacta, a la hora de salvar mi familia!”, dijo. “Puedo morir en paz, por la bendición que el Señor me ha dado con los sacramentos y por la alegría de ver a mi familia salvada por Dios, a través de mis sufrimientos”.


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