martes, 19 de febrero de 2013

Buenos días. 19 de febrero de 2013


La felicidad consiste en vivir y buscar la verdad con otros, en comunidad; consiste en ser responsables de nuestra vida y de la de los demás.


SANTORAL

Álvaro de Córdoba, beato († 1430)

Agatón, papa;Zambdas, Casiano, Barbato, Mansueto, Quodvultdeus, obispos; Gabino, Publio, Julián, Marcelo, mártires; Conrado, Eugenio, Beato (de Liébana), Confalonieri, confesores;Dositeo, monje; Martín WuXuesheng, Juan Zhang Tianshen, Juan ChenXianheng, Lucía YiZhenmei, catequistas laicos mártires chinos de Guizhou; beato Álvaro de Córdoba.




REFLEXIÓN:

DECÁLOGO DE LA CONVIVENCIA

La convivencia es inevitable pero, a la vez, es necesaria. Necesitamos a los demás y sin ellos nuestra existencia no tendría sentido. Nuestra evolución, nuestro aprendizaje, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro dependen siempre de los demás. Ellos juegan en nuestra existencia un papel mucho más importante de lo que podemos imaginar. Trata, pues, de hacer propios estos consejos y caminarás con cierta soltura por la vida:

1.- AMA A TU PRÓJIMO TAL COMO ES, CON SUS VIRTUDES Y SUS DEFECTOS. Tu misión no es criticarlo ni despreciarlo, sino ser una ayuda y un ejemplo.

2.- NO TOMES A MAL SUS OFENSAS NI SUS INGRATITUDES. Él es como es y tú también tienes tus defectos. Enséñale, con tu comprensión y tu tolerancia, que hay otra manera de ir por la vida. Pero no lo intentes hacer, devolviéndole mal por mal. No funciona.

3.- RESPÉTALO NO PENSANDO NI DICIENDO DE ÉL NADA NEGATIVO. Seguro que tiene una virtud o algo que te gusta o que admiras. Destaca y comenta eso y no te obceques en lo negativo, porque con ello sólo pondrás de manifiesto tu lado malo. Que también lo tienes.

4.- HÓNRALO. En algún aspecto, seguro que te aventaja. Procura, pues, imitar eso. Y, entretanto piensa que, en ese aspecto, es tu maestro.

5.- NO MATES LAS OPORTUNIDADES DE AYUDAR. Cada oportunidad de ayudar no aprovechada la habrás perdido para siempre. Y sólo el aprovecharlas te hará realmente feliz.

6.- NO HAGAS MAL USO DE TU ENERGÍA FÍSICA, EMOCIONAL NI MENTAL PARA PERJUDICAR A NADIE, NI DERROCHÁNDOLA. La energía es algo de lo que no eres dueño, sino administrador. Y, si haces mal uso de ella, la perderás. Y haces mal uso de ella si explotas a tu prójimo o lo calumnias o lo desprecias o lo insultas o lo engañas o le niegas tu auxilio cuando lo necesita.

7.- NO PRIVES A TU PRÓJIMO DE SUS ÉXITOS, SUS OPORTUNIDADES O SUS ALEGRÍAS. Haz tuyos sus problemas e interésate por sus cosas. A todos nos gusta que nos quieran y nos respeten, no sólo a ti. Tenlo en cuenta y actúa en consecuencia.

8.- ALABA SUS VIRTUDES, TANTO SI ESTÁ PRESENTE COMO SI NO. Si le alabas lo bueno, harás que le aumente y que te crezca a ti. Y si lo alabas en su ausencia demostrarás tu gran calidad moral. Criticar a un ausente está al alcance de cualquiera. Alabarlo, no.

9.- NO ENVIDIES SUS TRIUNFOS. Alégrate de ellos como si fuesen tuyos. Lo mismo que el aire limpio lo respiramos todos, los éxitos y los triunfos de cualquiera, de un modo misterioso, nos benefician a todos si sabemos alegrarnos. Pero nos hacen desgraciados si los envidiamos.

10.- ESTÁ SIEMPRE ALEGRE Y ALEGRA A LOS DEMÁS. La vida es tal como tú la quieras ver. Ella está ahí y cada uno la ve de una manera. Esfuérzate por ver todo lo que de hermoso y de positivo hay en ella. Y colabora con tu estado de ánimo para que esa hermosura resplandezca a tu alrededor. Te asombrarás de los resultados que produce sonreír a la vida.

Estos diez mandamientos se resumen en uno: PIENSA QUE TU PRÓJIMO ES COMO TÚ y tiene sus ilusiones y sus capacidades y sus flaquezas y sus debilidades, y espera de ti, como tú es peras de él, una mano tendida, o sea, un poco de amor. ÁMALO, PUES, Y LO HARÁS FELIZ Y TÚ LO SERÁS CON ÉL.


ORACIÓN:

Gracias, Padre mío, por recordarme la importancia de la unidad. Tú conoces mis limitaciones y mis miserias y sabes cuánto falta me hace tu gracia para crecer en el amor y ser factor de unidad en todas mis relaciones familiares y sociales. Concédeme tu luz en esta oración para que sea la caridad la que me mueva siempre a buscar la unión contigo y con los demás.

Petición

Jesús, ayúdame a conocer, vivir y transmitir tu amor.

Meditación del Papa

Aun experimentando en nuestros días la situación dolorosa de la división, los cristianos podemos y debemos mirar con esperanza al futuro, en cuanto que la victoria de Cristo significa la superación de todo aquello que nos priva de compartir la plenitud de vida con él y con los demás. La resurrección de Jesucristo confirma que la bondad de Dios vence al mal, y que el amor supera la muerte. Él nos acompaña en la lucha contra la fuerza destructora del pecado que hace daño a la humanidad y a toda la creación de Dios. La presencia de Cristo resucitado nos llama a todos los cristianos a actuar juntos en la causa del bien. Unidos en Cristo, estamos llamados a compartir su misión, que consiste en llevar la esperanza allí donde dominan la injusticia, el odio y la desesperación. Nuestras divisiones hacen que nuestro testimonio de Cristo sea menos luminoso. La meta de la unidad plena, que esperamos con una esperanza activa y por la cual rezamos con confianza, es una victoria no secundaria, sino importante para el bien de la familia humana. (Benedicto XVI, 25 de enero de 2012)


Diálogo con Cristo

Una iglesia dividida, como cualquier familia, no puede subsistir. La persona misma, dividida interiormente, tampoco puede subsistir. El pecado, particularmente aquel que hiere la caridad, causa división. Los primeros cristianos me dan ejemplo clarísimo de cómo vivir la unidad. Ellos superaron las barreras sociales, económicas y culturales. Rezaban por los demás y se animaban unos a otros a perseverar en la fe en Jesucristo. Ayúdame, Señor, a vivir así la caridad, no permitas que hiera nunca la unidad. Que todas mis palabras y acciones sean para construir la caridad.





 ¿Cómo y cuándo nacieron los Cónclaves?:
 El Cónclave de Viterbo y sus precedentes

El vocablo “cónclave” es una palabra de origen latino admitida en el uso de la
lengua española y definida por la RAE como “junta de cardenales de la Iglesia Católica, reunida para elegir al Papa”. La segunda acepción de “cónclave”, cuyo significado etimológico es “lo que se cierra con llave”, define a esta palabra como el “lugar donde se reúnen los cardenales para elegir Papa“.


Los orígenes

La elección del Obispo de Roma ‐y, por ende, el pastor supremo de la Iglesia Universal‐ experimento durante el primer milenio del cristianismo algunas oscilaciones. 

Entre los siglos I al IV, años y centurias de implantación primera, de catacumbas y de persecución, el clero y el pueblo cristiano de Roma elegían a quien había de ser su pastor, generalmente un diácono, quien debía ser ordenado obispo. El clero y el pueblo romano continuaron como electores de su obispo en los siglos IV al VIII, si bien, una vez que el Imperio Romano y Bizantino profesó la fe cristiana, esta elección debía ser ratificada por el Emperador, que otorgaba esta confirmación a través del Exarca de Rávena habida cuenta de que la capital del Imperio se desplazó a Constantinopla.

Tras ensayarse distintas fórmulas mixtas en los siglos IX y X, siglos oscuros y de hierro, en el año 1059 el Papa Nicolás II, uno de los llamados Papas reformadores de Lorena, en referencia a la localidad franco‐alemana del mismo nombre, hace público un decreto sobre la elección papal, reservándola a los cardenales obispos, abriéndola a personas no romanas y requiriéndose todavía el asentimiento del clero y del pueblo. 

En 1130 comenzó a aplicarse ya de manera definitiva esta normativa, que, en 1179, incluyó, mediante decretal del Papa Alejandro III, la necesidad de que el candidato elegido obtuviera los dos tercios de los votos para que la elección fuera válida. 

La clausura del cónclave

Pero no será hasta el siglo XIII cuando como tales nazcan los “cónclaves”. Fueron el clero y el pueblo romanos quienes “forzaron” las cosas a fin de que los cardenales eligieran Papa con celeridad y con consenso. 

Y serán en 1216 cuando por la primera vez cierren bajo llave a los lectores.

Sucedió en Perugia, en el corazón de Italia, en la capital de la Umbria. Honorio III era elegido Papa el 24 de agosto de 1216, el primer Papa surgido de un cónclave en sentido estricto.

En 1241 el clero y el pueblo romano, encabezados por el senador MatteoRossoOrsini, entendieron, de nuevo, que era necesario cerrar a los cardenales. 

Y durante dos meses así estuvieron los electores papales, encerrados en las ruinas carcelarias del Septizonio. De este modo., se buscaba además liberar a la elección pontificia de las ambiciones de Federico II de Suabia. Era el primer cónclave de la historia de la Iglesia, el cónclave para elegir al sucesor de Gregorio IX, el antiguo cardenal Hugolino, protector de San Francisco de Asís y el creador de la Inquisición Medieval. Fallecido el 22 de agosto de 1241, tendría sucesor efímero tan sólo durante doce días, en la persona de Celestino IV.

El Cónclave de Viterbo

Pero el cónclave por excelencia, el que ha pasado a la historia, es el de Viterbo ‐ hermosa e importante localidad del Alto Lazio, a un centenar de kilómetros de Roma. 

Y la historia breve de este cónclave podría escribir así: érase que se era el año de gracia 1268. El día 29 de noviembre de aquel año había fallecido el Papa Clemente IV, de origen francés y en la cátedra de Pedro desde el 22 de febrero de 1265. Los cardenales se dirigen a la citada ciudad de Viterbo para elegir su sucesor. Presiones políticas externas, discusiones bizantinas y ambiciones de la aristocracia romana y de sus candidatos, empiezan a demorar casi sin fin la elección papal.

Transcurren los meses y se cumplen el primer año y ante la persistencia en la sede vacante, el Señor de Viterbo, Alberto de Montebono, hace cerrar herméticamente el palacio papal con los cardenales dentro y utiliza una abertura del tejado para arrojarles comida y bebida bien racionada para forzar la elección, que no llegara, a pesar de ello, hasta el 1 de noviembre de 1271. Por fin, habían encontrado el consenso en la persona del Obispo de Piacenza, Tedaldo Visconti. Será el Papa Gregorio X, quien, entre las primeras medidas de su pontificado, se halla la Constitución “Ubipericulum” de 1275, que regula de modo canónico la clausura de los cardenales para la elección
papal y consagra definitivamente la figura del cónclave.

Jesús de las Heras Muela
Director de “ECCLESIA”











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