miércoles, 20 de febrero de 2013

Buenos días, 20 de febrero de 2013


El amor que no se basa en la verdad y la justicia no es amor
San Pío de Pietrelcina


SANTORAL

Euquerio,
obispo (c. a. 690 743)

Tiranión, Silvano, Peleo, Nilo, Eleuterio, Posidio, Falcón, Sadot, León, Euquerio, Obispos; Dídimo, Potamio y Nemesio, mártires;Zenobio, presbítero;Besarión, Eulrico, anacoretas; Paulina, virgen.



REFLEXIÓN:
LAS CUCHARAS

Un cierto día, un discípulo preguntó a su Maestro:

- ¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?. El Maestro le respondió: es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré el infierno.

Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo,  que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles. Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré el cielo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; con la olla de arroz, el grupo de gente, las mismas cucharas largas pero, allí, todos estaban felices y
alimentados.

- No comprendo dijo el discípulo, ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación si todo es lo mismo?

El Maestro sonrió. Ah... ¿no te has dado cuenta? Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros.

Beneficio común, trabajo común... ¿Tan complicadas son las cosas que no vemos el beneficio común, que en definitiva es nuestro beneficio?
                                                      

ORACIÓN:

Señor, permite que esta meditación me marque el camino para seguir el gran ejemplo de la vida del apóstol san Pablo, que una vez que experimentó tu amor ya no hubo nada ni nadie que lo apartará de su misión. En este nuevo año quiero sepultar a ese hombre viejo que hay en mí para dejarme conquistar por tu amor.

Petición

Señor, concédeme que mi testimonio comunique la alegría de mi fe.

Meditación del Papa

Los tres Evangelios sinópticos enfocan distintos aspectos del envío a la misión: ésta se basa en una experiencia personal: "Vosotros soís testigos"; se expresa en relaciones: "Haced discípulos a todos los pueblos"; trasmite un mensaje universal: "Proclamad el Evangelio a toda la creación". Sin embargo, a causa de las pretensiones y de los condicionamientos del mundo, el testimonio viene repetidamente ofuscado, alienadas las relaciones y relativizado el mensaje. Si después la Iglesia, como dice el Papa Pablo VI, "trata de adaptarse a aquel modelo que Cristo le propone, es necesario que ella se diferencie profundamente del ambiente humano en el cual vive y al cual se aproxima". Para cumplir su misión, ella tomará continuamente las distancias de su entorno, debe en cierta medida ser desmundanizada. La misión de la Iglesia deriva ciertamente del misterio del Dios uno y trino, del misterio de su amor creador. El amor no está presente en Dios de un modo cualquiera: Él mismo, por su naturaleza, es amor. Y el amor de Dios no quiere quedarse en sí mismo, quiere difundirse. (Benedicto XVI, 25 de septiembre de 2011).

Propósito

Hoy es un día de conversión. No esperemos más, convirtámonos en esos apóstoles resucitados y pidamos esa fe y ese amor que convirtió a san Pablo para que nos convierta también a nosotros en luz y fuego en medio de la oscuridad del mundo.

Diálogo con Cristo

Señor, ¡quiero ser un san Pablo para mi familia y el mundo de hoy! Quiero dejarme conquistar por la fe para lograr mi transformación interior y poder llegar a decir, por la gracia que me das, que ya no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí. Quiero dejar el afán por el aparecer, por el bienestar, por las posesiones, por el éxito pero, sobre todo, teniendo en cuenta que mi vida cristiana no se resume en negaciones sino en la entrega, por amor, a los demás.



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ESPECIAL BUENOS DÍAS
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A los 17 siglos del Edicto de Milán

Con motivo de cumplirse los 1700 años de la promulgación del Edicto de Milán, en Milán se abrirá una exposición-museo, que se clausurará en marzo de 2013.

Hoy en día es necesario recordar el derecho fundamental a la libertad de religión que encierra en si misma muchas otras libertades y derechos fundamentes o derechos humanos como son en la libertad de pensamiento, libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de movimiento,  libertad de prensa…

 ¿Por qué su trascendencia? Baste leer el texto.

-. El Edicto de Milán nos ha llegado en forma de carta escrita por los emperadores a los gobernadores provinciales. En él se reconocen:

1º la libertad de religión;

2º. la libertad del culto cristiano;

3º. la supresión de las restricciones promulgadas contra los cristianos;

4º. La devolución [restitutio] de todas las posesiones confiscadas;

5º el reconocimiento, por primera vez explícito, de los cristianos como corporación de derecho [= corpus christianorum o persona christianoruum].


Reproducimos el texto del Edicto de Milán (en el que insertamos subtítulos entre [])

[1º Libertad de religión]. “Nos, los emperadores Constantino y Licinio, habiéndonos reunido felizmente en Milán, y puesto en orden las cosas que pertenecen al bien común y a la seguridad pública, juzgamos que, entre las cosas que han de beneficiar a todos los hombres, o que deben ser primero solucionadas, una de ellas es la observancia de la religión; debemos, por consiguiente, dar así a los cristianos como a todos los demás, libre oportunidad para profesar la religión que cada uno desee para que por este medio, cualquiera que sea la divinidad entronizada en los cielos, pueda ser benigna y propicia con nosotros y con todos los que han sido puestos bajo nuestra autoridad. Por lo tanto, pensamos que la siguiente decisión está de acuerdo con una sana y verdadera razón:

[2º Libertad del culto cristiano] Que nadie que haya aceptado la creencia cristiana o cualquiera otra que parezca ser la más conveniente para él, sea obligado a negar su convicción, para que así la Suprema Divinidad, cuyo culto observamos libremente, pueda asistirnos en todas las cosas con su deseado favor y benevolencia. Por cuyo motivo es necesario que V. E. sepa que es nuestra voluntad que todas las restricciones promulgadas hasta ahora en relación a la secta de los cristianos, sean abolidas, y que cada uno de ellos que profese sinceramente la religión cristiana, trate con empeño en practicar sus preceptos sin temor o peligro. Creemos que debemos llamaros la atención sobre esto para que sepáis que hemos dado a los cristianos permiso libre e incondicional para que profesen su religión. Ahora que ya sabéis lo que les hemos otorgado, V E. también debe saber que, por la conservación de la paz en nuestros días, hemos concedido a los otros el mismo derecho público y libre para practicar sus creencias o culto, para que de esta manera cada uno pueda tener libre ocasión para rendir adoración según su propio deseo. Hemos obrado así para que no parezca que favorecemos a una religión más que a otra.

[3º Supresión de las restricciones promulgadas contra los cristianos] Además, hemos decidido decretar lo siguiente en relación a los cristianos [in persona christianorum]: si los lugares en los cuales acostumbraban a reunirse en tiempos pasados (sobre los cuales ya hemos dado en otras circulares reglas definitivas en cuanto al modo de proceder para que os sirvan de guía) han sido adquiridos en cualquier otro tiempo por nuestro tesoro o por persona privada, que dichas personas se muestren dispuestas, sin ambigüedades o de mala gana, a devolverlos a los cristianos sin esperar recompensa pecuniaria o por un precio. Igualmente, los que hayan adquirido, en calidad de regalo, propiedad de esa naturaleza, que la tornen a los cristianos. Si los que han comprado tal propiedad o la han recibido como presente, quieren ser compensados por nuestra benevolencia, que vayan al vicario, el cual presentará el caso a nuestra clemencia.

[4º. Devolución [restitutio] de todas las posesiones confiscadas] Habéis de considerar como vuestro deber el que todas estas cosas sean entregadas, por vuestra intervención, a la comunidad cristiana [corpus christianorum] inmediatamente y sin demora alguna. Y puesto que es de conocimiento público que los dichos cristianos han poseído no solo esos lugares donde tenían la obligación de congregarse, sino también otros que pertenecían a la ley de su cuerpo [corporiseorum =christianorum], es decir, de las iglesias, no de personas privadas, mandaréis, de acuerdo con la ley que hemos descrito, la devolución de todas esas posesiones a los dichos cristianos, es decir, a sus cuerpos y asambleas, sin dudar y sin porfiar. Se ha de tener en cuenta nuestra declaración anterior de que los que devuelvan estos bienes, sin ponerles un precio, pueden esperar, según hemos dicho, alguna compensación de nuestra benevolencia.

[5º Mandato de observancia con reconocimiento, por primera vez explícito, de los cristianos como corporación de derecho [= corpus christianorum o persona christianoruum]. Debéis mostrar suma diligencia en este asunto tocante al dicho cuerpo cristiano [corpus christiaanorum] para que nuestro edicto se lleve a la práctica con toda celeridad, en el cual también se han tenido en cuenta por nuestra clemencia los intereses de la tranquilidad pública. Que todo esto se cumpla para que, según ya hemos mencionado antes, el favor divino, cuya presencia hemos experimentado en tantas ocasiones, continúe bendiciendo siempre a nuestros sucesores con bienestar público.

Para que lo dispuesto por esta nuestra perpetua benevolencia pueda llegar a conocimiento de todos, sería conveniente que hicieras llegar a todas partes y pusieras a la consideración de todos estos puntos, para que así el decreto de nuestra benevolencia no sea ignorado”.
Con el edicto de Milán se supera así la simple tolerancia de la religión cristiana, establecida anteriormente por Galerio mediante el “Edicto” del a.311.

Referencia bibliográfica: Corral, C., Teología política, Una perspectiva histórica y sistemática (Valencia, TH 2011) n.2.1, pp.100-103.

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